Novelas y ensayos

Madame Proust y la Cocina Kosher

Madame Proust y la cocina kosher

Autoras: Kate Taylor
Editorial: Nuevos Tiempos Siruela
Páginas: 416 páginas
Precio: Amazon $598
ISBN: 978-84-9841-651-0

 

Sinopsis:

En el París de fin de siècle, Jeanne Proust, una culta mujer judía casada con un médico católico, escribe en sus libretas todo tipo de acontecimientos personales y generales, aunque el tema más recurrente es su hijo Marcel, a quien sus altas aspiraciones sociales, sus insatisfechas ambiciones literarias y su delicada salud impiden terminar de encajar de la vida burguesa de la época. En la relación de los desvelos de Madame Proust irrumpe el relato de las insatisfacciones de Marie Prévost, traductora de los diarios, cuya obsesión por el documento será un bálsamo contra su amor no correspondido hacia el enigmático Max. La tercera historia que se entrelaza en la trama de esta apasionada novela es la de Sarah Bensimon, una refugiada parisina a quien sus padres enviaron de niña a Canadá para escapar del terror nazi. Instalada definitivamente en Toronto y cada vez más alejada de su marido y de su hijo adolescente, Sarah se refugia en su cocina, donde batalla por reconciliar sus esperanzas y decepciones y por curar las profundas heridas provocadas por la Historia.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

La Cocina Kosher es su boleto de entrada, y no me arrepentí.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy Bueno,

Las tres historias que se entrelazan en este libro te atrapan.

Su principio fue un tanto lento, denso. Me tardé averiguar el método para distinguir las tres historias, que son contadas en paralelo, la historia de estas maravillosas mujeres: Madame Proust, Sarah y Marie.

La primera historia es sobre los diarios que lleva Madame Proust, donde relata el mundo donde se mueve su hijo, el escritor Marcel Proust. Me ha cautivado tanto esta parte, al grado tal que seguramente mas adelante hablaré sobre el libro En Busca del Tiempo Perdido (¡lo confieso! No había oído hablar de él).

La segunda historia es sobre Sarah Bensimon, una refugiada parisina judía que es adoptada por el matrimonio -Los Plot-, nos narra sobre el proceso que significó la migración a Canadá, huyendo de los nazis, a la edad de 11 años. Como la afecta y acaba marcando sus relaciones personales, con su marido Daniel y su hijo Max.

La tercera historia la protagoniza Marie, quién vive eternamente enamorada de Max, y quien será la encargada de traducir los diarios de Madame Proust del francés al inglés.

Las tres historias te cautivan.

¿Y donde entra la comida? A lo largo de todo el libro está salpicado de comentarios sobre almuerzos, banquetes, celebraciones y demás. Pero es sin lugar a dudas cuando Sarah se casa, cuando los banquetes se hacen sentir.

 

Algo para recordar

Paris, 23 de septiembre de 1899, sábado.

Suzanne trabaja de maravilla. Jean y yo comentábamos esta mañana que se ha adaptado muy deprisa y que es muy afectuosa. Supongo que estamos tan habituados a Félicie que nos parece normal que una criada se encoja de hombros o esboce una mueca de fastidio cuando se le propone una cena para invitados, pero es agradable trabajar con alguien que parece ver en los convites especiales una buena ocasión para mostrar su talento. Espero y deseo que Félicie no la ahuyente como hizo con Geneviéve, aunque al menos parece haber aceptado que la nueva se encargará de la mayor parte de las labores de la cocina.

Marie-Marguerite y Anatole vinieron a cenar anoche y Suzanne se lució. La blanquette de vean estaba absolutamente aterciopelada, y ella es lo suficientemente inteligente como para que nadie deba decirle que no se puede servir un budín cremoso después de una espesa salsa como esa, y sirvió una estupenda y crujiente tarta de manzana que elaboró con las primeras manzanas de la temporada. Comentamos el affaire Dreyfus durante la cena. Si bien había pasado mucho tiempo desde la última vez que Adrien y yo tuvimos una conversación sincera sobre un tema tan difícil, Marie-Marguerite no es de las que se arredran ante ningún tema simplemente porque resulte controvertido, y no dudó en decirles a los hombres que se equivocan. Yo estaba diciendo que me entristecía que Dreyfus hubiera aceptado el perdón, pero que me parecía que quienes le criticaban estaban siendo muy duros con él. Por mucho que defiendan el valor de los principios, nadie les ha pedido que cumplan una condena de cinco años en la isla del Diablo. Anatole no puede dejar a un lado su postura oficial y ahora se muestra discretamente silencioso sobre el asunto, pero Adrien y yo convenimos en que Dreyfus no tuvo más remedio que aceptar el perdón y poner punto y final al asunto. Marie-Marguerite defendía una postura más purista y afirmó que espera todavía presenciar un juicio como es de rigor. <<Ya tuvo un juicio justo>>, estalló Adrien; a lo que ella replicó: <<Pero no es un veredicto justo>>.

Envalentonada quizá por el amigable ambiente de nuestra cena en familia, Marie-Marguerite no se contentó con eso y le dijo a Adrien que debería tener más consideración por mis sentimientos a la hora de comentar el asunto. Cuando intenté hacerla callar, ella insistió: <<No creo que debas poner distancia entre tu leal esposa y tú dejando que crea que te has puesto del lado de quienes muestran tan solo un ciego prejuicio contra los judíos>>.

Adrien respondió, como lo ha hecho en otras ocasiones, que creía que el asunto nada tiene que ver con cuestiones de raza o de religión, pero Marie-Marguerite le contestó que, de ser así, debería dejar más clara su desaprobación de la facción antisemita. En ese momento, Anatole decidió intervenir y le pidió que zanjara su intervención. Ella simplemente se limitó a encogerse de los hombros, haciendo caso omiso de su protesta, y respondió: <<Bueno, simplemente intentaba salir en defensa de Jeanne>>, y ahí lo dejamos, pasando a otros temas. Aunque fue un momento tenso, no estropeó la cena. Al parecer por fin somos capaces de aceptar que nuestras opiniones difieren. Y eso es lo que debería hacer toda Francia antes de zanjar el asunto.

Marcel escribe desde Évian para pedirme que le envíe mi ejemplar del libro que La Sizeranne ha escrito sobre Ruskin en el próximo correo, pero no logro dar con él. En cualquier caso, para cuando lo encuentre él ya estará de nuevo en casa.

 

De la Autora – Kate Taylor

Kate Taylor nació en Francia y creció en Ottawa, aunque fue en Toronto, ciudad en la que reside actualmente, donde estudió Historia e Historia del Arte. Después de hacer un máster en periodismo, comenzó a trabajar en The Globe and Mail, labor por la que fue nominada al National Newspaper Awards y por la que recibió en dos ocasiones el premio Nathan Cohen. En la actualidad escribe una columna sobre arte para ese mismo periódico. Por su trabajo como escritora ha merecido también varios premios, como el Commonwealth Writers Prize for Best First Book (Canada/Caribbean region), y el City of Toronto Book Award, ambos por Madame Proust y la cocina kosher.

 

Los Libros de Kate Taylor

Madame Proust y la cocina kosher
Como tener cada día el orgasmo de su vida

Paladear con el Cerebro

Paladear con el Cerebro

Autor: Francisco Javier Cudeiro Mazaira
Editorial: CSIC
Páginas: 126 páginas
Precio:
Gandhi $278  y Amazon $333

ISBN: 978-84-00-09502-4

 

Sinopsis:

El reciente y renovado interés por la gastronomía está generando un fenómeno curioso: la intención de los cocineros ya no es solo elaborar platos de calidad desde un punto de vista culinario, sino, también, sorprender y a veces sobresaltar la experiencia perceptiva del comensal. Este libro explica cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cerebros de sus comensales. ¿Cuáles son los procesos que nos permiten disfrutar de una velada en compañía o emocionarnos al oler un risotto de flores y semillas? ¿Por qué siempre tengo un hueco para el postre? Ya no es suficiente hablar de los sentidos; es necesario conocer los procesos cerebrales responsables de la percepción sensorial para poder entender lo que significa disfrutar con la comida. Al mezclar en las proporciones adecuadas el conocimiento científico y el arte de la investigación culinaria, esta obra será de interés para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la percepción sensorial a través de la cocina y ofrece pistas para que el lector pueda entender lo que le ocurre cuando disfruta de una experiencia gastronómica, un misterio que albergan las células nerviosas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por supuesto este ensayo tiene que estar en El Lugar de Beatriz. Es un enfoque novedoso tratar la Gastronomía vía el cerebro. Es explicar olores y sabores a través de lo que capta el cerebro. Muy interesante.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Paladear con el Cerebro es un libro Muy Bueno, cargado de información

Por supuesto se trata de un científico hablando de comida, gastronomía, historia de la comida (desde la prehistoria hasta nuestros días) de una forma tan amena. En una sentada leí la mitad del libro.

