Libros

Día 72 – La Voz de los Árboles

La Voz de los Árboles

Título original: At The Edge of the Orchard
Autora: Tracy Chevalier
Editorial: Duomo Nefelibata
Páginas: 342
ISBN: 978-84-16634-39-2
Precio: Amazon  y Gandhi    $345

Sinopsis:

La familia Goodenough ha dejado atrás la Nueva Inglaterra del siglo XIX para instalarse en los pantanos de Ohio y lleva consigo algunas ramas de su manzano favorito. Pero en el huerto que plantan se hunden también las semillas de la discordia entre James y Sadie Goodenough. Mientras James adora las manzanas dulces, Sadie prefi ere refugiarse en la sidra. Esas diferencias irreconciliables afectan a sus hijos y obligan al menor de ellos, Robert, a abandonar Ohio y buscar fortuna. El amor hacia los árboles, heredado de su padre, le acompaña en su viaje hacia el Oeste. Allí descubre el amor de la mano de una vivaz cocinera y, gracias a un comerciante de semillas, los secretos de las poderosas secuoyas. Entre estos árboles centenarios de California, encuentra consuelo y, con el tiempo, algunas respuestas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

La escritora TRACY CHEVALIER es maravillosa narradora. Leí La joven de la Perla y me encantó. La voz de los árboles, árboles de manzana, la huerta…me pareció apropiado para este blog.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó – pudo ser mejor

La historia de la familia Goodenough que se establece en el siglo XIX en los Pantanos de Ohio, un lugar inhóspito para vivir, donde el gobierno les cede un terreno. Para que éste sea oficialmente de ellos, la condición es sembrar al menos 50 árboles frutales.

El matrimonio formado por James y Sadie dejan Nueva Inglaterra y se establecen en su nuevo hogar, cargando bajo el brazo ramas de manzanos que la familia trajo de Inglaterra, y que servirán para injertar los manzanos locales.

Durante buena parte del libro James y Sadie se la pasan peleando, mientras que sus diez hijos quedan atrapados en esta guerra. Como si no fuera suficiente la lucha contra el lugar (mosquitos, pantano, humedad, falta de comida) De los hijos, solo 5 sobreviven (la fiebre del pantano mata a los más débiles) y el hijo menor llamado Robert, es orillado a dejar atrás a la familia para iniciar su propia historia.

El modo como Chevelier nos narra la historia es en la boca de los diferentes protagonistas, a veces el padre, a veces la madre o los hijos toman la palabra. El padre ama los árboles de manzana, la madre ama la sidra de manzana, y el hijo menor que deja la familia, finalmente acabará viviendo de los árboles de otro tipo, los enormes y centenarios secuoyas.

Es una historia cargada de tenacidad, de envidias, resentimientos y a veces un poco de amor.

Me parece el principio fue lento y repetitivo, demasiados detalles sobre los árboles de manzana.

Y a pesar de que, a la mitad del libro, cuando Robert se va de la casa, se vuelve más interesante, no lo suficiente para que yo le de una mejor calificación. La historia es buena, la descripción de los personajes también, porque acabas odiando a Sadie (o sea, te causa alguna emoción) sin embargo, yo creo que le falló el ritmo.

Algo para recordar

James dio gracias de que los contoneos de Sadie hubieran terminado y de que estuviera durmiendo cuando Hattie Day vino a ayudar a los chicos a preparar las verduras. Lo primero que hizo su vecina cuando llegó fue tender una cuerda de una punta a otra de la habitación y colgar en ella las colchas que Sadie había echado al suelo, para que Sadie y él quedaran separados de la cocina.
─ A callar ─dijo cuando James protestó débilmente─. No hace falta que nos veáis, y nosotros no tenemos por qué veros mientras trabajamos.
Lo dijo con tal convicción que él no intentó discutírselo. Sabía que Sadie si lo habría hecho de estar despierta, y estuvo tentado de darle un codazo. Pero no lo hizo, y se quedó ahí tumbado, concentrado en la eficacia de la señora Day, al otro lado de la colcha.
Se pusieron a freír tomates y a encurtir huevos. Por lo general a los Goodenough no les hacía falta encurtir los huevos, porque comían los que producían a diario sus gallinas. Pero ahora que todos los miembros de la familia menos dos llevaban más de una semana enfermos y no bebían más que agua, los huevos empezaban a pudrirse. Hattie Day declaró que no podían desperdiciarse, que los encurtirían antes que los pepinillos. Los puso a hervir juntos, al lado de una cazuela con agua salada y vinagre, y la casa no tardó en impregnarse de un olor penetrante. Después puso a los chicos a pelar los huevos mientras ella cortaba los tomates en trozos y los cocía, al tiempo que hervía y secaba los tarros.
Robert y Martha casi no decían nada, y si se sabía que estaban allí era por el chasquido de las cáscaras de huevo al romperse, que se alternaban con el entrechocar de los tarros y el golpeteo de la cuchara de madera en el canto del cazo. James sintió un deseo repentino de ver a sus hijos trabajando, inclinados sobre la mesa, pero no se atrevía a retirar la colcha porque temía la mirada que le dedicaría Hattie Day. Así que lo que hizo fue pasar un dedo por los cuadros de la colcha, azules, amarillos, marrones. El que le quedaba más cerca de la cabeza era uno de seda verde, aprovechado de un vestido viejo de su madre, que llamaba la atención más que todos los demás retales.
─ La salmuera está lista ─oyó que decía Hattie Day─. ¿Habéis terminado de pelar los huevos?
─ Sí, señora ─respondió Robert.
─ ¿Los habéis metido en agua como os he enseñado para quitarles todos los restos de cáscara antes de meterlos en los tarros?
─ Si, señora.
─ Está bien. ¿Qué sabores os gusta añadir? Al señor Day y a mí nos gustan solo con sal y pimienta, pero tal vez vuestra familia prefiere otros.
─ Sal y pimienta está bien.
─ Tráeme los granos de pimienta, Martha. Echa un puñadito en cada tarro. Así. Yo, a veces, echo una remolacha pequeña para teñir el agua de rosa y que queden más vistosos. No cambia el sabor de los huevos. ¿Queréis que lo haga con estos?
─ ¡No, no!
James se sobresaltó. Pensó que Sadie estaba dormida. Hablaba con voz ronca, por lo que no le salía con tanta fuerza como habría querido. Hattie Day no debió de oírla, pero sí oyó las palabras de Martha, que pronunció en voz baja.
─ Normalmente dejamos el agua así, tal como está.
─ La muy puta se está adueñando de mi cocina ─murmuró Sadie.
─ Déjala en paz…Solo intenta ayudar. Y sabes muy bien que nos hace mucha falta.
Pero en realidad James compartía el sentimiento de Sadie. Había algo demasiado hogareño en el hecho de que Hattie Day estuviera en su casa, diciendo a sus hijos lo que tenían que hacer. Lo peor de todo fue que dijo algo que él no oyó bien. Algo seguido de un sonido que llevaba mucho tiempo sin oír: las risas de Robert y Martha. “Nunca se ríen cuando están conmigo”, pensó.

