Reseñas de libros, revistas y restaurantes

México y su Cocina Dietético Vegetariana

México y su Cocina Dietético Vegetariana

Autor: María Alonso Viuda de Culbeaux
Editorial: Edición de la autora.
Lugar y Año de la publicación: México 1971
Páginas: 407

Precio: $ 400-850 Mercado Libre México, $250 Librería Luz de Morelia y $280 VIA LIBROS
ISBN: no aplica

Sinopsis:

Título en la cubierta: México y su cocina dietético vegetariana Recetario de cocina mexicana vegetariana, que no está sujeto estrictamente al régimen naturista, sino que busca -según intención explícita de su autora- un lugar intermedio entre el carnivorismo y el naturismo. El recetario está precedido por dos secciones dedicadas a aspectos generales de la dieta y la alimentación y completado con consejos alimenticios para niños y jóvenes y recomendaciones médicas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este es el primer libro de cocina mexicana vegetariana y fue publicado apenas alrededor de 1970. Para mi buena suerte, llamó mi atención, y tan pronto como lo vi, me lo compré. Es un buen libro.

La primera parte, Teoría de la Alimentación, trata temas como las propiedades de la miel y del trigo, la importancia de algunas frutas y verduras.

La segunda parte se refiere a las vitaminas, las compatibilidades y las incompatibilidades

La tercera parte la dedican a recetas. Viene por abecedario (acelgas, aguacate, albóndigas, alcachofas, apios, etc.

La cuarta parte dedicada a los niños, y la quinta, son recetas medicinales y consejos.

 

Mi opinión:

Este libro me gusta mucho. Tiene una buena cantidad de consejos, y por supuesto sus recetas son aterrizables. Esto es, que, si sigues al pie de la letra las instrucciones, salen recetas muy interesantes…porque siempre son vegetales. Considera recetas de la mayoría de las verduras que se cosechan en México.

Aunque está pensado para personas veganas, haciendo unos cuantos ajustes, logras maravillas (no aumento proteína pero si uso caldo de pollo para las recetas)

 

De la Autora, María Alonso viuda de Culbeaux:

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Autor Otras Obras:

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Mercado de Jamaica

Hablemos de Mercados: Mercado de Jamaica

A principios de los ochentas, estudiaba con mis hermanas en Puebla, entonces mi mamá pagaba colegiaturas, renta de departamento y comida. Nosotras teníamos que hacer rendir la mesada. Por lo tanto, nada de restaurantes, siempre comíamos en casa. Allí empecé a hacer mis primeros pininos culinarios. Todos los domingos íbamos al mercado de Cholula Puebla […]

La cena de los Infieles

La Cena de los Infieles

Autor: Beryl Bainbridge
Editorial: Ático de los Libros
Impreso en España
Páginas: 235
Precio: $325 Gandhi, $ 864.35 Amazon y $ 260 El Sótano $330 Porrúa

ISBN: 978-84-937809-5-1

Sinopsis:

En La Cena de los Infieles, Edward celebra una cena para Binny, su amante. Consciente de que le ha negado durante mucho tiempo esas pequeñas intimidades que una esposa da por supuestas, quiere ofrecerle una oportunidad de sentirse más implicada en su vida y de socializar con algunos de sus amigos. Pero las cosas durante la cena no van a ir según lo previsto. Unos invitados inesperados irrumpirán en la cena.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El título, La Cena de los Infieles, llamó mi atención; como saben, la consigna es “novelas donde la comida, especias, bebidas llevan un papel protagónico”.

Si bien en el título viene CENA, ésta no es relevante. Es más, de puro milagro cenaron rico. Binny la protagonista no parece hacer nada bien: es una mamá mediocre, con hijos mal educados y mal hablados, con una casa patas arriba (desordenada y cochinona), con vecinos mala onda y una amiga borracha e imprudente (pero con mucha intuición). Le remata porque tiene una relación con un hombre casado, mucho más triunfador que ella.

La comida lleva papel secundario, pero el libro está muy bueno.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

La Cena de los Infieles me pareció Muy bueno.

Nuevamente comencé a leer a las 23 horas, con la intención de que me diera sueño…y se puso MUY BUENO el libro. Apenas de doscientas hoja, en un par de días lo acabas.

Leí sobre la autora inglesa, fallecida en 2010, escritora de renombre…que yo no conocía. En alguna parte mencionaban que esta historia la tomó de sus propias experiencias, cuando su marido tuvo una aventura.

Comencé a leer la novela y digamos que el primer tercio del libro fue simple.

Él es un hombre de negocios casado, ella una mujer separada con tres hijos. Él invita a un amigo de la oficina y a su esposa, a la casa de su amante, para una cena. Los hijos dormirán en casa de amigos y vecinos.

