Libros

Un viaje por la cocina mediterránea

Un viaje por la cocina mediterránea

Editorial: Somos Libros
Lugar y Año de la publicación: Barcelona 2009
Páginas: 409
Precio:

$ 569 Mercado Libre, Segunda Mano 

ISBN: 978-84-937119-6-2

 

Sinopsis:

En los años 70 una pareja joven decide recorrer España. Su espíritu viajero los llevó a recoger en un álbum imágenes de todos los lugares que visitaban, anécdotas y, todo tipo de recetas y platos que iban descubriendo. Tan diferentes unos de otros como los lugares que iban visitando. Al verano siguiente, eligieron Italia y así cada año hasta completar su periplo por los países mediterráneos.

Esa es la sensación que tendrás con este libro. Un álbum de viajes hecho de forma casera, con, minuciosidad y cariño, en la que se describen un total de 200 recetas de 8 países mediterráneos. Un libro muy práctico, que te permitirá reproducir de forma sencilla, cada uno de los platos, ya que una de las principales ventajas es la descripción paso a paso, mediante texto e imágenes. Además, en cada receta tienes un espacio reservado para que puedas añadir tus propias notas.

Esperamos que su divertido diseño te atrape desde el primer momento y desees descubrir su interior. Con imaginación, podrás viajar sin salir de casa, por Turquía, Grecia o Italia. Tal vez tengas la sensación que este libro perteneció a tu madre, a algún familiar o amigo y que lo rescataste de un desván.

La comida forma parte importante de la cultura, dicen que somos lo que comemos. Con “un vía….” podrás ampliar tus conocimientos sobre la “Dieta Mediterránea” y sus conocidos beneficios para la salud.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este es uno de los pocos libros de comida mediterránea que tengo, y en realidad he experimentado poco con él.

Ya no recuerdo donde y cuando lo compré, pero buscando aquí y allá, hoy día encontré que solo lo pueden comprar en mercado libre.

 

Mi opinión:

El libro es muy bueno. Además de presentar las recetas agrupadas por los países que están en el mediterráneo (Túnez, Marruecos, España, Francia, Grecia, Italia, Turquía, Islas Mediterráneas), por cada receta nos da una introducción (orígenes, su historia), la lista de los ingredientes, fotografías del paso a paso y una mini sección para “tus notas”

Con la globalización hoy en día es posible encontrar todos los ingredientes que requieres para elaborar tan coloridas y diferentes recetas de este libro

…y la comida se hizo

…y la comida se hizo

Autor: Beatriz L. Fernández
Editorial: Trillas
Lugar y Año de la publicación: México
Páginas:
Precio: van de $145 a $225 nuevos, y alcanzan un precio de $400 las primeras ediciones

Amazon, varios precios, Editorial Trillas, varios precios y Mercado Libre, varios precios

ISBN: 1. Fácil – 9789682440199, 2. Económica-9789682440205, 3. Rápida-9789682440212, 4. Para Celebrar-9789682440229, 5. Equilibrada-9789682440236, 6. Saludable-9789682440243

 

Sinopsis:

Cada uno de estos seis libros incluyen recetas para hacer sopas, antojitos, guisados, postres y bebidas. Dependiendo del tomo, es el tipo de recetas.

En la introducción de cada tomo, nos platica sobre la comida en México, desde antes de la llegada de los españoles a la época actual. Los dos últimos tomos tratan de la alimentacón sana.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Estos libros son emblemáticos. Incluyen recetas de toda la república, para todos los días. Salvo el tomo Para Celebrar, cuyos platillos son un tanto más elaborados

 

Mi opinión:

Todos los libros son buenos, para hacer comida cacera, fácil, tradicional mexicana. Sus fotos no son su fuerte, pero sus recetas si lo son.

De la autora, Beatriz L. Fernández

No encontré biografía de la autora

 

Otros libros

1. …Y la comida se hizo – Fácil,
2. …Y la comida se hizo – Económica,
3. …Y la comida se hizo – Rápida,
4. …Y la comida se hizo – Para Celebrar,
5. …Y la comida se hizo – Equilibrada,
6. …Y la comida se hizo – Saludable
7. …Y la comida se hizo – De dulces y postres
8. …Y la comida se hizo – Para dos
9. …Y la comida se hizo – De quesos
10. …y la Ropa se Hizo

100 Salsas

100 Salsas

Autor: Gerardo Chapa
Editorial: Distribución Lib. Porrua (ME)
Lugar y Año de la publicación: México 2017
Páginas: 704
Precio:

$ 299 Porrua  y $ 270 Mercado Libre, Segunda Mano 

ISBN: 970-93104-0-2

 

Sinopsis:

Las salsas son parte fundamental no sólo de la cultura gastronómica, sino también de la religiosa, que se pierde en la noche de los tiempos. Fueron tan importantes que los Caltzontzin, los gobernantes purépechas, tenían a su servicio una mujer denominada yyamti, cuya única obligación era servirle las salsas a su amo y señor con los pechos al aire, una mezcla de erotismo y refinamiento alimentario.

Con la quinta edición de su recetario, Cien Salsas, Gerardo Chapa, demuestra lo imprescindible que resulta un texto que nos transporta al mundo exquisito de las salsas mexicanas. Esas que ocupan un primerísimo lugar en la gastronomía porque además de incorporar la historia de la nación, son el alma de una de las cocinas más apreciadas en el orbe. Y si bien la salsa es “esa parte de la gastronomía que está llena de exquisiteces” como describe en el prólogo Martha Chapa, hermana del autor, en la culinaria de México es ¡Su majestad, la Salsa! como ella misma la nombra, por lo inagotable de su presencia en las mesas de los mexicanos. Así, su autor, si bien nos remite a los chiles más populares como son el serrano, jalapeño, poblano, manzano, habanero, de árbol, chipotle, pasilla, morita, piquín, cascabel, ancho, guajillo; hace gala sus variadas maneras de preparación. El texto además de ser claro en los procedimientos e ingredientes requeridos, tiene un diseño creativo e ilustrado, ni más ni menos que por artistas de la talla de José Luis Cuevas, Vicente Rojo, Sebastián y otros amantes del pincel. Sin duda, este recetario promueve la creatividad de quienes disfrutan el arte de mezclar, incorporar, transformar, colorear y aromatizar los guisos de los golosos que disfrutamos del placer de las salsas mexicanas.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Son varios los libros que me encantaría hacer el reto de elaborar completa y absolutamente cada una de sus recetas. Este es uno de ellos. El libro de salsas es muy bueno, además de que utiliza todo tipo de chiles (serrano, jalapeño, poblano, manzano, habanero, de árbol, chipotle, pasilla, morita, piquín, cascabel, ancho, guajillo), las salsas son variadas y de muy buen ver.

 

Mi opinión:

El libro no tiene fotografías.

No las necesita porque todas sus recetas se “ven” atractivas.

Es un libro bonito porque las fotos de las salsas que le faltan, son cubiertos por imágenes de diferentes pintores que sobre el chile ilustran de maravilla este tomo. Vicente Rojo, Sebastian, Jose Luis Cuevas, Francisco Toledo, Luis Zarate, Martha Chapa, Mariano Rivera, Pedro Friedeberg, Carlos Bazán, entre otros.

El diseño del libro es creativo, el tipo de letra que utiliza para la descripción de las recetas, todas son diferentes y el tono que prevalece es el rojo.

Es un libro artístico definitivamente… y con buenas recetas.

 

Del Autor, Gerardo Chapa:

Busqué biografía del autor y no la encontré.

En su lugar dejaré por aquí las palabras de Martha Chapa (su hermana) sobre el libro de Gerardo.

100S CIEN SALSAS. GERARDO CHAPA

SU MAJESTAD, LA SALSA.

Martha Chapa

Me dije: “Mi hermano ha hecho un libro de salsas; cualquiera que sea, se trata de una audacia”. Pensé desde luego que podría tratarse de alguna biográfica de Óscar de León o Willy Colón, con una suculenta historia de la música afroantillana y sus infinitas variaciones: la rumba en Cuba, el merengue en Dominicana, el reggae en Jamaica; todas con reminiscencia africanas, sabor a trópico y ritmo contagioso que convoca al movimiento sensual de las parejas, en una especie de rito laico o danza erótica que reúne alrededor del gusto (y hasta la pasión) por bailar a infinidad de adictos.
Pero no, se trata de que Gerardo Chapa, a quien por razón natural quiero desde pequeñito, es un apasionado, como yo, del arte culinario, y por una de esas vocaciones que a veces tienen los seres sensibles, se ha ido inclinando hacia las salsas, esa parte de la gastronomía que está llena de exquisiteces, de finuras, de sorpresas. ¿Qué sería de la cocina francesa sin su delicado salseo? ¿O de la china, la latinoamericana? Para los paladares refinados del mundo, las gastronomías sajonas y del este europeo, carentes de salsas en general, no pueden estar a la altura de las grandes cocinas del mundo.
El salseo mexicano, picosamente refinado, es muy especial; se distingue de los también picantes salseo hindú, tailandés o vietnamita, logrados con esencias, en que éstos resultan agresivos para la digestión y la salud estomacal. Las singulares salsas mexicanas, de origen indígena, tienen como base los picantes que el pueblo llama chiles y que nuestros antepasados mezclaban con yerbas del campo, ya que eran expertos en herbolaria y tenían especial sensibilidad para esa alquimia maravillosa. La variedad de los chiles es enorme: el más común es el serrano, le siguen el chipotle, el morita, el cascabel, el manzano, el de árbol, el cuaresmeño, el ancho, el loco, el largo, la Chilaca, el piquín, el habanero, el machito, el poblano y muchos, muchísimos más, tantos que nos sobran chiles para cada día del año.