 

De la Autora – Tracy Chevalier

Tracy Chevalier (Washington, DC, 19 de octubre de 1962) es una escritora de éxito de novelas históricas. Chevalier nació el 19 de octubre de 1962 en Washington, D.C. Es hija de Douglas y Helen (de soltera Werner) Chevalier. Su padre fue fotógrafo para el The Washington Post durante más de 30 años. Su madre falleció en 1970, cuando Chevalier contaba con ocho años. Desde 2013 Chevalier vive en Londres con su marido, Jonathan Drori y su hijo, Jacob.

En su niñez comenzó a sentirse atraída por el mundo de los libros, escribiendo sus primeros relatos cortos en el instituto.

Cuando terminó sus estudios secundarios, estudió Lengua y Literatura Inglesa en el Oberlin College de Ohio.

Su primera novela, El azul de la Virgen, fue publicada en el Reino Unido en el año 1997 y fue elegida por W H Smith para su escaparate de nuevos autores. Su segunda novela, titulada La joven de la perla, fue publicada en 1999. La novela, que está basada en el famoso cuadro de Johannes Vermeer, ha sido traducida a 38 idiomas.

Ganó el Barnes and Noble Discover Award en 2000. En 2003, su novela La joven de la perla fue llevada al cine, recibiendo tres nominaciones a los Premios Oscars en 2004, junto con diez BAFTA y dos Globos de Oro.

 

Libros de Noah Gordon

El azul de la Virgen (1997)
La joven de la perla (1999)
Ángeles fugaces (2001)
La dama y el unicornio (2003)
El maestro de la inocencia (2007)
Las huellas de la vida (2009)
El último refugio (2013)
La voz de los árboles (2016)
El chico nuevo (2017)

Día 63 – El Libro del Pan

El Libro del Pan

Autor: Eric Treuillé y Ursula Ferrigno

Editorial: Vergara
Lugar y Año de la publicación: China 1999

Páginas: 168
Precio: $ 49 en PDF CompraLibro  ** no encontré el libro en mercado libre, solo en esta liga…que yo no he usado

$2,158.36 en Amazon lo encontré en ingles…carísimo

ISBN: 950-15-1987-2

 

Sinopsis:

Práctica guía ilustrada del arte de hacer Pan, con más de 100 deliciosas recetas.

Soberbias recetas para panes de todo tipo, accesibles para el panadero casero por su innovador método de enseñar, con fotografías e instrucciones fáciles de seguir.

Una deliciosa galería visual de panes clásicos de todo el mundo. Escrito por dos autores cuyo inagotable entusiasmo por el tema inspirará al lector para amasar su propio pan.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por pura casualidad.

En estos días de pandemia ando haciendo levantamiento de mis libros y apareció éste.

Si mal no recuerdo, lo compré en El otro Lugar de la mancha, hace como 20 años. Si, es un libro de colección que ya no encuentras ni en Mercado Libre.

De hecho, encontré una liga para solicitar el precio de colección (catalogado como libro raro y difícil de conseguir)

 

 

Mi opinión:

🤭

Después de 20 años de tenerlo en el estante, es la primera vez que saco una receta y salió muuuy bien, y a la primera. La receta tal y como aparece en el libro.

Me encantó porque, además de considerar un apartado para los principios del levado del pan (uso de levadura) y técnicas básicas, trae panes de todo el mundo, y un capítulo especial para los panes de fiesta (navidad, cuaresma, etc…)

En el diplomado de Pan (Claustro de Sor Juana) muchas veces mencionó la chef que algunos panes era difícil obtener corteza en hornos caseros, como la que se obtiene en hornos profesionales. Los que yo hice, utilizando las técnicas de vapor o hielo que aquí muestran, me sacaron pan como profesional.

Muy recomendable mi libro.

Una pena que ya no se encuentre en el mercado, sin embargo, estos autores tienen otros títulos que seguramente serán tan buenos como este.

 

De los Autores

Eric Treuillé:

Nació en Cahors, en el sudeste de Francia. Su primer interés en la elaboración del pan surgió mientras trabajaba como mitron (aprendiz de panadería) en la boulangerie de su tío. A los catorce años fue aprendiz de charcutier (chacinero) y completó sus estudios de cocina en París. Comenzó su carrera de chef en Londres y en poco tiempo su trabajo lo llevó hasta Suecia, Nueva York y California.

Al regresar a Londres, Eric comenzó una nueva carrera como estilista de comidas, trabajando con Anne Willan y con la escuela culinaria Le Cordon Bleu. En 1996, fue coautor del libro Complete Guide to Cooking Techmiques. Eric comparte su pasión por la elaboración del pan con sus alumnos de la escuela de cocina Books for Cooks en Londres, donde actualmente es el director de programación.

Ursula Ferrigno

Se crió en la granja rural de su padre en el sur de Italia. Fue su abuela quien le enseñó el arte de cocinar; el entusiasmo por la buena mesa la llevó a estudiar ciencias de la alimentación en Gran Bretaña. Después de terminar sus estudios, Ursula instaló una empresa de reparto de comidas vegetarianas en el noroeste de Inglaterra.