La historia un tanto irreal (ella es un desorden, y el un hombre de negocios, casado con una mujer triunfadora…aunque se empeña en que la amante no se entere de la realidad), me recuerda las novelas de Agatha Christie, en las que todos los detalles cuentan.

Me puse como límite la página 100 para irme a dormir, y fue allí donde la historia comienza a dar un giro.

Aparecen nuevos personajes y salen a flote las caras verdaderas y desenlace inesperado.

Lo disfruté, y cuando acabó me dejó la sensación que bien pudo haer una segunda parte.

 

Algo para recordar:

Empezaron a cenar a las nueve y cuarto. Edward estaba un poco nervioso, tratando de organizar todo lo que tenía que hacer: cenar, ayudar a recoger los platos sucios y salir hacia su casa como muy tarde a las diez y media. Sería una velada un poco abrupta.
El primer plato era pomelo.
─ Excelente, excelente ─ barboteó Simpson, pelando la fruta con una cuchara que se había doblado, sin previo aviso, en su mano.
─ La rebanada está mordisqueada porque una de mis hijas tenía hambre ─ explicó Binny. Le tembló un poco la voz. Recuperándose, tendió la azucarera a Muriel─: ¿Tú tienes cuatro, no? Todos chicos, Edward me lo ha dicho.
─ Son dos, en realidad─ interrumpió Simpson.
─ Dos niñas ─ precisó Muriel ─. Estamos muy contentos, son muy buenas. Claro que yo jamás he trabajado, ni nada por el estilo, y tampoco hemos tenido niñeras cuando eran más pequeñas. Creo que es importante criar a los hijos sin distracciones, de una forma totalmente dedicada, ¿no? La verdad es que estoy muy satisfecha de haberlos educado yo misma.
─ Y yo estoy satisfecha de no tener un arma en la casa, o los habría asesinado hace años ─ dijo Binny.
─ Mi padre tenía una niñera que se colgó ─ intervino Edward, apresuradamente.
─ ¡No es posible! ─ exclamó Muriel, horrorizada.
─ Pues sí, tan cierto como que estoy aquí sentado. Mi padre ya era mayor, claro está, per igualmente se enteró de todo. Parece que no pudo soportar el estrés. Fue porque iba perdiendo a sus pupilos uno por uno en el barro. El señorito Charles, el señorito Guy…Perdidos para siempre.
─ ¿En el barro? ─ preguntó Binny.
─ En las trincheras de Francia ─ explicó Simpson. Sacudió la cabeza sombríamente de lado a lado.
Deseosa de cambiar de tema, Muriel les contó que sus hijas tenían inclinaciones musicales, y dio a entender que cantaban bastante bien.
─ Mis hijas tienen unas voces horribles ─ dijo Binny, estremeciéndose mientras pensaba en una grabadora ─, Y son muy malhabladas.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Dejó la cuchara y se quedó mirando, angustiada, el pedazo de pomelo que tenía en el plato, pero nadie se dio cuenta, Edward les estaba contando a los Simpson que las casitas como esa eran una inversión de lo más rentable. Una ganga, de hecho. A medida que creciera la inflación y el gobierno redujera su pro0grama de inversión en vivienda de protección oficial, las propiedades inmobiliarias en las buenas zonas de Londres serían virtualmente inalcanzables.
─ Los precios no van a bajar más. La crisis ha terminado ─ sentenció.
─ ¿Cuántos pisos tiene esta casa? ─ Preguntó Simpson. Por lo poco que había podido ver, no le parecía que fuera una propiedad especialmente destacable. Se preguntó si estaba dividida en apartamentos. Saltaba a la vista que la instalación eléctrica dejaba mucho que desear; el salón estaba sumido en la penumbra. Se peleó con la pata de la mesa y logró quitarse el zapato disimuladamente.
─ Tres ─ dijo Edward.
─ Cuatro, contando el sótano ─ dijo Binny ─. Actualmente tengo inquilinos.