Cudeiro utiliza un lenguaje sencillo en sus explicaciones, y a veces un tanto cómico.

  • El hombre es el único animal sobre la tierra que “prepara” sus alimentos y busca con qué acompañarlos para disfrutarlos aún más.
  • El hombre al cocinar, mata bacterias, lo que le ha permitido una mayor garantía de supervivencia
  • Cuando dormimos, nuestro organismo libera hormonas que pasan al cerebro como una señal de saciedad. Las personas que tienen problemas de insomnio…suelen tener problemas de sobrepeso.

Estos y muchos más datos puedes encontrar en este interesantísimo libro.

 

Algo para recordar

Prólogo

Cocinar es permitir o provocar reacciones entre productos usando el fuego como principal catalizador. En este sentido, y en contra de todas las tendencias naturistas, que niegan la química como un satanizado mal, cocinar es hacer química, mezclar elementos químicos para hacer algo que es más que la simple suma de los elementos usados.

¿y pensar o amar son también el resultado de la interacción de productos químicos? La respuesta es definitivamente si y esas reacciones ocurren en nuestro cerebro, cada milisegundo de nuestras vidas. Es más, el funcionamiento de nuestro cerebro es el resultado de miles de reacciones en espacio y tiempo de miles de productos químicos. Y es el cerebro el que crea los sabores, los olores. Estos no existen si no son leídos por el cerebro.

Los neurocientíficos puedes explicar ahora cómo los sabores se generan por la interacción de diversos centros nerviosos ubicados en el cerebro. Igualmente, se está determinando con estudios muy concienzudos que los alimentos activan los núcleos cerebrales que regulan la apetencia. Así, la comida activa regiones cerebrales que se encienden igualmente con sustancias como el tabaco o el alcohol o las drogas de abuso, como la cocaína. Curiosamente, el chocolate tiene un gran impacto sobre estas regiones. Ahora sabemos porque algunos alimentos son picantes y conocemos los genes que codifican las proteínas encargadas de detectar la sustancia que pica (capsaicina). Estos genes se han clonado, e incluso se han creado ratones a los que se les han quitado. Esos animales ya no son capaces de sentir o detectar el picante. Si nos fijamos en el sistema olfativo, ahora sabemos que el genoma humano dedica un número importante de genes para conformarlo. Este sistema es extraordinariamente sofisticado, y la identificación de los genes que hacen que esto sea así les valió recientemente un Premio Nobel a dos científicos norteamericanos. De hecho, el sentido del olfato juega un papel crucial en la capacidad de paladear. Demostrarlo es muy fácil. Tápense la nariz con los dedos, traten de paladear unas gotas de aceite o una hoja de menta. Durante ese proceso destápense la nariz y de repente descubrirán que el sabor aparece. Es decir, que sin olfato no hay sabor, a pesar de que los receptores del sabor están en la lengua. Por tanto, los sabores, los aromas, se generan en el cerebro, son invenciones del cerebro. Por suerte que todos los cerebros (o casi) funcionan de forma parecida, y todos son capaces de identificar el sabor del aceite o el de la menta.

Pero no solo el gusto y el olfato se complementan para generar la experiencia de sabor, también la vista e incluso el oído juegan su papel. Y es que las cosas son lo que aparentan ser. Cuentan que en un reputado restaurante inglés, el chef hizo una prueba muy ilustrativa. Dio a probar a un grupo de amigos unos filetes en total oscuridad. Preguntó cómo sabían, y todos coincidieron en que estaban excelentes tanto en textura como en sabor.

Entonces encendió la luz. Resulta que el chef había teñido los filetes de azul, un color que uno nunca asociaría a una carne en buenas condiciones. Todos sintieron repugnancia por aquello e incluso algunos vomitaron. Otro ejemplo, este más cercano, puede ser el de una afamada chef que embotelló vino blanco teñido de tinto en una botella de vino tinto, con una etiqueta de vino tinto, hecho con una variedad de uva tinta determinada.

Acertaba a estar allí un sumiller que se ofreció a hacer la cata del vino. Pues el hombre hizo una descripción perfecta del vino que allí había, de acuerdo a lo que veía. Se equivocó de lado a lado. Y es que su cerebro lo que le decía es que estaba catando vino tinto de esa uva y, por tanto en base a su experiencia (almacenada en el cerebro), aquel vino debía saber y oler de una determinada manera. Si la cata hubiera sido ciega, el sumiller se hubiera dado cuenta del engaño sin lugar a dudas. Podemos decir que el cerebro inventó los sabores y los olores a través de la interacción con la información visual que simultáneamente le estaba llegando y que negaba lo que estaba saboreando.

Estamos asistiendo a una auténtica revolución del cerebro, de cómo el cerebro es capaz de hacernos entender las cosas, de sentirlas, de paladearlas y de disfrutarlas. Y esto es particularmente interesante en la gastronomía. Hoy los chefs no preparan platos para alimentar a la gente. Esta es una necesidad de supervivencia que en los países desarrollados es obviada continuamente. Se come para disfrutar, no para sobrevivir. Los modernos chefs buscan el impacto sobre los sentidos con sus mezclas de olores, colores, sabores y texturas y a veces incluso sonidos, para llevar estos sentidos al extremo. Así, se generan experiencias sensoriales imposibles de experimentar de otra forma. Y este es el verdadero atractivo de la cocina moderna.

A lo largo de los últimos años han aparecido una serie de textos que tratan sobre estos aspectos. También de cómo el conocimiento científico y técnico ha influido en los modos de actuación de los cocineros y los ha posibilitado con técnicas extraordinarias. Ello ha convertido las cocinas en verdaderos laboratorios. El conocimiento de las características de las proteínas, por poner un ejemplo, y su comportamiento frente a tratamientos como calor, frío, sustancias ácidas, etc., otorga al cocinero capacidades inusitadas de transformación de los alimentos, de sus texturas. De este modo, el cocinero juega con los sentidos, los engaña, los pone a prueba. Pues bien, de cómo ocurre eso es de lo que trata Paladear con el Cerebro. No se trata de un libro de gastronomía, sino de neurociencia. No se enseña a cocinar, se enseña cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cereros de sus comensales.

Como Francisco Javier Cudeiro dice, todas las respuestas están escritas en las neuronas. Comparto con Javier la admiración por Vázquez Montalbán y por su personaje Pepe Carvalho, su avatar literario. Sus descripciones culinarias están para siempre en mi memoria ─en mi cerebro─. Si Carvalho pudiera leer este libro, donde se explica por qué comer nos gusta tanto, seguro que en esas largas veladas en Vallvidrera lo salvaría de la hoguera.

 

Del Autor – Francisco Javier Cudeiro Mazaira

 

Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de A Coruña. Vicepresidente de la Sociedad Española de Neurociencia entre los años 1999-2003, en la actualidad es miembro de la European DANA Alliance for the Brain, presidente de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas y coordina el área de enfermedades neurológicas del Instituto Biomédico de A Coruña y el laboratorio de Neurociencia y Control Motor (NEUROcom). Ha recibido el Premio Nacional de Investigación Fundación APMIB 2001, el Premio Infanta Cristina (Imserso) 2004 en el apartado de I+D+i y el 2º Premio Federación Española de Parkinson 2009.

 

Los Libros de Francisco Javier Cudeiro Mazaira

Además de Paladear con el Cerebro, Cudeiro tiene un título más
– Fundamentos de Neurociencia y Neurorrehabilitación en Terapia Ocupasional

Al Norte de la Felicidad

Al Norte de la Felicidad

Autoras: Adi Alsaid
Editorial: Harper Collins México
Páginas: 287 páginas
Precio:
Gandhi $243,  Amazon $279, El Sótano $223.20 y  Porrua $279
ISBN: 978-607-97837-2-3

 

Sinopsis:

Carlos Portillo siempre ha llevado una vida privilegiada y protegida. Ciudadano dual de México y los Estados Unidos, vive en la Ciudad de México con su familia, donde asiste a una escuela internacional de élite. Siempre ha sido obediente a las normas y un orgullo para sus padres: Carlos está más que feliz de seguir la senda conocida. Siempre ha amado la comida y especialmente cocinar, pero sus padres ven esto como un hobby. Cuando su hermano mayor, Félix – que abandonó la universidad para vivir una vida de viajero – es trágicamente asesinado, Carlos comienza a escuchar la voz de su hermano, aconsejándolo y presionándolo para que se rebele contra el plan de su padre. Preocupado por su salud mental, pero sabiendo que la voz es correcta, Carlos huye a los Estados Unidos y logra asegurarse un trabajo con su chef famoso favorito. Mientras trabaja para mejorar sus habilidades en la cocina y perseguir su sueño, comienza a enamorarse de la hija de su jefe, un hecho que podría terminar su carrera antes de que comience. Finalmente, viviendo para sí mismo, Carlos debe decidir qué es lo más importante para él y dónde está realmente su verdadero camino.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque en la portada decía “En busca del taco perfecto” y porque el libro fue elegido en 2015 como uno de los mejores libros del año

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, en estos menesteres de buscar títulos que tengan que ver con comida, cocina, bebidas o especias…los libros elegidos no siempre salen muy buenos. Que digo buenos, las tramas a veces son superficiales o absurdas.