El tremendo éxito logrado la estimuló a comenzar a escribir y hoy es autora de tres libros aclamados por la crítica. Ursula es una excelente educadora y da clases de cocina italiana y elaboración del pan, su particular interés culinario.

Fundadora del Día Nacional del Pan en Gran Bretaña, también participa en programas de radio y televisión. Vive actualmente en Londres.

Día 28 – Portugal a la Mesa

Portugal a la mesa

Autor: Pedro Rodríguez
Editorial: Objecto Anónimo
Lugar y Año de la publicación: Maia Portugal 2017
Páginas: 127
Precio: $ 4,271.74 Amazon   Lo encontré en Amazon Brasil…carísimo
A un precio más moderado, pero en euros encontré a $16 euros, en la Librería Altair 
Páginas: 127
ISBN 978-989-8256-50-8

 

Sinopsis:

Se puede decir que la gastronomía de Portugal tiene, así como su clima, influencias atlánticas y mediterráneas. Estas características, a veces frescas y saladas del litoral, a veces calientes y perfumadas del interior, proporcionan inmensas variedades gastronómicas a un país de pequeñas dimensiones.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este libro lo compré hace un par de años en Lisboa, para poder replicar los maravillosos platillos que probé en Portugal

Mi opinión:

He preparado al menos media docena de platillos, y todos me han salido muy bien. Es un recetario sencillo, comida para todos los días. Cocina Tradicional Portuguesa. Y tiene de todo un poco: tapas, sopas, pescados y mariscos, carnes y por supuesto…la Francesinha.

 

Del Autor, Pedro Rodríguez

No encontré información

Día 27 – La Bodega

La Bodega

Título original: The Bodega
Autora: Noah Gordon (estadounidense)
Editorial: RocaBolsillo histórica
Páginas: 381
ISBN: 978-849-694-066-6
Precio: Amazon $249  y Gandhi $259

 

Sinopsis:

Languedoc, Francia, finales del siglo XIX. Josep Álvarez descubre de la mano de un viticultor francés el arte de la elaboración del vino. Desde ese momento, su vida estará determinada por esta pasión. A pesar de su juventud, Josep ha conocido el amor, las intrigas políticas y el trabajo duro, experiencia que, junto a su temprana vocación, caracterizará su destino. Tras participar contra su voluntad en un complot que convulsionará la ya turbulenta escena política del momento, huye a Francia, donde trabajará para un viticultor. Pese a su temor de caer en manos de la justicia, decide un día volver a su hogar. Luchando contra los elementos, Josep emprende una aventura tan ardua como fascinante: la elaboración de un buen vino. En torno a él, los habitantes de Santa Eulalia: la joven viuda Marimar y su hijo Francesc; Nivaldo, el tendero de origen cubano; Donat, el hermano obrero, todos ellos personajes que Pueblan esta rica novela. La bodega contiene la esencia anterior de Noah Gordon: historias personales de fuerza, personajes vitales, retratos fidedignos de una época, plasmados con una sensibilidad y acierto que ha admirado a miles de lectores a lo largo de los años.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este libro lleva conmigo más de 10 años y por alguna extraña razón tiene poco que lo añadí a Lo que viene en…en reseñas de novelas y ensayos https://ellugardebeatriz.com.mx/lo-que-viene/. Y pues si, lo confieso, tumbó a varios que estaban en cola., porque se trata de una apasionada novela acerca del fascinante mundo del vino.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno, incluso hasta podría catalogarlo como Excelente.

La historia tiene lugar a mediados del siglo XIX, y está bañada en asuntos políticos y vitícolas (incluye la filoxera). Josep es el hijo menor de un catalán que cultiva uvas. Al hijo mayor le toca heredar las tierras, al hijo menor le toca nada (ser sacerdote o militar). La mitad de la historia serán las andanzas de Josep como soldado, la traición y la huida. La otra mitad será su vida como refugiado en Francia, trabajando (y tomando experiencia) como viticultor, y su regreso al pueblo, cuando su padre muere. Todo lo que tuvo que pasar para que el tuviera sus propias tierras.

En verdad una vida dura y cuesta arriba, que se ve premiada con la elaboración de un extraordinario vino.

Noah Gordon es muy buen narrador, que si bien hay mucha ficción en la novela, está ubicada en un periodo histórico real.

Es muy fácil de leer.

 

Algo para recordar

28

Cocinar

El primer invierno de Josep como propietario de las tierras empezó con un clima insulso, y el brillo de la satisfacción por haber obtenido su primera cosecha fue atenuándose hasta desaparecer. Las vides habían perdido casi todas sus bellas hojas y se habían convertido en esqueletos secos y quebradizos. Estaba llegando la hora de empezar a podar en serio. Caminó hasta la viña y la miró con espíritu crítico. Vio que había cometido algunos errores y se concentró en aprender de ellos.

Por ejemplo, las vides que con tanta petulancia había plantado en la sección vacía de la ladera empinada, creyéndose más imaginativo y listo que su padre y sus antepasados, se habían secado bajo el ardiente calor del verano, pues ─tal como sin duda había entendido su padre─ en esa zona la insustancial capa de suelo cultivable quedaba directamente encima de una roca impenetrable. Para que las cepas sobrevivieran allí había que montar un regadío, y tanto el río como el pozo del pueblo quedaban demasiado lejos para que tal pretensión fuera pragmática.

Josep se preguntó que otras cosas había sido incapaz de aprender sobre la tierra al hacerse mayor, de entre las muchas que su padre si conocía.

No tenía ningún deseo de dedicarse a cazar, pero cuando volvió a encontrarse con Jaumet recordó el sermón de Nivaldo sobre la necesidad de comer mejor.

─¿Me puedes conseguir un conejo? ─le preguntó.

Jaumet exhibió su lenta sonrisa y asintió. A la tarde siguiente apareció en su casa con un conejo pequeño al que había disparado en el cuello y pareció quedarse encantado con las monedas que Josep le dio a cambio. Le enseñó a despellejarlo y prepararlo.

