Novelas y ensayos

El Amor es Hambre

El Amor es hambre

Autor: Ana Clavel
Editorial: Alfaguara
Páginas: 162
Precio: $152 en Amazon,    $ 158 en Gandhi,    $ 179 en PénduloPorrúa
ISBN: 978-607-313-125-4

 

Sinopsis:

Ana Clavel, autora de Las Violetas son flores del deseo ofrece a sus lectores una novela erótica, plena de transgresión, con un tratamiento impecable.

Artemisa tiene unos cuatro años cuando sorprende a sus padres haciendo el amor. Ellos la incorporan, con alegría, al goce sensual: lamen su piel ungida con crema y frutas. Al morir sus padres, el padrastro de la niña va guiándola, con amor, sabiduría y sutileza, al encuentro de sus sensaciones, de su erotismo, del goce… cosa que ella siempre le agradecerá, incluso cuando va a verlo al hospital porque él cae gravemente enfermo y es operado hacia el final de la novela.

Artemisa se convierte en una joven liberal, desenvuelta, llena de ansias de explorar, las cuales satisface yéndose a un enclave turístico lleno de playas, sol, amantes y el encuentro con las delicias de la buena mesa. Ahí aprende esos secretos y otros muchos, desarrolla sus talentos, inventa, innova, explora, y eso la lleva a ser una gran chef y a abrir su propio restaurante, llamado Corazón de lobo. Todo esto mientras reflexiona sobre sí misma y sobre sus similitudes con otras mujeres nínficas: Alicia Liddell, Lolita o Caperucita Roja.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque al leer la contraportada vi que la protagonista se convierte en chef, y se me hizo interesante el giro erótico.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, con esta opinión quiero recordarles que es eso, solo mi opinión. No es una reseña, son mis impresiones sobre mi lectura.

No me gustó.

Para mi gusto, El Amor es Hambre No vale la pena.

La trama, en cualquiera de sus dos vertientes (gastronómica o erótica), no logró engancharme.

Comienza con la protagonista cuando es bebé y como sus padres la introducen a sus juegos eróticos. Ellos mueren, pasa al cuidado de sus padrinos y durante todo el libro, el padrino maneja un juego sensual con ella, que jamás acaba plenamente descrito, solo está en el ambiente. Esto la acompañará como una sombra que nubla todas sus relaciones.

Se emancipa de sus tutores, y a partir de allí cada capítulo será un amante diferente, con una experiencia culinaria especial.

El hilo de cómo fue que le agarró placer a la carne resulta burdo, y su «arte culinario» no lo pude apreciar en su esplendor. Sus descripciones de la comida y de sus relaciones amorosas no transmiten la sensualidad ni del bocado, ni del beso. No se me antoja salir a replicar la experiencia, como ya lo he hecho con muchos otros libros. Se queda corta.

Insisto que no me gustó, sin embargo, al buscar información de la autora, resulta que está muy bien calificada su novela Las Violetas son flores del deseo (2007) ¿ya la leíste? ¿la recomiendas? Me gustaría leer algo de ella que valga la pena. Acepto recomendaciones, aunque no tenga que ver con la comida. Se trata de una buena autora mexicana, que tuve el tino de elegir algo que no me hizo feliz.

¿quién debería de leer El Amor es Hambre?

Quienes anden en busca de autoras mexicanas, es un libro fácil de leer, ella utiliza un vocabulario sencillo, con capítulos cortos.
Si no eres exigente en las tramas, adelante.

Algo para recordar

Les quedo a deber algo para recordar

 

De la Autora – Ana Clavel

Ana Clavel se recibió de maestra en letras latinoamericanas por la UNAM. Durante sus primeros años, fue becaria del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del FONCA en 1982 y 1990 respectivamente.

Ana ha obtenido diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de Atar y el Premio de Novela Corta Juan Rulfo 2005 de Radio Francia Internacional, por su obra Las Violetas son flores del deseo (2007). Fue finalista del Premio Internacional Alfaguara en 1999 con su primera novela Los deseos y su sombra. Recientemente obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2013. Ha colaborado también con revistas y periódicos como Diluvio de pájaros, Dosfilos, El Cuento, El Independiente, El Nacional, El Universal, La Jornada, La Orquesta, Nexos, Letras Libres, Tierra Adentro y Unomásuno.

En sus libros reflexiona alrededor de temas como la fotografía, la identidad, la sexualidad y la fuerza del deseo. Desde su novela Cuerpo náufrago (2005), se ha caracterizado por abrir un escenario creativo que vincula la narrativa con formatos multimedia como fotografía y video, que es posible apreciar en su página web. A estas ramificaciones que toman como punto de partida y de llegada a la obra literaria propia, Ana Clavel las ha denominado como «transliteratura». Un ejemplo de ello es su propuesta multimedia más reciente que conjunta instalación y video: En todo corazón habita un bosque / Enramadas de ‘El amor es hambre’, a partir de su novela El amor es hambre, en exhibición en el Centro Cultural Tijuana en 2017.

En 2015 se publicó en el Reino Unido el libro de Jane Elizabeth Lavery, The Art of Ana Clavel. Ghosts, Urinals, Dolls, Shadows and Outlaw Desires, en el que la investigadora inglesa estudia la obra literaria y multimedia de Ana Clavel, calificándola como «escritora multimedia».

En 2017 la editorial Alfaguara publicó su libro de ensayo Territorio Lolita, un estudio sobre el arquetipo y el estereotipo de la nínfula en la literatura, las artes y la cultura de nuestros días.

Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA en varios periodos.

Libros de la autora

Novela

Los deseos y su sombra (2000)
Cuerpo náufrago (2005)
Las Violetas son flores del deseo (2007)
El dibujante de sombras (2009)
Las ninfas a veces sonríen (2013)
El amor es hambre (2015)
Breve tratado del corazón (2019)

 

Ensayo

A la sombra de los deseos en flor. Ensayos sobre la fuerza metamórfica del deseo (2008)
Territorio Lolita (2017)

 

Cuento

Fuera de escena (1984)
Amorosos de atar (1991)
Paraísos trémulos (2002)
Amor y otros suicidios (2012)
CorazoNadas (2014)

La Cata

La Cata

Autor: Roald Dahl
Editorial: Nordica Libros
Páginas: 69
Precio: $497 + $90 de la entrega Amazon , $431 Gandhi, $460
El Péndulo
ISBN: 978-84-16112-43-2

 

Sinopsis:

La cata es un cuento de Roald Dahl que se publicó por primera vez en la edición de marzo 1945, de Ladies Home Journal. También fue publicado en 1951 en The New Yorker.

Seis personas se sientan a la mesa en la casa de Mike Schofield, un corredor de bolsa londinense: Mike, su esposa e hija, un narrador sin nombre y su esposa, y un conocedor de vinos, Richard Pratt. Pratt suele hacer pequeñas apuestas con Schofield con el fin de adivinar el vino que se está sirviendo en la mesa, pero esta noche la apuesta será mayor… Cuando Schofield trae el segundo vino de la noche él comenta que será imposible adivinar de dónde viene, pero Pratt lo toma como un reto… Iban Barrenetxea nos invita a esta maravillosa cena londinense.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Esta es la primera nota que hago sobre un libro que tiene como protagonista al vino, aunque bien podría aplicarse mi elección a que la trama se desarrolla durante una cena.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.
Me encantó.

Desde hace mucho tiempo lo tengo entre los libros a comprar, pero el precio ($431 en Gandhi¡¡¡¡, por Dios, con mi salario de jubilada 🤣) ocasionó que apenas hasta el mes pasado lo comprara.

Se trata de un cuento corto, escrito con ingenio (mucho ingenio) que se lee con facilidad. Ilustrado brillantemente por Iban Barrentexea.

Cuando la apuesta está en su apogeo, me caché acelerando la velocidad de la lectura y me obligaba a respirar. Al llegar a la última hoja…no paraba de reír, no lo podía creer.

El libro vale lo que cuesta, es una edición muy cuidada, hermosa.

.

¿quién debería de leer La Cata?

A quienes les gusta la buena lectura (de verdad es un excelente cuento), quienes disfrutan que sus lecturas estén ilustradas, quienes tienen problema con textos largos.

Algo para recordar

Les quedo a deber algo para recordar ¿Por qué? Porque es tan corto el libro, que si les pongo un capítulo, es el total del cuento. Cómprenlo, vale la pena.

 

Del Autor – Roald Dahl

Novelista y autor de cuentos británico de ascendencia noruega, famoso como escritor para niños y adultos. Entre sus libros más populares están Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas y Relatos de lo inesperado. Comenzó a escribir en 1942 cuando, como miembro de la Fuerza Aérea, fue transladado a Washington. Su primer trabajo publicado, aparecido en la edición del Saturday Evening Post el 1 de agosto de 1942, fue un cuento titulado «Pan comido», describiendo su accidente con el Gloster Gladiator. El título original en inglés era «A piece of cake», pero fue cambiado a «Shot down over Libya» (Derribado sobre Libia) a pesar de que el accidente no tuvo nada que ver con la acción enemiga.

 

Ilustrador Iban Barrenetxea

Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973). El absurdo y la casualidad, leyes absolutamente presentes en nuestro mundo, son un elemento más de su paleta, con la que retrata a carismáticos personajes que transpiran una sutil ironía.
Tras una década dedicado al diseño gráfico, inició su carrera como ilustrador en 2010. Desde entonces ha ilustrado una decena de libros, ha escrito dos de ellos y su obra ha sido reconocida con galardones del prestigio de Bratislava y los literarios de Euskadi.

Chocolat

Chocolat Autora: Joanne Harris Editorial: Duomo Ediciones Páginas: 295 Precio: Amazon y Porrua $195,  Gandhi y El Sotano$395 ISBN: 978-84-15355-82-3   Sinopsis: El chocolate puede ser mucho más que un placer para los sentidos. A veces, una pecaminosa tentación y otras, una forma de acercar los sueños a la realidad. Vianne Rocher y su hija […]

El Chile

El Chile, Fruto Ancestral

El fin de semana pasado fui al mercado de la Merced, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Como ya les he recomendado, lo mejor es tomar el metro para llegar al lugar. Cuando llegas a la estación La Merced, se abren las puertas del metro y te impregnas del olor a cebolla, cilantro y chile.