Lo comencé a leer con reserva, y ohhhhh sorpresa. Salió un buen libro. Muy bueno.

La historia arranca con la búsqueda del mejor taco del mundo y en el proceso sucede una tragedia. Carlos tratará a lo largo de todo el libro, de encontrar su camino (a que se quiere dedicar) y a sobrellevar la muerte de su hermano. Me gustó.

Nos muestra la pesada vida de las personas que se dedican a la cocina, desde el Gerente General hasta el Lavalozas. Una amiga Chef me dijo que todo tipo de emociones se mueven en una cocina…

Es una lectura muy fácil, ligera. Se me hace del tipo juvenil. Nos platica sobre los planes (que le cuesta mucho definir)  de un joven, hijo de familia de dinero, y sobre su pasado en compañía de su hermano, que en todo momento le recuerda que lo importante es dedicarse a lo que lo hace feliz, aunque deje el pulmón en el camino.

Por supuesto no puede falar una historia de amor

 

Algo para recordar

Capítulo 19

Cuando regreso a la cocina, el personal está reunido alrededor de la Chef. Ella está en el paso, esperando que todo el mundo llegue. Sue está a su lado, lista para tomar notas. Me deslizo entre Elías y Memo, fingiendo tranquilidad, como si no hubiera tenido un colapso afuera.

Una vez que estamos todos, tranquilos en general gracias a la calma matutina, la Chef adopta una actitud ligeramente militar. Estoy seguro de que cada vez que habla está a punto de despedirme, despreciarme, hacer un espectáculo de mis ineptitudes.

─ Muy bien, chicos, hoy va a estar de la mierda. Tenemos más reservaciones de las que hemos tenido en todo el verano ─, Toma una tabla de anotaciones ─. Habrá una mesa de diez y otra de doce que llegarán apenas abramos, así que van a patear nuestro trasero desde el principio.

Hay algunos lamentos por eso, pero algunas manos chocan cinco y hay hurras también. Elías se inclina hacia Memo y le susurra en español: ─ ¿Listo?

─ Siempre, papi ─contesta Memo, con una risita, en el mismo idioma.

La Chef mira sus notas, y hay una creciente excitación en el aire. Alguien atrás está afilando un cuchillo, y el sonido metálico reverbera a través de los murmullos de la multitud como un tambor de guerra. ─Van a necesitar energía si van a hacer un turno doble hoy, y eso aplica para cada uno de ustedes, ¿si?

Unas pocas risas y algunos “Si, Chef” más.

─ Así que memo, ─ ¿por qué no haces un friego de huevos revueltos para todos? Debemos tener algunas de esas salsas del especial de la semana pasada, así que fríe lo que queda de ellas. Roberto, Carlos, estos chicos van a usar muchas ollas, y ya saben cuántos malditos vasos usa la gente que viene a almorzar, así que necesitamos que se mantengan en la delantera. Ayúdenlos a mantener sus estaciones libres cuando puedan, y nosotros mantendremos llenos sus vasos de cerveza cuando todo termine.

Alguien palmea mi ghombro, y no puedo evitar ser atrapado por la excitación que recorre la cocina. Mi mente deja de divagar en preocupaciones sin nombre, se enfoca en el presente. La Chef revisa los especiales y luego nos despide diciendo: ─Diviértanse allá afuera ─y todo el mundo vuela para entrar en acción. Las hornillas se encienden, la campana comienza a rugir, los cuchillos golpean las tablas de cortar, como el sonido de un tambor de guerra. Qué mundo.

Y de pronto, todo lo demás se difumina, desaparece en la irrelevancia. Recojo algunas ollas del área de preparación, depositándolas en mi fregadero y luego sigo corriendo por más. Saco algunas bolsas de basura, y escucho el zumbido de la primera orden que sale de las impresoras de cada estación.

La voz de la Chef resuena por sobre el escándalo de la cocina: ¡Orden! Tres omelettes vegetarianas, tres bennys de puerco en tiras, cuatro bennys especiales…

Todos los cocineros responden con un “¡Sí, Chef!” bien coordinado. Hacen pequeños comentarios entre ellos, coordinan sus respectivos ingredientes así que todo llega al plato al mismo tiempo.

Arrojo la basura en el contenedor de afuera y regreso a la cocina antes incluso de que la puerta lateral alcance a cerrarse. Tal vez no esté sosteniendo un cuchillo, a lo mejor soy el que está más abajo en el escalafón, quizá siempre esté loco. Pero ahora soy parte de esta cocina. Pertenezco aquí. Ni siquiera me detengo a ver cómo cocinan las primeras órdenes. Tengo un trabajo que hacer.

Me enorgullezco de cada plato sucio que me llega, como si fuera una cebolla que la Chef me ha pedido que corte. Esto es lo que más he hecho desde que llegué a la isla, probablemente más que dormir, más que cocinar, y me siento bien ahora. Esas luchas me llevarán a alguna parte.

Despacho una charola de tazas de café y copas de champán manchadas de lápiz labial, con los restos pulposos de las naranjas frescas que se usan en las mimosas. Roberto y yo nos comunicamos con dos o tres palabras, siempre en español: ─¿Sartenes primero?

─ Sí.

─ Ve a ver ─ dice Roberto, nuestra forma abreviada de ir a ver si alguien necesita ayuda.

Recorro las estaciones con la mirada, tratando de detectar cualquier cosa que necesite atención. Un plato que ha sido dejado a un lado y puede estorbarle a un cocinero, una taza de café que alguien estaba bebiendo y no tuvo tiempo de traer a la estación de lavado.

Si dos cocineros están hablando, no interrumpo, porque sé que, a lo mejor, están tratando de coordinar sus respectivos deberes. Si entro en una estación para retirar un trapo de cocina o sacar su basura, me anuncio en cochinés. ─Voy atrás ─digo. ─ ¡Vengo, está caliente! ─si estoy dando vuelta a una esquina trayendo una olla. Olvídate del inglés, olvídate del español, éste es el lenguaje al que nací para hablar.

La Chef llama “la danza” a toda la actividad que tiene lugar durante el servicio. Y ahora que estoy más cerca de ella de lo que nunca lo estuve, sé exactamente por qué hay una vitalidad en la cocina, un movimiento constante que se siente primitivo y sin embargo mesurado, como un vals frenético. Si tengo tiempo suficiente para estudiar a cualquier persona, así es exactamente como se ve. Vee, por ejemplo: cómo prueba el cocimiento de un pedazo de carne en la parrilla presionándolo, voltea los filetes que lo necesitan, da medio paso a la derechapara checar algo que está hirviendo, y gira hacia atrás para volver a checar su orden, medio giro de vuelta a la parrilla. Podría coordinar sus movimientos con música.

 

Del Autor – Adi Alsaid

 

Adi Alsaid es un autor de ficción para jóvenes adultos, nacida en México (30 junio 1987) , más conocida por » Let’s Get Lost» (una de las diez mejores nominadas a los adolescentes de YALSA en 2015) y » Ever Always» (nominada como un Kirkus Reviews Best Books of 2015) .

Nacido y criado en la Ciudad de México, de padres israelíes, Alsaid asistió a la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde estudió marketing. Después de graduarse, pasó un tiempo en Monterey, California, antes de regresar a CDMX donde aún vive. Trabaja a tiempo parcial como entrenador de baloncesto.

 

 

Los Libros de Adi Alsaid

  • Let’s Get Lost (29 de julio de 2014, Harlequin Teen )
  • Nunca siempre a veces (4 de agosto de 2015, Harlequin Teen)
  • Al Norte de la Felicidad (25 de abril de 2017, Harlequin Teen) [6]
  • Breve crónica de otra estúpida angustia (abril de 2019)

El Murmullo de las Abejas

El Murmullo de las Abejas

Autora: Sofía Segovia
Editorial: Laumen
Páginas: 481 páginas, 100 capítulos
Precio: $ 260 en Gandhi, $ 269 en Amazon

 

Sinopsis:

El murmullo de las abejas, el descubrimiento literario del año La autora que despierta la historia de México y recupera su lugar en nuestros corazones.