─ ¿A ti cómo te gusta guisarlos? ─le preguntó Josep.

─ Los frío en manteca ─ respondió Jaumet.

Al irse, se llevó la cabeza y el pellejo como premio. Josep recordó lo que su padre solía hacer con los conejos. Fue a la tienda de comestibles y compró ajo, una zanahoria y un pimiento rojo picante bien grande. Nivaldo enarcó las cejas mientras le cobraba.

─ Qué, cocinando, ¿no?

De vuelta en casa, empapó una tela en vino agrio y frotó todo el cuerpo por dentro y por fuera antes de cuartearlo.

Dispuso las piezas en una olla con vino y aceite de oliva, añadió media docena de dientes de ajo aplastados y cortó las verduras antes de dejar la olla encima en una pequeña hoguera para que se arrancara a hervir a fuego lento.
Horas más tarde, cuando se comió dos piezas del guiso, la carne era tan tierna y sabrosa que se sintió santificado. Rebañó la salsa especiada, permitiendo que los trozos de pan duro se ablandaran hasta quedar casi líquidos y tan suculentos que casi se los tragaba sin masticar.

Cuando hubo terminado de comer llevó la olla a la tienda, donde Nivaldo picaba una col para su guiso.

─ Para que lo pruebes ─le dijo

Mientras Nivaldo comía, Josep leyó El Cascabel.

A su pesar, como consecuencia de aquellos sucesos en los que había visto enredado, tenía ahora más interés en cuestiones de política relacionadas con la monarquía. Siempre leía el periódico con atención, pero casi nunca encontraba la información que buscaba. Poco después de su regreso al pueblo, El Cascabel había publicado una noticia sobre el general Prim coincidiendo con el cuarto aniversario de su asesinato. El artículo revelaba que después del asesinato habían detenido a mucha gente, pero que la policía los había soltado después de interrogarlos.

Nivaldo masticaba y tragaba muy afanosamente.

─ Aún no he leído el periódico. ¿Hay algo interesante?

─ …Sigue habiendo duras luchas. Podemos dar gracias de que no hayan llegado hasta aquí. En Navarra, los carlistas atacaron a las fuerzas armadas y se hcieron con armas y piezas de artillería, además de tomar trescientos prisioneros. ¡Por Dios! ─ Agitó el periódico─. Casi capturan a nuestro nuevo Rey.

Nivaldo lanzó una mirada a Josep.

─ ¿Y entonces? ¿Qué hace el rey Alfonso con sus tropas?

─ Dice que se formó en Sandhurst, la escuela militar británica, y que participará activamente en los intentos de sofocar la guerra civil.

─ Ah, ¿si? Que interesante ─concedió Nivaldo.
Se comió el último pedazo de carne y, para mayor satisfacción de Nivaldo, empezó a chupar los huesos.

 

Del Autor – Noah Gordon

Noah Gordon es un escritor estadounidense nacido en el seno de una familia de origen judío, el 11 de Noviembre de 1926 en la localidad de Worcester (Massachusetts).

Tras un primer intento de estudiar la carrera de Medicina, acabó por licenciarse en Periodismo y Letras en la Universidad de Boston. Ejerció durante una temporada como periodista freelance y trabajó además para diversas publicaciones entre las que se encuentran el Worcester Telegram y el Boston Herald. Fue también editor y articulista de algunas revistas médicas, como el Psychiatric Opinion o el Journal of Abdominal Surgery.

Noah Gordon es autor de varias novelas que han llegado a convertirse en auténticos best-sellers de la literatura, que han sido traducidas a múltiples idiomas y que han logrado un puesto permanente en los estantes de las librerías. Su primera novela publicada fue «El Rabino» y data de 1965, aunque su obra más conocida es «El médico» (editada por primera vez en 1986 y llevada al cine en 2013), primera parte de una trilogía que se completa con «Chamán» y «La doctora Cole».

CURIOSIDADES:
– Noah Gordon fue llamado a las filas del ejército estadounidense para participar en la Segunda Guerra Mundial. Realizó servicios administrativos en San Francisco.

– Sus padres deseaban que se convirtiera en médico y él intentó contentarles en un principio, incluso asistió a la Universidad de Boston para cursar Medicina. Sin embargo, su gusto se decantaba más por el Periodismo, carrera por la que se decantó finalmente. No obstante, siempre ha mantenido vivo su interés por la medicina y la ciencia.

 

Libros de Noah Gordon

– El diamante de Jerusalen ***
– La doctora Cole
– La bodega
– El comité de la muerte ***
– El rabino
– Chamán
– El médico

***los que me falta leer

Día 23 – El Gourmet Solitario

El Gourmet Solitario

Título original: Kodoku no gurume
Autora: Jiro Taniguchi – Masayuki Kusumi (japones)
Editorial: Astiberri Ediciones
Páginas: 196
ISBN: 978-84-92769-68-1
Precio: Amazon $398  y Gandhi $398 

Sinopsis:

Un hombre solitario, con un trabajo que le permite una gran movilidad, recorre las calles de Tokio y otras localidades japonesas para visitar a sus clientes. Cada día es una ocasión para redescubrir un barrio que conoce o para conocer uno nuevo. Pero para este hombre, siempre solitario, el momento de la comida constituye una auténtica aventura, casi un ritual.

A lo largo de 19 capítulos El gourmet solitario nos presenta otros tantos platos de la cocina tradicional japonesa. A través de la mirada curiosa de este viajero gastronómico, los autores, Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi, trazan un auténtico retrato sociológico de Japón y de su riqueza gastronómica. Ambos consiguen sumergirnos en las costumbres japonesas, en un paseo sembrado de olores, sabores y diversidad. El gourmet solitario forma parte de esas cosas sencillas que nos ayudan a ver el lado bueno de la vida.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Suelo revisar las recomendaciones de libros que hablan sobre comida, y resulta que este parece ser una constante. Un manga escrito hace ya varios años.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Cuando yo era niña en casa los domingos compraban historietas que las cuatro hermanas nos peleábamos por leer. Desde entonces no había vuelto a agarrar algo ilustrado.