Allí mismo, sin salir del vagón te impregnas todo (a)

Imaginen cuando sales de la estación, en medio del mercado.

Amen de los precios bajos (el cuarto de chile habanero en el supermercado está a $65 mientras que allí lo encuentras entre $20 y $25. La frescura y los brillantes colores del producto recién cosechado te hechizan.

Encontré Chiles habaneros anaranjados y verdes, Chile Jalapeño, Chile Serrano y Chile de árbol. La verdad no tenía en claro para que, pero me traje un kilo de cada uno.

El día de hoy se supone que debía de platicar sobre los deliciosos Chiles en Escabeche que hice anoche, abrí varios libros y revistas para documentarme al respecto…y aquí me quedé, con el libro de El Chile, Fruto Ancestral (Artes de México, número 126). En una tarde me lo leí.

 

El Chile, Fruto Ancestral

Autoras: Janet Long, José Francisco Román, Leticia Ivonne del Río, Eduardo Merlo, Iván Pérez Téllez, Salvador Novo, Paco Ignacio Taibo I.
Editorial: Artes de México, número 126
Páginas: 104
Precio: Artes de México Rústica $300.00 mxn, pasta dura $450.00 mxn
Envío gratuito a la CDMX e interior de la república (México) en compras mayores a $500.00MXN.
ISBN: 978-607-461-240-0

Sinopsis:

El chile ha sido uno de los ingredientes esenciales en la cocina mexicana desde tiempos prehispánicos. La adaptabilidad que tiene esta semilla para transformarse en otras variedades y adecuarse a nuevos entornos, los diversos grados de picor, las propiedades medicinales y el trasfondo histórico, cultural y ritual que se ha creado en torno al chile son algunos de los temas que motivan estas páginas. Dichas visiones también se acompañan de refranes, adivinanzas, canciones populares, relatos y textos de misioneros y viajeros del siglo XVI que complementan la riqueza cultural que el chile despierta en nuestro país.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque cualquiera que se diga mexicano debería de tener este hermoso ejemplar (los extranjeros también, ya que narra maravillosamente como se propagó tan delicioso vegetal por todo el mundo).

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Excelente

Es un libro bonito, bien ilustrado, y narrado inmejorablemente.

Yo ya había escuchado que antes de la conquista el chile lo usaban para corregir a los infantes, sin embargo, no sabía que el chile habanero llegó a México después del los españoles. Una de las muchas cosas que aprendí con este tomo.

Cada capítulo está a cargo de un autor, y ¡Que autores!

– Orígenes, rutas y evolución del capsicum, por Janet Long (autora del libro Capsicum y cultura, la historia del chilli. Todo un tratado sobre el Chile, y que fue inspiración para la creación de este tomo.

– El Chile en el mundo prehispánico, por José Francisco Román y Leticia Ivonne del Rio. Nos hablan de los usos que le dieron al chile la sociedad prehispánica (gastronómico, ritual, mágico, educativo, punitivos, agrícolas, medicinales y comerciales. Muy interesante

– El ChilMolli: el abuelo del mole. Eduardo Merlo nos narra el papel que desempeñó el ChilMolli (ceremonial) antes de que apareciera el mole virreinal.

– La fiesta de los chiles en Olinalá Guerrero la narra Janet Long. Y nos cuenta también de otros festejos que se dan en el mismo estado de Guerrero, alrededor del Chile.

– Chiltepín y Chipotle, los condimentos de los muertos. De aquí en adelante ambos chiles tendrán un lugar en mi altar de muertos.

– Metamorfosis del chile transterrado, a cargo de Salvador Novo. Nos narra del largo peregrinar del chile por el mundo después de la conquista y como se fue transformando.

– Por último, el texto de Paco Ignacio Taibo I que nos reta a aventurarnos en un combate con el ardor del picante.

¿quién debería de leer La Improbabilidad del Amor?

Todo el que quiera saber el origen del chile y las primeras muestras de domesticación (en MEXICOOOO, comprobado científicamente, lo narran en el primer capítulo) y su adaptabilidad en el mundo.

 

Algo para recordar

Varios oficios se desarrollaron en torno al chile. Había comerciantes dedicados a la venta de los que eran traídos de regiones lejanas; guisanderas y vendedoras de comida y tortillas donde el picante iba mezclado; vendedoras especializadas en la elaboración de tortillas con chile molido o carne adentro, las cuales se convertían en un delicioso bocado, posiblemente parecido a nuestros taos, sopes y gorditas; otras mujeres, expertas en los guisados, el uso del chile y el jitomate, atrapaban a los comensales con la satisfacción del gusto por lo picante; y hasta el vendedor de atole empleaba en algunos casos chile “para que tenga sabor”. Sobre los comerciantes dedicados a la venta de chile, es revelador un pasaje de la obra de Sahagún: “El mercader de chiles […] vende chiles rojos cuyo sabor no es tan áspero, chiles anchos, chiles verdes que son muy picantes, chiles amarillos, cuitlachilli, tenpilchilli, chichioachilli. Vende asimismo chile de agua, conchilli; vende chile ahumado, chile pequeño, chile de árbol, chile delgado que semeja un escarabajo. Vende chiles picantes de los más tempraneros, aquellos de cola hueca. Vende chile verde, chiles rojos puntiagudos que se dan ya entrado el año, aquellos que vienen de Atzitziuacán, Toch[i]milco, Huaxtepec, Michoacán, Anáhuac, la Huaxteca y la Chichimeca. Por separado venden sartas de chiles, chiles cocinados en una olla, chiles con pescado y chiles con pescado blanco

 

Nota: pst pst a partir de la página 89 viene una sección que narra temas eróticos de los nahuas (y el chile lleva papel protagónico) 👀

La Mafia Se Sienta a la Mesa

Autoras: Jacques Kermoal y Martine Bartolomei
Editorial: TusQuets Editores
Páginas: 220

Precio:  $ 387.81 Amazon $ 249 Gandhi

ISBN: 978-607-421-843-5

 

Sinopsis:

Pocos saben que los padrinos de la Honorable Sociedad preparan los menús de sus ágapes con el mismo cuidado y esmero que sus crímenes. La expresión cucinare il delitto (cocinar el delito) da una idea de la importancia que la Mafia otorga a la gastronomía: ya desde sus comienzos, esta organización se ha reunido en torno a la mesa con objeto de festejar aniversarios y éxitos, urdir nuevas estrategias… o poner fin a las actividades y los días de algún miembro de la Familia. Y la comida constituye una liturgia, un ritual en el que cada detalle está perfectamente planeado. En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas, cenas o banquetes que, por su importancia histórica o legendaria, por su originalidad o su cariz burlesco, ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa desde 1738, año en que se fundó esa sociedad. Pues la Mafia organiza ágapes tanto para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsala en 1860 como para distribuir el tráfico de caballos durante la Primera Guerra Mundial, o para celebrar —en un famoso festín de quinientos cubiertos— la toma del Bronx por Maranzano. Así, los nombres de Mussolini, Roosevelt, Churchill o del general Dalla Chiesa se mezclan, entre bocado y bocado, con los de don Vito, Calogero Vizzini, Genco Russo, Lucky Luciano o el último emperador, el abogado mafioso Vito G. Los gourmets verán satisfecha su curiosidad, ya que se ofrecen los menús, los vinos y las recetas de las comidas mafiosas más relevantes. Varias de estas recetas fueron inventadas por los más famosos caciques y jefes de familia, cuyo prestigio, según se dice, debe más a su talento culinario que a su forma de manejar la metralleta.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque las diez historias giran sobre los hombres de la mafia y los menús que les servían.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó-pudo ser mejor

Y es que algunas de las historias verídicas son muy buenas, pero no todas. La que más me gustó fue “El benedícite de los franciscanos de Mazzarino (1958)”, que ilustra como la mafia se metió hasta los conventos, y por supuesto la historia de Frank Sinatra.

¿Quién debería de leer La Mafia se sienta a la mesa?

A quienes les gusta las historias de mafiosos, sus extravagancias y sus excesos. Y por supuesto a quienes les gusta la cocina italiana. Cada uno de los diez capítulos narra la historia de un mafioso y que platillos se sirvieron en el evento que se narra. Algunas de las recetas son muy buenas, se antoja hacerlas.

Algo para recordar

Menú número 5
Comida en Mazzarino entre el padre Carmelo, superior del convento franciscano, y Angelo Cannada, latifundista del término municipal.

Setas Sanmaurini
Macarrones a los brécoles
Porcheta rellena
Hinojos fritos
Quesos de cabra de la Conca d’Oro
Cremolino
Pulseras de la abuela

Vinos: Frascati

En Casa de Angelo Cannada, el rico latifundista de Mazzarino, no era costumbre ir a buscar a otros lugares los productos que tenían en su propia granja. Los días de fiesta se mataba el cerdo, se organizaba un gran mercado en el huerto de la propiedad y se sacaban las excelentes botellas de la cava familiar. Para variar un poco, bastaba preparar las hortalizas recién recogidas siguiendo alguna de las recetas transmitidas de madres a hijas. El ama de casa no carecía de recursos; cocinaba con idéntico celo tanto el tocino mezclado con tomates, albahaca y ricota que acompaña los fideos a la Rusticana, como los rigatoni a las coliflores o los fettucini a los calabacines fritos. Pero lo que más le gustaba al superior del convento eran los insustituibles macarrones a los brécoles, esas pequeñas coliflores con las puntas verdes que son como el abanderado de Sicilia. Para honrar a su huésped, Angelo Cannada cambiaba incluso sus costumbres de viejo siciliano, añadiendo a la comida los aperitivos y el queso.