En Linares, al norte del país, con la Revolución mexicana como telón de fondo. Un buen día, la vieja nana de la familia abandona sorpresivamente un reposo que parecía eterno para perderse en el monte. Cuando la encuentran, sostiene dos pequeños bultos, uno en cada brazo: de un lado un bebé misterioso y del otro un panal de abejas.

Ante la insistencia de la nana por conversar y cuidar al pequeño, la familia Morales decide adoptarlo. Cubierto por el manto vivo de abejas que lo acompañarán y guiarán para siempre, Simonopio llega a cambiar la historia de la familia que lo acoge y la de toda una región. Para lograrlo, deberá enfrentar sus miedos, el enemigo que los acecha y las grandes amenazas de la guerra: la influenza española y los enfrentamientos éntrelos que desean la tierra ajena y los que protegerán su propiedad a toda costa.

El murmullo de las abejas huele a lavanda, a ropa hervida con jabón blanco, a naranjas y miel: una historia impredecible de amor y de entrega por una familia, por la vida, por la tierra y por un hermano al que se ha esperado siempre, pero también, la de una traición que puede acabarlo todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El Murmullo de las abejas es una novela de tipo histórico (porque narra episodios de como vivio esta familia, el pueblo de Linares Nuevo León, la etapa post-revolucionaria) que maneja el género de realismo mágico 🤔 con muy pocas escenas gastronómicas, por cierto. La miel esta presente siempre, y en algunas ocasiones la autora hace mención de las usanzas de la región.

Por supuesto me acordé de mi abuela Chenda y su dulce de jamoncillo, cuando la veía (en Culiacán Sinaloa, hace muuuucho tiempo) dándole vueltas y vueltas a la olla con leche y azúcar (en el libro, con  piloncillo).

¡Más que suficiente para que tenga un lugar en este blog!

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Como la mayoría de los libros de los que he opinado a últimas fechas, éste tiene ya varios años que lo compré (recién publicado). Imperdonable que hasta ahora lo venga a leer porque resultó hermoso.

Este tiene todo lo que se requiere: una buena trama, entrañables personajes, es divertido (me tenía carcajeándome a media noche), ambientado en el México post revolucionario, nos ilustra histórica y socialmente sobre este periodo de la historia de México.

Narra la historia de la Familia Morales en Linares Nuevo León, como enfrentan ellos y sus paisanos esta época en los estados del norte: la Reforma Agraria, la repartición de tierras, hasta la gripa española.

La familia Morales está integrada por Francisco, Beatriz, sus hijos Consuelo, Carmen y Francisco Chico, la nana reja, Simonopio.

Anselmo Espiricueta es el malo de la novela y por supuesto tenemos muchos más personajes.

El libro es narrado por Francisco hijo y por un narrador omnipresente, que tiene la habilidad de ponerte los pelos de punta cuando narra el espíritu obscuro del personaje antagónico.

 

¿quién debería de leer Chocolate?

A quienes les gustan las historias familiares, el realismo mágico, la historia de México.

Es excelente paraquienes les cuesta engancharse, la autora tiene la virtud de atrapar con su narración, se lee con facilidad sus 500 páginas – 100 capítulos.

Algo para recordar

Ecos de miel

Nací entre ese montón de ladrillos de sillar, enjarres y pintura hace mucho tiempo, no importa cuánto. Lo que sí importa es que mi primer contacto fuera del vientre de mi mamá fue con las sábanas limpias de su cama, porque tuve la fortuna de nacer un martes por la noche y no un lunes, y desde tiempo inmemorial las mujeres de su familia habían cambiado las sábanas los martes, como hace la gente decente. Ese martes las sábanas olían a lavanda y sol. ¿Qué si lo recuerdo? No, pero lo imagino. En todos los años que conviví con mi mamá nunca supe que variara su rutina, sus costumbres, el modo de hacer las cosas como Dios mandaba: los martes se cambiaban las sábanas de lino lavadas un día antes con lejía, se rociaban con agua de lavanda, luego se ponían a secar al sol y finalmente se planchaban.

Todos los martes de su vida, con una sola y dolorosa excepción que todavía estaba por venir.

Habrá sido el día de mi nacimiento, pero el mío fue un martes como cualquier otro, así que sé a qué olían esas sábanas aquella noche y sé como se sentían al contacto con la piel.

Aunque no lo recuerdo, el día en que nací la casa ya olía a lo que olería siempre. Sus ladrillos porosos habían absorbido como esponja los buenos aromas de tres generaciones de hombres trabajadores y mujeres quisquillosas para la limpieza con sus aceites y jabones; se habían impregnado de las recetas familiares y de la ropa hirviendo con jabón blanco. Siempre flotaban en el aire los perfumes de los dulces de leche y nuez aque hacia mi abuela, los de sus conservas y mermeladas, los del tomillo y el epazote que crecían en macetas en el jardín, y más recientemente los de naranjas, azahares y miel.

Como parte de su esencia, la casa también conservaba las risas y los juegos infantiles, los regaños y los portazos del presente y del pasado. El mismo mosaico de barro suelto que pisaron descalzos mi abuelo y sus veintidós hermanos, y luego mi papá en su infancia, lo pisé yo en la mía. Era un mosaico delator de travesuras nocturnas, pues con su inevitable clunc alertaba a la madre del momento del plan que fraguábamos sus vástagos. Las vigas de la casa crujían sin razón aparente, las puertas rechinaban, los postigos golpeaban rítmicamente contra la pared aun sin viento. Afuera, las abejas zumbaban y las chicharras nos rodeaban con su incesante canción de locura cada tarde del verano, justo antes del anochecer, mientras yo vivía mis últimas aventuras de la jornada. Al bajar el sol empezaba una y la seguían las demás, hasta que todas decidían callarse de tajo, asustadas por la inminente oscuridad, sospecho.

Era una casa viva la que me vio nacer. Si a veces despedía perfume de azahares de invierno o se oían algunas risillas sin dueño en medio de la noche, nadie se espantaba: era parte de su personalidad, de su esencia. En esta casa no hay fantasmas, me decía mi papá: lo que oyes son los ecos que ha guardado para que recordemos a cuantos han pasado por aquí. Yo lo entendía. Me imaginaba a los veintidós hermanos de mi abuelo y el ruido que deben de haber creado, y me parecía lógico que todavía, años después, se oyeran evocaciones de sus risas reverberando en algunos rincones.
Y así como supongo que mis años en esa casa le dejaron algunos ecos míos, pues no en balde me decía mi mamá ya cállate niño, pareces chicharra, la casa dejó en mi sus propios ecos. Aún los llevo en mí. Estoy seguro de que en mis células llevo a mi mamá y a mi papá, pero también porto la lavanda, los azahares, las sábanas maternas, los pasos calculados de mi abuela, las nueces tostadas, el clunc del mosaico traidor, el azúcar a punto de caramelo, la leche quemada, las locas chicharras, los olores a madera antigua y los pisos de barro encerado. También estoy hecho de naranjas verdes, dulces o podridas; de miel de azahar y jalea real. Estoy hecho de cuanto en esa época tocó mis sentidos y la parte de mi cerebro donde guardo mis recuerdos.

Si hoy pudiera llegar solo hasta allá para ver la casa y sentirla de nuevo, lo haría.

Pero soy viejo. Los hijos que me quedan ─y ahora hasta mis nietos─ toman las decisiones por mi. Hace años que no me dejan manejar un auto ni llenar un cheque. Me hablan como si no los oyera o no los entendiera. La verdad, aquí lo confieso, es que oigo, pero no escucho. Será que no quiero.

Es cierto ─admito─ que mis ojos no funcionan tan bien como antes, que mis manos me tiemblan, que mis piernas se cansan y que la paciencia se me agota cuando me visitan nietos y bisnietos, pero aunque estoy viejo no soy incompetente. Conozco el día en que vivo y el desorbitante precio de las cosas: no me gusta, mas no lo ignoro.

Sé a la perfección cuánto me costará este viaje.

Tampoco por viejo hablo solo ni veo cosas que no están. Aún no. Distingo entre un recuerdo y la realidad, si bien cada vez me encuentro más atraído por los recuerdos que por la realidad. Repaso en la privacidad de mi mente quién dijo qué, quién se casó con quién, qué sucedió antes y qué después.