Oh sorpresa porque me gustó, tanto que me lo acabé en 3 días (estoy hablando de un libro con 19 capítulos y casi 200 páginas. Originalmente publicado en Japón en 1997, tuvo tanto éxito que se llevó a la TV, y 16 años después se publicó la segunda parte.

Cuando lees El Gourmet Solitario no lo puedes evitar, acabas buscando una y otra vez los diferentes platillos de los platillos de los que está hablando el protagonista

Historias cortas, que tienen un protagonista vendedor independiente de antigüedades, a quien le entra el antojo de comer por donde quiera que ande (restaurante, bar, cafetería o puesto de la calle). La mayor parte del libro se trata de verlo comer diferentes platillos japoneses.
Y allí viene la magia, porque se trata de platillos tradicionales o platillos que le traen recuerdos de su vida al protagonista.

No obstante que todos los capítulos llevan la misma estructura, el protagonista comiendo, pero cada capítulo es una historia diferente, un entorno diferente y hasta los platillos que se comen también son diferentes
Parecen iguales, pero no. Y el gourmet solitario es como yo, va a todas partes solo, es El Gourmet Solitario.

 

Del Autor

– Jiro Taniguchi

Jirō Taniguchi (谷口ジロー; Tottori, 14 de agosto de 1947-Tokio, 11 de febrero de 2017) fue un dibujante de manga japonés. Considerado un autor de culto e impulsor de la difusión del manga fuera de Japón en su trayectoria obtuvo numerosos galardones como los premios Tezuka, Shōgakukan, Alph’Art o Haxtur.

Sus obras se han traducido a varios idiomas, incluido el español, como El almanaque de mi padre (Chichi no koyomi), Crónicas del viento (Kaze no shō), El olmo del Cáucaso, El gourmet solitario (Kodoku no gurume), Tierra de sueños o Barrio lejano.

Nacido en el seno de una familia humilde en Tottori (región de Chūgoku), en un área rural rica en leyendas, próxima a la naturaleza y a un castillo en ruinas que sería trasfondo habitual de sus obras futuras, las vivencias de su infancia son temas fundamentales de su producción. Empezó a trabajar como asistente del dibujante Kyota Ishikawa. Debutó en el mundo del manga con Kareta Heya (La habitación ronca), publicado en 1970 en la revista Young Comic.

Taniguchi falleció en Tokio el 11 de febrero de 2017 a la edad de 69 años. Meses después se publicó póstumamente El bosque milenario, obra inacabada dirigida al público infantil, que incide en la necesaria armonía del ser humano y la naturaleza.

– Masayuki Kusumi

 

 

Nace en Tokio en 1958. Junto con su hermano Takuya crea el dúo de historietistas Q.B.B. … Además de guionista de cómics, Kusumi ha realizado trabajos como ilustrador, ensayista, diseñador y músico.

 

Libros de Koo Byung-mo

Aruku Hito (1992)
Barrio lejano (1998)
Ciudad sin defensa
Crónicas del viento
El almanaque de mi padre (1994)
El caminante
El gourmet solitario (1997)
El olmo del Cáucaso (2004)
El perro blanco
El rastreador (2000)
El viajero de la tundra
El viento del oeste es blanco
Hotel Harbour View (1986)
K (1988)
La cumbre de los dioses (5 volúmenes)
La época de Botchan (7 volúmenes en la versión en español)
La habitación ronca (1970)
La montaña mágica (2005)
Lindo 3
New York no Benkei (1996)
Seton (3 volúmenes) (2005)
Sobrevivir a la nueva era glacial (1986)
Sky Hawk (2002)
Tierra de sueños (1992)
Un zoo en invierno (2008)
Los años dulces (2008)
Cielos radiantes (2005)
El bosque milenario (2018)
Venecia

Día 13 – El Señor Nakano y las Mujeres

Día 13 – El Señor Nakano y las mujeres

Título original: Furudogu Nakano Shoten
Autora: Hiromi Kawakami (japonesa)
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 220
ISBN: 978-607-317-287-5
Precio: Amazon $149  y  Gandhi $450

 

Sinopsis:

Hitomi entra a trabajar en una tienda de objetos de segunda mano en Tokio. «Esto no es un anticuario, sino una tienda de segunda mano», le advierte el señor Nakano el día en que hace la entrevista. Allí está Takeo, el joven asistente con quien inicia una extraña relación, y Masayo, la hermana del propietario que hace exposiciones con muñecas y cuya vida sentimental atormenta al señor Nakano, que se mantiene vigilante sobre todo y a quien pierden las mujeres. Un grupo que vagamente podría parecer una familia. Cronista delicada y elusiva, Kawakami nos ofrece en este libro, además de la historia entre Hitomi y Masayo, una sucesión de ventanas abiertas al Japón contemporáneo, en el que conviven los objetos de una tienda extravagante con la vaga melancolía de unos hombres y unas mujeres que nunca consiguen ser felices del todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Como el burro que tocó la flauta, porque en realidad yo me estaba saliendo de mi línea de leer tramas donde la comida llevara un papel importante en la trama. Pues si, yo quería participar en el Marzo Asiático organizado por MagretAjosTiernos https://www.youtube.com/channel/UCGaMl2kAz8wyovEScxnWwmg/videos en su canal de YouTube, que se trata de leer libros de autores Asiáticos.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Comencé a leer este libro porque es chiquito (220 páginas) y me pareció que lo terminaría rápido, para cumplir con el Marzo Asiático. Me ha dado una sorpresa, y dejó en mi boca el sabor a nostalgia. Fácil puedo leer la segunda parte jajajajjjja.

Kawakami es una excelente narradora de lo cotidiano, de los sentimientos, de los detalles que parecen no aportar mucho. La historia es el día a día, y va lento, pero cuando menos imaginas comienza a correr y no quieres que se acabe. Me dio vacío estomacal cuando sentí que venía el final, porque no quería que llegara, pero fue apenas un suspiro. Muy recomendable
La historia gira alrededor de cuatro personas: el señor Nakano, dueño del establecimiento, y su hermana Masayo. Allí trabajan dos jóvenes: Takeo e Hitomi (la narradora de la historia).