Durante largo tiempo conservamos la gastronomía y los moles de las abuelas, disfrutando el fogón de las enormes cocinas, las grandes cazuelas. Observamos a la imprescindible nana Juanita usando el molcajete para moler cilantros, perejil, ajos, yerbabuena, epazotes, cebollas, cebollines, tomates rojos, jitomates; o a Chabela hincada sobre su rebozo, preparando la molienda en el metate para hacer todos los moles. Sólo recientemente nació una nueva Cocina mexicana que los sofisticados llaman, afrancesadamente, Nouvelle cuisine; en ella se ha dado un nuevo matiz a los ingredientes y una suavidad muy especial al salseo, moderando el picante; también se han incorporado otros elementos que aportan diferentes gustos, inventan sensaciones para el paladar. Es la misma cocina de origen prehispánico, con la mixtura española, pero con una nueva filosofía de los sabores que la ubica en una nueva dimensión y la sitúa entre las mejores, más amplias y más variadas del mundo.

Por ello es una sorpresa gratificante que Gerardo haya trabajado acuciosamente para crear un libro de salsas. Es como inventar la especialidad, hurgando en las viajas experiencias culinarias de la historia para combinarlas, con alma de alquimista, con otros elementos que convocan a nuevas aventuras en el mundo de los sabores. Las salsas son a veces base, pero también incorporación; transforman, enriquecen, aromatizan, antojan, colorean, sugieren. Sin duda la comida puede, debe convertirse en un placer sensual; las salsas lo aumentan, lo afirman.

Así pues este libro es una obra de la imaginación, y su deseo es estimular la inventiva de quien lo disfrute. Incorporar todas estas salsas a nuestra alimentación es una fiesta de los sentidos, de la sensibilidad. Escoger una entre la enorme variedad que nos ofrece constituye el arte de la elección; es una aventura gastronómica, un inquietante águila o sol. Adornar la mesa con ellas es un acto plástico, estético; comerlas debe ser la culminación de un proceso. Con esta publicación quedará comprobado que las salsas ocupan un primerísimo lugar en la gastronomía mexicana, pues ya no sólo tienen la pobre aspiración de añadir picante, incorporando quizá la frescura de un “pico de gallo”; ahora se vuelven elemento primordial, complemento indispensable.

No es posible hablar de salsas en nuestro país sin introducirnos en el sortilegio de los moles, que son una especia de hechizo. Imposible descifrar la historia de un pueblo si no se tiene conocimiento de sus costumbres alimenticias; ya lo decía Balzac: “Dime qué comes y te diré quién eres”. Pero una cosa es comer simplemente para ahuyentar el hambre, y otro a muy diferente encontrar la plena satisfacción del paladar, el uso total de las papilas gustativas, el raro embrujo de llevar al estómago un absoluto placer.

El nuestro es un país en gran parte desértico. En algunas regiones sólo hay arbustos, yerbas, biznagas, magueyes y algunos animales; eso ha comido nuestro pueblo siempre, acompañado de maíz, frijol, y chile.

La mixtura se obtuvo con lo que nos ha dado la muchas veces avariciosa tierra: gusanos, Escamoles, chapulines, tepezcuintles, eternamente acompañados de salsas. El lujo fueron los moles, que no son otra cosa que salsas aterciopeladas, calientes, con tal cantidad de ingredientes que se vuelve conseja y misterio su elaboración. El clásico poblano puede llevar hasta 20 elementos; en Oaxaca (que algunos llaman “valle de los siete moles”), hay uno enigmático de color negro, otro rico coloradito, el sugerente verde y el muy característico amarillito, sin olvidar el chichilo y el almendrado. En el centro del país surgen los pipianes, que tiene como base las pepitas de calabaza; en el sur se acostumbra condimentar con el famoso achiote.

He podido vivir la aventura de entrenar mi imaginación, y he ido dejando testimonio de mi tránsito por esta vida con las recetas de otros moles que he inventado, como los de pistache, nuez, nuez de la India, piñón blanco, huitlacoche. Podemos encontrar muchas otras muestras de la molienda mexicana de los chiles. Lo importante es decir que se trata de la salsa de las salsas en México porque incorpora su historia.

El mole poblano lo servían las monjas clarisas del Puebla para homenajear a obispos y hasta arzobispos. Los virreyes eran recibidos con moles; mole comió Hidalgo, en Salvatierra; mole se sirvió en la comida de coronación de Iturbide, en la recepción de Maximiliano, en el retorno de Juárez a Palacio Nacional tras el triunfo de la República, en la restauración del Senado por Lerdo de Tejada, en la boda de Porfirio Días con Carmelita Romero Rubio. No hay casorio popular que se precie de serlo en el que no se sirva mole, y además debe sobrar para el recalentado de la tornaboda. Podríamos decir que el mole fue sinfonía clásica y las salsas género ligero; ahora éstas toman su verdadero lugar y se incorporarán al gran mundo de la gastronomía mexicana. Desde hoy podemos brindar al mundo una nueva experiencia culinaria: las salsas son un regalo más de este país que tanto ha dado en ésta y otras materias.

Aunque la cocina mexicana invade rápidamente el mundo, no está a salvo de cambios y mistificaciones que lo deforman y modifican su esencia. Así ha sucedido con el taco, alimento básico, antojos supremos, inigualable, que ha sido infamado por una cadena transnacional que lo sustituyo con una horrorosa copia. Es en el taco y para el taco que las salsas se subliman. Nuestro salseo no sería lo mismo sin el taco, que reclama, antes de enorgullecerse, ser bendecido por una suculenta salsa: borracha si es barbacoa, verde si son carnitas, “pico de gallo” para el bistec, suave para el pastor, piquín para los gusanos, amashito para el pejelagarto, de árbol para el taco de camarón, cuaresmeño para la pancita, entomatada para los Escamoles. ¿No es todo un rito? ¿No es otra fiesta para los sentidos (vista, olfato, tacto, gusto), exaltado todos por el taco y sus salsas?
Por ello, bienvenido el libro de las nuevas y viejas salsas; el libro de la búsqueda, de la composición, el que viene aposentar novedosos elementos y exóticos sabores. En esta obra vamos a encontrar el mejor de los complementos para la nueva cocina mexicana. ¡Bienvenida al reino de la mesa, Su Majestad, LA SALSA!

100S CIEN SALSAS/Recuperado de: Cuarta Edición 2006/Gerardo Chapa Benavides/isbn970-93I04-0-2

YYAMATI, DIOSA DE LAS SALSAS.

Las salsas son parte fundamental no sólo de la cultura gastronómica, sino también de la religiosa, que se pierde en la noche de los tiempos. Fueron tan importantes que los CALTZONZIN, los gobernantes purépechas, tenían a su servicio una mujer denominada YYAMATI, cuya única obligación era servirle las salsas a su amo y señor con los pechos al aire, una mezcla de erotismo y refinamiento alimentario.

En los ingredientes de las salsas mexicanas, básicamente picantes y verduras, se reflejan distintas idiosincrasias. Desde el intenso picante del sureño habanero hasta el exquisito chipotle, pasando por el norteño piquín, todos los chiles reflejan la bravura, el señorío y la actitud de nuestros ancestros, que hacían frente a la vida en una lucha constante por afirmar su hombría. Por eso somos una nación de naciones, soberana, enhiesta y libertaria; por eso nos hemos opuesto a la intervención extranjera, a la entrega del territorio y la sumisión.

De alguna manera somos lo que comemos, y nuestra raza ha comido fuego, transmutándolo de forma violenta y generosa, turbulenta y apacible, poética y grotesca. Somos contradictorios, punto de encuentro entre las fuerzas del bien y las del mal. Sin embargo, nuestra síntesis es y ha sido la génesis de un nuevo paradigma que Vasconcelos supo descifrar, el cual nos hace erguirnos ante la dificultad y la angustia.

Más allá de nuestros graves problemas de subsistencia económica, prevalece nuestra identidad, expresada en estas salsas que nos hacen ser muy salsas y al mismo tiempo héroes y villanos. México en sus chiles y sus salsas, sus guisos y sus moles, sus gusanos y sus Escamoles, sus frutos y sus flores. …

100S CIEN SALSAS/Cuarta Edición 2006/Gerardo Chapa Benavides/isbn970-93I04-0-2

Cocina y Cultura

Cocina y Cultura

Cocina y Cultura

Autoras: María Stoopen

Editorial: Colección Lumia

Páginas: 77 páginas

Precio:  Amazon $175  y Gandhi $157 (libro electrónico)

ISBN: 978-607-7818-78-6

 

Sinopsis:

Cocinar es un acto cultural, un fenómeno que va más allá de aspectos netamente biológicos, nutricionales o, inclusive, gastronómicos.

En la acción de mezclar distintos ingredientes para hervirlos o freírlos y, finalmente, comerlos, se involucran contenidos religiosos, tradiciones y rituales. Cocina y cultura es un libro que explora algunas de las formas en las que la comida y su preparación trascienden más allá del espacio culinario. Si la cocina mexicana y su contexto cultural son temas centrales en este libro, para María Stoopen es imposible comprenderla sin abordar otras tradiciones culinarias. Se nos revela un crisol de usanzas, ingredientes y contenidos que conviven en nuestra gastronomía; conciliando los aspectos más trágicos de la Conquista y el proceso del mestizaje.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque este libro habla de cómo se dio el proceso del mestizaje culinario en México: Que había a la llegada de los españoles, que trajeron, la resistencia del pueblo, la aceptación y un entendimiento sobre el tema “De dónde venimos”

Ella es autora de uno de mis libros de recetas favorito, Veracruz Cocina de Encuentro (20 jul 2017), ya reseñado en el Blog.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno

Este es un mini libro, muy bueno. Consta de tres capítulos:  La tradición culinaria en México, Antología de productos, El cocinero y su espacio.