Trató de no mirar a Simpson. Edward le había contado que el pequeño incidente de Simpson en la clínica para enfermedades venéreas estaba relacionado con una mujer que había conocido en el bar de un teatro. Le había apuntado su número de teléfono en el programa aprovechando un momento en que su esposa estaba en el servicio. Edward le había dicho que Simpson había pagado una buena suma por la aventurilla, porque en caso de que lo descubrieran, así sería más fácil entender lo que había hecho. Binny no entendía nada. Ni a ella ni a ninguna de sus amigas jamás le habran dado un penique por hacerlo. Al principio pensó que la historia de Simpson era una fanfarronada, que el propio Simpson se lo había inventado todo, pero ahora ya no estaba tan segura.
─ ¡Querida mía! ─exclamó Edward, golpeando ruidosamente el platillo de fruta con la cucharita ─. ¡No cuentes mentirijillas!
Se volvió a Muriel y explicó que el ex marido de Binny había vendido el sótano hacia varios años ya para poder pagar alguna que otra deuda de negocio. A medida que hablaba, lamentó haber llamado a Binny “querida mía”; Simpson le había advertido de que su esposa no le gustaba ese tipo de obvias manifestaciones entre amantes.
─ La verdad es que el sótano no es gran cosa ─siguió explicando─ Es un poco oscuro, no tiene jardín privado ni nada que se le parezca. En cambio, nosotros tenemos unja parcela bastante bonita con árboles frutales, rosas y arbustos. A mí me gusta cuidar de las plantas, podar aquí y allá de vez en cuando…Nada del otro mundo. ¿Y tú, Miriam? ¿Eres aficionada a la jardinería?
─ Muriel─ apuntó Simpson.
Confundido, Edward se sirvió un poco más de vino. Dijo en voz alta:
─ A Helen no le gusta demasiado, pero en verano se anima y salimos a tomar el té al jardín o cosas por el estilo.
Binny se levantó como un resorte y empezó a llevarse los platos al fregadero.
─ Levántate, George ─ordenó Muriel─. Ayúdala a llevar los platos a la cocina.
Al ver que Edward se había encendido la pipa, ella sacó un cigarrillo de su bolso y lo encendió a su vez.
Simpson se llevó la azucarera y las cucharas. Binny estaba de pie frente al horno, con la punta de la lengua asomando por la boca entreabierta mientras se concentraba sirviendo la carne y los tomates asados en una gran fuente de color azul, y Simpson pensó que parecía muy joven. Por supuesto, tenía claro que las bombillas eran de baja intensidad y que ella no era ningún pimpollo, pero le gustaba la caída de sus delicados hombros y los rizos que le acariciaban el cuello. Muriel era alta y fuerte y tenía las espaldas tan anchas como un buey. En dos ocasiones, había movido el piano en una pared a otra del salón sin ningún tipo de ayuda. Él se había negado, aduciendo que podía lastimarse la espalda. No quería dejar que ella pudiera mover aquel trasto sola. Muriel se arremangó, puso sus firmes nalgas contra el instrumento, inclinó las rodillas como Groucho Marx y llevó el instrumento en volandas de un lado a otro de la habitación.
─ Déjame la bandeja, que pesa mucho─ dijo alarmado mientras Binny agarró la fuente azul con ambas manos. Pensaba que ella era demasiado frágil como para llevarla sola.
Edward hablaba en voz baja con Muriel. Mordía la punta de su pipa y asentía con énfasis. Binny trajo las patatas asadas a la mesa y se imaginó que le aseguraba que entre ellos no había nada, que sólo sentía lástima por ella.
Cuando llego la carne, Edward se puso en pie de un salto y se quitó la chaqueta, dejándola caer descuidadamente sobre el sofá. Del bolsillo superior cayeron un peine y una pluma estilográfica. Como tenía barriga, llevaba tirantes para sostener los pantalones. Hacía un buen rato que el elástico le apretaba el hombro, de modo que se soltó los tirantes y los dejó colgando en las caderas.
─ ¿Qué estás haciendo? ─preguntó Binny, ofendida. Edward suspiró, con la camisa arrugada y las bandas elásticas colgando como dos largas catapultas de su cintura.
─Hace mucho calor─ dijo él, olvidando que hacía un momento había mencionado que la sala estaba fría para cerrar los postigos a cal y canto. Recogió sus pertenencias del suelo, perdió el equilibrio y casi se dio contra la mesa. Estalló en carcajadas, con la cara roja como la grana, y se dejó caer pesadamente en la silla.
─ ¿Hay verdura? ─ preguntó.
─ Ensalada─ repuso Binny.
─ Comida de conejo─ dijo él, triste, y se desabrochó un botón de la camisa.
Simpson no podía evitar sentir admiración por Edward. Era definitivamente un excéntrico como la copa de un pino. Claro que podía permitírselo, con lo que cobraba, pero aun así era admirable. Aprovechó para preguntar si a alguien le importaba que él también se quitase la chaqueta.
─ Haz lo que quieras ─dijo Muriel. La comida era abundante y estaba muy buena. La ensalada tenía el punto justo de ajo en el aderezo. Las patatas asadas estaban perfectamente crujientes. Estaba claro que Binny no representaba ningún peligro para Edward Freeman, sino más bien al revés. Era él quien obviamente la estaba utilizando a ella. A algunas mujeres les gustaba eso, lo sabía. El tamaño y el peso de Binny eran los típicos de una mujer sumisa. Tal vez su padre tenía una personalidad compleja y por eso le gustaba tener un hombretón que la trataba como si fuera una niña pequeña y criticaba su ensalada. No le extrañaría que a Edward fuera de esos a los que se le va la mano de vez en cuando.