Cada capítulo narra una historia autoconcluyente y le va sumando personas. Las historias son sencillas, y las emociones están presentes. Al final, de una u otra forma, todo se entrelaza.

La hora del almuerzo suelen hacerla en grupo, y si bien es cierto que encontramos pizzas o hamburguesas, el cerdo frito y el pescado, así como fideos en caldo, aparecen con frecuencia…

 

Algo para recordar

UN SOBRE CUADRADO DEL NÚMERO DOS

« Pues eso» era el tic lingüístico del señor Nakano.
—Pues eso, pásame la salsa de soja —acababa de decirme. Yo no salía de mi asombro.
Ese día habíamos salido a almorzar los tres juntos. El señor Nakano había escogido cerdo frito con jengibre, Takeo había pedido pescado hervido y yo, arroz al curry. Enseguida trajeron el cerdo frito y el pescado. El señor Nakano y Takeo cogieron los palillos de usar y tirar que estaban en una cajita encima de la mesa, los separaron y empezaron a comer. Takeo me pidió disculpas en voz baja por no esperar a que trajeran mi plato, pero el señor Nakano se abalanzó sobre el suyo sin decir palabra.
Cuando al fin me trajeron el arroz al curry y yo acababa de coger la cuchara, el señor Nakano me pidió la salsa de soja utilizando la frase que he citado anteriormente.
—Ese «pues eso» no tiene mucho sentido, ¿no? —observé. El señor Nakano dejó su cuenco en la mesa.
—¿Yo he dicho eso?
—Sí, lo ha dicho —murmuró tímidamente Takeo.
—Pues eso
. —¡Acaba de decirlo otra vez!
—Vaya. —El señor Nakano se rascó la cabeza con un Resto exagerado—. Se ve que tengo un tic.
—Y un poco raro, por cierto.
Le pasé la salsa de soja. El señor Nakano aliñó sus dos rodajas de nabo en conserva y empezó a masticarlas ruidosamente.
—Lo que pasa es que mantengo conversaciones mentales conmigo mismo. Por ejemplo, A se convierte en B , que me lleva hasta C , y mi razonamiento sigue con D . Cuando llega el momento de expresar D en voz alta, me sale un «pues eso» sin querer, porque sigue el hilo de mis pensamientos.
—Claro —dijo Takeo, mientras mezclaba el jugo del pescado con el arroz que le había sobrado.
Takeo y yo trabajábamos para el señor Nakano. Hace veinticinco años abrió una tienda de objetos de segunda mano en un barrio periférico del oeste de Tokio poblado de estudiantes. Por lo visto, antes estaba contratado en una empresa mediana de productos de alimentación, pero pronto se cansó de trabajar en una oficina y la dejó. Era la época en que estaba de moda lanzarse a la aventura, aunque el señor Nakano no llevaba suficiente tiempo trabajando por cuenta ajena como para considerarlo una aventura. Sea como fuere, se sintió avergonzado de dejar el trabajo por puro aburrimiento. Me lo explicó un día en la tienda, pausadamente, aprovechando que en ese momento no había nadie.
«Esto no es un anticuario, sino una tienda de segunda mano», me advirtió el señor Nakano el día en que fui a hacer la entrevista de trabajo. En el escaparate había un cartel pegado al cristal y escrito con mala letra que rezaba: «Se buscan empleados. Entrevistas a todas horas». Sin embargo, cuando entré a preguntar, el dueño me dijo: «Te entrevistaré el primero de septiembre a las dos del mediodía. Sé puntual». Aquel hombre delgado, que tenía un extravagante aspecto con su bigote y su gorra de punto, era el señor Nakano.
La tienda del señor Nakano, que no era de antigüedades sino de objetos usados, estaba literalmente sepultada bajo una montaña de artículos de segunda mano. El interior del local estaba abarrotado de mesitas de té, vajillas y viejos ventiladores y aparatos de aire acondicionado, es decir, la clase de objetos normales y corrientes fabricados a partir de los años treinta que se podían encontrar en cualquier hogar japonés. Antes del mediodía, el señor Nakano subía la persiana y, con un cigarrillo entre los labios, sacaba los «artículos reclamo» a la calle, entre los que se contaban, por ejemplo, una especie de escudilla con un llamativo estampado, una lámpara de diseño, dos pisapapeles de imitación de ónice con forma de tortuga y de conejo o una antigua máquina de escribir. Los colocaba sobre un banco de madera delante de la tienda con el objetivo de atraer a la clientela. De vez en cuando, si por ejemplo la ceniza del cigarrillo caía sobre el pisapapeles en forma de tortuga, él lo limpiaba frotando enérgicamente con la punta del delantal negro que siempre llevaba puesto.
El señor Nakano solía estar en la tienda hasta primera hora de la tarde. Luego me dejaba sola atendiendo y salía con Takeo a hacer recogidas.
Tal y como su nombre indica, las recogidas consistían en pasar por las casas a recoger trastos usados. La mayoría de las veces, le llamaban desde casas cuyo propietario había fallecido y sus parientes necesitaban deshacerse de los muebles y utensilios del difunto. El señor Nakano recogía incluso los objetos y la ropa que ni siquiera los familiares podían aprovechar. Pagaba unos cuantos miles de yenes, 10,000 como máximo, y se lo llevaba todo en una pequeña camioneta. Como los clientes se quedaban los artículos de valor y le entregaban el resto, les resultaba mucho más beneficioso llamar al señor Nakano que avisar a los servicios de recogida municipales para que se llevaran los trastos voluminosos. Por eso la mayoría de sus clientes aceptaba la pequeña cantidad de dinero sin rechistar y seguía la furgoneta con la mirada mientras se alejaba con sus pertenencias. Sin embargo, Takeo me explicó que algunas personas se quejaban de que el precio era irrisorio y ponían al señor Nakano en un compromiso.
El señor Nakano había contratado a Takeo un poco antes que a mí para que lo ayudara con las recogidas. Si había que recoger objetos pequeños, Takeo lo hacía solo.
—¿Cuánto dinero tengo que ofrecerles? —le preguntó Takeo, inseguro, la primera vez que el señor Nakano le ordenó que fuera sin él.
—Pues eso, el precio tiene que ser el más conveniente. Ya sabes cómo se calcula el valor de un objeto, me has visto hacerlo muchas veces.
En ese momento, Takeo apenas llevaba tres meses trabajando en la tienda, y no sabía calcular el valor de los objetos. A mí me pareció que mi jefe tenía ideas muy disparatadas, pero considerando lo sorprendentemente bien que marchaba el negocio, estaba claro que le funcionaban.
Takeo salió de la tienda nervioso y cohibido, pero regresó con el mismo aspecto de siempre.
—No he tenido ningún problema —anunció. Al saber que había pagado 3500 yenes en total, el señor Nakano asintió varias veces, satisfecho, pero abrió los ojos como platos cuando vio la gran cantidad de objetos que Takeo había traído.
—Takeo, les has pagado una miseria. ¡Por eso me dan tanto miedo los principiantes! —bromeó el señor Nakano, riendo.
Takeo me explicó que uno de los jarrones que había recogido aquel día se vendió más adelante por 300 000 yenes. Como al señor Nakano no le interesaban los objetos tan caros, vendió el jarrón en un mercado de antigüedades que se instalaba en los alrededores de un templo. La chica con la que Takeo salía entonces se hizo pasar por su ayudante y lo acompañó hasta el puesto del mercado. Al enterarse de que un jarrón viejo y sucio se podía vender por 300 000 yenes, la chica empezó a atosigar a Takeo diciéndole que montara su propio negocio de artículos de segunda mano para poder independizarse e irse a vivir por su cuenta. Ya fuera por ese o por otro motivo, Takeo rompió con ella al poco tiempo.