Yo de atrás para adelante. La razón por la que no le pongo excelente, es que el último capítulo, El Cocinero y su Espacio, me quedó a deber. Historia de los cocineros, el mestizaje estuvo bien, pero faltó el reconocimiento a la nueva cocina mexicana, a la evolución de los cocineros mexicanos.

El capítulo Antología de productos es maravilloso. Enumera cada producto (hierbas, especies y condimentos, Tomate y Jitomate, hongos, pescados y mariscos, carne, pan y queso) Su origen, el principio en México, el mestizaje, y cual es su papel hoy día. Muy ilustrativo. El ensayo está bañado de anécdotas y de títulos de libros. Me encantó.

 

Algo para recordar

De Pescados y Mariscos

¨Los griegos y los romanos -nos cuenta Jean Anthelme Brillat Savarin- aunque menos avanzados que nosotros en el arte de sazonarlos no por ello les prestaban menos atención, y su delicadeza llegaba hasta poder adivinar por el gusto las aguas en que habían sido pescados” 56

Verídica y sin duda encantadora, esta hazaña del paladar de nuestros abuelos mediterráneos se nos presenta hoy, en nuestro país, prácticamente inalcanzable. En primer lugar, por la gran variedad de especies que pueblan las aguas de nuestros enormes litorales, a las que se suman ríos, lagos y lagunas. Después, porque en México la actividad pesquera no es suficiente como para explotar esa gran riqueza alimenticia y distribuirla en todos los mercados, por lo que excepto en las costas, en general se consume poco pescado: “[…] habría que destacar la gama de especies que usan los pescadores en su alimentación considerablemente mayor a las que no más de diez que cada habitante de la ciudad sería capaz de enumerar”. 57

A pesar de ello, esta proeza casi mítica queda como un estímulo para que se cree un estilo de degustación inspirado en esa especialidad practicada por los antiguos griegos y romanos. Sobre todo, porque lo que ahora se ofrece como obstáculo, puede transformarse en un reto debido a la gran riqueza de pescados y mariscos y a los innumerables modos de prepararlos que existen en nuestro país.

Tampoco es preciso empezar de la nada. El Diccionario del hogar, publicado en 1904, contiene un esbozo de clasificación de las calidades de las distintas especies acuáticas, que podemos aprovechar:

Hay pescado de mar y de agua dulce y este último se subdivide en pescado de lago, de ciénega o de estanque y en pescado de río. El de estanque o lago es por lo común dañoso porque vive en agua cenagosa o que no tiene corriente. El de río es muy sano, con tal de que el río tenga un curso rápido, siendo de menos clase el que se pesca en los que corren lentamente, pues aunque en estos se suelen coger pescados que se aprecian por su gordura, que los hace de buen gusto, es necesario advertir que por esa cualidad son menos sanos, porque todas las grasas son indigestas y entre ellas la más contraria al estómago es la del pescado. Es menos bueno el de los ríos inmediatos a las grandes ciudades, a causa de que se nutre con las inmundicias que desaguan en ellos.

El pescado de mar es el mejor de todos, porque la sal marina corrige su humedad; es preferible el pedreguero o que se mantiene en los lugares llenos de rocas; tiene el segundo rango el que habita en el fondo del mar y los de última clase son con razón los que viven en las orillas o riberas. Hay pescados de mar que suben a los ríos y se nota que cuando han habitado en agua dulce por algún tiempo, son mas agradables al gusto; pero no está decidido que sean más sanos. 58

Armados ya con este código fundamental, podemos enfrentarnos a las variedades extraídas de nuestras aguas y empezar a distinguir el gusto de un pescado cuya procedencia es el Golfo o el Pacífico, el Caribe de la península de Yucatán o el Mar de Cortés de la otra península, la de Baja California. O la laguna de Tamiahua, el lago de Pátzcuaro o el de Avándaro. O bien, las corrientes del Grijalva o del Usumacinta.

Mucho nos servirá conocer y probar in situ las especies originarias que los pescadores de cada región capturan. Acercarnos, por ejemplo, a las comunidades de la costa pacífica de Baja California y deslumbrarnos con su dieta de langosta la mitad del año y de abulón la otra mitad. Saborear una langosta termidor -vestigio de la presencia de los concesionarios franceses en las minas de cobre de Santa Rosalía- nacionalizada por las mujeres de los pescadores a base de chiles verdes; o bien en “pastashuta”, mexicanización de la pastasciuta italiana, bien en machaca, en empanadas, si nos aventuramos hasta la isla de Cedros. Y allí mismo, en temporada, ver a los buzos preparar el camaleón de abulón para comerlo mientras lo trabajan en las pangas. Y disfrutar en la isla, en el Sauzal o en Mulegué el atún entomatado, en burritas, ensalada, tamalitos. Y así, también, un jurel relleno, una cabrilla estofada. O acudir a la costa del Caribe, en la península opuesta y pedir en el pueblo pesquero de Xcalak, Quintana Roo, también una langosta, pero aquí en sancochado o en arroz, y antes, un ceviche de caracol. Asistir también a la elaboración del tikinxic por los pescadores de Hobox, Quintana Roo, y aprender el secreto de su receta: el mero o el pargo limpio por dentro y con escamas por la parte exterior, se asa a la parrilla y se adoba con una salsa de achiote -imprescindible en la región maya-, jitomate, chiles dulces y katic. Y en Crisanto, Yucatán, seleccionar alguna de las especialidades del pulpo: en escabeche, en su tinta, así como molido en tostaditas.

Y si ya somos expertos, diferenciar el abulón de Baja California del de Chiapas, extraído del Golfo de Tehuantepec, y presenciar su preparación desde que lo despulpan y sacan de su concha hasta que nos lo sirven en puchero caldosito con achiote y tortillas de comixtal, después de haber saboreado una botana de casco de mula. También en Tonalá, Chiapas, buscar quien sea diestro en limpiar el macabil, pues a este pescado hay que saber quitarle las numerosas espinas antes de hacerlo en tortitas. Asimismo, saber que Campeche es un sitio excelente para solicitar un esmedregal empanizado, una cherna en jugo o un pargo en macún, todos bien adobados con orégano y cominos; y desde luego, el pan de cazón en tortillas gorditas untadas de frijol.

En Tabasco, si tenemos suerte de ser invitados a alguna gran celebración familiar, una boda por ejemplo, sentarnos sin ninguna prisa a gozar de uno de los platillos más delicados de la región, el pejelagarto regio: la misma concha del pescado rellena con su blanca carne ya preparada con flor de calabaza, elotes tiernos, chile dulce, epazote y queso. Y enterarnos por boca de algún lugareño a propósito del pez, que en el año 72 del siglo XIX, hubo una guerra intestina entre los partidos Progresista y Radical. Guerra que en el lugar se recuerda como la de pejelagartos, debido a que el gobernador Victoriano V. Dueñas, miembro del partido Progresista, era conocido por ese mote, el cual se extendió a todos sus correligionarios. O, en su defecto, regalarnos con platos tan sofisticados como un chirmol de cangrejos azules (también inmiscuidos en política, pues por el andar retrógrado del crustáceo, los liberales del XIX lo usaban como apodo para identificar a los conservadores), cocidos al vapor en hojas de plátano; y antes de que se impusiera la actual veda para cazar a los quelonios, haber celebrado las tradiciones con una tortuga en sangre espesada con plátanos verdes o en verde con hojas de chipilín, de chaya, de perejil y chile dulce. Y como los platos suntuosos han sido tradicionales en la zona, habernos trasladado a Oaxaca para saborear también una tortuga, pero ésta capturada en aguas del Pacífico, en Puerto Ángel, y preparada para alguna ocasión especial, en mole negro con sus chiles chilhuacle, ancho y pasilla que solían darle el color, o simplemente en bistec, aunque bien sazonada con sus especias y yerbas de olor.

Todavía en Oaxaca, ponernos a esperar a orillas de la laguna inferior, a algún grupo de pescadores huaves para disfrutar, si tenemos suerte de ser admitidos, la blanca carne de una lisa asada a la sal y escuchar maravillados la explicación de sus técnicas de pesca; la ejecución oportuna y eficaz de los pasos de danza sobre el fondo de la barcaza que hacen que los peces del banco localizado por los pescadores empiecen a saltar y caigan en la lancha para ser atrapados con las manos. Uno de los pescadores, “el del pie musical” 59 es el que danza rítmicamente, mientras otros dos o tres atrapan a los peces. Y aprovechando el istmo de Tehuantepec, cruzar del Pacífico al Golfo de México para llegar a Veracruz, reino de los huachinangos -en caldo o a la veracruzana, ya proverbiales- de los camarones -en arroz a la tumeada, ricamente condimentado con clavo, pimienta, laurel, hierbabuena, orégano, cilantro, ajo, cebolla, jitomate, chiles verdes, o en moste- de las jaibas -en chilpachole, naturalmente- de la hueva de pescado -en torta o en jitomate-. Y la manjúa, ya sea en jitomate o en blanco con hojas de aguacate para tacos: son alevines de pescado equivalentes a las angulas españolas; nacidos en los ríos y esteros de Veracruz, hay que ser conocedores para solicitarlos en los lugares adecuados. 

Volver a la otra costa, a Manzanillo, Colima, para acompañar a los pescadores de camarón de la laguna de Cuyutlán, quienes preparan un caldo con su buena ración de camarones, verduras y chile pasilla seco mientras esperan la “suba” de agua salada y camarón. Probar asimismo una tilapia en sus varias recetas regionales: en caldillo ranchero, rellena, asada en hojas de plátano, tipo birria.

