Día 2 – La Panadería Encantada

La Panadería Encantada

Título original: Wizard Bakery
Autora: Koo Byung-mo (coreana)
Editorial: Nostra Ediciones
Páginas: 230
ISBN: 978-607-8237-94-4
Precio: Amazon $245  y Gandhi $156

 

Sinopsis:

En ocasiones, salir corriendo de casa para escapar no es la mejor solución a los problemas, pero si tienes un vecino panadero que te dé asilo por un tiempo, tal vez las cosas sean diferentes. Descubre la magia que se desata al probar las delicias encantadas de esta panadería, donde su dueño te mostrará que toda decisión que tomes tendrá consecuencias.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

¿Panadería? Pues sí, me sonó a que debía leerlo. Imaginé que se trataba de un libro de Fantasía, juvenil. No es mi fuerte pero igual me interesó por el título, la portada que es una galleta de jengibre.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Es mi primer libro coreano, y lo quise leer para participar en el Marzo Asiático organizado por MagretAjosTiernos  en su canal de YouTube, que se trata de leer libros de autores Asiáticos.

He batallado para determinar en que rango colocarlo.

A la mejor estoy un tanto obsoleta en la clasificación de los libros juveniles, pero definitivamente no es un libro para niños.

Es para jóvenes porque a pesar de la fantasiosa historia, también está lleno de mensajes, moralejas y responsabilidad.

La trama gira alrededor de un chico que tiene problemas en su casa. Por cierto, nunca aparece el nombre del niño.

Su madre muere, su padre se vuelve a casar, más por conseguir quién lave, planche y cocine que por amor. La elegida es una maestra que se apellida Be, que tiene una niña pequeña, Muji (los únicos personajes con nombre). La madrastra trata mal al niño, y el papá lo permite. Por eventos desafortunados (lo acusan de un crimen que no cometió) él niño tiene que huir de su casa, y se refugia en la panadería de su barrio, que abre las 24 horas del día. Entra y pide refugio al panadero, que cuando lo ve golpeado, le da espacio para que pase la noche. Allí se quedará varios días, enfrentando a sus miedos.

El panadero que resulta ser un poderoso Mago, se hace acompañar del pájaro azul (de noche)– niña (de día) y los panes que elabora en la panadería encantada son peculiares: un pudín para la mente, una magdalena de piña para el corazón roto, un panque de huevo para los negocios.

Está lleno de fantasía, pero también tiene un lado obscuro en el que te puedes topar con tripas, con la muerte, venganza, y resentimiento.

El poderoso mago no solo ayuda a la clientela, quienes hacen sus pedidos via web, para resolver los problemas del día a día, sino que les insistirá que hagan frente con sus propios medios…o que se atengan a las consecuencias de sus decisiones.

Ten cuidado con lo que deseas porque todo conlleva una consecuencia, parece ser la consigna.

Algunos panes a la venta te ayudan con los negocios. Pero hay que sus ingredientes mágicos te permiten dañar a las personas. Galletas que te hacen un doble para que tu puedas ausentarte de la escuela o del trabajo o la galleta diabólica de canela que puede provocar incluso la muerte.

Es una novela juvenil con un tema original y diferente. Lleno de magia (que siempre tiene una consecuencia) pero también de obscuridad (el abuso y maltrato infantil). Me recordó aquel libro de Stephen King, La tienda (mas por los productos que allí se vendían, y que el precio a pagar era caro).

Si bien, el pan y las galletas están a la orden del día y nos da “recetas”, en realidad lo que muestra son los ingredientes (los de verdad y los mágicos) con los que se hacen los productos que se venden en la Panadería Encantada, sin las proporciones, por supuesto.

Con una narrativa en primera persona, ágil y que te mantiene siempre interesado, nos maneja un final que tú puedes elegir entre dos posibilidades paralelas, ambos llenos de esperanza. Un monumento a la toma de decisiones responsable, a la verdadera amistad y a la fe en la familia (familia no sanguínea)

 

Algo para recordar

 

Ramita de Avellano

Todo comenzó con la maestra Be y su hija de siete años.