Eran raras las veces en que el señor Nakano, Takeo y yo comíamos juntos. Nuestro jefe solía estar fuera la mayor parte del tiempo recogiendo material o merodeando por los mercados, las subastas o las reuniones de comerciantes del gremio. Takeo, por su parte, desaparecía sin perder ni un minuto en cuanto terminaba sus recogidas. Aquel día comimos juntos porque teníamos previsto visitar la exposición de Masayo, la hermana mayor del señor Nakano.
Masayo era una solterona de cincuenta y tantos años. Antes la familia Nakano tenía varias propiedades, pero la fortuna familiar había empezado a decaer durante la generación anterior a la del señor Nakano. No obstante, todavía les quedaba suficiente dinero para que Masayo pudiera vivir de las rentas de los pisos que tenían.
De vez en cuando el señor Nakano se burlaba de su hermana diciendo que era una ar-tis-ta, pero en realidad la trataba muy bien. Masayo exponía sus creaciones en la pequeña galería situada en el primer piso de la cafetería Poesie, que se encontraba delante de la estación. Era una colección de muñecas que ella misma había hecho a mano.
Al parecer, su última exposición, que había tenido lugar poco antes de que yo empezara a trabajar en la tienda, llevaba el nombre de “Colores del bosque” . Masayo había arrancado unas cuantas hojas del bosquecillo que había en las afueras del barrio, había elaborado un tinte vegetal y había teñido unas prendas de ropa. A ella le parecía que el color del tinte era chic, pero Takeo me confesó más adelante, meneando la cabeza, que le había parecido «color váter». Masayo tendió la ropa en unas ramas que había recogido en el mismo bosquecillo y las colgó del techo. Cada vez que dabas un paso por la galería, que parecía un laberinto, las telas y las ramas que colgaban del techo y de las paredes te rozaban la cabeza y los brazos y te enredabas constantemente, según el señor Nakano.
La exposición de muñecas, sin embargo, no era tan extravagante, puesto que las muñecas no colgaban del techo sino que estaban expuestas en unas mesas a lo largo de la galería y cada una de ellas tenía un nombre, como Libélula nocturna o En el jardín. Takeo recorrió la exposición con una expresión ausente, mientras que el señor Nakano examinó las muñecas una por una, cogiéndolas delicadamente y dándoles la vuelta. La luz del mediodía irrumpía a través de las ventanas. La calefacción de la galería estaba encendida, y Masayo tenía las mejillas sonrojadas.
El señor Nakano compró la muñeca más cara y yo me quedé un muñequito en forma de gato que encontré entre los objetos amontonados en un cesto de la entrada. Nos despedimos de Masayo en las escaleras y salimos los tres juntos a la calle.
—Tengo que ir al banco —anunció el señor Nakano, y desapareció tras la puerta automática del banco que teníamos justo enfrente.
—Como siempre —dijo Takeo, mientras echaba a andar con las manos en los bolsillos de sus holgados pantalones.
Takeo tenía prevista una recogida en Hachioji. Allí vivían dos ancianas hermanas cuyo hermano mayor acababa de fallecer. Las «abuelitas», según el señor Nakano, llamaban constantemente para quejarse de que, justo después de la muerte de su hermano, habían empezado a llegar parientes a los que nunca habían visto para intentar birlarles las obras de arte y los libros antiguos que coleccionaba el difunto. Cada vez que llamaban, el señor Nakano les dirigía amables palabras de ánimo y siempre esperaba a que ellas colgaran antes el teléfono. «Así es este negocio», me decía, guiñándome el ojo, en cuanto colgaba después de haber aguantado media hora de lamentos. Aunque parecía escuchar con interés las quejas de las ancianas hermanas, no quiso ir a su casa a recoger material.
—¿Seguro que quiere que vaya solo? —le preguntó Takeo.
—Pues eso —repuso el señor Nakano acariciándose el bigote—, deberías pagarles un precio entre medio y bajo. Si les ofreces demasiado dinero, las abuelitas se asustarán, y si es demasiado poco…
Subí la persiana de la tienda e, imitando al señor Nakano, empecé a colocar los artículos reclamo en el banco. Mientras tanto, Takeo sacó la camioneta del garaje que había detrás del local. Le dije adiós y él agitó la mano derecha mientras aceleraba. Takeo tenía el dedo meñique de la mano derecha amputado a la altura de la primera falange.
Al parecer, el día en que lo entrevistó, el señor Nakano insinuó:
—¿No serás un…? Ya sabes a lo que me refiero.
—Si hubiera sido un yakuza, se habría arriesgado mucho al contratarme —le dijo Takeo cuando ya empezaba a adaptarse a su nuevo trabajo.
—En este negocio es fácil reconocer con qué tipo de gente estás tratando —rio el señor Nakano.
Cuando estudiaba tercero de bachillerato, un compañero de clase de Takeo le había pillado el dedo con una puerta de hierro y se lo había amputado por el simple motivo de que «le molestaba su existencia». Era un chaval que llevaba todo el curso metiéndose con él. Un semestre antes de graduarse, Takeo dejó el instituto porque, desde el accidente, se sentía constantemente en peligro. Su tutor y sus padres se comportaron como si todo fuera normal. Atribuyeron el repentino abandono de Takeo a su dejadez y a su estilo de vida. Aun así, Takeo se consideraba afortunado de haber podido dejar el instituto. Su compañero de clase, el chico que lo había hecho sentir amenazado, estudió en una universidad privada y el año anterior había entrado a trabajar en una empresa.
—¿No te da rabia? —le pregunté.
—Lo que siento no es exactamente rabia —me respondió él, con una sonrisa torcida.
—¿Qué es, entonces? —inquirí de nuevo, pero él soltó una risita desganada.
—No lo entiendes, Hitomi —me dijo—. A ti te gustan los libros y tienes una mente compleja. Yo tengo una mente simple —prosiguió.
—Yo también soy simple —repuse.
—Ahora que lo dices, a lo mejor tienes razón —admitió, riendo de nuevo—. Fue un corte limpio. Como no tengo tendencia a formar queloides, el médico del hospital me dijo que la herida cicatrizaría bien.
Cuando hube perdido de vista la camioneta, me senté en una silla al lado de la caja registradora y me puse a leer un libro de bolsillo. Entraron tres clientes en una hora. Uno de ellos se compró unas gafas viejas. Yo creía que unas gafas no servían para nada sin la graduación adecuada, pero en la tienda del señor Nakano las gafas viejas tenían mucho éxito.
—La gente las compra precisamente porque no sirven —decía siempre el señor Nakano.
—¿Y eso cómo se entiende?
—¿A ti te gustan las cosas útiles, Hitomi? —me preguntó él, sonriendo.
—Claro —repuse.
El señor Nakano dejó escapar un resoplido y, de repente, empezó a canturrear una estrofa de una extraña canción: «Un plato útil, un estante útil, un hombre útil».