Bajar a las costas de Michoacán, a Lázaro Cárdenas, Playa Azul o Caleta de Campos, a Pátzcuaro y paladear el sabor natural de un barrilete, una sierra, un jurel, un blanco o un sábalo, ya que en la zona se prescinde de los condimentos y los pescados únicamente se asan a la talla, se fríen o se secan con sal y se acompañan de una ensalada de jitomate, cebolla y chiles verdes.

Y para completar nuestra experiencia gastronómica de la enorme variedad de platos que se preparan en México y aspirar a convertirnos en conocedores, no hay que olvidar el ceviche acapulqueño, las jaibas de Tampico -como nos las ofrezcan-, la mantarraya gavilán de Topolobampo, Sinaloa; el caldo miche de San Blas, Nayarit; los camarones a la diabla de Barra de Navidad, Jalisco. Así como degustar también los nacionalísimos platillos de fiesta: los romeritos con tortas de camarón y el bacalao a la vizcaína, aunque el pescado y el nombre sean importados.

Y para terminar, conviene regocijarnos nuevamente con Brillat Savarín y adherirnos a su manifiesto: “Por lo que a mi respecta, tengo para ellos un sentimiento que se acerca al respeto y que nace de la persuasión íntima que son criaturas antediluvianas, porque el gran cataclismo que sufrieron nuestros antepasados hacia el siglo diez y ocho de la creación del mundo fue para los peces una época de gozo, de conquista y de festividad”. 60

 

56 Jean-Anthelme Brillat Savarín, Fisiología del gusto, p. 81
57 Luis María Gatti, “El Recetario del pescador o algo más que pura proteína”, en Recetario del pescador y otras recetas populares, p.8. La mayor parte de los datos que nos sirvieron para elaborar este texto fueron tomados de este Recetario.
58 Ireneo Paz (ed.), opus cit., pp. 1079-1080
59 José Luis Krafft, “El niño de sal”, en Chispa, núm. 61, pp. 30-31.
60 Jean-Anthelme Brillat Savarin, opus cit., p. 86

 

 

De la Autora – María Stoopen

Nació en la Ciudad de México, el 12 de septiembre de 1940. Ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFYL de la UNAM, la maestría en Desarrollo Humano en la UIA y el doctorado en Literatura Española en la UNAM. Ha sido profesora de español y de literatura en distintos niveles educativos y catedrática en la FFYL de la UNAM. Becaria de INBA/FONAPAS, en ensayo, 1979 y 1980. Autora de numerosos ensayos literarios y colaboradora en publicaciones nacionales e internacionales. También ha incursionado en el tema de la cocina mexicana. Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas, INBA, 1982, por La muerte de Artemio Cruz, una novela de denuncia y traición.

 

Los Libros de María Stoopen

  • CARNES

ZUBIETA, MARCELA / STOOPEN, MARÍA / PUIG, SOCORRO

Editorial Everest

 

  • COCINA YUCATECA

ZUBIETA MARCELA / STOOPEN MARÍA / PUIG SOCORRO

Editorial Everest

 

  • ESPECIALIDADES REGIONALES DE LA COCINA MEXICANA

STOOPEN MARÍA / PUIG SOCORRO

La alimentación, como función materna, resulta el ejercicio más entrañable de la cultura y, al mismo tiempo, es formadora de los gustos gastronómicos de los pueblos. Ya que en México las tradiciones culinarias han demostrado su persist…

Editorial Everest

 

  • VERACRUZ. COCINA DEL ENCUENTRO

STOOPEN MARÍA

Editorial Everest

 

  • SOPAS Y CALDOS

ZUBIETA, MARCELA / STOOPEN, MARÍA / PUIG, SOCORRO

Editorial Everest

 

Los Chiles Rellenos en México, Antología de Recetas

Los Chiles Rellenos en México

Autor: Ricardo Muñoz Zurita
Editorial: UNAM
Lugar y Año de la publicación: México 2009
Páginas: 135
Precio:

Amazon $418, Gandhi $161  y Cultura UNAM $215

Los dos primeros envían libros a cualquier parte del mundo.

ISBN: 978-607-02-1257-4

 

Sinopsis:

Hasta antes de Los chiles rellenos en México no existía una antología de recetas de este importantísimo platillo autóctono, emblema de lo mexicano en el escenario de la gastronomía mundial. La diversidad de una tradición de siglos en la cocina mexicana se ve reflejada en este amplio recetario que incluye todos los tipos de chiles que se rellenan en México, así como todas las clases de rellenos utilizados a lo largo del país, ya sean de carne, queso, verduras o mariscos. Los textos, ofrecidos en inglés y en español, no dejan de lado el contenido histórico-cultural del primer y más grande ingrediente de México.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El autor es Ricardo Muñoz Zurita…
Todas las recetas son de Chiles Rellenos. Todas

 

Mi opinión:

El libro es BUENÍSIMO.

Esta nueva camada de Chef no se conforma con hablar de recetas, de técnicas. Bendito Dios también hacen estudio de investigación, donde nos narran de donde, como, cuando, porqué.

Las fotos son pocas, pero muy buenas.

Cuando veo el contenido de este formidable libro, me da ganas de hacer un ejercicio como el de la película July & Julia, y cada una de las que aparece en este tomo elaborarla, fotografiarla, deleitarme.

Del autor, Ricardo Muñoz Zurita

La carrera gastronómica de Ricardo Muñoz Zurita es sin lugar a dudas la más prestigiada en el terreno de la investigación y la cocina tradicional mexicana, prueba de ello son los muchos homenajes y reconocimientos que ha recibido.

Su nombre está ligado a un exhaustiva y prestigiosa trayectoria, por lo que ha sido nombrado “the prophet and preserver of culinary tradition”, revista Time Octubre 2001. Por su incansable labor de investigación y trabajo culinario, tiene seudónimos como “el antropólogo” de la cocina mexicana, el “chef de la cocina tradicional mexicana” y “ su majestad de la cocina mexicana”, “el maestro de la cocina mexicana”, entre muchos otros.

Entre sus múltiples reconocimientos se encuentran:

– Chef del año, club Vatel 2008
– Nombrado académico de la Academia Culinaria de Francia, 2008.
– Homenaje nacional fusión México 2010
– San pascual bailón 2010
– Veracruzano distinguido 2010
– Mente humana, revista Quo y Discovery channel 2010.
– Reconocimiento especial de la asociación de chefs de Monterrey, 2012
– Premio “Travel and leisure” 2010, categoría, mejor chef de cocina tradicional mexicana
– Homenajeado especial del festival “El saber del sabor”, Oaxaca, Oaxaca 2011
– Homenajeado en el festival “K`óoben” Mérida, Yucatán 2011
– Homenajeado en el festival “El sabor de Sinaloa” 2012

 

A toda la gran lista de libros publicados, habría que agregar las innumerables participaciones de Ricardo Muñoz en otros libros de cocina publicados en México y en el extranjero.

Chef propietario de 4 restaurantes y varias asesorías, Azul y Oro centro cultural universitario, el cual ha sido reseñado en múltiples revistas y periódicos por su buena cocina, galardonado como el mejor restaurante de cocina mexicana travel and leisure 2010.
Azul y Oro torre de Ingeniería, considerado como el mejor restaurante del campus universitario.

Azul condesa, reseñado por las mas importantes revistas y periódicos especializados, del cual ha recibido reconocimientos muy importantes como el premio millessime 2011. “five diamond award”. cuatro tenedores (la máxima distinción que otorga el periódico reforma en su sección “buena mesa”).
Azul Histórico, ha sido reseñado en las revistas, periódicos y canales de televisión especializados por su buena gastronomía y por considerarse uno de los restaurantes mas importantes del país, dedicado a la cocina tradicional mexicana.

La cocina de Ricardo Muñoz, ha sido motivo de reportajes en prácticamente todas las revistas, periódicos, programas de radio y televisión del país y muchas del extranjero.

Ha dictado conferencias y cocinado en las mas importantes instituciones, escuelas y universidades del país, así como en los mas importantes foros gastronómicos de México. Este mismo trabajo lo ha hecho en Norteamérica, Sudamérica y Europa.

Para los críticos más especializados, el trabajo de Ricardo Muñoz es sinónimo de calidad, autenticidad y es considerado como la máxima autoridad en investigación y cocina tradicional mexicana.

 

Autor Otras Obras:

• “Los Chiles Rellenos en México”, (UNAM 1996), ha sido reeditado mas de 5 veces, la última edición es bilingüe (ingles-español).
• “Verde en la cocina Mexicana”, (HERDEZ 1999).
• “Diccionario Enciclopédico de Gastronomía Mexicana” (CLIO 2000)
• “Los almendros, relatos para disfrutar en la mesa”, (Corporación Mexicana de Restaurantes, 2001)
• “Salsas Mexicanas”, (Larousse 2009)
• “El libro de la vainilla mexicana” 2009(Ambar diseño)
• “Los clásicos de la cocina mexicana” (Larousse 2009), ganador del premio Gourmand 2010, para libros de cocina local
• “Verde, Blanco y Rojo en la cocina Mexicana”, (Larousse 2010)
• “Los top chefs de México” (Larousse 2010)
• “Diccionario enciclopédico de la gastronomía mexicana”, (Larousse 2012).
• “La cocina mexicana”, 2012 libro en ingles publicado por la universidad de California USA
• “Los chiles de México” (El equilibrista 2013)
• “Diccionario Gastronómico de la cocina tabasqueña”(Por publicar 2013)
• “Los moles de Oaxaca” (Por publicar 2013)
• “El diccionario gastronómico de la cocina de Tlaxcala”, trabajo en curso.
• “El diccionario gastronómico de la cocina de Jalisco”, trabajo en curso.
• “El diccionario gastronómico de la cocina de Sinaloa”, trabajo en curso.