 

De la Autora, Beryl Margaret Bainbridge

Dame Beryl Margaret Bainbridge, DBE (Liverpool, 21 de noviembre de 1932 – 2 de julio de 2010) fue una novelista inglesa.
Es autora de dieciocho novelas, dos libros de viajes, dos ensayos, dos volúmenes de relatos y cinco obras para teatro y televisión. Fue nominada en cinco ocasiones al premio Booker, y en 2011 le otorgaron el premio póstumo por su labor literaria. En 2008 The Times la incluyó en la lista de “Los 50 escritores más importantes desde 1945”. The Guardian la calificó como “un tesoro nacional”.
Es considerada como una de las grandes autoras británicas del siglo XX. Dama del Imperio Británico, su obra y escritos personales son hoy objeto de estudio en varias universidades.

 

Obras

El doctor Johnson y la señorita Thrale 2013

La Cena de los Infieles   2010

La chica del vestido de topos 2000
Master George 1999
Una insólita aventura 1995
El joven Adolfo 1988
La costurera 1986
Otra parte del bosque 1985
La excursión 1974 (2011)
Lo ha dicho Harriet 1972 (2015)

El Festín de Babette

El Festín de Babette

El Festín de Babette

Autor: Isak Dinesen
Ilustraciones: Noemí Villamuza
Editorial: Nórdica Libros
Impreso en España
Páginas: 114
Precio: $330 Gandhi, $ 286 Amazon y $ 286 El Sótano

ISBN: 978-84-935578-9-8

 

Sinopsis:

En un aislado pueblo de pescadores en la costa danesa (la sinopsis original dice que es Dinamarca. La autora es danesa, pero la historia se desarrolla en la costa noruega), la comunidad practica, en el sentido más estricto, los principios religiosos que el pastor ha predicado durante años. Cuando éste muere, sus dos hijas continúan adelante con su obra y su palabra. En 1871, durante la guerra franco-prusiana, una joven francesa encuentra refugio en el austero hogar de las dos hermanas. Su llegada al pueblo representa la aparición del extraño en el paraíso. A pesar de que la joven convive durante catorce años con ellos, los fieles adeptos a la palabra de Dios la consideran un ente ajeno a la gracia divina. Un día, Babette desea agradecer su hospitalidad ofreciéndoles un banquete en honor del difunto padre… El libro está ilustrado por Noemí Villamuza. «Al hacer de la literatura un viaje hacia lo imaginario, la frágil baronesa de Rungstedlund no rehuía responsabilidad moral alguna. Por el contrario, contribuía -distrayendo, hechizando, divirtiendo- a que los seres humanos aplacaran una necesidad tan antigua como la de comer y adornarse: el hambre de irrealidad.» Mario Vargas Llosa

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Hace algún tiempo vengo pensando abrir la sección de “Gastro – películas y series” para el blog de El Lugar de Beatriz.

 

La película “El Festín de Babette” es con la que quería inaugurar la sesión. Es la primera película de este tipo (con la comida con papel protagónico), o por lo menos la primera que yo vi (Como agua para Chocolate se estrenaría cuatro años más tarde). Me trae muy buenos recuerdos porque asistí al estreno cuando vivía en Cumaná, Venezuela. 1988.

Ya llovió.

La película es hermosa, y no faltó quien me hiciera el comentario que el libro era aún mejor.

No me gusta el orden como me tocó (primero la película y luego leí el libro), suelo hacerlo al revés. Pero, así las cosas.

No es un libro comercial, yo lo pedí por correo. Jamás lo he visto en una estantería.

 

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Excelente: Empecé a leer El Festín de Babette a las once de la noche y lo acabé a la una de la madrugada. Poco más de cien hojas. Es chiquito.

Muy bonito libro.

La edición de Nórdica Libros viene ilustrada, te ayuda a situarte en la época y el lugar (Noruega, mil ochocientos setenta y tantos).

El Festín de Babette es una alabanza a Dios, a los seres humanos, al agradecimiento, ala vida sencilla y por supuesto al arte culinario.

Babette perdió todo en la guerra, solo le queda su amor por la cocina (se reconoce como una artista) y su agradecimiento a la vida y a las hermanas Martine y Philippa, por haberle dado amparo cuando más lo necesitó.

 

Algo para recordar:

Por supuesto les comparto el inicio del capítulo X. La Cena de Babette.

Cuando el pariente pelirrojo de Babette abrió la puerta del comedor y los invitados cruzaron el umbral, se soltaron las manos y enmudecieron. Pero fue un silencio dulce; porque, en espíritu, aún cantaban con las manos cogidas. Babette había puesto una fila de velas en el centro de la mesa; la pequeñas llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y húmedos.