En la región de los castaños se encuentran grandes setas carnosas y de gran sabor que los sicilianos como los Cannada cocinan cada uno a su manera. Por lo general, se preparan al horno con aceite, ajo, pimienta, sal y queso fresco de cabra rallado. En esta receta, se hacen simplemente a la brasa y se sirven como aperitivo con una salsa bien batida compuesta de aceite, limón, sal y pimienta.

Macarrones a los brécoles

Ingredientes para seis personas:

700 g de macarrones
700 g de brécoles
900 g de tomates bien maduros
2 cebollas
2 dientes de ajo
80 g de uvas pasas
80 g de piñones
12 filetes de anchoas
150 g de pecorino rallado
8 hojas de albahaca
20 cl de leche
Aceite de oliva
Sal y pimienta

Se rehoga la cebolla en aceite de oliva. Se añaden los tomates pelados y sin semillas, se sazona con sal y pimienta, se cubre la cacerola y se deja cocer a fuego lento durante treinta minutos

Se sumergen los brécoles bien lavados en agua hirviendo con sal. Se cuecen durante un cuarto de hora y se escurren. Se cuecen los macarrones de la misma manera hasta que estén “al dente”, es decir, tiernos y al mismo tiempo firmes.

En una sartén se dora el ajo en el aceite de oliva y se añaden los filetes de anchoa, que previamente se habrán desalado en leche. Se vierte todo esto en la salsa de tomate junto con los brécoles, los piñones y las uvas pasas, que antes se habrán metido en agua tibia para que se hinchen, y se deja cocer todo durante 5 minutos removiendo suavemente de vez en cuando.

Cuando los macarrones estén a punto, se escurren y se ponen en una fuente. Se cubren con la salsa y se espolvorean con albahaca rallada y queso pecorino también rallado. Se mezcla todo antes de servir.

 

De los Autores – Jacques Kermoal y Martine Bartolomei

Jacques Kermoal nacido en Saint-Malo, Francia, en 1924, es un prestigioso periodista que ha colaborado en las revistas Paris-Match, Combat, L’Europeo, Der Spiegel, L’Avanti, y ha sido durante muchos años jefe de redacción del semanario italiano Le Ore. A él le ha correspondido gran parte de la investigación histórica mientras Martine Bartolomei, periodista colaboradora de Méridional, Figaro, Magazine y Elle, se ha ocupado del aspecto más estr…

Martine Bartolomei, periodista colaboradora de Méridional, Figaro Magazine y Elle, se ha ocupado del aspecto más estrictamente gastronómico de La mafia se sienta a la mesa.

Macario

M A C A R I O

Autor: Bruno Traven
Editorial: Selector
Páginas: 80
Precio:

$ 119.25 Amazon
$ 140 Gandhi 

ISBN: 978-607-453-559-4

 

Sinopsis:

Macario es la singular aventura o desventura de un hombre humilde, hambriento, que al dar satisfacción al mayor deseo de su vida -comerse en soledad un pavo entero- recibe poderes sobre la vida y la muerte. A partir de ese momento, Macario vive experiencias extraordinarias y la visita de tres personajes poderosos.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque el mayor anhelo del protagonista, Macario, era comerse el solito un guajolote. Aunque el tema no es propiamente la comida, sino el hambre, siempre el hambre, la miseria, la sencillez y la fe. Este libro tenía que estar en El Lugar de Beatriz.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Me llevé al menos tres sorpresas con esta historia

1. El autor es de origen alemán, y sin embargo logra capturar con fidedigna transparencia la idiosincrasia mexicana.

2. El libro es cortito, menos de 100 hojas, narrado de una forma sencilla y campechana, habla de la muerte como algo casual y tiene la habilidad de sorprenderte con ese final, tan abierto a infinidad de posibilidades.

3. En 1959 el director mexicano Roberto Gavaldón la lleva al cine, protagonizada por Ignacio López Tarso; Macario fue la primera película mexicana nominada para el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera,

Desde la primera hoja me dio tristeza la realidad que vivían (y viven) miles de indígenas en México, cargada de resignación, esperanza y hambre, mucha hambre.

Algo para recordar

Macario era leñador en aquel pueblecito. Padre de once hijos andrajosos y hambrientos, no deseaba riquezas, ni cambiar por una casa bien construida el jacal que habitaba con su familia. Tenía eso sí, desde hacía veinte años, una sola ilusión. Y esta gran ilusión era la de poder comer a solas, gozando de la paz en las profundidades del bosque y sin ser visto por sus hambrientos hijos, un pavo asado entero.

Nunca logró llenar su estómago hasta satisfacerse. Por el contrario, siempre se sentía próximo a morir de hambre, pese a lo cual, todos los días del año, sin descontar los domingos y días festivos, tenía que dejar su hogar antes de que amaneciera para ir al bosque, dl que regresaba al anochecer con una carga de leña en la espalda. Aquella carga, que representaba todo un día de trabajo, la vendía por dos reales…y a veces por menos.

Sólo durante el tiempo de aguas, cuando prácticamente no tenía competencia y, mejor aún, en los días señalados, como, por ejemplo, el día de los Fieles Difuntos, en que la demanda era mayor por parte de los fabricantes de velas y de los panaderos, que horneaban toda clase de panes de muerto y calaveras de azúcar, llegaba a conseguir que le dieran hasta tres reales por su carga de leña.
Tres reales constituían una fortuna para su esposa, conocida en el pueblo como Mujer de los Ojos Tristes. Ella, de modo más marcado que su marido, producía la impresión de que se iba a desvanecer de hambre.

Cuando Macario llegaba a su hogar, al anochecer tiraba la carga, con un suspiro revelador de su agotamiento. Tambaleándose, tropezando, llegaba hasta el interior de la choza y sin hacer ruido se dejaba caer sobre una sillita primitiva que uno de los niños acercaba rápidamente a la mesa, igualmente tosca, sobre la que Macario extendía ambos brazos exclamando:

─ ¡Ay, mujer, qué cansado estoy y cuánta hambre tengo! ¿Qué hay de comer?

Su mujer contestaba:

─ Frijoles negros, chile verde, tortillas, sal y té de limón.

La cena era siempre la misma, sin variación alguna.

El conocía la respuesta de su mujer desde mucho antes de llegar a su casa y hacia la pregunta simplemente por decir algo y para que sus hijos no lo consideraran como una simple bestia de carga. Cuando aparecía la comida, servida en jarros y cazuelas de barro, él ya se había quedado profundamente dormido, por lo que su mujer tenía que despertarlo diciéndole:

─ Macario, la comida está en la mesa.

─ Demos gracias a Dios por las mercedes que nos dispensa a nosotros, pobres pecadores ─ musitaba él, e inmediatamente empezaba a comer.

No había tomado los primeros bocados cuando se percataba de que todos sus hijos lo vigilaban con la esperanza de que no comiera mucho y dejara algo para que ellos pudieran repetir, ya que siempre su ración era insuficiente.

Entonces dejaba de comer y se concretaba a beber el té de limón. En cuanto vaciaba el jarro, murmuraba con voz plañidera:

─ Oh, Señor, si por lo menos una vez en mi pobre vida pudiera comerme entero un guajolote asado, moriría feliz y descansaría en paz hasta el día del Juicio Final.

A menudo no decía tanto y se conformaba con murmurar:

─¡Oh, Señor, concédeme, aunque sea una sola vez, todo un pavo para mí solo!

Tantas veces habían escuchado sus hijos aquel lamento que ya no le prestaban atención, considerándolo como una forma de dar gracias después de la cena. Sabían que las mismas posibilidades de que su padre gozara de un pavo asado eran las que existían de que poseyera mil pesos oro, aun cuando hubiera rogado toda su vida por ellos.

Su mujer, la compañera más fiel y abnegada que hombre alguno pudiera desear, sabía que su esposo no comía tranquilo ni lo suficiente mientras sus hijos lo vigilaran con ojos hambrientos, deseando hasta el último de sus frijoles. Esto la apesadumbraba, pues tenía buenas razones para considerarlo un buen marido, con cualidades que ni siquiera podía soñar que encontraría en otro.

Macario nunca le pegaba a su mujer. Trabajaba tanto como a un hombre le es posible hacerlo, y solamente los sábados en la noche solía reservarse dos centavos para beberse un traguito de mezcal que ella misma compraba en la tienda, porque sabía que obtendría el doble de la cantidad que a él le darían por el mismo precio en la cantina del pueblo.
Percatándose del excelente esposo que tenía, de lo mucho que trabajaba para mantener a su familia y de lo mucho que amaba a sus hijos, la mujer empezó a ahorrar hasta el último centavo de los pocos que ganaba lavando ropa y desempeñando trabajos pesados para otras mujeres del pueblo, que gozaban de mayores posibilidades que ella.

Después de ahorrar sus centavitos durante tres largos años, que le parecieron una eternidad, pudo hacerse del pavo más gordo que encontró en la plaza. Reventando de gozo y satisfacción lo llevó a su cada cuando los niños estaban ausentes y lo escondió de forma tal que nadie pudiera descubrirlo. No dijo ni una sola palabra cuando llegó su marido rendido, agotado, hambriento y, como siempre, rogando al cielo por su pavo asado.

Aquella noche hizo que los niños se acostaran temprano. No temía que su marido se diera cuenta de lo que ella preparaba, porque el hombre se quedaría, como siempre, profundamente dormido en la mesa, de donde se levantaría como sonámbulo para dejarse caer, privado de sentido, sobre el catre.

Si en alguna ocasión una cocinera preparó un pavo para una buena comida poniendo en ello todo su amor, toda su habilidad, así como todos sus buenos deseos, fue en aquélla. La mujer trabajó con devoción durante toda la noche a fin de que el pavo estuviera listo antes del amanecer.