Madame Proust y la Cocina Kosher

Madame Proust y la cocina kosher

Autoras: Kate Taylor
Editorial: Nuevos Tiempos Siruela
Páginas: 416 páginas
Precio: Amazon $598
ISBN: 978-84-9841-651-0

 

Sinopsis:

En el París de fin de siècle, Jeanne Proust, una culta mujer judía casada con un médico católico, escribe en sus libretas todo tipo de acontecimientos personales y generales, aunque el tema más recurrente es su hijo Marcel, a quien sus altas aspiraciones sociales, sus insatisfechas ambiciones literarias y su delicada salud impiden terminar de encajar de la vida burguesa de la época. En la relación de los desvelos de Madame Proust irrumpe el relato de las insatisfacciones de Marie Prévost, traductora de los diarios, cuya obsesión por el documento será un bálsamo contra su amor no correspondido hacia el enigmático Max. La tercera historia que se entrelaza en la trama de esta apasionada novela es la de Sarah Bensimon, una refugiada parisina a quien sus padres enviaron de niña a Canadá para escapar del terror nazi. Instalada definitivamente en Toronto y cada vez más alejada de su marido y de su hijo adolescente, Sarah se refugia en su cocina, donde batalla por reconciliar sus esperanzas y decepciones y por curar las profundas heridas provocadas por la Historia.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

La Cocina Kosher es su boleto de entrada, y no me arrepentí.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy Bueno,

Las tres historias que se entrelazan en este libro te atrapan.

Su principio fue un tanto lento, denso. Me tardé averiguar el método para distinguir las tres historias, que son contadas en paralelo, la historia de estas maravillosas mujeres: Madame Proust, Sarah y Marie.

La primera historia es sobre los diarios que lleva Madame Proust, donde relata el mundo donde se mueve su hijo, el escritor Marcel Proust. Me ha cautivado tanto esta parte, al grado tal que seguramente mas adelante hablaré sobre el libro En Busca del Tiempo Perdido (¡lo confieso! No había oído hablar de él).

La segunda historia es sobre Sarah Bensimon, una refugiada parisina judía que es adoptada por el matrimonio -Los Plot-, nos narra sobre el proceso que significó la migración a Canadá, huyendo de los nazis, a la edad de 11 años. Como la afecta y acaba marcando sus relaciones personales, con su marido Daniel y su hijo Max.

La tercera historia la protagoniza Marie, quién vive eternamente enamorada de Max, y quien será la encargada de traducir los diarios de Madame Proust del francés al inglés.

Las tres historias te cautivan.

¿Y donde entra la comida? A lo largo de todo el libro está salpicado de comentarios sobre almuerzos, banquetes, celebraciones y demás. Pero es sin lugar a dudas cuando Sarah se casa, cuando los banquetes se hacen sentir.

 

Algo para recordar

Paris, 23 de septiembre de 1899, sábado.

Suzanne trabaja de maravilla. Jean y yo comentábamos esta mañana que se ha adaptado muy deprisa y que es muy afectuosa. Supongo que estamos tan habituados a Félicie que nos parece normal que una criada se encoja de hombros o esboce una mueca de fastidio cuando se le propone una cena para invitados, pero es agradable trabajar con alguien que parece ver en los convites especiales una buena ocasión para mostrar su talento. Espero y deseo que Félicie no la ahuyente como hizo con Geneviéve, aunque al menos parece haber aceptado que la nueva se encargará de la mayor parte de las labores de la cocina.

Marie-Marguerite y Anatole vinieron a cenar anoche y Suzanne se lució. La blanquette de vean estaba absolutamente aterciopelada, y ella es lo suficientemente inteligente como para que nadie deba decirle que no se puede servir un budín cremoso después de una espesa salsa como esa, y sirvió una estupenda y crujiente tarta de manzana que elaboró con las primeras manzanas de la temporada. Comentamos el affaire Dreyfus durante la cena. Si bien había pasado mucho tiempo desde la última vez que Adrien y yo tuvimos una conversación sincera sobre un tema tan difícil, Marie-Marguerite no es de las que se arredran ante ningún tema simplemente porque resulte controvertido, y no dudó en decirles a los hombres que se equivocan. Yo estaba diciendo que me entristecía que Dreyfus hubiera aceptado el perdón, pero que me parecía que quienes le criticaban estaban siendo muy duros con él. Por mucho que defiendan el valor de los principios, nadie les ha pedido que cumplan una condena de cinco años en la isla del Diablo. Anatole no puede dejar a un lado su postura oficial y ahora se muestra discretamente silencioso sobre el asunto, pero Adrien y yo convenimos en que Dreyfus no tuvo más remedio que aceptar el perdón y poner punto y final al asunto. Marie-Marguerite defendía una postura más purista y afirmó que espera todavía presenciar un juicio como es de rigor. <<Ya tuvo un juicio justo>>, estalló Adrien; a lo que ella replicó: <<Pero no es un veredicto justo>>.

Envalentonada quizá por el amigable ambiente de nuestra cena en familia, Marie-Marguerite no se contentó con eso y le dijo a Adrien que debería tener más consideración por mis sentimientos a la hora de comentar el asunto. Cuando intenté hacerla callar, ella insistió: <<No creo que debas poner distancia entre tu leal esposa y tú dejando que crea que te has puesto del lado de quienes muestran tan solo un ciego prejuicio contra los judíos>>.

Adrien respondió, como lo ha hecho en otras ocasiones, que creía que el asunto nada tiene que ver con cuestiones de raza o de religión, pero Marie-Marguerite le contestó que, de ser así, debería dejar más clara su desaprobación de la facción antisemita. En ese momento, Anatole decidió intervenir y le pidió que zanjara su intervención. Ella simplemente se limitó a encogerse de los hombros, haciendo caso omiso de su protesta, y respondió: <<Bueno, simplemente intentaba salir en defensa de Jeanne>>, y ahí lo dejamos, pasando a otros temas. Aunque fue un momento tenso, no estropeó la cena. Al parecer por fin somos capaces de aceptar que nuestras opiniones difieren. Y eso es lo que debería hacer toda Francia antes de zanjar el asunto.

Marcel escribe desde Évian para pedirme que le envíe mi ejemplar del libro que La Sizeranne ha escrito sobre Ruskin en el próximo correo, pero no logro dar con él. En cualquier caso, para cuando lo encuentre él ya estará de nuevo en casa.

 

De la Autora – Kate Taylor

Kate Taylor nació en Francia y creció en Ottawa, aunque fue en Toronto, ciudad en la que reside actualmente, donde estudió Historia e Historia del Arte. Después de hacer un máster en periodismo, comenzó a trabajar en The Globe and Mail, labor por la que fue nominada al National Newspaper Awards y por la que recibió en dos ocasiones el premio Nathan Cohen. En la actualidad escribe una columna sobre arte para ese mismo periódico. Por su trabajo como escritora ha merecido también varios premios, como el Commonwealth Writers Prize for Best First Book (Canada/Caribbean region), y el City of Toronto Book Award, ambos por Madame Proust y la cocina kosher.

 

Los Libros de Kate Taylor

Madame Proust y la cocina kosher
Como tener cada día el orgasmo de su vida

Cocina Internacional – 2 tomos

Cocina Internacional – 2 tomos

Autor: Elena Ocampo de Sanz
Editorial: CECSA
Lugar y Año de la publicación: Tomo I México 1985, Tomo II México 1986
Páginas: Tomo I 589, Tomo II 466
Precio: en Mercado Libre el precio va de $600 a $2000 los dos tomos. https://libros.mercadolibre.com.mx/cocina-internacional-elena-ocampo-de-sanz
ISBN: tan pero tan viejito que no tiene ISBN

 

Sinopsis:

Uno de los primeros libros de recetas que utilizamos en casa, con un contenido muy surtido que va desde sopas, salsas, huevos, mariscos, pescados, aves, carnes, ensaladas, verduras, galletas pasteles dulces y platillos regionales.

El segundo tomo adicional a lo antes mencionado, trae un capítulo de congelados y otro para arreglo de mesas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque fue de los primeros libros de cocina que conocí y continúo haciendo las recetas que entonces descubrí en sus páginas.

 

Mi opinión:

Los libros modernos manejan fotos a diestra y siniestra, pero este libro no. Tiene el formato de una enciclopedia, grande pesado. Trae al menos tres grupos de fotos, malas fotos por cierto.

Pero las recetas son muuuy buenas.

A pesar de que el título del libro es COCINA INTERNACIONAL, encuentras recetas de cocina tradicional a lo largo de todo el libro. Recetas sencillas, sin pretensiones, comida para todos los días, de la comida de antes.

Pero también si le buscas, te topas con platillos lucidores tradicionales.
El libro ya no lo reeditaron. Pero es posible conseguirlo en Mercado Libre. Vale la pena.

De la Autora, Elena Ocampo de Sanz:

No encontré renglón alguno sobre la autora, ni fotografía.

