Día 11- ¿Café, Té o una bala?

Aún tengo fresco ese buenísimo programa llamado El Agente de Cipol (yo lo amaba) y recuerdo claramente un capítulo titulado

¿Café, Té o una Bala?

Y si, más o menos así me he encontrado desde hace unos cuantos meses, dándome un tiro en el pie con tal de no tener que elegir entre estas dos posibilidades.

Imagen de Bioguia.com

¿Alguna vez te ha pasado que no puedes cambiar un hábito que está acabando contigo? ¿has expresado “primero muerta, que dejarlo”?

Y el problema, por supuesto, no es el Café.

He leído tanto sobre los Beneficios del Café como sobre Beneficios del Té.

El primero supera por mucho al segundo, pero me parece que no es tan real; más bien se trata de que llevamos décadas tratando de justificar no darle el carpetazo al CAFÉ.

Ambas bebidas tienen beneficios comprobados, siempre y cuando no caigas en los excesos, pero yo no tuve límites en cuanto a la cantidad de café que consumí durante 30 años y todos sus puntos a favor comenzaron a perder sentido.

Procedo de una familia veracruzana – sinaloense, que toma tanto café, que cuando nos reunimos en casa, es frecuente que por las tardes se prepare una jarra y nos sentemos a la mesa para degustar una humeante taza.

Cuando comencé a trabajar hace 35 años, lo primero que aprendí fue que invariablemente, por las mañanas, caminaba con un termo de café (4 tazas) en mi mano…y por las tardes me preparaba otro igualito (8 tazas al día). Ah y por supuesto antes de salir de casa me tomaba dos tazas más. Mi café era tan cargado, que mis compañeros de oficina se referían a mi termo como “café de trailero” sin azúcar, sin crema, sin leche. Cada año lo hacía más y más cargado.

Por supuesto con ese ritmo, tarde que temprano pagaría la factura.

La primera vez que fui al gastroenterólogo y me dio mi hojita de “dieta para persona con gastritis”, la hice bolita y la aventé al basurero antes de salir del hospital, porque de reojo alcancé a leer entre los alimentos prohibidos al Café.

¿¿¿Qué le pasa al doctor??? Pensé, ¿que no se da cuenta que me dolerá muchísimo la cabeza por la falta de cafeína? Todo menos aceptar que el café estaba acabando con mi estómago. Pues sí, muy frecuentemente a media noche sentía que la comida se me regresaba (reflujo) y no podía salir de casa sin mis TUMS y o mis sobrecitos de RIOPAN.

Impensable dejar de tomar 8 o 10 tazas al día. El Café era mi vida.

Y entonces se me ocurrió tomar el curso de Tés y Maridaje con Repostería, en la Universidad del Claustro de Sor Juana, con el Chef Emilio Díaz. Ya se los he platicado.

No puedo decir que me entusiasmara el Té ¿a quién engaño? Lo hice por mi Diplomado Profesional en Vinos para la formación del Sommelier, ya que incluía un apartado de Té que yo pensé en adelantar. Quería conocer.

En la primera clase probé el Té verde aderezado con clavo de olor. Y aunque los postres era lo menos importante, la combinación de sabores, las frutas secas y la nuez acompañados de esa olorosa taza de té…me fascinó.

El Chef llenó el pizarrón con los distintos tés de china y japón. Esa noche llegué a casa y me metí a la página de Euro-te y elegí cuatro tés: uno de japón y tres de china. Aproveché el descuento del buen fin (siiii, era octubre) y éstos fueron los que me marcaron para no volver a desayunar jamás con café. No me hacía falta.

Compré un Té verde Gyokuro, de japón y los tés de china fueron 1) El mejor de los Tés blancos, llamado también Té Imperial o Aguja Plateada (Silver Needle), 2) Té ulong Osamanthus dorado  3) Y por último, y quizás el que más pensé para comprarlo, por su precio (como es una sola pieza, no hay manera de decir solo quiero 20 gramos) compré Pu her Verde o También llamado “Sheng pu erh” o crudo. Prensado en forma de pastel, que es la forma más antigua de tomar Té en China.

Cada mañana comencé haciendo una jarra, y hoy día llego a preparar hasta tres (de dos tazas cada jarra). Estoy inscrita en un Club de Tés (cada dos meses me mandan 4 tipos diferentes de tés). Los que más me gustan, compro una bolsa de 100 gramos. Los que menos me gustan, me olvido de ellos.

  • Me mantengo en que me gusta el Té puro, sin saborizantes
  • No me duele la cabeza por la falta de cafeína (es un mito)
  • Ha mejorado muchísimo mi gastritis
  • Cada lata de té que abro, es una nueva experiencia, la mayoría de las veces son sorpresas gratas.

Por el momento sigo ocupada con mis cursos de vinos, por lo que veo difícil que vaya a tomar un nuevo curso de tés pronto, pero seguiré probando diferentes tes, de diferentes partes del mundo. Llevo mis fichas de cata, y no me conformo con lo que me manda el club, también consulto información en la web y me he hecho de varios libros:

Platiqué con el Sommelier Sergio López quién me comentó que a él le pasó igual cuando probó el Té…tomó curso, se entusiasmó, pero a los seis meses regresó al café. Claro que él no tiene gastritis. Ya veremos cómo me va a mí.

El café y yo no estamos divorciados, me sigue gustando mucho. El olor a café recién preparado me mata. Pero por supuesto mis hábitos sobre consumo de café han cambiado. No tomo más de dos tazas al día de café.

¿Y qué hay de ti?

¿eres de los que moriría si te quitan el café?

Atole de Guayaba

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