Macario se levantó para comenzar su trabajo diario y se sentó a la mesa para tomar su pobre desayuno. Nunca se ocupaba de dar los buenos días, ni tenía la costumbre de que su mujer se los diera. Si algo faltaba en la mesa o si no hallaba el machete y las cuerdas que necesitaba para su trabajo, murmuraba alguna palabra sin abrir apenas la boca. Como sus exigencias eran escasas, a pesar de que se expresaba con palabras muy limitadas, las absolutamente necesarias, su mujer lo comprendía perfectamente sin incurrir jamás ni en lampas leve equivocación.

─ Hoy es tu santo, esposo querido. Felicidades. Toma, aquí tienes el pavo asado que durante tantos años has deseado y por el que tanto has rogado. Llévatelo a lo más profundo del bosque para que nadie te moleste y puedas comértelo solo. Ahora date prisa antes de que los niños lo vayan a oler y se enteren de que lo tienes, porque entonces no podrías dejar de compartirlo con ellos. Anda, corre.

Él la miró largamente con sus ojos cansados.

“Por favor” y “gracias” eran términos que jamás empleaba. En cuanto a la idea de ceder un pedacito del pavo a su mujer, no tuvo cabida en su cerebro, porque su mente, acostumbraba a albergar no más de un pensamiento cada vez, estaba ocupada en aquel momento en el que su esposa le había sugerido de correr con su pavo antes de que los niños lo descubrieran.

 

Del Autor – Bruno Traven

Nacido el 23 de febrero de 1882 en Schwiebus/Brandenburgo Oriental en Alemania, Bruno Traven fue marinero, actor, editor de revistas y político anarquista antes de verse forzado a huir de su país después de la Primera guerra Mundial. Llega a México en 1924. Llega a Tampico y escribe El Barco de la muerte, un libro semiautobiográfico que se vuelve un Best-Seller en Alemania. Viaja a Chiapas y tiene mayor contacto con la forma de vida y las tradiciones de los indígenas. Entonces une su visión política con la realidad de la región y escribe novelas como Macario, La carreta y La Rebelión de los Colgados.

Muere en ciudad de México el 26 de marzo de 1969. Su última voluntad es que sus cenizas fueran esparcidas en el Río Jataté, en Chiapas.

La Improbabilidad del Amor

La Improbabilidad del Amor

Autoras: Hannah Rothschild
Editorial: Suma
Páginas: 598
Precio:

$ 299 Amazon,   $399 Gandhi, Péndulo, Porrúa

ISBN: 978-607-315-059-0

 

Sinopsis:

Una novela deslumbrante sobre el amor, un famoso cuadro desaparecido y un oscuro secreto del pasado. Finalista del Baileys Women’s Prize

Annie McDee busca en una destartalada tienda de segunda mano de Londres un regalo para su nuevo, aunque poco recomendable, amante. Escondida entre trastos apolillados, una pintura llama su atención y, tras invertir sus escasos ahorros en el regalo, Annie prepara también una deliciosa cena… aunque él nunca aparece.

Ahora tiene en casa un cuadro que empieza a acumular polvo. Y que resulta ser La improbabilidad del amor, la gran obra perdida de uno de los pintores franceses más influyentes del siglo XVIII. Este hallazgo fortuito conducirá a Annie al lado más oscuro del mundo del arte, enfrentada a gente que haría cualquier cosa por poseer la pintura.

Para un oligarca ruso exiliado, una avariciosa jequesa, un subastador desesperado, un marchante sin escrúpulos y muchos otros, este cuadro simboliza sus grandes esperanzas y sus peores miedos. En su búsqueda de la verdadera identidad de la obra, Annie desvelará algunos de los más terribles secretos de la historia de Europa. Y descubrirá que es capaz de amar de nuevo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque Annie, la protagonista, es una Chef.  Además me la recomendó el joven que me atiende en Gandhi Polanco (prometo pronto preguntarle su nombre, para mayor referencia).

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Si no le pongo la mayor calificación es porque, al principio se me hizo que había demasiadas historias paralelas, muy largamente tratadas, pero en general me pareció una excelente historia. Incluso te engancha y no lo puedes dejar de leer.

Al buscar la biografía de la autora, entiendo ahora qué está muy bien documentada sobre el tema, es su mundo: muestra el glamour de los multimillonarios y del arte. Trata del amor-desamor, del arte, de los nazis, de frustraciones y traición.

Annie, una chef autodidacta, recién separada de su pareja, tratando de rehacer su vida comienza una relación con un sujeto a quién decide hacerle un regalo, visita una tienda de antigüedades y le compra un cuadro (por cierto, él la deja plantada y jamás regresará). El cuadro le cambia la vida.

Al mismo tiempo, entra a trabajar como chef suplente con una rica mujer y su padre, quienes tienen una galería de arte, donde se dedican a adquirir y vender cuadros.

Alrededor de estas dos historias se desarrolla la trama, siempre entrelazadas a un cuadro.

Narrada en tercera persona, a veces tiene voz la protagonista, o el marchante, la millonaria, o el ruso; vaya, hasta el antiguo cuadro nos narra como ha sido su deambular por el mundo.

 

¿Quién debería de leer La Improbabilidad del Amor?

Por supuesto, a quienes les gustan las historias de Amor, la historia del Arte (muy muy muy interesante) y por supuesto a quienes les gusta leer sobre temas Gourmet, con un enfoque novedoso: hacer una comida temática sobre un cuadro.

 

Algo para recordar

El nuevo dominio de Annie era una cocina rectangular y alargada contigua al comedor de las <recepciones>. Al abrir los armarios, encontró material de cocina de todo tipo, protegido aún, en su mayoría, por el embalaje original. Pensó en su posesión más valiosa y preciada, sus cuchillos japoneses de cocina. Los cinco juegos que descubrió en la cocina de los Winkleman eran de una calidad que jamás se podría permitir.

Le pidieron que firmara un contrato de confidencialidad, le dieron una contraseña que se activaba mediante el iris y le entregaron una lista de menús. Para su consternación, Annie comprendió enseguida que la rutina no variaba nunca. Comidas y cenas giraban en torno a pescado y verduras, hervidos o al vapor. Las únicas hierbas aromáticas aceptadas eran el eneldo y el perejil; el ajo, el cilantro y el chile estaban prohibidos bajo cualquier circunstancia; la sal y la pimienta solo con moderación. Había que hacer las tortillas sin yemas y todas las comidas tenían que acabar con una manzana al horno. Los ingredientes debían ser orgánicos y, en la medida de lo posible, de proximidad. Para Annie, preparar tajadas de cosas blancas era como una tortura. Para ella, la comida era color, olor y presentación tanto como sabor: la experiencia de comer debía iniciarse en los ojos y la nariz y luego explotar en la imaginación. Masticar y paladear eran el clímax de una experiencia sensual.

Las noches que Memling o Rebecca cenaban en sus respectivas casas, Annie tenía que entregar la comida a los criados filipinos, que la depositaban luego en un montaplatos donde mantenía a la temperatura adecuada. Bajo ninguna circunstancia podía dirigirse a Memling Winkleman, tenía que apartar la vista si se lo cruzaba por los pasillos y hablar con Rebecca solo cuando ella le hablara. Las comidas mas interesantes que prepararía serían para el husky blanco de Memling, Tiziano, que alternaba entre conejo, buey y pollo mezclados con huevos crudos y verduras finamente cortadas.

Al tercer día, Annie empezó a redactar su carta de dimisión, aunque ello implicara volver a vivir en la miseria. Le daba igual que el pescado fuera de una calidad incomparable, se sirviera en porcelana de Sévres y fuera acompañado del mejor vino francés; su sueño era cocinar, no pasarse la vida pegada a la olla a vapor. Parte de la felicidad que comportaba cocinar una comida deliciosa consistía en ver la expresión que despertaba en la cara de la gente; en aquel puesto, se limitaba a depositar los platos en una especie de armario caliente. Estaba segura de que el achaque de su predecesor era resultado de la monotonía. A última hora del miércoles, Rebecca la mandó a llamar. Antes de ir, Annie guardó la carta de dimisión en el bolsillo del delantal blanco almidonado. Pero antes de que le diera tiempo a entregársela, Rebeca le dio órdenes para preparar una cena para veinte comensales la semana siguiente que se celebraría en honor a una importante clienta, Melanie Appledore. El objetivo de la velada era presentar a la coleccionista una obra de Caravaggio que llevaba por título Judith decapitando a Holofernes, una versión o boceto reciente descubierto del famoso cuadro expuesto en el Palazzo Barberini de Roma. Annie podía quebrantar por una vez el régimen a base de pescado, siempre y cuando se abstuviera de utilizar ajo y chile. El menú tenía que consistir en tres platos y el primero se serviría a las ocho en punto. La asistente personal de Rebecca le haría llegar una lista de preferencias individuales y alergias. Cuando salió del despacho, Annie cayó en la cuenta de que, una vez más, la reunión había durado exactamente cuatro minutos.

Sin poder acceder a los archivos de monsieur George, Annie no tenía ni idea de qué se esperaba de la <cena Caravaggio>. Jesu, el mayordomo jefe, y su esposa, Primrose, le explicaron que las cenas solían comenzar con una sopa y que el plato principal era siempre pescado. La última cena importante que Annie había preparado había sido en Devon, una fiesta sorpresa de cumpleaños para Desmond y cincuenta amigos. Él quería mojitos, hamburguesas y malvaviscos asados ─<nada de chorradas de esas elegantes>─, pero Annie había confiado en que el banquete acabara convenciéndolo. Era finales de verano y cumplía cuarenta y Annie, combinando el tema del festival de la cosecha con los años dorados de la vida, había decidido decorar el techo del granero de un amigo con mazorcas de maíz, dalias y crisantemos para crear un jardín colgante interior. Había amenizado las mesas de caballete con calabazas, manzanas y figuritas hechas con materiales naturales, y sentado a los invitados, a los que había pedido que vistieran en tonos rojos o dorados, sobre balas de paja. Había preparado cantidades industriales de sopa de calabaza y se había pasado el día entero a la sombra de un manzano asando un cerdo; como remate había cocinado un crumble de moras y manzanas cubierto con la nata casera típica de Devonshire. Había confeccionado una corona de cebada para que la luciera Desmond, pero él, al verla, la había echado a la barbacoa y había estado a punto de malbaratar la velada con su mal humor.