Revivo la dulce sensación de estar escondido entre las ramas altas de un nogal, estirar la mano, arrancar una nuez y partirla con el mejor cascanueces que he tenido: mis propios dientes. Oigo, huelo y siento cosas que son tan parte de mi hoy como ayer, y que brotan desde dentro. Alguien puede partir una naranja a mi lado, y al llegarme el aroma la mente me transporta a la cocina de mi mamá o a la huerta de mi papá. Los botes comerciales de leche quemada me recuerdan las manos incansables de mi abuela, que pasaba horas meneando la leche con azúcar sobre el fuego para que se quemara sin tatemarse.

El sonido de las chicharras y las abejas, que ahora se oye poco en la ciudad, me obliga a viajar a mi niñez, aunque ya no pueda correr. Todavía busco con el olfato algún indicio de lavanda y lo capto aun cuando sé que no es real. Al cerrar los ojos por la noche oigo el clunc del mosaico, las vigas de madera que truenan y los postigos que golpean, pese a que en mi casa de ciudad ya no tenga mosaicos sueltos ni vigas ni postigos. Me siento en mi casa, la que dejé en la infancia. La que dejé demasiado pronto. Me siento acompañado, y me gusta.

 

Sofía Segovia

Página Web de la autora.

Estudió Comunicación en la Universidad de Monterrey. Fue asesora de imagen y comunicación en campañas políticas de Nuevo León y ghostwriter de discurso político o social.

Prefiere la ficción a la realidad. Ha escrito tres guiones de comedia para el teatro local amateur. Desde el 2013 imparte talleres de creación literaria en

Fábrica Literaria y Literálika.

Su primera novela, NOCHE DE HURACÁN (2010), fue editada por CONARTE. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS (LUMEN 2015) se encuentra en todos los países de habla hispana. Por ésta, fue aclamada como el descubrimiento literario del año y estuvo en las listas de las novelas más vendidas del mundo hispano y en varias listas de las novelas favoritas en España. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS fue nombrada novela del año por iTunes.

A fines del 2018 será publicada en inglés. HURACÁN, el remake de NOCHE DE HURACÁN, salió al público hispano en agosto del 2016.

El periódico EL Norte y la UDEM nombraron a Sofía en su lista anual de historias de éxito del 2015. El mismo año, la revista QUIÉN la nombró entre las 31 mujeres más influyentes de México. Ha sido oradora en diversos eventos y es miembro fundador de Tres y Contando, historias sin fronteras. Su nueva novela, PEREGRINOS, se publicará en LUMEN en abril del 2018.

Vive en Monterrey, México con su esposo, tres hijos y tres mascotas. Y lo confiesa: sin su barullo, no podría concentrarse para escribir.

Aquí les dejo una entrevista que le hizo Rainbook, canal literario a Sofía Segovia, donde habla de muchas anécdotas de cuando escribió el libro.

El Amor es Hambre

El Amor es hambre

Autor: Ana Clavel
Editorial: Alfaguara
Páginas: 162
Precio: $152 en Amazon,    $ 158 en Gandhi,    $ 179 en PénduloPorrúa
ISBN: 978-607-313-125-4

 

Sinopsis:

Ana Clavel, autora de Las Violetas son flores del deseo ofrece a sus lectores una novela erótica, plena de transgresión, con un tratamiento impecable.

Artemisa tiene unos cuatro años cuando sorprende a sus padres haciendo el amor. Ellos la incorporan, con alegría, al goce sensual: lamen su piel ungida con crema y frutas. Al morir sus padres, el padrastro de la niña va guiándola, con amor, sabiduría y sutileza, al encuentro de sus sensaciones, de su erotismo, del goce… cosa que ella siempre le agradecerá, incluso cuando va a verlo al hospital porque él cae gravemente enfermo y es operado hacia el final de la novela.

Artemisa se convierte en una joven liberal, desenvuelta, llena de ansias de explorar, las cuales satisface yéndose a un enclave turístico lleno de playas, sol, amantes y el encuentro con las delicias de la buena mesa. Ahí aprende esos secretos y otros muchos, desarrolla sus talentos, inventa, innova, explora, y eso la lleva a ser una gran chef y a abrir su propio restaurante, llamado Corazón de lobo. Todo esto mientras reflexiona sobre sí misma y sobre sus similitudes con otras mujeres nínficas: Alicia Liddell, Lolita o Caperucita Roja.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque al leer la contraportada vi que la protagonista se convierte en chef, y se me hizo interesante el giro erótico.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, con esta opinión quiero recordarles que es eso, solo mi opinión. No es una reseña, son mis impresiones sobre mi lectura.

No me gustó.

Para mi gusto, El Amor es Hambre No vale la pena.

La trama, en cualquiera de sus dos vertientes (gastronómica o erótica), no logró engancharme.

Comienza con la protagonista cuando es bebé y como sus padres la introducen a sus juegos eróticos. Ellos mueren, pasa al cuidado de sus padrinos y durante todo el libro, el padrino maneja un juego sensual con ella, que jamás acaba plenamente descrito, solo está en el ambiente. Esto la acompañará como una sombra que nubla todas sus relaciones.

Se emancipa de sus tutores, y a partir de allí cada capítulo será un amante diferente, con una experiencia culinaria especial.

El hilo de cómo fue que le agarró placer a la carne resulta burdo, y su «arte culinario» no lo pude apreciar en su esplendor. Sus descripciones de la comida y de sus relaciones amorosas no transmiten la sensualidad ni del bocado, ni del beso. No se me antoja salir a replicar la experiencia, como ya lo he hecho con muchos otros libros. Se queda corta.

Insisto que no me gustó, sin embargo, al buscar información de la autora, resulta que está muy bien calificada su novela Las Violetas son flores del deseo (2007) ¿ya la leíste? ¿la recomiendas? Me gustaría leer algo de ella que valga la pena. Acepto recomendaciones, aunque no tenga que ver con la comida. Se trata de una buena autora mexicana, que tuve el tino de elegir algo que no me hizo feliz.

¿quién debería de leer El Amor es Hambre?

Quienes anden en busca de autoras mexicanas, es un libro fácil de leer, ella utiliza un vocabulario sencillo, con capítulos cortos.
Si no eres exigente en las tramas, adelante.

Algo para recordar

Les quedo a deber algo para recordar

 

De la Autora – Ana Clavel

Ana Clavel se recibió de maestra en letras latinoamericanas por la UNAM. Durante sus primeros años, fue becaria del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del FONCA en 1982 y 1990 respectivamente.

Ana ha obtenido diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de Atar y el Premio de Novela Corta Juan Rulfo 2005 de Radio Francia Internacional, por su obra Las Violetas son flores del deseo (2007). Fue finalista del Premio Internacional Alfaguara en 1999 con su primera novela Los deseos y su sombra. Recientemente obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2013. Ha colaborado también con revistas y periódicos como Diluvio de pájaros, Dosfilos, El Cuento, El Independiente, El Nacional, El Universal, La Jornada, La Orquesta, Nexos, Letras Libres, Tierra Adentro y Unomásuno.

En sus libros reflexiona alrededor de temas como la fotografía, la identidad, la sexualidad y la fuerza del deseo. Desde su novela Cuerpo náufrago (2005), se ha caracterizado por abrir un escenario creativo que vincula la narrativa con formatos multimedia como fotografía y video, que es posible apreciar en su página web. A estas ramificaciones que toman como punto de partida y de llegada a la obra literaria propia, Ana Clavel las ha denominado como «transliteratura». Un ejemplo de ello es su propuesta multimedia más reciente que conjunta instalación y video: En todo corazón habita un bosque / Enramadas de ‘El amor es hambre’, a partir de su novela El amor es hambre, en exhibición en el Centro Cultural Tijuana en 2017.

En 2015 se publicó en el Reino Unido el libro de Jane Elizabeth Lavery, The Art of Ana Clavel. Ghosts, Urinals, Dolls, Shadows and Outlaw Desires, en el que la investigadora inglesa estudia la obra literaria y multimedia de Ana Clavel, calificándola como «escritora multimedia».

En 2017 la editorial Alfaguara publicó su libro de ensayo Territorio Lolita, un estudio sobre el arquetipo y el estereotipo de la nínfula en la literatura, las artes y la cultura de nuestros días.

Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA en varios periodos.

