Paladear con el Cerebro

Paladear con el Cerebro

Autor: Francisco Javier Cudeiro Mazaira
Editorial: CSIC
Páginas: 126 páginas
Precio:
Gandhi $278  y Amazon $333

ISBN: 978-84-00-09502-4

 

Sinopsis:

El reciente y renovado interés por la gastronomía está generando un fenómeno curioso: la intención de los cocineros ya no es solo elaborar platos de calidad desde un punto de vista culinario, sino, también, sorprender y a veces sobresaltar la experiencia perceptiva del comensal. Este libro explica cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cerebros de sus comensales. ¿Cuáles son los procesos que nos permiten disfrutar de una velada en compañía o emocionarnos al oler un risotto de flores y semillas? ¿Por qué siempre tengo un hueco para el postre? Ya no es suficiente hablar de los sentidos; es necesario conocer los procesos cerebrales responsables de la percepción sensorial para poder entender lo que significa disfrutar con la comida. Al mezclar en las proporciones adecuadas el conocimiento científico y el arte de la investigación culinaria, esta obra será de interés para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la percepción sensorial a través de la cocina y ofrece pistas para que el lector pueda entender lo que le ocurre cuando disfruta de una experiencia gastronómica, un misterio que albergan las células nerviosas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por supuesto este ensayo tiene que estar en El Lugar de Beatriz. Es un enfoque novedoso tratar la Gastronomía vía el cerebro. Es explicar olores y sabores a través de lo que capta el cerebro. Muy interesante.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Paladear con el Cerebro es un libro Muy Bueno, cargado de información

Por supuesto se trata de un científico hablando de comida, gastronomía, historia de la comida (desde la prehistoria hasta nuestros días) de una forma tan amena. En una sentada leí la mitad del libro.

Cudeiro utiliza un lenguaje sencillo en sus explicaciones, y a veces un tanto cómico.

  • El hombre es el único animal sobre la tierra que “prepara” sus alimentos y busca con qué acompañarlos para disfrutarlos aún más.
  • El hombre al cocinar, mata bacterias, lo que le ha permitido una mayor garantía de supervivencia
  • Cuando dormimos, nuestro organismo libera hormonas que pasan al cerebro como una señal de saciedad. Las personas que tienen problemas de insomnio…suelen tener problemas de sobrepeso.

Estos y muchos más datos puedes encontrar en este interesantísimo libro.

 

Algo para recordar

Prólogo

Cocinar es permitir o provocar reacciones entre productos usando el fuego como principal catalizador. En este sentido, y en contra de todas las tendencias naturistas, que niegan la química como un satanizado mal, cocinar es hacer química, mezclar elementos químicos para hacer algo que es más que la simple suma de los elementos usados.

¿y pensar o amar son también el resultado de la interacción de productos químicos? La respuesta es definitivamente si y esas reacciones ocurren en nuestro cerebro, cada milisegundo de nuestras vidas. Es más, el funcionamiento de nuestro cerebro es el resultado de miles de reacciones en espacio y tiempo de miles de productos químicos. Y es el cerebro el que crea los sabores, los olores. Estos no existen si no son leídos por el cerebro.

Los neurocientíficos puedes explicar ahora cómo los sabores se generan por la interacción de diversos centros nerviosos ubicados en el cerebro. Igualmente, se está determinando con estudios muy concienzudos que los alimentos activan los núcleos cerebrales que regulan la apetencia. Así, la comida activa regiones cerebrales que se encienden igualmente con sustancias como el tabaco o el alcohol o las drogas de abuso, como la cocaína. Curiosamente, el chocolate tiene un gran impacto sobre estas regiones. Ahora sabemos porque algunos alimentos son picantes y conocemos los genes que codifican las proteínas encargadas de detectar la sustancia que pica (capsaicina). Estos genes se han clonado, e incluso se han creado ratones a los que se les han quitado. Esos animales ya no son capaces de sentir o detectar el picante. Si nos fijamos en el sistema olfativo, ahora sabemos que el genoma humano dedica un número importante de genes para conformarlo. Este sistema es extraordinariamente sofisticado, y la identificación de los genes que hacen que esto sea así les valió recientemente un Premio Nobel a dos científicos norteamericanos. De hecho, el sentido del olfato juega un papel crucial en la capacidad de paladear. Demostrarlo es muy fácil. Tápense la nariz con los dedos, traten de paladear unas gotas de aceite o una hoja de menta. Durante ese proceso destápense la nariz y de repente descubrirán que el sabor aparece. Es decir, que sin olfato no hay sabor, a pesar de que los receptores del sabor están en la lengua. Por tanto, los sabores, los aromas, se generan en el cerebro, son invenciones del cerebro. Por suerte que todos los cerebros (o casi) funcionan de forma parecida, y todos son capaces de identificar el sabor del aceite o el de la menta.