Con poco dinero para regalos, Annie siempre se ofrecía para encargarse de la cocina en las fiestas de sus amistades o de sus hijos. Muchos bromeaban y le decían que habían tenido más hijos o se habían casado por el simple hecho de poder disfrutar de sus banquetes. Sus fiestas eran legendarias: torres de gelatina de colores vibrantes, perros y ovejas de tamaño natural hechos de pastel y cubiertos con pelaje de aspecto completamente real y colas confeccionadas con glaseado y mazapán. Para un amigo, un profesor de antropología que había pasado medio año en un pueblo perdido de Camboya, Annie había recreado una fiesta tribal. Para otra amiga, Pernilla, nacida en una pequeña ciudad al norte de Estocolmo, había preparado una cena tradicional sueca con sopa negra hecha de sangre de ganso, pato oreado y pastel de frutos rojos. A pesar de que no había quedado ni una migaja de nada, Desmond había dicho que era la cena más asquerosa e incomible a la que había tenido la desgracia de asistir; no era de extrañar que Pernilla hubiera huido por piernas de su país natal.

Annie decidió examinar el cuadro, que estaba ya expuesto en el vestíbulo principal de la galería. Era una imagen poco apetecible: un hombre con la garganta cortada, la sangre derramándose sobre una tela blanca, la vida apagándose latido a latido; la autora, una bella mujer de cabello negro, miraba al espectador con expresión triunfante y sujetaba en la mano un cuchillo ensangrentado; observaba la escena una vieja fea y arrugada. Annie manoseó la carta de dimisión y decidió que no tenía nada que perder si preparaba un fantástico banquete: como mínimo, la despedirían por algo de lo que se sentiría orgullosa.

 

De la Autora – Hannah Rothschild

Hannah Rothschild es escritora y directora de cine. Sus documentales se han emitido en las cadenas BBC y HBO y en festivales cinematográficos internacionales. Escribe guiones para Ridley Scott, entre otros, y artículos para Vanity Fair, The New York Times, Harper’s Bazaar, Vogue y otras revistas. Su primer libro, The Baroness, se publicó en 2012 y se ha traducido a seis idiomas. En agosto de 2015 asumió la presidencia del patronato de la National Gallery. Pertenece también a los patronatos de diversas fundaciones y museos, como la Tate Gallery, y es una de las vicepresidentas del Hay Festival. Vive en Londres.

 

Es autora de las novelas

1. Pannonica
2. La improbabilidad del amor

 

Antolín y el taquito de sal

Antolín y el taquito de sal

Autoras: Rebeca Orozco
Editorial: Planeta Junior
Páginas: 166
Precio:

$ 168 Amazon, $ 168 Gandhi, $ 168 El Sótano, $ 168 Porrua

ISBN: 978-607-07-5057-1

 

Sinopsis:

Antolín, un adolescente humilde y entusiasta, tiene un sueño: quiere ser chef. Para ello, y sin planearlo, emprenderá un increíble viaje culinario por todo México.

Antolín tiene catorce años, sueña con viajar y ama la cocina mexicana. Un día como cualquier otro, encuentra un sorprendente anuncio en una de las principales avenidas de San Luis Potosí: SE SOLICITA CHEF
¡Esa era la oportunidad que Antolín estaba buscando! Pero ¿cómo podría hacerla realidad? Recorrería el país para aprender las mejores recetas de México y para eso necesitaría valentía, mucha creatividad… y un cómplice: ¡Su hermano Blas!
Ambos emprenden una inolvidable aventura que los lleva a saborear las delicias gastronómicas de Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco, Michoacán, Yucatán y los estados más emblemáticos de México. En su camino encontrarán recetas para chuparse los dedos, tradiciones inolvidables y habitantes orgullosos de los colores y de los sabores que alegran los corazones de los mexicanos.

Este es un maravilloso viaje, que además cuenta con atractivas ilustraciones, por nuestra comida más tradicional y que dejará sorprendidos a niños y adultos.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

En México (país) se acostumbra que en las Tortillerías además de la báscula para despachar, siempre tienen un salero. Entonces, tu llegas a comprar tu kilo de tortillas, y antes de que te las envuelvan para llevar, te ofrecen que agarres una, le pongas sal y hagas un taquito.

Taquito de sal
Suena a casa, a conocido.
El niño que quería ser chef. Me gustó el tema.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó (sin el “pudo ser mejor”: La trama es sobre dos hermanos que atraviesan la República Mexicana en busca de recetas porque Antolín quiere ganar el concurso para ser el chef en una importante hacienda del estado de San Luis Potosí.
Además de que van recopilando recetas, también describen experiencias y tradiciones.
Por supuesto se trata de un libro juvenil, excelente para comenzar con un club de lectura en escuelas, porque es ilustrativo de nuestras tradiciones y de valores. Además de que es cortito. Tiene 166 páginas, pero al menos 30 son de imágenes, viene ilustrado.
Ahhhh y vía web puedes conseguir las recetas que fueron recopilando los hermanos. Los tamales de ejote se me antojaron

 

Algo para recordar

Capítulo 11

La despedida fue triste, pero Antolín y Blas debían continuar su camino: la siguiente parada era Oaxaca y ya tenían dos lugares en un carruaje. Los hermanos se habían encariñado con sus compañeros de trabajo y extrañarían el arrojo del Pelón y la humildad de Ponciano.

Se despidieron entre abrazos y prometieron escribirse. Antolín pensó entonces que, además de recetas, su largo recorrido le había regalado la posibilidad de atesorar encuentros afortunados. ¿Cómo olvidar a don Rutilio y su habilidad para escuchar los sonidos de la tierra? ¿A doña Arcadia y su memoria perdida? ¿Al músico que tocaba el flautín y sus pirekuas? ¿Al científico que buscaba madrigueras? ¿A doña Faustina y su musgo luminoso?

Luego de desayunar, caminaron sin rumbo por las calles de Oaxaca toda la mañana, a la deriva, sin saber qué hacer, qué buscar. Antolín estaba triste y agotado. Extrañaba su casa, los consejos de su madre, las gallinas que corrían de un lado al otro del patio. Hubiera querido escuchar a su padre hablando sobre las virtudes del agua, de las acequias, de las garrafas que llevaba por la ciudad de San Luis Potosí. Se le estaba acabando la fuerza para continuar. Había recorrido muchos kilómetros y conocido a muchas personas, y todavía faltaba un largo trecho para llegar a Mérida. ¡Cómo extrañaba su cama y el pedazo de cielo que se veía desde su ventana!

Blas también estaba pensativo. Poseía sueños y deseos propios, ¿por qué seguir a su hermano?

De pronto chocaron con un diablo de cartón, de tres metros de alto.
─ No quería hacerles daño, muchachos. Perdón, perdón, perdón…Lo que pasa es que tengo que llegar a la mojiganga y ya voy retrasadísimo.
─ ¿Mojiganga? ─ preguntó Blas.
─ Que chistosa palabra. ¿Qué quiere decir? ─añadió Antolín.
─ Desfile, baile, canto, alegría… ¿Por qué no vienen conmigo? Se divertirán de lo lindo.
─ ¡Vamos! ─gritó Blas, exultante, imaginando que aquel diablo les enseñaría a hacer maldades.
─ ¡Bravooo! ¡Síganme! ─ gritó el gigante, antes de correr con su cuerpo rígido y torpe hacia las calles del centro.

Sobre una carreta adornada con flores y papel de china, una pequeña orquesta encabezaba una procesión en honor a la Virgen de la Soledad. La seguían ejecutantes de danza regional y un grupo de muñecos, de tres metros de alto, que bailaban al son de la música girando sobre si mismos y moviendo sus largos brazos de tela. Los hombres estaban vestidos con trajes de manta, paliacates y sobreros inmensos.

Las mujeres llevaban faldas y encajes de colores vivos, blusas con tira bordada, collares tintineantes y cabello de estambre trenzado con listones.

Los muchachos se unieron al río festivo: alzaban los brazos, giraban sobre si mismos y seguían el ritmo de los tambores de la orquesta. Antolín pensó que era divertido estar en aquel mundo de gigantes. De vez en cuando, el diablo asustaba a los niños o se inclinaba para abrazar y besar, con su boca de pintura y pegamento, a las señoritas incautas.

Sobre la oscuridad del cielo, los fuegos artificiales trazaron flores, cascadas, caracoles y rehiletes. Observando aquella lluvia de luz. Antolín se estremeció. La visión era de incalculable belleza.

Al terminar la fiesta, el gigante se quitó el disfraz y, para sorpresa de los hermanos, apareció un sujeto bonachón, aunque de ojos tristes, vestido de seminarista.
─ Me escapé del seminario para participar en la mojiganga ─confesó─. No sirvo para rezar ni para el encierro. Hace dos años que, en contra de mi voluntad, mis padres me mandaron a esa casa de formación, pues decidieron que tenía que llegar a ser un cura devoto y ejemplar.
─ Y tú, en cambio, quieres ser diablo, ¿o no? ─preguntó Blas.
─ No ─dijo riendo─. Deseo dedicarme al teatro. De niño vi actuar a un grupo en la plaza y me encantó. Por desgracia, mis padres dicen que estar en un escenario es casi lo mismo que ser demonio.
─ Si lo deseas con toda tu alma, dedícate a eso ─aconsejó Antolín─. Mira, yo, por ejemplo, seré cocinero… ¡y nadie en esta vida me lo va a impedir!
─ ¿Y tú? ¿qué quieres ser? ─preguntó el seminarista.
─ Aeronauta ─respondió Blas.
─ Pues eso es más difícil que trabajar de actor.
─ Voy a construir mi propio globo aerostático y a volar lejos, adonde el viento me lleve…
─ ¿Sin rumbo fijo? No creo que les guste a tus padres…
─ No saben. Cuando se loS cuente quizá me entiendan…, o a lo mejor no.
─ ¿Y tú? ─preguntó Antolín─. ¿Les has dicho a tus papás que vas a ser cocinero?
─ Claro, me dieron su bendición para viajar y juntar recetas.
─ Exageras ─replicó Blas─, nos dejaron salir de San Luis muy a su pesar.
─ Entonces son viajeros. Con razón traen cargando sus hatillos. Pero… ¿no están muy chicos para andar solos?
─ Claro que no. Ya tenemos catorce y trece años…, aunque, claro, el viaje no ha sido fácil.
─ Lo más terrible es cuando tenemos el estómago tan vacío como un pozo seco ─añadió Blas.
─ Pues vamos a comer un molito ─ propuso el seminarista que se disfrazaba─. ¿Se les antoja? ¡Yo los invito!