Libros de la autora

Novela

Los deseos y su sombra (2000)
Cuerpo náufrago (2005)
Las Violetas son flores del deseo (2007)
El dibujante de sombras (2009)
Las ninfas a veces sonríen (2013)
El amor es hambre (2015)
Breve tratado del corazón (2019)

 

Ensayo

A la sombra de los deseos en flor. Ensayos sobre la fuerza metamórfica del deseo (2008)
Territorio Lolita (2017)

 

Cuento

Fuera de escena (1984)
Amorosos de atar (1991)
Paraísos trémulos (2002)
Amor y otros suicidios (2012)
CorazoNadas (2014)

La Cata

La Cata

Autor: Roald Dahl
Editorial: Nordica Libros
Páginas: 69
Precio: $497 + $90 de la entrega Amazon , $431 Gandhi, $460
El Péndulo
ISBN: 978-84-16112-43-2

 

Sinopsis:

La cata es un cuento de Roald Dahl que se publicó por primera vez en la edición de marzo 1945, de Ladies Home Journal. También fue publicado en 1951 en The New Yorker.

Seis personas se sientan a la mesa en la casa de Mike Schofield, un corredor de bolsa londinense: Mike, su esposa e hija, un narrador sin nombre y su esposa, y un conocedor de vinos, Richard Pratt. Pratt suele hacer pequeñas apuestas con Schofield con el fin de adivinar el vino que se está sirviendo en la mesa, pero esta noche la apuesta será mayor… Cuando Schofield trae el segundo vino de la noche él comenta que será imposible adivinar de dónde viene, pero Pratt lo toma como un reto… Iban Barrenetxea nos invita a esta maravillosa cena londinense.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Esta es la primera nota que hago sobre un libro que tiene como protagonista al vino, aunque bien podría aplicarse mi elección a que la trama se desarrolla durante una cena.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.
Me encantó.

Desde hace mucho tiempo lo tengo entre los libros a comprar, pero el precio ($431 en Gandhi¡¡¡¡, por Dios, con mi salario de jubilada 🤣) ocasionó que apenas hasta el mes pasado lo comprara.

Se trata de un cuento corto, escrito con ingenio (mucho ingenio) que se lee con facilidad. Ilustrado brillantemente por Iban Barrentexea.

Cuando la apuesta está en su apogeo, me caché acelerando la velocidad de la lectura y me obligaba a respirar. Al llegar a la última hoja…no paraba de reír, no lo podía creer.

El libro vale lo que cuesta, es una edición muy cuidada, hermosa.

.

¿quién debería de leer La Cata?

A quienes les gusta la buena lectura (de verdad es un excelente cuento), quienes disfrutan que sus lecturas estén ilustradas, quienes tienen problema con textos largos.

Algo para recordar

Les quedo a deber algo para recordar ¿Por qué? Porque es tan corto el libro, que si les pongo un capítulo, es el total del cuento. Cómprenlo, vale la pena.

 

Del Autor – Roald Dahl

Novelista y autor de cuentos británico de ascendencia noruega, famoso como escritor para niños y adultos. Entre sus libros más populares están Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas y Relatos de lo inesperado. Comenzó a escribir en 1942 cuando, como miembro de la Fuerza Aérea, fue transladado a Washington. Su primer trabajo publicado, aparecido en la edición del Saturday Evening Post el 1 de agosto de 1942, fue un cuento titulado «Pan comido», describiendo su accidente con el Gloster Gladiator. El título original en inglés era «A piece of cake», pero fue cambiado a «Shot down over Libya» (Derribado sobre Libia) a pesar de que el accidente no tuvo nada que ver con la acción enemiga.

 

Ilustrador Iban Barrenetxea

Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973). El absurdo y la casualidad, leyes absolutamente presentes en nuestro mundo, son un elemento más de su paleta, con la que retrata a carismáticos personajes que transpiran una sutil ironía.
Tras una década dedicado al diseño gráfico, inició su carrera como ilustrador en 2010. Desde entonces ha ilustrado una decena de libros, ha escrito dos de ellos y su obra ha sido reconocida con galardones del prestigio de Bratislava y los literarios de Euskadi.

Chocolat

Chocolat Autora: Joanne Harris Editorial: Duomo Ediciones Páginas: 295 Precio: Amazon y Porrua $195,  Gandhi y El Sotano$395 ISBN: 978-84-15355-82-3   Sinopsis: El chocolate puede ser mucho más que un placer para los sentidos. A veces, una pecaminosa tentación y otras, una forma de acercar los sueños a la realidad. Vianne Rocher y su hija […]

El Chile

El Chile, Fruto Ancestral

El fin de semana pasado fui al mercado de la Merced, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Como ya les he recomendado, lo mejor es tomar el metro para llegar al lugar. Cuando llegas a la estación La Merced, se abren las puertas del metro y te impregnas del olor a cebolla, cilantro y chile.

Allí mismo, sin salir del vagón te impregnas todo (a)

Imaginen cuando sales de la estación, en medio del mercado.

Amen de los precios bajos (el cuarto de chile habanero en el supermercado está a $65 mientras que allí lo encuentras entre $20 y $25. La frescura y los brillantes colores del producto recién cosechado te hechizan.

Encontré Chiles habaneros anaranjados y verdes, Chile Jalapeño, Chile Serrano y Chile de árbol. La verdad no tenía en claro para que, pero me traje un kilo de cada uno.

El día de hoy se supone que debía de platicar sobre los deliciosos Chiles en Escabeche que hice anoche, abrí varios libros y revistas para documentarme al respecto…y aquí me quedé, con el libro de El Chile, Fruto Ancestral (Artes de México, número 126). En una tarde me lo leí.

 

El Chile, Fruto Ancestral

Autoras: Janet Long, José Francisco Román, Leticia Ivonne del Río, Eduardo Merlo, Iván Pérez Téllez, Salvador Novo, Paco Ignacio Taibo I.
Editorial: Artes de México, número 126
Páginas: 104
Precio: Artes de México Rústica $300.00 mxn, pasta dura $450.00 mxn
Envío gratuito a la CDMX e interior de la república (México) en compras mayores a $500.00MXN.
ISBN: 978-607-461-240-0

Sinopsis:

El chile ha sido uno de los ingredientes esenciales en la cocina mexicana desde tiempos prehispánicos. La adaptabilidad que tiene esta semilla para transformarse en otras variedades y adecuarse a nuevos entornos, los diversos grados de picor, las propiedades medicinales y el trasfondo histórico, cultural y ritual que se ha creado en torno al chile son algunos de los temas que motivan estas páginas. Dichas visiones también se acompañan de refranes, adivinanzas, canciones populares, relatos y textos de misioneros y viajeros del siglo XVI que complementan la riqueza cultural que el chile despierta en nuestro país.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque cualquiera que se diga mexicano debería de tener este hermoso ejemplar (los extranjeros también, ya que narra maravillosamente como se propagó tan delicioso vegetal por todo el mundo).

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Excelente

Es un libro bonito, bien ilustrado, y narrado inmejorablemente.

Yo ya había escuchado que antes de la conquista el chile lo usaban para corregir a los infantes, sin embargo, no sabía que el chile habanero llegó a México después del los españoles. Una de las muchas cosas que aprendí con este tomo.

Cada capítulo está a cargo de un autor, y ¡Que autores!

– Orígenes, rutas y evolución del capsicum, por Janet Long (autora del libro Capsicum y cultura, la historia del chilli. Todo un tratado sobre el Chile, y que fue inspiración para la creación de este tomo.

– El Chile en el mundo prehispánico, por José Francisco Román y Leticia Ivonne del Rio. Nos hablan de los usos que le dieron al chile la sociedad prehispánica (gastronómico, ritual, mágico, educativo, punitivos, agrícolas, medicinales y comerciales. Muy interesante

– El ChilMolli: el abuelo del mole. Eduardo Merlo nos narra el papel que desempeñó el ChilMolli (ceremonial) antes de que apareciera el mole virreinal.

– La fiesta de los chiles en Olinalá Guerrero la narra Janet Long. Y nos cuenta también de otros festejos que se dan en el mismo estado de Guerrero, alrededor del Chile.

– Chiltepín y Chipotle, los condimentos de los muertos. De aquí en adelante ambos chiles tendrán un lugar en mi altar de muertos.

– Metamorfosis del chile transterrado, a cargo de Salvador Novo. Nos narra del largo peregrinar del chile por el mundo después de la conquista y como se fue transformando.

– Por último, el texto de Paco Ignacio Taibo I que nos reta a aventurarnos en un combate con el ardor del picante.

¿quién debería de leer La Improbabilidad del Amor?

Todo el que quiera saber el origen del chile y las primeras muestras de domesticación (en MEXICOOOO, comprobado científicamente, lo narran en el primer capítulo) y su adaptabilidad en el mundo.