El general Loewenhielm vio el rostro de Martine a la luz de las velas tal como lo había visto al despedirse, hacía treinta años. ¿Qué huellas habían dejado en él treinta años de vida en Berlevaag? El cabello rubio estaba ahora veteado de hebras plateadas; el rostro sonrosado se había vuelto de alabastro.

Pero ¡Qué serena era la frente, qué pacíficos y confiados sus ojos; la boca, como si jamás hubiese pasado por sus labios una palabra precipitada, qué pura y dulce!

Cuando todos estuvieron sentados, el miembro más anciano de la congregación dio gracias con palabras del deán:

Que este alimento mantenga mi cuerpo,
Que mi cuerpo sostenga mi alma,
Y mi alma, con palabra y obra,
Dé gracias por todo al Señor.

A la palabra “Alimento”, los invitados, con sus viejas cabezas inclinadas sobre sus manos juntas, recordaron que habrían prometido no decir nada sobre el particular, y en sus corazones se reafirmaron en esta promesa: ¡no dedicarían siquiera un pensamiento a tal cosa!

Estaban sentados a comer, eso sí, tal como se sentaron las gentes en las bodas de Caná. Y la gracia decidió manifestarse allí, en el mismo vino, tan espléndidamente como en cualquier otro lugar.

El joven ayudante de Babette llenó un vasito a cada uno de los comensales, y estos se lo llevaron a los labios gravemente, confirmando de este modo su resolución.

El general Loewenhielm, algo receloso del vino, bebió un pequeño sorbo; se sobresaltó, se lo llevó a la nariz, luego a los ojos y se quedó perplejo. “¡Esto es muy extraño!”, pensó. “¡Amontillado! ¡El mejor amontillado que he probado jamás!” Un momento después, y para someter a prueba sus sentidos, tomó una cucharada de su sopa, tomó una segunda y dejó la cuchara. “¡Esto es extraño por demás!” Se sintió dominado por una especie de pánico y vació el vaso.

Normalmente, en Berlevaag, la gente no habla mucho durante las comidas. Pero, de alguna forma, esta noche se soltaron las lenguas. Un Hermano viejo contó la historia de su primer encuentro con el deán. Otro analizó aquel sermón que sesenta años atrás había propiciado su conversación. Una anciana, la misma a la que Martine había contado sus inquietudes en primer lugar, recordó a sus amigos cómo, en toda aflicción, cualquier Hermano o Hermana estaba dispuesto a compartir la carga de los demás.

El general Loewenhielm, que debía dominar la conversación de la mesa, contó que la colección de sermones del deán era uno de los libros favoritos de la reina. Pero al servirse un nuevo plato guardó silencio. “¡Increíble!”, se dijo. “¡Es un Blinis Demidoff!” Miró en torno suyo a los comensales. Todos ellos comían en silencio su Blinis Demidoff sin el menor signo de sorpresa o aprobación, como si lo hubiesen estado comiendo todos los días durante treinta años.

 

 

De la Autora, Karen Christence Blixen-Finecke (pseudónimo literario Isak Dinesen)

Escritora danesa (Rungsted, 17 de abril de 1885 – ibídem, 7 de septiembre de 1962)

Su padre, Wilhelm Dinesen, militar, parlamentario, se suicidó cuando ella tenía diez años, atormentado por no resistir la presión de padecer sífilis, enfermedad que en aquella época estaba estigmatizada. Su madre, Ingeborg Westenholz, quedó sola con cinco hijos a su cargo, a los que pudo mantener gracias a la ayuda familiar. Karen, como sus hermanas, se educó en prestigiosas escuelas suizas y se la educó para las clases altas.

Desde niña, Karen sintió inclinaciones artísticas, por la escritura y por la pintura. En 1907 escribió con el seudónimo de Osceola su primer cuento, titulado “Los Ermitaños”, que fue publicado en una revista danesa. Redactó otros relatos, pero al no conseguir publicarlos abandonó durante años la literatura.

Blixen se enamoró desde muy pequeña de Hans, su primo segundo; pero la obligaron a casarse con el hermano de éste el barón Bror Blixen-Finecke, con quien inició en Kenia una plantación de café llamada The Karen Coffee Company. El matrimonio fue difícil. En el primer año de vida en común su marido le contagió la temida sífilis. Este estuvo en África antes que ella y tuvo relaciones con mujeres masáis, libres, nómadas y enfermas. Él era un portador sano. Sin embargo la enfermedad nunca se manifestó en Karen de manera grave. Cansada de las infidelidades de su marido, se separaron tras seis años de matrimonio, quedándose ella con la plantación.