Se acercaron a un puesto donde una cocinera custodiaba varias ollas.

─ Tengo mole hecho con chilhuacle color amarillo naranja. ¿Quieren probarlo? ─dijo al tiempo que les ofrecía un pedazo de tortilla remojada en el guisado.
─ Mmm, riquísimo, ¿Qué otros ingredientes tiene? ─quiso saber Antolín.
─ Uy, chamaco, ¡cantidad de cosas!: cebolla, pimientas gordas, clavos, cominos, orégano oaxaqueño, tomates verdes, manteca, hierba santa y masa de tortilla para espesar.
─ ¿Podemos probar otro? ─pidió Blas.
─Tengo mole de iguana, mole negro, rojo ixtepequeño, coloradito, molito de camarón, de garbanzo…
─ Deme del coloradito ─dijo Blas.
─ A mi de iguana ─pidió el seminarista.
─ También tengo el famoso chichilo. Mucha gente lo pide.
─ ¿Con que se hace? Preguntó Antolín.
─ Con chile chilhuacle negro, chiles mulatos y guajillos, jitomate, miltomates, hierba de conejo, pimienta. ─La mujer hizo una pausa para tomar aire y prosiguió─: Canela, clavo, comino, hoja de aguacate tostada y masa de maíz para espesar.
─ Deme un plato de ese. Se ve riquísimo. Oiga, ¿a qué sabe el chilhuacle?
─ Es seco y picante. La palabra quiere decir “chile viejo”. Es de color negro y tiene sabor a ciruela pasa, según unos; y a chocolate amargo, según otros.

Tan deliciosos fueron los primeros platos de mole que pidieron una segunda vuelta.

Cuando Antolín rogó que le dieran alguna receta, la cocinera dijo que no era que pensara mal de un muchacho como él, pero hacia varios años una señora que le había pedido las recetas de sus moles puso un puesto frente a ella y le robó la clientela.

─ ¡Que aprovechada! ¡No me diga que sigue vendiendo frente a usted! ─exclamó el chico.
─ Ya no, desde el día en que vacié, a escondidas, un chorro de salsa de chile savina rojo en cada una de sus ollas. A partir de entonces, ¡nadie le compró nada de nada! ¡El savina rojo pica el doble que un chile habanero y seguramente les quemó la lengua a los clientes!
─ La venganza es dulce ─dijo Antolín
─ Más bien picosa ─opinó Blas.
Las risas no se hicieron esperar.

Antolín insistió a la vendedora tres veces más que le diera una receta, pero fue imposible. Argumentó que debían quedarse dentro de su pensamiento y no salir nunca.

De pronto, los muchachos se dieron cuenta que no tenían dónde pasar la noche y le pidieron consejo al seminarista, quien, amablemente, les ofreció quedarse en un cuarto de huéspedes que había en casa de sus padres.

La mañana siguiente, la madre del seminarista los acompañó a una oficina de telégrafos para que pudieran redactar un texto que viajaría por el aire hasta la casa paterna:

Amados padres: vale la pena viaje. Tengo recetas pico gallo, tamales ejote, nieve sorbete. Aventuras emocionantes. Conocimos diablo y científico. Seguimos hacia Mérida.

Extrañámoslos. Esperamos encontrar carta casa tía Prodigio.

Agradecieron a la señora sus atenciones. Luego, se alejaron contentos de haber presenciado una mojiganga y de haber conocido a un diablo de buen corazón.

De la Autora – Rebeca Orozco

Rebeca Orozco

Nació en Ensenada, Baja California, el 26 de agosto de 1956. Narradora. Estudió Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México. Ha escrito guiones para radio y televisión, así como la obra teatral Zaidé, que ganó el Premio Julio Bracho a lo Mejor de Teatro de Búsqueda en 1987. Premio Antonio García Cubas otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 2006 por Detrás de la máscara. Máscaras de México. Colaboró en las antologías Historias para sentir e Historias para habitar, publicadas por Ediciones SM en 2004

Es autora de las novelas

1. Tres golpes de tacón (2009)
2. Amor de mis amores (2011)
3. La batalla del 5 de mayo: ayer y hoy,
4. Doña Josefa y sus conspiraciones,
5. Lo que va y lo que viene: la Nao de China,
6. El chamaco Covarrubias,
7. Las piezas del rompecabezas,
8. La cajita de Olinalá,
9. El galeón de Filemón
10. Colección Animales de México, así como los
11. cuentos Azul rey, azul reina,
12. Blanca Luna,
13. Gafas en reparación y
14. El diablito de Benjamín.

La Sociedad Literaria y del Pastel de Cáscara de Papa de Guernsey

Autoras: Mary Ann Shaffer y Annie Barrows
Editorial: RBA
Páginas: 303
Precio:  $ 390 Amazon,  $ 210 Gandhi,  $ 390 El Sótano,   $ 390 Porrua,

ISBN: 978-84-9867-469-9

 

Sinopsis:

En un Londres devastado por las bombas y que empieza a recuperarse de las terribles heridas de la Segunda Guerra Mundial, Juliet Ashton, una joven escritora en busca de inspiración novelesca, recibe la carta de un desconocido llamado Dawsey Adams. El hombre, que vive en la isla de Guernsey, un pequeño enclave en el canal de la Mancha, está leyendo un libro de Charles Lamb que había pertenecido con anterioridad a Juliet. ¿Cómo ha llegado ese ejemplar hasta Guernsey? ¿Por qué Dawsey decide ponerse en contacto con Juliet?

Dawsey es miembro del club de lectura La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guernsey, creado en circunstancias difíciles durante la contienda, una rareza en tiempos de la ocupación alemana. Cuando Juliet acepta la invitación de estos excéntricos lectores para visitar Guernsey, entiende que ellos y su increíble sociedad literaria serán los personajes de su nueva novela, y su vida dará un vuelco para siempre.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por el puro título (Pastel de Cáscara de Papa) ya tenía un lugar en mi blog. Y a eso añadan que es un regalo de mi amiga y profesora, Patricia López (muy agradecida por el obsequio). Y si lo confieso, se me antojó el Pastel de Cáscara de Papa. Oh desilusión cuando me percaté que ni en el libro ni en la película valía la pena obtener la receta (jajajjjjja),

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno: La historia se desarrolla en el Canal de la Mancha, específicamente en la isla Guernsey cuando recién acaba la Segunda Guerra Mundial.

La protagonista, Juliet Ashton, escritora inglesa con cierto prestigio, reconocida por ensayos escritos durante la Guerra, anda en busca de una nueva historia, cuando cae en sus manos la carta de un miembro de la Sociedad Literaria y del Pastel de Cáscara de papa (SLPCP).

Todo el libro es un intercambio de cartas.

Y así, en ese intercambio entre la escritora y los miembros de SLPCP nos vamos enterando de las vidas y obras de los protagonistas, hasta que finalmente Juliet los visita y se vuelve parte de este grupo. En la película, se invita sola, y estando en la isla se hace parte de este grupo.

Como quiera que sea, conocer las historias de como estas personas viven la ocupación nazi, es conmovedor.

Vale mucho la pena leer el libro y complementarlo viendo la película. Me encantó ponerle rostro al libro. Y otra cosa que no puedo dejar de mencionar es que, es un libro que habla de libros y que te motiva a investigar sobre los escritores a los que se refiere. En fin, me gustó mucho.

 

Algo para recordar

Les dejo la 1era carta, con la que la SLPCP se pone en contacto por primera vez con la escritora Juliet Ashton

12 de enero de 1946
Señorita Juliet Ashton
81 Oakley Street
Chelsea
Londres SW3

Estimada señorita Ashton:

Me llamo Dawsey Adams y vivo en una granja en la parroquia de St. Martin’s Parish en Guernsey. La conozco porque tengo un viejo libro que una vez le perteneció, Ensayos escogidos de Elia, de un autor que en la vida real se llamaba Charles Lamb. Encontré su nombre y dirección escritos en la cubierta interior del libro.

Seré claro: me encanta Charles Lamb. El libro dice Ensayos escogidos, así que supongo que debe de haber escrito otrascosas entre las que escoger. Me gustaría leerlo, pero a pesar de que los alemanes ya se han ido, no ha quedado ni una librería en Guernsey.

Querría pedirle un favor. ¿Puede mandarme el nombre y la dirección de alguna librería de Londres? Me gustaría pedir por correo más libros de Charles Lamb. Tambien querría preguntar si alguien ha escrito alguna vez la historia de su vida, y si lo han hecho, si me pueden mandar un ejemplar. Debido a su brillante y aguda inteligencia, creo que el señor Lamb debe de haber tenido una vida muy triste.

Charles Lamb me hizo reír durante la Ocupación alemana, sobre todo cuando escribió eso del cerdo asado. La Sociedad Literaria y el Pastel de Piel de Patata de Guernsey nació por un cerdo asado que tuvimos que esconder de los soldados alemanes, así que me siento cercano al señor Lamb.

Siento molestarla, pero todavía lo sentiría más si no conociera nada de él, ya que su obra me ha hecho considerarle amigo mío.

Esperando no haberla molestado,

Dawsey Adams.