 

Algo para recordar

Varios oficios se desarrollaron en torno al chile. Había comerciantes dedicados a la venta de los que eran traídos de regiones lejanas; guisanderas y vendedoras de comida y tortillas donde el picante iba mezclado; vendedoras especializadas en la elaboración de tortillas con chile molido o carne adentro, las cuales se convertían en un delicioso bocado, posiblemente parecido a nuestros taos, sopes y gorditas; otras mujeres, expertas en los guisados, el uso del chile y el jitomate, atrapaban a los comensales con la satisfacción del gusto por lo picante; y hasta el vendedor de atole empleaba en algunos casos chile “para que tenga sabor”. Sobre los comerciantes dedicados a la venta de chile, es revelador un pasaje de la obra de Sahagún: “El mercader de chiles […] vende chiles rojos cuyo sabor no es tan áspero, chiles anchos, chiles verdes que son muy picantes, chiles amarillos, cuitlachilli, tenpilchilli, chichioachilli. Vende asimismo chile de agua, conchilli; vende chile ahumado, chile pequeño, chile de árbol, chile delgado que semeja un escarabajo. Vende chiles picantes de los más tempraneros, aquellos de cola hueca. Vende chile verde, chiles rojos puntiagudos que se dan ya entrado el año, aquellos que vienen de Atzitziuacán, Toch[i]milco, Huaxtepec, Michoacán, Anáhuac, la Huaxteca y la Chichimeca. Por separado venden sartas de chiles, chiles cocinados en una olla, chiles con pescado y chiles con pescado blanco

 

Nota: pst pst a partir de la página 89 viene una sección que narra temas eróticos de los nahuas (y el chile lleva papel protagónico) 👀

La Mafia Se Sienta a la Mesa

Autoras: Jacques Kermoal y Martine Bartolomei
Editorial: TusQuets Editores
Páginas: 220

Precio:  $ 387.81 Amazon $ 249 Gandhi

ISBN: 978-607-421-843-5

 

Sinopsis:

Pocos saben que los padrinos de la Honorable Sociedad preparan los menús de sus ágapes con el mismo cuidado y esmero que sus crímenes. La expresión cucinare il delitto (cocinar el delito) da una idea de la importancia que la Mafia otorga a la gastronomía: ya desde sus comienzos, esta organización se ha reunido en torno a la mesa con objeto de festejar aniversarios y éxitos, urdir nuevas estrategias… o poner fin a las actividades y los días de algún miembro de la Familia. Y la comida constituye una liturgia, un ritual en el que cada detalle está perfectamente planeado. En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas, cenas o banquetes que, por su importancia histórica o legendaria, por su originalidad o su cariz burlesco, ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa desde 1738, año en que se fundó esa sociedad. Pues la Mafia organiza ágapes tanto para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsala en 1860 como para distribuir el tráfico de caballos durante la Primera Guerra Mundial, o para celebrar —en un famoso festín de quinientos cubiertos— la toma del Bronx por Maranzano. Así, los nombres de Mussolini, Roosevelt, Churchill o del general Dalla Chiesa se mezclan, entre bocado y bocado, con los de don Vito, Calogero Vizzini, Genco Russo, Lucky Luciano o el último emperador, el abogado mafioso Vito G. Los gourmets verán satisfecha su curiosidad, ya que se ofrecen los menús, los vinos y las recetas de las comidas mafiosas más relevantes. Varias de estas recetas fueron inventadas por los más famosos caciques y jefes de familia, cuyo prestigio, según se dice, debe más a su talento culinario que a su forma de manejar la metralleta.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque las diez historias giran sobre los hombres de la mafia y los menús que les servían.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó-pudo ser mejor

Y es que algunas de las historias verídicas son muy buenas, pero no todas. La que más me gustó fue “El benedícite de los franciscanos de Mazzarino (1958)”, que ilustra como la mafia se metió hasta los conventos, y por supuesto la historia de Frank Sinatra.

¿Quién debería de leer La Mafia se sienta a la mesa?

A quienes les gusta las historias de mafiosos, sus extravagancias y sus excesos. Y por supuesto a quienes les gusta la cocina italiana. Cada uno de los diez capítulos narra la historia de un mafioso y que platillos se sirvieron en el evento que se narra. Algunas de las recetas son muy buenas, se antoja hacerlas.

Algo para recordar

Menú número 5
Comida en Mazzarino entre el padre Carmelo, superior del convento franciscano, y Angelo Cannada, latifundista del término municipal.

Setas Sanmaurini
Macarrones a los brécoles
Porcheta rellena
Hinojos fritos
Quesos de cabra de la Conca d’Oro
Cremolino
Pulseras de la abuela

Vinos: Frascati

En Casa de Angelo Cannada, el rico latifundista de Mazzarino, no era costumbre ir a buscar a otros lugares los productos que tenían en su propia granja. Los días de fiesta se mataba el cerdo, se organizaba un gran mercado en el huerto de la propiedad y se sacaban las excelentes botellas de la cava familiar. Para variar un poco, bastaba preparar las hortalizas recién recogidas siguiendo alguna de las recetas transmitidas de madres a hijas. El ama de casa no carecía de recursos; cocinaba con idéntico celo tanto el tocino mezclado con tomates, albahaca y ricota que acompaña los fideos a la Rusticana, como los rigatoni a las coliflores o los fettucini a los calabacines fritos. Pero lo que más le gustaba al superior del convento eran los insustituibles macarrones a los brécoles, esas pequeñas coliflores con las puntas verdes que son como el abanderado de Sicilia. Para honrar a su huésped, Angelo Cannada cambiaba incluso sus costumbres de viejo siciliano, añadiendo a la comida los aperitivos y el queso.

En la región de los castaños se encuentran grandes setas carnosas y de gran sabor que los sicilianos como los Cannada cocinan cada uno a su manera. Por lo general, se preparan al horno con aceite, ajo, pimienta, sal y queso fresco de cabra rallado. En esta receta, se hacen simplemente a la brasa y se sirven como aperitivo con una salsa bien batida compuesta de aceite, limón, sal y pimienta.

Macarrones a los brécoles

Ingredientes para seis personas:

700 g de macarrones
700 g de brécoles
900 g de tomates bien maduros
2 cebollas
2 dientes de ajo
80 g de uvas pasas
80 g de piñones
12 filetes de anchoas
150 g de pecorino rallado
8 hojas de albahaca
20 cl de leche
Aceite de oliva
Sal y pimienta

Se rehoga la cebolla en aceite de oliva. Se añaden los tomates pelados y sin semillas, se sazona con sal y pimienta, se cubre la cacerola y se deja cocer a fuego lento durante treinta minutos

Se sumergen los brécoles bien lavados en agua hirviendo con sal. Se cuecen durante un cuarto de hora y se escurren. Se cuecen los macarrones de la misma manera hasta que estén “al dente”, es decir, tiernos y al mismo tiempo firmes.

En una sartén se dora el ajo en el aceite de oliva y se añaden los filetes de anchoa, que previamente se habrán desalado en leche. Se vierte todo esto en la salsa de tomate junto con los brécoles, los piñones y las uvas pasas, que antes se habrán metido en agua tibia para que se hinchen, y se deja cocer todo durante 5 minutos removiendo suavemente de vez en cuando.

Cuando los macarrones estén a punto, se escurren y se ponen en una fuente. Se cubren con la salsa y se espolvorean con albahaca rallada y queso pecorino también rallado. Se mezcla todo antes de servir.

 

De los Autores – Jacques Kermoal y Martine Bartolomei

Jacques Kermoal nacido en Saint-Malo, Francia, en 1924, es un prestigioso periodista que ha colaborado en las revistas Paris-Match, Combat, L’Europeo, Der Spiegel, L’Avanti, y ha sido durante muchos años jefe de redacción del semanario italiano Le Ore. A él le ha correspondido gran parte de la investigación histórica mientras Martine Bartolomei, periodista colaboradora de Méridional, Figaro, Magazine y Elle, se ha ocupado del aspecto más estr…

Martine Bartolomei, periodista colaboradora de Méridional, Figaro Magazine y Elle, se ha ocupado del aspecto más estrictamente gastronómico de La mafia se sienta a la mesa.

Macario

M A C A R I O

Autor: Bruno Traven
Editorial: Selector
Páginas: 80
Precio:

$ 119.25 Amazon
$ 140 Gandhi 

ISBN: 978-607-453-559-4

 

Sinopsis:

Macario es la singular aventura o desventura de un hombre humilde, hambriento, que al dar satisfacción al mayor deseo de su vida -comerse en soledad un pavo entero- recibe poderes sobre la vida y la muerte. A partir de ese momento, Macario vive experiencias extraordinarias y la visita de tres personajes poderosos.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque el mayor anhelo del protagonista, Macario, era comerse el solito un guajolote. Aunque el tema no es propiamente la comida, sino el hambre, siempre el hambre, la miseria, la sencillez y la fe. Este libro tenía que estar en El Lugar de Beatriz.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Me llevé al menos tres sorpresas con esta historia

1. El autor es de origen alemán, y sin embargo logra capturar con fidedigna transparencia la idiosincrasia mexicana.

2. El libro es cortito, menos de 100 hojas, narrado de una forma sencilla y campechana, habla de la muerte como algo casual y tiene la habilidad de sorprenderte con ese final, tan abierto a infinidad de posibilidades.