Aprendió las lenguas aborígenes, como el suajili, y se empapó de las costumbres locales. Los nativos la apodaban «la hermana leona» y se ganó el afecto de ellos por su coraje, su buena puntería y su habilidad como cazadora. Desde que llegó a África, Karen se sintió africana. Su integración en el continente fue inmediata y su identificación con los nativos instantánea. Vio en la cultura de los africanos algo muy importante para aprender y compartir. Su imaginación y dotes para la transmisión oral hicieron de África su lugar en el mundo.

En Nairobi, Blixen conoció a Denys Finch Hatton, un cazador británico afincado en Kenia. Empezaron una relación amorosa intensa, pero con muchos altibajos.

En 1931, Denys Finch Hatton se mató en su avión Gipsy Moth. Blixen siguió a cargo de la plantación hasta que la caída de los precios del café en 1931 la obligaron a venderla y regresar a Dinamarca en agosto de 1931 para vivir con su madre. Permaneció en la propiedad familiar de Rungstedlund el resto de su vida. Su madre murió en 1939 y ella heredó la granja familiar. Siempre pensó en volver a África, pero la segunda guerra mundial se lo impidió.

Su nostalgia por la tierra africana se refleja así en una carta posterior a una vecina de allí: “ Saluda de mi parte a todos los que aún se acuerden de mí, también al paisaje que tienes alrededor, al bosque detrás de la casa donde vivían los N`derobo, y a los viejos árboles retorcidos y llenos de flores blancas de la sabana. También, si vieras a alguno de aquellos animales que en mis años aún podíamos encontrar allá arriba, y que siempre he pensado que eran los auténticos dueños de aquellas tierras”.

Si bien ya había publicado algunos trabajos, fue entonces cuando comenzó su carrera literaria bajo diversos seudónimos, el más conocido de los cuales es Isak Dinesen, con el cual publicó una serie de apuntes autobiográficos sobre su vida en África. Pero fue su libro Memorias de África (1937) el que sin duda la catapultó a la fama a nivel mundial; inspirada en el libro se filmó la película homónima, protagonizada por Meryl Streep en el papel de Karen Blixen y por Robert Redford como Dennys Finch Hatton.

 

Obra

Sombras en la hierba – 1960
Cuentos reunidos Isak Dinesen
Memorias de África – 1937
El festín de Babette – 1950
Vengadoras angelicales – 1947
Cartas de África
El cuento del joven marinero
Carnaval y otros cuentos
Cartas apócrifas
La familia Cats – 1909
Anécdotas del destino – 1958
Cuentos de invierno – 1942
La historia inmortal
Siete cuentos góticos – 1934
Lejos de África

 

Adaptaciones cinematográficas

Una historia inmortal (The Immortal Story) dirigida por Orson Welles, 1968.
Ehrengard dirigida por Emidio Greco, 1982.
Memorias de África (Out of Africa) dirigida por Sydney Pollack, 1985. Ganó 7 Oscar, entre ellos el de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado.
El festín de Babette (Babette’s Feast) dirigida por Gabriel Axel, 1987. Fue la primera película danesa en ganar el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa.

Palmeras de la Brisa Rápida

Me tardé de más en este libro, semanas. Es muy corto, pero lamento confesarlo…es aburrido. No logró atraparme.

Autor: Juan Villoro
Páginas: 207
Precio:
$259 Amazon,  $194 Gandhi  y $194 El Sótano

ISBN: 978-607-411-015-9

Sinopsis:

A fin de conocer sus raíces, un joven cronista decide recorrer en coche la península de Yucatán. El periplo no es fácil: lo asaltan mosquitos, recuerdos, pirámides demasiado arduas, platillos indigeribles y vendedores de souvenirs; entre sus incentivos se encuentran la historia del ajedrecista que desafió a capa blanca, los trovadores que renuevan el eterno arte de morir de amor, los paisajes de embrujo, las infinitas maravillas de la cultura yucateca

 

¿Porqué en El Lugar de Beatriz?

Cuando leí la sinopsis pensé que, además de fungir como guía turística, abarcaría también un buen recorrido por la gastronomía Yucateca.

Mi opinión:

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)
Me gustó – pudo ser mejor. Me apena porque se trata de un muy buen escritor, pero me quedó a deber.

Como guía tiene excelentes anécdotas, datos que yo no conocía (por ejemplo, cuanto pagó un norteamericano por un cenote sagrado, de donde saco cientos de piezas que remató en el mercado negro). Algunos capítulos se me hicieron interesantes, pero el último tercio del libro…fue tedioso. Y por supuesto me equivoqué en cuanto a que abarcaría también un buen recorrido por la gastronomía. No fue así. Solo menciona, pero no se adentra.

Aunque no para reseñarlo en este blog, se me queda el pendiente de leer “El Testigo”

 

Algo para recordar

En los días de gloria, además de la televisión, la abuela nos dejaba ver sus cálculos del riñón.