Solo una entrada sobre este libro que tanto me gusta, del blog Hoja Santa. Me encantó. Se los dejo por aquí

Paladear con el Cerebro

Paladear con el Cerebro

Autor: Francisco Javier Cudeiro Mazaira
Editorial: CSIC
Páginas: 126 páginas
Precio:
Gandhi $278  y Amazon $333

ISBN: 978-84-00-09502-4

 

Sinopsis:

El reciente y renovado interés por la gastronomía está generando un fenómeno curioso: la intención de los cocineros ya no es solo elaborar platos de calidad desde un punto de vista culinario, sino, también, sorprender y a veces sobresaltar la experiencia perceptiva del comensal. Este libro explica cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cerebros de sus comensales. ¿Cuáles son los procesos que nos permiten disfrutar de una velada en compañía o emocionarnos al oler un risotto de flores y semillas? ¿Por qué siempre tengo un hueco para el postre? Ya no es suficiente hablar de los sentidos; es necesario conocer los procesos cerebrales responsables de la percepción sensorial para poder entender lo que significa disfrutar con la comida. Al mezclar en las proporciones adecuadas el conocimiento científico y el arte de la investigación culinaria, esta obra será de interés para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la percepción sensorial a través de la cocina y ofrece pistas para que el lector pueda entender lo que le ocurre cuando disfruta de una experiencia gastronómica, un misterio que albergan las células nerviosas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por supuesto este ensayo tiene que estar en El Lugar de Beatriz. Es un enfoque novedoso tratar la Gastronomía vía el cerebro. Es explicar olores y sabores a través de lo que capta el cerebro. Muy interesante.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Paladear con el Cerebro es un libro Muy Bueno, cargado de información

Por supuesto se trata de un científico hablando de comida, gastronomía, historia de la comida (desde la prehistoria hasta nuestros días) de una forma tan amena. En una sentada leí la mitad del libro.

Cudeiro utiliza un lenguaje sencillo en sus explicaciones, y a veces un tanto cómico.

  • El hombre es el único animal sobre la tierra que “prepara” sus alimentos y busca con qué acompañarlos para disfrutarlos aún más.
  • El hombre al cocinar, mata bacterias, lo que le ha permitido una mayor garantía de supervivencia
  • Cuando dormimos, nuestro organismo libera hormonas que pasan al cerebro como una señal de saciedad. Las personas que tienen problemas de insomnio…suelen tener problemas de sobrepeso.

Estos y muchos más datos puedes encontrar en este interesantísimo libro.

 

Algo para recordar

Prólogo

Cocinar es permitir o provocar reacciones entre productos usando el fuego como principal catalizador. En este sentido, y en contra de todas las tendencias naturistas, que niegan la química como un satanizado mal, cocinar es hacer química, mezclar elementos químicos para hacer algo que es más que la simple suma de los elementos usados.

¿y pensar o amar son también el resultado de la interacción de productos químicos? La respuesta es definitivamente si y esas reacciones ocurren en nuestro cerebro, cada milisegundo de nuestras vidas. Es más, el funcionamiento de nuestro cerebro es el resultado de miles de reacciones en espacio y tiempo de miles de productos químicos. Y es el cerebro el que crea los sabores, los olores. Estos no existen si no son leídos por el cerebro.

Los neurocientíficos puedes explicar ahora cómo los sabores se generan por la interacción de diversos centros nerviosos ubicados en el cerebro. Igualmente, se está determinando con estudios muy concienzudos que los alimentos activan los núcleos cerebrales que regulan la apetencia. Así, la comida activa regiones cerebrales que se encienden igualmente con sustancias como el tabaco o el alcohol o las drogas de abuso, como la cocaína. Curiosamente, el chocolate tiene un gran impacto sobre estas regiones. Ahora sabemos porque algunos alimentos son picantes y conocemos los genes que codifican las proteínas encargadas de detectar la sustancia que pica (capsaicina). Estos genes se han clonado, e incluso se han creado ratones a los que se les han quitado. Esos animales ya no son capaces de sentir o detectar el picante. Si nos fijamos en el sistema olfativo, ahora sabemos que el genoma humano dedica un número importante de genes para conformarlo. Este sistema es extraordinariamente sofisticado, y la identificación de los genes que hacen que esto sea así les valió recientemente un Premio Nobel a dos científicos norteamericanos. De hecho, el sentido del olfato juega un papel crucial en la capacidad de paladear. Demostrarlo es muy fácil. Tápense la nariz con los dedos, traten de paladear unas gotas de aceite o una hoja de menta. Durante ese proceso destápense la nariz y de repente descubrirán que el sabor aparece. Es decir, que sin olfato no hay sabor, a pesar de que los receptores del sabor están en la lengua. Por tanto, los sabores, los aromas, se generan en el cerebro, son invenciones del cerebro. Por suerte que todos los cerebros (o casi) funcionan de forma parecida, y todos son capaces de identificar el sabor del aceite o el de la menta.

Pero no solo el gusto y el olfato se complementan para generar la experiencia de sabor, también la vista e incluso el oído juegan su papel. Y es que las cosas son lo que aparentan ser. Cuentan que en un reputado restaurante inglés, el chef hizo una prueba muy ilustrativa. Dio a probar a un grupo de amigos unos filetes en total oscuridad. Preguntó cómo sabían, y todos coincidieron en que estaban excelentes tanto en textura como en sabor.

Entonces encendió la luz. Resulta que el chef había teñido los filetes de azul, un color que uno nunca asociaría a una carne en buenas condiciones. Todos sintieron repugnancia por aquello e incluso algunos vomitaron. Otro ejemplo, este más cercano, puede ser el de una afamada chef que embotelló vino blanco teñido de tinto en una botella de vino tinto, con una etiqueta de vino tinto, hecho con una variedad de uva tinta determinada.

Acertaba a estar allí un sumiller que se ofreció a hacer la cata del vino. Pues el hombre hizo una descripción perfecta del vino que allí había, de acuerdo a lo que veía. Se equivocó de lado a lado. Y es que su cerebro lo que le decía es que estaba catando vino tinto de esa uva y, por tanto en base a su experiencia (almacenada en el cerebro), aquel vino debía saber y oler de una determinada manera. Si la cata hubiera sido ciega, el sumiller se hubiera dado cuenta del engaño sin lugar a dudas. Podemos decir que el cerebro inventó los sabores y los olores a través de la interacción con la información visual que simultáneamente le estaba llegando y que negaba lo que estaba saboreando.

Estamos asistiendo a una auténtica revolución del cerebro, de cómo el cerebro es capaz de hacernos entender las cosas, de sentirlas, de paladearlas y de disfrutarlas. Y esto es particularmente interesante en la gastronomía. Hoy los chefs no preparan platos para alimentar a la gente. Esta es una necesidad de supervivencia que en los países desarrollados es obviada continuamente. Se come para disfrutar, no para sobrevivir. Los modernos chefs buscan el impacto sobre los sentidos con sus mezclas de olores, colores, sabores y texturas y a veces incluso sonidos, para llevar estos sentidos al extremo. Así, se generan experiencias sensoriales imposibles de experimentar de otra forma. Y este es el verdadero atractivo de la cocina moderna.

A lo largo de los últimos años han aparecido una serie de textos que tratan sobre estos aspectos. También de cómo el conocimiento científico y técnico ha influido en los modos de actuación de los cocineros y los ha posibilitado con técnicas extraordinarias. Ello ha convertido las cocinas en verdaderos laboratorios. El conocimiento de las características de las proteínas, por poner un ejemplo, y su comportamiento frente a tratamientos como calor, frío, sustancias ácidas, etc., otorga al cocinero capacidades inusitadas de transformación de los alimentos, de sus texturas. De este modo, el cocinero juega con los sentidos, los engaña, los pone a prueba. Pues bien, de cómo ocurre eso es de lo que trata Paladear con el Cerebro. No se trata de un libro de gastronomía, sino de neurociencia. No se enseña a cocinar, se enseña cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cereros de sus comensales.

Como Francisco Javier Cudeiro dice, todas las respuestas están escritas en las neuronas. Comparto con Javier la admiración por Vázquez Montalbán y por su personaje Pepe Carvalho, su avatar literario. Sus descripciones culinarias están para siempre en mi memoria ─en mi cerebro─. Si Carvalho pudiera leer este libro, donde se explica por qué comer nos gusta tanto, seguro que en esas largas veladas en Vallvidrera lo salvaría de la hoguera.

 

Del Autor – Francisco Javier Cudeiro Mazaira

 

Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de A Coruña. Vicepresidente de la Sociedad Española de Neurociencia entre los años 1999-2003, en la actualidad es miembro de la European DANA Alliance for the Brain, presidente de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas y coordina el área de enfermedades neurológicas del Instituto Biomédico de A Coruña y el laboratorio de Neurociencia y Control Motor (NEUROcom). Ha recibido el Premio Nacional de Investigación Fundación APMIB 2001, el Premio Infanta Cristina (Imserso) 2004 en el apartado de I+D+i y el 2º Premio Federación Española de Parkinson 2009.

 

Los Libros de Francisco Javier Cudeiro Mazaira

Además de Paladear con el Cerebro, Cudeiro tiene un título más
– Fundamentos de Neurociencia y Neurorrehabilitación en Terapia Ocupasional

Al Norte de la Felicidad

Al Norte de la Felicidad

Autoras: Adi Alsaid
Editorial: Harper Collins México
Páginas: 287 páginas
Precio:
Gandhi $243,  Amazon $279, El Sótano $223.20 y  Porrua $279
ISBN: 978-607-97837-2-3

 

Sinopsis:

Carlos Portillo siempre ha llevado una vida privilegiada y protegida. Ciudadano dual de México y los Estados Unidos, vive en la Ciudad de México con su familia, donde asiste a una escuela internacional de élite. Siempre ha sido obediente a las normas y un orgullo para sus padres: Carlos está más que feliz de seguir la senda conocida. Siempre ha amado la comida y especialmente cocinar, pero sus padres ven esto como un hobby. Cuando su hermano mayor, Félix – que abandonó la universidad para vivir una vida de viajero – es trágicamente asesinado, Carlos comienza a escuchar la voz de su hermano, aconsejándolo y presionándolo para que se rebele contra el plan de su padre. Preocupado por su salud mental, pero sabiendo que la voz es correcta, Carlos huye a los Estados Unidos y logra asegurarse un trabajo con su chef famoso favorito. Mientras trabaja para mejorar sus habilidades en la cocina y perseguir su sueño, comienza a enamorarse de la hija de su jefe, un hecho que podría terminar su carrera antes de que comience. Finalmente, viviendo para sí mismo, Carlos debe decidir qué es lo más importante para él y dónde está realmente su verdadero camino.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque en la portada decía “En busca del taco perfecto” y porque el libro fue elegido en 2015 como uno de los mejores libros del año

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, en estos menesteres de buscar títulos que tengan que ver con comida, cocina, bebidas o especias…los libros elegidos no siempre salen muy buenos. Que digo buenos, las tramas a veces son superficiales o absurdas.