Por conveniencia la nombraremos maestra Be. Por un tiempo la llamé madre como muestra de respeto por ser la esposa de mi padre, pero, ya que nuestro punto de unión crujía como huesos dislocados, no tenía sentido decirle así. Se volvió innecesario poco después del primer encuentro. Además, éste no es un apelativo incorrecto, puesto que su apellido era Be y era maestra de escuela primaria.

Llegó a mi casa cuando yo tenía nueve años: la edad más adecuada para empezar a distinguir entre la realidad y los cuentos.

En la infancia no se puede hacer esta distinción porque la capacidad cognitiva no está desarrollada. Sin embargo, al pasar de una edad determinada, la personalidad sufre un complejo estado de confusión debido al deseo de abstraerse de la realidad y al síndrome de Peter Pan que todos tenemos en mayor o menor grado. La mayoría de las personas, después de un periodo de confusión no muy largo, se olvida de los cuentos y lleva una vida común y corriente. De los restantes, unos pocos se cuelgan del techo o se vuelven locos. Yo no era parte…

…de la mayoría, pues a los cinco años perdí los cuentos entre una multitud de gente en la estación de Cheongnyangni. En cuanto metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta, pude tocar la realidad en la escueta forma de cuatro monedas de quinientos wones, un pan en una bolsa de celofán muy inflada y un paquete de pañuelos de papel de mala calidad que repartían como artículo promocional de un karaoke.

A mi padre le daba vergüenza casarse por segunda vez de manera lujosa, así que solo quería que comenzaran a vivir juntos. Pero la maestra Be insistió en celebrar una boda fastuosa en que burbujas de jabón y niebla de hielo seco bailaran un vals ante sus ojos. Dijo que ella no era una pobre mujer que se había fugado de noche con él, porque no le quedaba más opción, ni una viuda secuestrada. Por lo tanto no quería vivir sintiéndose avergonzada ni conformarse con un simple registro de matrimonio. Y añadió que yo debía ser quien le entregara las flores como gesto de felicitación.

Tal vez fue una especie de declaración: “Yo no soy una criada mugrienta que viene aquí a darte de comer y lavar la ropa, sino la esposa de tu padre en toda la extensión de la palabra. Así que abre bien los ojos y date cuenta de que, ante todo, me debes respetar como madre”.

Si ella hizo de forma tan discreta una declaración así de importante -¡aunque en mis oídos resonó el eco de sus palabras sin disfrazar!-, es porque también debía estar preocupada. ¿Acaso pensó que yo la rechazaría como los adolescentes de las telenovelas, que le diría que no podría llamar madre a alguien como ella y que me negaría a ir a la escuela? ¿Pensó que la haría pasar malos ratos echando arena en la comida o molestándola? ¿Será por eso que por adelantado decidió extirpar de raíz los problemas que suelen suceder en ese tipo de familias?

Si fue así, entonces se equivocó. La ausencia de mi madre no me había pegado tanto como para albergar esos sentimientos, ni llevaba una relación tan íntima con mi padre como para portarme tan mal. No se puede sentir apego por lo que nunca se tuvo o por lo que se perdió muy pronto.

En fin, así fue como comencé a convivir con la maestra Be.

 

De la Autora – Koo Byung-mo

 

Nació en Seúl, Corea del Sur. Estudió lengua y literatura coreanas en la Universidad de Kyung Hee, y hoy en día se dedica a la escritura y edición de libros. Desde muy joven mostró interés por las letras. Ganó el Segundo Premio Changbi para escritores jóvenes con la novela la Panadería Encantada, obra que, además, ya ha sido traducida y publicada en inglés y francés.

 

Libros de Koo Byung-mo

La Panadería Encantada es su único libro

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