─ Cuidado con el xix ─ decía para que no tiráramos las migajitas (el sonido de la x equivalía al sh inglés), luego volvía a guardar los cálculos en un armario repleto de cajitas vacías.

El xix era una de las claves psicológicas de mi abuela.

─ ¡Mis platillos se gastan tan ligero! ─ decía en un tono de falso reproche ─. No queda ni el xix, ahora, ¿con qué hago los naches?

La verdad sea dicha, le daba gran gusto que sus guisos despertaran en nosotros la legendaria voracidad de su hermano Ernesto. No tenía la menjor intención de preparar recalentados (naches), pero aprovechaba la oportunidad para demostrar que la cocina era una labor de sacrificio, extenuante, un capítulo más de su vida de santa que ninguno de nosotros valoraba (a diferencia de los vecinos de Mixcoac que iban a preguntar por ella en nuestra ausencia). Preparar guisos yucatecos es, en efecto, someterse a la tiranía del horno de tierra, las emblemáticas tres piedras del fogón maya o la estufa de gas que según la abuela hacia que la cochinita supiera a “lámpara de explorador”.

Pero en este caso la sumisión era voluntaria. A dos cuadras había una casa con un jardín donde despuntaban árboles de plátano. Veíamos las hojas en el camino a misa: verdes, bruñidas, capaces de despertar los antojos de la abuela.

─ Se me figura que vamos a comer dzotolbichayes ─comentaba por lo bajo. Ésta era la señal para que yo subiera a la barda (que a diferencia de otras muchas de la época no estaba coronada de vidrios rotos) y arrancara cuantas hojas estuvieran a mi alcance.
En la iglesia la veía rezar con devoción, tal vez arrepintiéndose de haberme inducido al robo. Yo ya sabía que los pecados se dividían en mortales y veniales. Desde entonces la cocina yucateca me sabe a pecado venial, al hurto de hoja de plátano compensado con avemarías.

Una vez que regresaba con las hojas bajo el suéter, la abuela se ponía a cantar Una furtiva lágrima o Recóndita armonía (ignoro por qué escogía partes de tenores para la cocina) y a sazonar con gustosos aspavientos. Lo que saliera de ahí (cochinita, pan de cazón, relleno negro, brazo de mestiza o espaguetis ─con el más yucateco de sus condimentos─) sería un prodigio. La abuela se reconciliaba con Yucatán y con el abuelo por el paladar. Él había aprendido a pedir su frijol cabax y a rechazar el arroz chenté; comía con singular enjundia aunque su salud estuviera muy mermada. La mesa era la zona de armisticio y mi abuela la orgullosa artificie de esa pax succulenta.

Mi abuela le era fiel a los sabores…

 

Del Autor:

Juan Villoro Ruiz (Ciudad de México, 24 de septiembre de 1956) es un escritor y periodista mexicano. Premio Herralde 2004 por su novela El testigo.

Es hijo del filósofo catalán Luis Villoro y de la psicoanalista yucateca Estela Ruiz Milán. Realizó sus primeros estudios en el Colegio Alemán de México. Tras estudiar la licenciatura en Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fue becario del INBA en el área de narrativa (1976-1977) y del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (1994-1996).

Conocedor profundo de la lengua y literatura alemanas, entre 1981 y 1984 estuvo como agregado cultural en la Embajada de México en Berlín Oriental. Está casado con la editora Margarita Heredia.

Miembro activo en la vida periodística mexicana, Villoro escribe sobre diversos temas, como deportes, rock y cine, además de literatura, y ha colaborado en numerosos medios como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, Unomásuno, Reforma (periódico) y La Jornada. En esta última dirigió el suplemento La Jornada Semanal entre 1995 y 1998. Apasionado por el fútbol —hincha del Barça, su amor de la infancia es el Club Necaxa, del que tiene frases célebres, por ejemplo, “El Necaxa es como la literatura, para las minorías ilustradas”—, ha sido cronista de varios Mundiales: Italia 90 para El Nacional, Francia 98 para La Jornada, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.

Pero sobre todo ha sido profesor de literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y profesor invitado en las universidades de Yale, de Boston, Pompeu Fabra y de Princeton. Sus ensayos en este campo destacan por su apertura mental, su claridad, y su hondura.

En 1991 publicó su primera novela El disparo de argón. Sin embargo, su mayor éxito de público era como escritor para niños, hasta que en 2004 apareció El testigo, con la cual obtuvo el Premio Herralde, otorgado por la Editorial Anagrama.

Publica todos los viernes una columna en el periódico Reforma; tiene otra en el suplemento dominical Revista de Libros del diario chileno El Mercurio. Es asimismo colaborador habitual de la revista bogotana El Malpensante. Se ha desempeñado como traductor y algunas de sus obras han sido traducidas a otros idiomas.