P.D. Mi amiga la señora Maugery compró un folleto que una vez también le perteneció a usted. Se titula ¿Existió la zarza ardiente? Una defensa de Moisés y los diez mandamientos. Le gustó la nota que usted escribió en el margen, “¿Palabra de Dios o control de masas?”.

¿Al final decidió?

 

De las Autoras

Mary Ann Shaffer

Mary Ann Shaffer es una escritora estadounidense nacida en Martinsburg, Virginia Occidental, en 1934 y fallecida en 2008.

Compaginó su amor por la literatura con su oficio de bibliotecaria,1 dependiente de librerías y editora. Un viaje a la isla de Guernsey, en el Canal de la Mancha, en 1976 la obligó a esperar en un aeropuerto durante horas por causa de la niebla, lo que la permitió leer Jersey Under the Jackboot, un libro de Reginald Maughan sobre la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Esto le sirvió de inspiración para una novela, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, acabado por su sobrina Annie. Mary Ann Shafffer falleció a causa de una enfermedad sin ver publicado este libro 😲👀😩

Annie Barrows

Escrita a cuatro manos. La iniciadora es Mary Ann Shafrer (West Virginia, 1934-2008), y su sobrina Annie Barrow (San Diego 1962) la que finalizó la historia a petición de su tía. Ambas has estado ligadas al mundo de los libros como editoras, bibliotecarias, libreras y, gracias a esta novela, también escritoras. Barrows además, es autora de libros infantiles.

En un viaje en el que Mary Ann quedó atrapada en Guernsey -una de las islas dl canal pertenecientes a Gran Bretaña-fue cuando la autora comenzó a preparar la novela. Una intensa niebla impedía el despegue de cualquier avión por lo que Mary Ann decidió pasar el tiempo indagando libros sobre la historia de la Isla durante la ocupación. Guernsey fue ocupada por las tropas alemandas durante la Segunda Guerra Mundial.

Años más tarde, a propuesta del club de lectura al que pertenecía, Mary Ann decidió escribir una novela sobre Guernsey. Por su debilitada salud encargó a su sobrina finalizar el libro y, así, surgió La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

Canción de Navidad

Canción de Navidad

Autor: Charles Dickens
Editorial: Clásicos Tomo
Páginas: 87
Precio:  $ 120 Amazon , $ 98 Gandhi,  $ 304 El Sótano,  $ 297 Péndulo  y   $ 165 Porrúa 

ISBN: 978-607-415-058-2

 

Sinopsis:

Cuento de Navidad (también conocido como Un Cuento de Navidad o Canción de Navidad) es un relato de fantasmas que ha gozado del favor del público desde el mismo momento de su aparición y es uno de los clásicos del genial Dickens. Este libro narra la inquietante noche que en la víspera de esta festividad pasa Ebenezer Scrooge, un anciano miserable y tacaño que es una de las más acabadas representaciones del avaro en la historia de la literatura y otro de los inolvidables personajes de la amplia galería de Dickens. La visita del espectro de su antiguo socio, Jacob Marley, hace desfilar ante Scrooge la visión de los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras intentando conmover su corazón. Algo va a cambiar. Con este tierno relato, el autor se propuso remover las conciencias de sus lectores y convencerlos de la necesidad de ser bondadosos y de practicar la caridad en un mundo injusto.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque además de lecciones de vida, lecciones familiares, también hay banquetes. La descripción de los manjares del siglo pasado.
La víspera de navidad a Scrooge se le aparece el espectro de su fallecido socio, quien le anuncia la visita de los tres fantasmas de la Navidad: el fantasma de la navidad del pasado, de la navidad del presente y la navidad del futuro. Todo con el propósito de que recapacite en su actuar y corrija sus errores.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno: Esta historia me es por demás conocida. Cientos de veces he visto la película (soy de las personas que cada navidad ve una y otra vez las mismas películas, las amo). Pero esta es la primera vez que me aventuro a leer a Dickens.

Tal y como es el filme, el libro es muy fácil de leer. A pesar de que usa uno que otro término ya en desuso, se entiende muy bien, además de lo cortita de la historia. Dickens es muy ilustrativo de escenas de la época, lo que convierte este texto en una joya. Es tan corto que no hay excusa para no leer en pocos días, y se acomoda muy bien en el itinerario del festejo, porque trae a colación el amor al prójimo, a la familia, a los desamparados y necesitados.

El amargado, tacaño, miserable de Scrooge se va transformando a lo largo del cuento, y acabas volviendo a tener fe en la humanidad.

 

Algo para recordar

Tercera Estrofa. El segundo de los tres Espíritus.

Cuando se despertó en medio de un prodigioso ronquido y se sentó en la cama para aclarar sus ideas, nadie podía haber avisado a Scrooge de que estaba a punto de dar la una. Supo que había recobrado la conciencia justo a tiempo para mantener una entrevista con el segundo mensajero, que se le enviaba por mediación de Jacob Marley. Pero sintió un frío desagradable cuando empezó a preguntarse qué cortina descorrería el nuevo espectro; por eso las recogió todas él mismo, se tumbó de nuevo y dirigió una cortante ojeada en torno a su cama. Quería plantar cara al espíritu cuando apareciera y no deseaba que le cogiera desprevenido porque se pondría nervioso.

Los caballeros del tipo poco ceremonioso, que se jactaban de conocer bien la aguja de marear a cualquier hora del día o de la noche, expresan su amplia capacidad para la aventura diciendo que son buenos para cualquier cosa, desde jugar a “cara o cruz” hasta cometer un asesinato; entre estas dos actividades extremas, que duda cabe, hay toda una amplia gama. Sin atreverme a decir otro tanto de Scrooge, no es equivocado pensar que estaba preparado para recibir una gran variedad de extrañas apariciones y que nada, desde un bebé hasta un rinoceronte, le habría cogido muy de sorpresa.

Ahora bien, al estar preparado para casi todo, en modo alguno estaba preparado para nada. Por consiguiente, cuando la campana dio la una y no apareció ninguna forma, Scrooge fue presa de violentos temblores. Cinco minutos, diez, un cuarto de hora, una hora…y nada. Todo ese tiempo permaneció tendido encima de la cama, que se había convertido en origen y centro del resplandor de luz rojiza que había fluido sobre ella cuando el reloj proclamó la hora; al no ser más que luz resultaba más alarmante que una docena de fantasmas porque él era incapaz de adivinar su significación y su propósito. En algunos momentos, Scrooge temió hallarse en el momento culminante de un interesante caso de combustión espontánea, sin tener el consuelo de saberlo. Sin embargo, al final acabó pensando ─como usted o yo hubiéramos pensado desde el principio, pues la persona que no está metida en el problema es quien mejor sabe lo que se debe hacer ─, al final, como decía, acabó pensando que tal vez encontraría la fuerte y el secreto de esta luz fantasmal en la habitación de al lado, donde parecía resplandecer. Cuando esta idea acaparó toda su mente, se levantó sin ruido y se deslizó en sus zapatillas hasta la puerta.

En el momento de asir la manilla de la puerta, una voz le llamó por su nombre y le ordenó entrar. Scrooge obedeció.

Era su propio salón, sin duda alguna, pero había sufrido una transformación sorprendente. El techo y las paredes estaban tan cubiertos de vegetación que parecía un bosquecillo donde brillaban por todos lados bayas chispeantes. Las frescas y tersas hojas de acebo, muérdago y yedra reflejaban la luz como si se hubiesen esparcido allí y allá numerosos espejitos, y en la chimenea rugían tales llamaradas como nunca había conocido aquel triste hogar petrificado en vida de Scrooge, de Marley, ni en muchos muchísimos inviernos atrás. En el suelo, amontonados en forma de trono, había pavos, ocas, caza, pollería, adobo, grandes perniles, lechones, largas ristras de salchichas, pastelillos de carne, tartas de ciruelas, cajas de ostras, castañas de color rojo intenso, manzanas de rojo encendido, naranjas jugosas, deliciosas peras, inmensos pasteles de Reyes y burbujeantes boles de ponche que empañaban la estancia con sus efluvios deliciosos. Cómodamente instalado sobre todo ello, estaba sentado un Gigante festivo, de esplendoroso aspecto, que sostenía una antorcha encendida, parecida a un cuerno de la Abundancia; la sostenía muy alta para que la luz cayera sobre Scrooge cuando cruzó la puerta y miró de hito en hito.

─ ¡Entra! ─ Exclamó el fantasma ─. ¡Entra y me reconocerás mejor!

Scrooge avanzó tímidamente e inclinó la cabeza ante el espíritu. Ya no era el obstinado Scrooge de antes, y aunque los ojos del espíritu eran francos y amables, no le gustó encontrarse con aquella mirada.

─ Soy el fantasma de la Navidad del Presente ─ dijo el espíritu ─. ¡Mírame!

Scrooge lo hizo reverentemente. Estaba vestido con una simple túnica, o manto, de color verde oscuro, ribeteado con piel blanca. Esta prenda le quedaba muy holgada, dejando al descubierto su ancho pecho como si desdeñara protegerse u ocultarse con cualquier artificio. Sus pies, visibles bajo los amplios pliegues del manto, también estaban desnudos, y en la cabeza no llevaba más cobertura que una guirnalda de acebo salpicada de brillantes carámbanos. Sus bucles, de color castaño oscuro, eran largos y caían libremente, libres como su rostro cordial; su chispeante mirada, su mano generosa, su animada voz, sus ademanes espontáneos y su aire festivo. Ceñía su cintura una antigua vaina, pero sin espada, y la antigua funda estaba mohosa.

─ ¡Nunca habías visto nada como yo! ─exclamó el espíritu.

─ Jamás ─ logró responder Scrooge.

─ ¿Nunca has salido con los miembros más jóvenes de mi familia; quiero decir, porque yo soy muy joven, mis hermanos mayores, nacidos en estos últimos años? ─prosiguió el fantasma.

─ Creo que no ─ dijo Scrooge ─. Me temo que no. ¿Tienes muchos hermanos, espíritu?

─ Más de mil ochocientos ─ dijo el fantasma.