Lo comencé a leer con reserva, y ohhhhh sorpresa. Salió un buen libro. Muy bueno.

La historia arranca con la búsqueda del mejor taco del mundo y en el proceso sucede una tragedia. Carlos tratará a lo largo de todo el libro, de encontrar su camino (a que se quiere dedicar) y a sobrellevar la muerte de su hermano. Me gustó.

Nos muestra la pesada vida de las personas que se dedican a la cocina, desde el Gerente General hasta el Lavalozas. Una amiga Chef me dijo que todo tipo de emociones se mueven en una cocina…

Es una lectura muy fácil, ligera. Se me hace del tipo juvenil. Nos platica sobre los planes (que le cuesta mucho definir)  de un joven, hijo de familia de dinero, y sobre su pasado en compañía de su hermano, que en todo momento le recuerda que lo importante es dedicarse a lo que lo hace feliz, aunque deje el pulmón en el camino.

Por supuesto no puede falar una historia de amor

 

Algo para recordar

Capítulo 19

Cuando regreso a la cocina, el personal está reunido alrededor de la Chef. Ella está en el paso, esperando que todo el mundo llegue. Sue está a su lado, lista para tomar notas. Me deslizo entre Elías y Memo, fingiendo tranquilidad, como si no hubiera tenido un colapso afuera.

Una vez que estamos todos, tranquilos en general gracias a la calma matutina, la Chef adopta una actitud ligeramente militar. Estoy seguro de que cada vez que habla está a punto de despedirme, despreciarme, hacer un espectáculo de mis ineptitudes.

─ Muy bien, chicos, hoy va a estar de la mierda. Tenemos más reservaciones de las que hemos tenido en todo el verano ─, Toma una tabla de anotaciones ─. Habrá una mesa de diez y otra de doce que llegarán apenas abramos, así que van a patear nuestro trasero desde el principio.

Hay algunos lamentos por eso, pero algunas manos chocan cinco y hay hurras también. Elías se inclina hacia Memo y le susurra en español: ─ ¿Listo?

─ Siempre, papi ─contesta Memo, con una risita, en el mismo idioma.

La Chef mira sus notas, y hay una creciente excitación en el aire. Alguien atrás está afilando un cuchillo, y el sonido metálico reverbera a través de los murmullos de la multitud como un tambor de guerra. ─Van a necesitar energía si van a hacer un turno doble hoy, y eso aplica para cada uno de ustedes, ¿si?

Unas pocas risas y algunos “Si, Chef” más.

─ Así que memo, ─ ¿por qué no haces un friego de huevos revueltos para todos? Debemos tener algunas de esas salsas del especial de la semana pasada, así que fríe lo que queda de ellas. Roberto, Carlos, estos chicos van a usar muchas ollas, y ya saben cuántos malditos vasos usa la gente que viene a almorzar, así que necesitamos que se mantengan en la delantera. Ayúdenlos a mantener sus estaciones libres cuando puedan, y nosotros mantendremos llenos sus vasos de cerveza cuando todo termine.

Alguien palmea mi ghombro, y no puedo evitar ser atrapado por la excitación que recorre la cocina. Mi mente deja de divagar en preocupaciones sin nombre, se enfoca en el presente. La Chef revisa los especiales y luego nos despide diciendo: ─Diviértanse allá afuera ─y todo el mundo vuela para entrar en acción. Las hornillas se encienden, la campana comienza a rugir, los cuchillos golpean las tablas de cortar, como el sonido de un tambor de guerra. Qué mundo.

Y de pronto, todo lo demás se difumina, desaparece en la irrelevancia. Recojo algunas ollas del área de preparación, depositándolas en mi fregadero y luego sigo corriendo por más. Saco algunas bolsas de basura, y escucho el zumbido de la primera orden que sale de las impresoras de cada estación.

La voz de la Chef resuena por sobre el escándalo de la cocina: ¡Orden! Tres omelettes vegetarianas, tres bennys de puerco en tiras, cuatro bennys especiales…

Todos los cocineros responden con un “¡Sí, Chef!” bien coordinado. Hacen pequeños comentarios entre ellos, coordinan sus respectivos ingredientes así que todo llega al plato al mismo tiempo.

Arrojo la basura en el contenedor de afuera y regreso a la cocina antes incluso de que la puerta lateral alcance a cerrarse. Tal vez no esté sosteniendo un cuchillo, a lo mejor soy el que está más abajo en el escalafón, quizá siempre esté loco. Pero ahora soy parte de esta cocina. Pertenezco aquí. Ni siquiera me detengo a ver cómo cocinan las primeras órdenes. Tengo un trabajo que hacer.

Me enorgullezco de cada plato sucio que me llega, como si fuera una cebolla que la Chef me ha pedido que corte. Esto es lo que más he hecho desde que llegué a la isla, probablemente más que dormir, más que cocinar, y me siento bien ahora. Esas luchas me llevarán a alguna parte.

Despacho una charola de tazas de café y copas de champán manchadas de lápiz labial, con los restos pulposos de las naranjas frescas que se usan en las mimosas. Roberto y yo nos comunicamos con dos o tres palabras, siempre en español: ─¿Sartenes primero?

─ Sí.

─ Ve a ver ─ dice Roberto, nuestra forma abreviada de ir a ver si alguien necesita ayuda.

Recorro las estaciones con la mirada, tratando de detectar cualquier cosa que necesite atención. Un plato que ha sido dejado a un lado y puede estorbarle a un cocinero, una taza de café que alguien estaba bebiendo y no tuvo tiempo de traer a la estación de lavado.

Si dos cocineros están hablando, no interrumpo, porque sé que, a lo mejor, están tratando de coordinar sus respectivos deberes. Si entro en una estación para retirar un trapo de cocina o sacar su basura, me anuncio en cochinés. ─Voy atrás ─digo. ─ ¡Vengo, está caliente! ─si estoy dando vuelta a una esquina trayendo una olla. Olvídate del inglés, olvídate del español, éste es el lenguaje al que nací para hablar.

La Chef llama “la danza” a toda la actividad que tiene lugar durante el servicio. Y ahora que estoy más cerca de ella de lo que nunca lo estuve, sé exactamente por qué hay una vitalidad en la cocina, un movimiento constante que se siente primitivo y sin embargo mesurado, como un vals frenético. Si tengo tiempo suficiente para estudiar a cualquier persona, así es exactamente como se ve. Vee, por ejemplo: cómo prueba el cocimiento de un pedazo de carne en la parrilla presionándolo, voltea los filetes que lo necesitan, da medio paso a la derechapara checar algo que está hirviendo, y gira hacia atrás para volver a checar su orden, medio giro de vuelta a la parrilla. Podría coordinar sus movimientos con música.

 

Del Autor – Adi Alsaid

 

Adi Alsaid es un autor de ficción para jóvenes adultos, nacida en México (30 junio 1987) , más conocida por » Let’s Get Lost» (una de las diez mejores nominadas a los adolescentes de YALSA en 2015) y » Ever Always» (nominada como un Kirkus Reviews Best Books of 2015) .

Nacido y criado en la Ciudad de México, de padres israelíes, Alsaid asistió a la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde estudió marketing. Después de graduarse, pasó un tiempo en Monterey, California, antes de regresar a CDMX donde aún vive. Trabaja a tiempo parcial como entrenador de baloncesto.

 

 

Los Libros de Adi Alsaid

  • Let’s Get Lost (29 de julio de 2014, Harlequin Teen )
  • Nunca siempre a veces (4 de agosto de 2015, Harlequin Teen)
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El Murmullo de las Abejas

El Murmullo de las Abejas

Autora: Sofía Segovia
Editorial: Laumen
Páginas: 481 páginas, 100 capítulos
Precio: $ 260 en Gandhi, $ 269 en Amazon

 

Sinopsis:

El murmullo de las abejas, el descubrimiento literario del año La autora que despierta la historia de México y recupera su lugar en nuestros corazones.

En Linares, al norte del país, con la Revolución mexicana como telón de fondo. Un buen día, la vieja nana de la familia abandona sorpresivamente un reposo que parecía eterno para perderse en el monte. Cuando la encuentran, sostiene dos pequeños bultos, uno en cada brazo: de un lado un bebé misterioso y del otro un panal de abejas.

Ante la insistencia de la nana por conversar y cuidar al pequeño, la familia Morales decide adoptarlo. Cubierto por el manto vivo de abejas que lo acompañarán y guiarán para siempre, Simonopio llega a cambiar la historia de la familia que lo acoge y la de toda una región. Para lograrlo, deberá enfrentar sus miedos, el enemigo que los acecha y las grandes amenazas de la guerra: la influenza española y los enfrentamientos éntrelos que desean la tierra ajena y los que protegerán su propiedad a toda costa.

El murmullo de las abejas huele a lavanda, a ropa hervida con jabón blanco, a naranjas y miel: una historia impredecible de amor y de entrega por una familia, por la vida, por la tierra y por un hermano al que se ha esperado siempre, pero también, la de una traición que puede acabarlo todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El Murmullo de las abejas es una novela de tipo histórico (porque narra episodios de como vivio esta familia, el pueblo de Linares Nuevo León, la etapa post-revolucionaria) que maneja el género de realismo mágico 🤔 con muy pocas escenas gastronómicas, por cierto. La miel esta presente siempre, y en algunas ocasiones la autora hace mención de las usanzas de la región.