Vive entre México y España, enseña literatura en la Universidad Pompeu Fabra y escribe en el suplemento cultural Babelia de El País.

 

Obras publicadas:

Novelas

El disparo de argón, Alfaguara, Madrid, 1991 (reeditada en 2005)
Materia dispuesta, Alfaguara, 1997
El testigo, Anagrama, 2004
Llamadas de Ámsterdam, Interzona, Buenos Aires, 2007
Arrecife, Anagrama, 2012
Apocalipsis (todo incluido), Almadia-Unach, México, 2014
Conferencia sobre la lluvia, Almadia, 2014, México.
El libro salvaje (reeditado en 2013 por Fondo de Cultura Económica para jóvenes y niños)

Kena Postres de América

  Kena Postres de América Editorial Ferro, S.A. 96 páginas Publicado en octubre de 1972 Link: no está disponible. Esta revista yo la tenía, casi desbaratada. En casa la compramos. Años después la encontré en un puesto de revistas usadas en excelentes condiciones. Es tan buena, que no dudé en comprarla. Recetas: Tiene recetas de […]

Kitchen

¿Una novela corta para este fin de semana? Lean a esta autora japonesa. Muy ligera su narrativa y bonita la historia. Les va a gustar.

Es una historia de pérdida y sanación que encuentra albergue entre las cuatro paredes de una cocina.

 

Kitchen

Autor: Banana Yoshimoto
Editorial: TusQuets
Páginas: 206
Precio: $121 Librería Gandhi y $208.66 en Amazon
ISBN: 978-607-421-313-3

 

Sinopsis:

Mikage es huérfana, vive con su abuela en una casa inmensa. Repentinamente la abuela muere y la deja completamente sola.

Mikage encuentra consuela al dormir en la cocina, el ruido del refrigerador la arrulla.

Un día Yuichi Tanabe llama a la puerta, y pone sobre la mesa que Mikage se mude a vivir con él y su madre transgénero Eriko. Mikage quiere primero conocer el lugar donde viven, sobre todo como es la cocina. Eriko al morir su esposa decide cambiar de sexo y ocupar el papel de mamá. Mikage vive con tranquilidad en la casa de los Tanabe.

Se trata de una historia de pérdidas (conté tres: la muerte de la abuela, la muerte de Eriko y la muerte del novio de Mikage), de amistad y amor. Este es el segundo libro que leo de un autor japonés, y por supuesto queda en claro que se trata de una escritora juvenil.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Cuando recién comencé con El Lugar de Beatriz, Kitchen me la recomendó mi sobrina Daniela, de los primeros libros que leí sobre gastro-novelas. Mikage encuentra paz en todas las cocinas, por lo que acaba contratándose como ayudante de una prestigiosa profesora de cocina. Si bien, hay una innumerable relación de platos que comen o elaboran, no hay descripción de ninguno (salvo que están muy buenos).

Hace un rato vi una nota en mi club de lectura que hablaba sobre esta novela, que se requiere saber de cocina japonesa. No lo creo. De repente necesitas buscar en la web de que se trata el plato, para no quedarte con la duda. Entonces recordé que no había subido la reseña, se quedó pendiente.

 

Mi opinión

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno        

Esta es la primera novela de Banana Yoshimoto. Se ve. La trama salta de un punto a otro, sin mucha estructura; sin embargo, atrapa la atención, es fácil de leer y es sanadora de personas quebradas. Tiene una narrativa tan ligera y bonita. Es un retrato nostálgico de la sociedad japonesa actual que te lleva de la mano, de plato en plato, y de calle en calle recorriendo Japón.

 

De la Autora, Banana Yoshimoto

 

Banana Yoshimoto (24 de julio de 1964, Tokio) es el pseudónimo de Mahoko Yoshimoto, novelista japonesa contemporánea. Su padre es el famoso filósofo de los años sesenta, Takaaki Yoshimoto y su hermana, también famosa, es desarrolladora de comics, Haruno Yoiko.

 

Sus Obras

Su novela debut, Kitchen (1988), consiguió un éxito inmediato tras su publicación, lo que le ha valido más de sesenta ediciones sólo en Japón.

Existen dos películas basadas en la obra, una de ellas un filme para la televisión japonesa y la versión cinematográfica producida en Hong Kong en 1997, que tuvo una mayor comercialización.

 

Otras obras:

N.P. (1992),
Sueño Profundo (1994),
Tsugumi (1994),
Lucertola (1995),
Amrita (1997),
Sly (1998),
La última amante de Hachiko (1999),
Honeymoon (2000),
H.H. (2001),
La pequeña sombra (2002),
Presagio triste (2003),
The Lake (2011),
Recuerdos de un Callejón Sin Salida (2011).