3. En 1959 el director mexicano Roberto Gavaldón la lleva al cine, protagonizada por Ignacio López Tarso; Macario fue la primera película mexicana nominada para el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera,

Desde la primera hoja me dio tristeza la realidad que vivían (y viven) miles de indígenas en México, cargada de resignación, esperanza y hambre, mucha hambre.

Algo para recordar

Macario era leñador en aquel pueblecito. Padre de once hijos andrajosos y hambrientos, no deseaba riquezas, ni cambiar por una casa bien construida el jacal que habitaba con su familia. Tenía eso sí, desde hacía veinte años, una sola ilusión. Y esta gran ilusión era la de poder comer a solas, gozando de la paz en las profundidades del bosque y sin ser visto por sus hambrientos hijos, un pavo asado entero.

Nunca logró llenar su estómago hasta satisfacerse. Por el contrario, siempre se sentía próximo a morir de hambre, pese a lo cual, todos los días del año, sin descontar los domingos y días festivos, tenía que dejar su hogar antes de que amaneciera para ir al bosque, dl que regresaba al anochecer con una carga de leña en la espalda. Aquella carga, que representaba todo un día de trabajo, la vendía por dos reales…y a veces por menos.

Sólo durante el tiempo de aguas, cuando prácticamente no tenía competencia y, mejor aún, en los días señalados, como, por ejemplo, el día de los Fieles Difuntos, en que la demanda era mayor por parte de los fabricantes de velas y de los panaderos, que horneaban toda clase de panes de muerto y calaveras de azúcar, llegaba a conseguir que le dieran hasta tres reales por su carga de leña.
Tres reales constituían una fortuna para su esposa, conocida en el pueblo como Mujer de los Ojos Tristes. Ella, de modo más marcado que su marido, producía la impresión de que se iba a desvanecer de hambre.

Cuando Macario llegaba a su hogar, al anochecer tiraba la carga, con un suspiro revelador de su agotamiento. Tambaleándose, tropezando, llegaba hasta el interior de la choza y sin hacer ruido se dejaba caer sobre una sillita primitiva que uno de los niños acercaba rápidamente a la mesa, igualmente tosca, sobre la que Macario extendía ambos brazos exclamando:

─ ¡Ay, mujer, qué cansado estoy y cuánta hambre tengo! ¿Qué hay de comer?

Su mujer contestaba:

─ Frijoles negros, chile verde, tortillas, sal y té de limón.

La cena era siempre la misma, sin variación alguna.

El conocía la respuesta de su mujer desde mucho antes de llegar a su casa y hacia la pregunta simplemente por decir algo y para que sus hijos no lo consideraran como una simple bestia de carga. Cuando aparecía la comida, servida en jarros y cazuelas de barro, él ya se había quedado profundamente dormido, por lo que su mujer tenía que despertarlo diciéndole:

─ Macario, la comida está en la mesa.

─ Demos gracias a Dios por las mercedes que nos dispensa a nosotros, pobres pecadores ─ musitaba él, e inmediatamente empezaba a comer.

No había tomado los primeros bocados cuando se percataba de que todos sus hijos lo vigilaban con la esperanza de que no comiera mucho y dejara algo para que ellos pudieran repetir, ya que siempre su ración era insuficiente.

Entonces dejaba de comer y se concretaba a beber el té de limón. En cuanto vaciaba el jarro, murmuraba con voz plañidera:

─ Oh, Señor, si por lo menos una vez en mi pobre vida pudiera comerme entero un guajolote asado, moriría feliz y descansaría en paz hasta el día del Juicio Final.

A menudo no decía tanto y se conformaba con murmurar:

─¡Oh, Señor, concédeme, aunque sea una sola vez, todo un pavo para mí solo!

Tantas veces habían escuchado sus hijos aquel lamento que ya no le prestaban atención, considerándolo como una forma de dar gracias después de la cena. Sabían que las mismas posibilidades de que su padre gozara de un pavo asado eran las que existían de que poseyera mil pesos oro, aun cuando hubiera rogado toda su vida por ellos.

Su mujer, la compañera más fiel y abnegada que hombre alguno pudiera desear, sabía que su esposo no comía tranquilo ni lo suficiente mientras sus hijos lo vigilaran con ojos hambrientos, deseando hasta el último de sus frijoles. Esto la apesadumbraba, pues tenía buenas razones para considerarlo un buen marido, con cualidades que ni siquiera podía soñar que encontraría en otro.

Macario nunca le pegaba a su mujer. Trabajaba tanto como a un hombre le es posible hacerlo, y solamente los sábados en la noche solía reservarse dos centavos para beberse un traguito de mezcal que ella misma compraba en la tienda, porque sabía que obtendría el doble de la cantidad que a él le darían por el mismo precio en la cantina del pueblo.
Percatándose del excelente esposo que tenía, de lo mucho que trabajaba para mantener a su familia y de lo mucho que amaba a sus hijos, la mujer empezó a ahorrar hasta el último centavo de los pocos que ganaba lavando ropa y desempeñando trabajos pesados para otras mujeres del pueblo, que gozaban de mayores posibilidades que ella.

Después de ahorrar sus centavitos durante tres largos años, que le parecieron una eternidad, pudo hacerse del pavo más gordo que encontró en la plaza. Reventando de gozo y satisfacción lo llevó a su cada cuando los niños estaban ausentes y lo escondió de forma tal que nadie pudiera descubrirlo. No dijo ni una sola palabra cuando llegó su marido rendido, agotado, hambriento y, como siempre, rogando al cielo por su pavo asado.

Aquella noche hizo que los niños se acostaran temprano. No temía que su marido se diera cuenta de lo que ella preparaba, porque el hombre se quedaría, como siempre, profundamente dormido en la mesa, de donde se levantaría como sonámbulo para dejarse caer, privado de sentido, sobre el catre.

Si en alguna ocasión una cocinera preparó un pavo para una buena comida poniendo en ello todo su amor, toda su habilidad, así como todos sus buenos deseos, fue en aquélla. La mujer trabajó con devoción durante toda la noche a fin de que el pavo estuviera listo antes del amanecer.

Macario se levantó para comenzar su trabajo diario y se sentó a la mesa para tomar su pobre desayuno. Nunca se ocupaba de dar los buenos días, ni tenía la costumbre de que su mujer se los diera. Si algo faltaba en la mesa o si no hallaba el machete y las cuerdas que necesitaba para su trabajo, murmuraba alguna palabra sin abrir apenas la boca. Como sus exigencias eran escasas, a pesar de que se expresaba con palabras muy limitadas, las absolutamente necesarias, su mujer lo comprendía perfectamente sin incurrir jamás ni en lampas leve equivocación.

─ Hoy es tu santo, esposo querido. Felicidades. Toma, aquí tienes el pavo asado que durante tantos años has deseado y por el que tanto has rogado. Llévatelo a lo más profundo del bosque para que nadie te moleste y puedas comértelo solo. Ahora date prisa antes de que los niños lo vayan a oler y se enteren de que lo tienes, porque entonces no podrías dejar de compartirlo con ellos. Anda, corre.

Él la miró largamente con sus ojos cansados.

“Por favor” y “gracias” eran términos que jamás empleaba. En cuanto a la idea de ceder un pedacito del pavo a su mujer, no tuvo cabida en su cerebro, porque su mente, acostumbraba a albergar no más de un pensamiento cada vez, estaba ocupada en aquel momento en el que su esposa le había sugerido de correr con su pavo antes de que los niños lo descubrieran.

 

Del Autor – Bruno Traven

Nacido el 23 de febrero de 1882 en Schwiebus/Brandenburgo Oriental en Alemania, Bruno Traven fue marinero, actor, editor de revistas y político anarquista antes de verse forzado a huir de su país después de la Primera guerra Mundial. Llega a México en 1924. Llega a Tampico y escribe El Barco de la muerte, un libro semiautobiográfico que se vuelve un Best-Seller en Alemania. Viaja a Chiapas y tiene mayor contacto con la forma de vida y las tradiciones de los indígenas. Entonces une su visión política con la realidad de la región y escribe novelas como Macario, La carreta y La Rebelión de los Colgados.

Muere en ciudad de México el 26 de marzo de 1969. Su última voluntad es que sus cenizas fueran esparcidas en el Río Jataté, en Chiapas.