Por supuesto me acordé de mi abuela Chenda y su dulce de jamoncillo, cuando la veía (en Culiacán Sinaloa, hace muuuucho tiempo) dándole vueltas y vueltas a la olla con leche y azúcar (en el libro, con  piloncillo).

¡Más que suficiente para que tenga un lugar en este blog!

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Como la mayoría de los libros de los que he opinado a últimas fechas, éste tiene ya varios años que lo compré (recién publicado). Imperdonable que hasta ahora lo venga a leer porque resultó hermoso.

Este tiene todo lo que se requiere: una buena trama, entrañables personajes, es divertido (me tenía carcajeándome a media noche), ambientado en el México post revolucionario, nos ilustra histórica y socialmente sobre este periodo de la historia de México.

Narra la historia de la Familia Morales en Linares Nuevo León, como enfrentan ellos y sus paisanos esta época en los estados del norte: la Reforma Agraria, la repartición de tierras, hasta la gripa española.

La familia Morales está integrada por Francisco, Beatriz, sus hijos Consuelo, Carmen y Francisco Chico, la nana reja, Simonopio.

Anselmo Espiricueta es el malo de la novela y por supuesto tenemos muchos más personajes.

El libro es narrado por Francisco hijo y por un narrador omnipresente, que tiene la habilidad de ponerte los pelos de punta cuando narra el espíritu obscuro del personaje antagónico.

 

¿quién debería de leer Chocolate?

A quienes les gustan las historias familiares, el realismo mágico, la historia de México.

Es excelente paraquienes les cuesta engancharse, la autora tiene la virtud de atrapar con su narración, se lee con facilidad sus 500 páginas – 100 capítulos.

Algo para recordar

Ecos de miel

Nací entre ese montón de ladrillos de sillar, enjarres y pintura hace mucho tiempo, no importa cuánto. Lo que sí importa es que mi primer contacto fuera del vientre de mi mamá fue con las sábanas limpias de su cama, porque tuve la fortuna de nacer un martes por la noche y no un lunes, y desde tiempo inmemorial las mujeres de su familia habían cambiado las sábanas los martes, como hace la gente decente. Ese martes las sábanas olían a lavanda y sol. ¿Qué si lo recuerdo? No, pero lo imagino. En todos los años que conviví con mi mamá nunca supe que variara su rutina, sus costumbres, el modo de hacer las cosas como Dios mandaba: los martes se cambiaban las sábanas de lino lavadas un día antes con lejía, se rociaban con agua de lavanda, luego se ponían a secar al sol y finalmente se planchaban.

Todos los martes de su vida, con una sola y dolorosa excepción que todavía estaba por venir.

Habrá sido el día de mi nacimiento, pero el mío fue un martes como cualquier otro, así que sé a qué olían esas sábanas aquella noche y sé como se sentían al contacto con la piel.

Aunque no lo recuerdo, el día en que nací la casa ya olía a lo que olería siempre. Sus ladrillos porosos habían absorbido como esponja los buenos aromas de tres generaciones de hombres trabajadores y mujeres quisquillosas para la limpieza con sus aceites y jabones; se habían impregnado de las recetas familiares y de la ropa hirviendo con jabón blanco. Siempre flotaban en el aire los perfumes de los dulces de leche y nuez aque hacia mi abuela, los de sus conservas y mermeladas, los del tomillo y el epazote que crecían en macetas en el jardín, y más recientemente los de naranjas, azahares y miel.

Como parte de su esencia, la casa también conservaba las risas y los juegos infantiles, los regaños y los portazos del presente y del pasado. El mismo mosaico de barro suelto que pisaron descalzos mi abuelo y sus veintidós hermanos, y luego mi papá en su infancia, lo pisé yo en la mía. Era un mosaico delator de travesuras nocturnas, pues con su inevitable clunc alertaba a la madre del momento del plan que fraguábamos sus vástagos. Las vigas de la casa crujían sin razón aparente, las puertas rechinaban, los postigos golpeaban rítmicamente contra la pared aun sin viento. Afuera, las abejas zumbaban y las chicharras nos rodeaban con su incesante canción de locura cada tarde del verano, justo antes del anochecer, mientras yo vivía mis últimas aventuras de la jornada. Al bajar el sol empezaba una y la seguían las demás, hasta que todas decidían callarse de tajo, asustadas por la inminente oscuridad, sospecho.

Era una casa viva la que me vio nacer. Si a veces despedía perfume de azahares de invierno o se oían algunas risillas sin dueño en medio de la noche, nadie se espantaba: era parte de su personalidad, de su esencia. En esta casa no hay fantasmas, me decía mi papá: lo que oyes son los ecos que ha guardado para que recordemos a cuantos han pasado por aquí. Yo lo entendía. Me imaginaba a los veintidós hermanos de mi abuelo y el ruido que deben de haber creado, y me parecía lógico que todavía, años después, se oyeran evocaciones de sus risas reverberando en algunos rincones.
Y así como supongo que mis años en esa casa le dejaron algunos ecos míos, pues no en balde me decía mi mamá ya cállate niño, pareces chicharra, la casa dejó en mi sus propios ecos. Aún los llevo en mí. Estoy seguro de que en mis células llevo a mi mamá y a mi papá, pero también porto la lavanda, los azahares, las sábanas maternas, los pasos calculados de mi abuela, las nueces tostadas, el clunc del mosaico traidor, el azúcar a punto de caramelo, la leche quemada, las locas chicharras, los olores a madera antigua y los pisos de barro encerado. También estoy hecho de naranjas verdes, dulces o podridas; de miel de azahar y jalea real. Estoy hecho de cuanto en esa época tocó mis sentidos y la parte de mi cerebro donde guardo mis recuerdos.

Si hoy pudiera llegar solo hasta allá para ver la casa y sentirla de nuevo, lo haría.

Pero soy viejo. Los hijos que me quedan ─y ahora hasta mis nietos─ toman las decisiones por mi. Hace años que no me dejan manejar un auto ni llenar un cheque. Me hablan como si no los oyera o no los entendiera. La verdad, aquí lo confieso, es que oigo, pero no escucho. Será que no quiero.

Es cierto ─admito─ que mis ojos no funcionan tan bien como antes, que mis manos me tiemblan, que mis piernas se cansan y que la paciencia se me agota cuando me visitan nietos y bisnietos, pero aunque estoy viejo no soy incompetente. Conozco el día en que vivo y el desorbitante precio de las cosas: no me gusta, mas no lo ignoro.

Sé a la perfección cuánto me costará este viaje.

Tampoco por viejo hablo solo ni veo cosas que no están. Aún no. Distingo entre un recuerdo y la realidad, si bien cada vez me encuentro más atraído por los recuerdos que por la realidad. Repaso en la privacidad de mi mente quién dijo qué, quién se casó con quién, qué sucedió antes y qué después.

Revivo la dulce sensación de estar escondido entre las ramas altas de un nogal, estirar la mano, arrancar una nuez y partirla con el mejor cascanueces que he tenido: mis propios dientes. Oigo, huelo y siento cosas que son tan parte de mi hoy como ayer, y que brotan desde dentro. Alguien puede partir una naranja a mi lado, y al llegarme el aroma la mente me transporta a la cocina de mi mamá o a la huerta de mi papá. Los botes comerciales de leche quemada me recuerdan las manos incansables de mi abuela, que pasaba horas meneando la leche con azúcar sobre el fuego para que se quemara sin tatemarse.

El sonido de las chicharras y las abejas, que ahora se oye poco en la ciudad, me obliga a viajar a mi niñez, aunque ya no pueda correr. Todavía busco con el olfato algún indicio de lavanda y lo capto aun cuando sé que no es real. Al cerrar los ojos por la noche oigo el clunc del mosaico, las vigas de madera que truenan y los postigos que golpean, pese a que en mi casa de ciudad ya no tenga mosaicos sueltos ni vigas ni postigos. Me siento en mi casa, la que dejé en la infancia. La que dejé demasiado pronto. Me siento acompañado, y me gusta.

 

Sofía Segovia

Página Web de la autora.

Estudió Comunicación en la Universidad de Monterrey. Fue asesora de imagen y comunicación en campañas políticas de Nuevo León y ghostwriter de discurso político o social.

Prefiere la ficción a la realidad. Ha escrito tres guiones de comedia para el teatro local amateur. Desde el 2013 imparte talleres de creación literaria en

Fábrica Literaria y Literálika.

Su primera novela, NOCHE DE HURACÁN (2010), fue editada por CONARTE. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS (LUMEN 2015) se encuentra en todos los países de habla hispana. Por ésta, fue aclamada como el descubrimiento literario del año y estuvo en las listas de las novelas más vendidas del mundo hispano y en varias listas de las novelas favoritas en España. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS fue nombrada novela del año por iTunes.

A fines del 2018 será publicada en inglés. HURACÁN, el remake de NOCHE DE HURACÁN, salió al público hispano en agosto del 2016.

El periódico EL Norte y la UDEM nombraron a Sofía en su lista anual de historias de éxito del 2015. El mismo año, la revista QUIÉN la nombró entre las 31 mujeres más influyentes de México. Ha sido oradora en diversos eventos y es miembro fundador de Tres y Contando, historias sin fronteras. Su nueva novela, PEREGRINOS, se publicará en LUMEN en abril del 2018.

Vive en Monterrey, México con su esposo, tres hijos y tres mascotas. Y lo confiesa: sin su barullo, no podría concentrarse para escribir.

Aquí les dejo una entrevista que le hizo Rainbook, canal literario a Sofía Segovia, donde habla de muchas anécdotas de cuando escribió el libro.