Pero no solo el gusto y el olfato se complementan para generar la experiencia de sabor, también la vista e incluso el oído juegan su papel. Y es que las cosas son lo que aparentan ser. Cuentan que en un reputado restaurante inglés, el chef hizo una prueba muy ilustrativa. Dio a probar a un grupo de amigos unos filetes en total oscuridad. Preguntó cómo sabían, y todos coincidieron en que estaban excelentes tanto en textura como en sabor.

Entonces encendió la luz. Resulta que el chef había teñido los filetes de azul, un color que uno nunca asociaría a una carne en buenas condiciones. Todos sintieron repugnancia por aquello e incluso algunos vomitaron. Otro ejemplo, este más cercano, puede ser el de una afamada chef que embotelló vino blanco teñido de tinto en una botella de vino tinto, con una etiqueta de vino tinto, hecho con una variedad de uva tinta determinada.

Acertaba a estar allí un sumiller que se ofreció a hacer la cata del vino. Pues el hombre hizo una descripción perfecta del vino que allí había, de acuerdo a lo que veía. Se equivocó de lado a lado. Y es que su cerebro lo que le decía es que estaba catando vino tinto de esa uva y, por tanto en base a su experiencia (almacenada en el cerebro), aquel vino debía saber y oler de una determinada manera. Si la cata hubiera sido ciega, el sumiller se hubiera dado cuenta del engaño sin lugar a dudas. Podemos decir que el cerebro inventó los sabores y los olores a través de la interacción con la información visual que simultáneamente le estaba llegando y que negaba lo que estaba saboreando.

Estamos asistiendo a una auténtica revolución del cerebro, de cómo el cerebro es capaz de hacernos entender las cosas, de sentirlas, de paladearlas y de disfrutarlas. Y esto es particularmente interesante en la gastronomía. Hoy los chefs no preparan platos para alimentar a la gente. Esta es una necesidad de supervivencia que en los países desarrollados es obviada continuamente. Se come para disfrutar, no para sobrevivir. Los modernos chefs buscan el impacto sobre los sentidos con sus mezclas de olores, colores, sabores y texturas y a veces incluso sonidos, para llevar estos sentidos al extremo. Así, se generan experiencias sensoriales imposibles de experimentar de otra forma. Y este es el verdadero atractivo de la cocina moderna.

A lo largo de los últimos años han aparecido una serie de textos que tratan sobre estos aspectos. También de cómo el conocimiento científico y técnico ha influido en los modos de actuación de los cocineros y los ha posibilitado con técnicas extraordinarias. Ello ha convertido las cocinas en verdaderos laboratorios. El conocimiento de las características de las proteínas, por poner un ejemplo, y su comportamiento frente a tratamientos como calor, frío, sustancias ácidas, etc., otorga al cocinero capacidades inusitadas de transformación de los alimentos, de sus texturas. De este modo, el cocinero juega con los sentidos, los engaña, los pone a prueba. Pues bien, de cómo ocurre eso es de lo que trata Paladear con el Cerebro. No se trata de un libro de gastronomía, sino de neurociencia. No se enseña a cocinar, se enseña cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cereros de sus comensales.

Como Francisco Javier Cudeiro dice, todas las respuestas están escritas en las neuronas. Comparto con Javier la admiración por Vázquez Montalbán y por su personaje Pepe Carvalho, su avatar literario. Sus descripciones culinarias están para siempre en mi memoria ─en mi cerebro─. Si Carvalho pudiera leer este libro, donde se explica por qué comer nos gusta tanto, seguro que en esas largas veladas en Vallvidrera lo salvaría de la hoguera.

 

Del Autor – Francisco Javier Cudeiro Mazaira

 

Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de A Coruña. Vicepresidente de la Sociedad Española de Neurociencia entre los años 1999-2003, en la actualidad es miembro de la European DANA Alliance for the Brain, presidente de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas y coordina el área de enfermedades neurológicas del Instituto Biomédico de A Coruña y el laboratorio de Neurociencia y Control Motor (NEUROcom). Ha recibido el Premio Nacional de Investigación Fundación APMIB 2001, el Premio Infanta Cristina (Imserso) 2004 en el apartado de I+D+i y el 2º Premio Federación Española de Parkinson 2009.

 

Los Libros de Francisco Javier Cudeiro Mazaira

Además de Paladear con el Cerebro, Cudeiro tiene un título más
– Fundamentos de Neurociencia y Neurorrehabilitación en Terapia Ocupasional

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