─ ¡Familia tremenda de mantener! ─murmuró Scrooge.

El fantasma de la Navidad del Presente se levantó.

─ Espíritu ─dijo Scrooge sumisamente ─condúceme a donde desees. Anoche me llevaron a la fuerza y aprendí una lección que ahora estoy aprovechando. Esta noche, si tienes algo que enseñarme, lo aprenderé con provecho.

─ ¡Toca mi manto!
Scrooge hizo lo que se le indicó con mano firme.

Acebo, muérdago, bayas rojas, yedra, pavos, ocas, caza, pollos, adobo, ternera, lechones, salchichas, ostras, pastelillos, tartas; fruta y ponche desaparecieron instantáneamente. También desapareció la habitación, el fuego, el rojizo resplandor, la hora de la noche, y ellos estaban en las calles de la ciudad en la mañana del día de Navidad. El tiempo era crudo y la gente hacía una especie de música chocante, pero viva y nada desagradable, al quitar la nieve de la acera de sus casas y de los tejados; para los chicos era una delicia total ver cómo caía la nieve explotando en la calle y salpicando con pequeños aludes artificiales.

En contraste con la blanca y lisa capa de nieve de los tejados y con la nieve más sucia del suelo, las fachadas de las casas parecían negras y las ventanas todavía mas negras. En la calle, las pesadas ruedas de coches y carros habían arado con profundas rodadas la última nieve caída, y esos surcos se cruzaban y entrecruzaban cientos de veces en las intersecciones de las grandes arterias y formaban intrincados canales, difíciles de rastrear, en el espeso lodo amarillo y agua helada. El cielo estaba oscuro y las calles más cortas taponadas por una neblina negruzca, medio derretida, medio helada, cuyas partículas más pesadas caían cual ducha de átomos de hollín; parecía que todas las chimeneas de Gran Bretaña se habían puesto de acuerdo para encenderse a la vez y estuviesen disparando a discreción para satisfacción de sus queridos fogones. En el clima de la ciudad no había nada alegre; no obstante, flotaba en el aire un júbilo muy superior al que podría producir el sol más brillante y el aire más límpido del verano.

La gente que paleaba la nieve en los tejados estaba llena de jovialidad y cordialidad; se llamaban unos a otros desde los parapetos y, de vez en cuando, intercambiaban bolazos de nieve ─proyectil bastante más inofensivo que muchos comentarios jocosos ─, riendo con todas las ganas si daban en el blanco y con no menos ganas si fallaban. Las tiendas de los polleros todavía estaban medio abiertas y las de los fruteros irradiaban sus glorias. Allí había grandes cestos de castañas redondos, panzudos como viejos y alegres caballeros, recostados en las puertas y desbordando hacia la calle en su apoplética opulencia. Había rojizas cebollas de España, de rostro moreno y amplio contorno, de gordura reluciente como frailes españoles que, desde los estantes, guiñaban el ojo con irresponsable malicia a las chicas que pasaban y luego elevaban la mirada serena al muérdago colgado. Había peras y manzanas, apiladas en espléndidas pirámides. Había racimos de uvas colgando de ganchos conspicuos por la buena intención de los tenderos, para que a la gente se le hiciera agua la boca, gratis, al pasar; también había pilas de avellanas, marrones, aterciopeladas, con una fragancia que evocaba los paseos por los bosques y el agradable caminar hundido hasta los tobillos entre las hojas secas; había manzanas de Norfolk, regordetas y atezadas, resaltando entre el amarillo de naranjas y limones y, con la gran densidad de sus cuerpos jugosos, pidiendo a gritos que se las llevasen a casa en bolsas de papel para comerlas después de la cena.

Hasta los peces dorados y plateados, desde una pecera expuesta entre los exquisitos frutos, y a pesar de pertenecer a una especie sosa y aburrida, parecían saber que algo estaba sucediendo y daban vueltas y más vueltas en su pequeño mundo con la excitación lenta y desapasionada propia de los peces. ¡y en las tiendas de comestibles! ¡Ah, los ultramarinos! A punto de cerrar, con uno o dos cierres ya echados, pero ¡qué visiones por los huecos! Los platillos de las balanzas golpeaban el mostrador con alegre sonido; el rollo de cuerda desaparecía con rapidez; los enlatados tableteaban arriba y abajo como en manos de un malabarista; los mezclados aromas del té y el café eran una delicia para el olfato; estaba lleno de pasas extrañas, almendras blanquísimas, largos y derechos palos de canela y otras especias delicadas, y los frutos confitados, bien cocidos y escarchados con azúcar, hacían sentir desvanecimientos, y después una sensación biliosa, incluso a los espectadores mas fríos. Los hijos estaban húmedos y pulposos, las ciruelas francesas se ruborizaban con modesta acrimonia desde sus cajas tan ornamentadas. Todos los comestibles eran magníficos y bien presentados para la Navidad. Pero eso no era todo. Los clientes estaban tan apresurados y agitados con la esperanzadora promesa del día que tropezaban unos con otros en la puerta, entrechocaban sus cestos, olvidaban la compra en el mostrador y volvían corriendo a recogerla, cometiendo cientos de equivocaciones de esa clase con el mejor humor. El especiero y sus dependientes eran tan campechanos y bien dispuestos que los pulidos corazones con que ataban sus mandilones por detrás podrían haber sido sus propios corazones, llevados por fuera para inspección general y para ser picoteados por cuervos navideños si así lo prefiriesen.

Pero pronto los campanarios llamaron a la oración en iglesias y capillas, y allá se fue la buena gente en multitud por las calles, con sus mejores galas y su más jubilosa expresión. Y al mismo tiempo, desde muchas callejuelas, pasadizos y bocacalles sin nombre, emergieron innumerables personas que llevaban su cena a asar en las panaderías. El espíritu parecía estar muy interesado por estos pobres festejadores, pues se detuvo con Scrooge junto a la entrada de una panadería para levantar las cubiertas de las cenas que transportaban y las rociaban de incienso con su antorcha. La antorcha era de una clase muy poco corriente, pues en una o dos ocasiones en que algunos de los que acarreaban las cenas tropezaron con otros y hubo palabras mayores, el espíritu los roció con unas gotas de agua de la antorcha, y de inmediato recuperaron el buen humor; decían que era una vergüenza disputar en el día de Navidad. ¡Y era muy cierto!

Las campanas dejaron de sonar y se cerraron las panaderías, pero permaneció una confortante y vaga representación de todas esas cenas en el derretido manchón de humedad sobre cada horno de panadero, donde el suelo todavía humeaba como si se estuvieran cociendo las losas.

─ ¿Tiene algún sabor especial eso que salpicas con la antorcha? ─preguntó Scrooge.

─ Sí lo tiene. Mi propio sabor.

─ ¿Serviría para cualquier cena de hoy? ─preguntó Scrooge.

─ Para cualquiera que se celebre con afecto. Pero más para una cena pobre.

─ ¿Por qué más para una pobre? ─preguntó Scrooge.

─ Porque lo necesita más.

─ Espíritu ─ dijo Scrooge tras un momento de vacilación ─, de todos los seres que hay en los muchos mundos que nos rodean, me asombra que seas tú el que más desea restringir las oportunidades de esa gente para disfrutar inocentemente.

─ ¡Yo! ─ exclamó el fantasma.

─ ¿No quieres que se cierren estos locales los días del Señor?

─ ¡Que yo quiero ¡─ exclamó el fantasma

─ Perdóname si me equivoco. Se ha hecho en tu nombre o, al menos, en el de tu familia ─ dijo Scrooge.

─ En esta tierra tuya hay algunos ─ replicó el espíritu ─; que pretenden conocernos y que cometen sus actos de pasión, orgullo, mala voluntad, odio, envidia, beatería y egoísmo en nuestro nombre; pero son tan ajenos a nosotros y nuestro género como si nunca hubieran vivido. Recuerda esto y échales la culpa a ellos, no a nosotros.

 

Del Autor, Charles Dickens (Charles John Huffam Dickens)

Charles John Huffam Dickens (Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812-Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870) fue un escritor y novelista inglés, uno de los más reconocidos de la literatura universal, y el más sobresaliente de la era victoriana. Fue maestro del género narrativo, al que imprimió ciertas dosis de humor e ironía, practicando a la vez una aguda crítica social. En sus obras destacan las descripciones de personas y lugares, tanto reales como imaginarios. En ocasiones, utilizó el seudónimo Boz.

Sus novelas y relatos cortos gozaron de gran popularidad durante su vida, y aún hoy se editan y adaptan para el cine habitualmente. Dickens escribió novelas por entregas, formato que usaba en aquella época, por la sencilla razón de que no todo el mundo poseía los recursos económicos necesarios para comprar un libro. Cada nueva entrega de sus historias era esperada con gran entusiasmo por sus lectores, nacionales e internacionales. Fue y sigue siendo admirado como un influyente literato por escritores de todo el mundo.
*** de Wikipedia

 

Novelas

• Los papeles póstumos del Club Pickwick (1836-1837)
• Oliver Twist (1837-1839)
• Nicholas Nickleby (1838-1839)
• La tienda de antigüedades (1840-1841)
• Barnaby Rudge (1841)
• Martin Chuzzlewit (1843-1844)
• Dombey e hijo (1846-1848)
• David Copperfield (1849-1850)
• Casa desolada (1852-1853)
• Tiempos difíciles (1854)
• La pequeña Dorrit (1855-1857)
• Historia de dos ciudades (1859)
• Grandes esperanzas (1860-1861)
• Nuestro común amigo (1864-1865)
• El misterio de Edwin Drood (1870) (inacabada, publicadas seis de las doce entregas previstas)

 

Cuentos

• Una canción de Navidad (1843) (Conocida también como Un cuento de Navidad y Los fantasmas de Scrooge)
• Las campanas (1844)
• El grillo del hogar (1845)
• La batalla de la vida (1846)
• El hechizado (1848)
• Una casa en alquiler (1858)
• El guardavía (1866)