Después del cliente que había comprado las gafas, no entró nadie más. El señor Nakano aún no había vuelto del banco. Debía de estar con alguien. Un día, Takeo me explicó que cuando decía que iba al banco, casi siempre quedaba con una mujer.
El señor Nakano se había casado por tercera vez unos años antes. Con su primera mujer había tenido un hijo que ya iba a la universidad, con la segunda había tenido una hija que estudiaba primaria, y su esposa actual había dado a luz a un niño seis meses antes. Además, tenía una amante.
—¿Tienes novio, Hitomi? —me preguntó mi jefe un día, aunque no parecía ansioso por conocer la respuesta. Me lo preguntó como quien habla del tiempo, mientras se tomaba un café junto al mostrador. Tampoco enfatizó la palabra novio, sino que la pronunció en un tono más bien neutro.
—Antes salía con un chico, pero ahora no estoy con nadie —le respondí.
—Ya —repuso brevemente, asintiendo. No me preguntó qué clase de chico era, ni cuándo habíamos roto, ni nada por el estilo.
—¿Cómo conoció a su actual esposa, señor Nakano? —inquirí.
—Es un secreto —repuso él.
—Con esa respuesta sólo conseguirá que tenga más ganas de saberlo —insistí, y él me miró fijamente—. ¿Por qué me mira así?
—No tienes por qué fingir que te interesa, Hitomi —repuso él.
La verdad es que no tenía el menor interés en saber cómo había empezado la relación entre el señor Nakano y su tercera esposa. «No hay que subestimar al jefe —me susurró Takeo al oído más tarde—. Por eso tiene tanto éxito con las mujeres, porque conoce muy bien a la gente».
El señor Nakano aún no había vuelto, en la tienda no había nadie y Takeo estaba en casa de las abuelitas de Hachioji. Puesto que no tenía nada que hacer, seguí leyendo.
Últimamente, había un cliente que sólo venía cuando yo estaba sola en la tienda. Era un hombre un poco mayor que el señor Nakano. Al principio pensé que era casualidad que siempre apareciera cuando no había nadie más, pero no lo era. Si intuía la presencia del señor Nakano, se ponía nervioso y se iba, pero regresaba rápidamente cuando el jefe no estaba. «¿Viene muy a menudo?», me preguntó un día el señor Nakano, y yo asentí.
Al día siguiente, por la tarde, el señor Nakano estuvo un buen rato revolviendo cachivaches en el almacén de la trastienda. El hombre misterioso llegó a última hora de la tarde y se quedó vacilando entre la puerta y la caja registradora, donde yo estaba sentada. Mientras tanto, el señor Nakano lo espiaba desde el almacén. Cuando el cliente se acercó a la caja, salió con una sonrisa y empezó a hablar con él. Era la primera vez que oía su voz. El señor Nakano lo escuchó durante un cuarto de hora, mientras el cliente le explicaba que vivía en la ciudad de al lado, que se llamaba Tadokoro y que coleccionaba espadas y sables.
—Aquí no tenemos nada antiguo —repuso el señor Nakano, a pesar de que el cartel de la tienda anunciaba que vendía objetos de segunda mano.
—Pero tienen cosas muy curiosas —observó Tadokoro, mientras señalaba un rincón donde había revistas femeninas de los años veinte y unas figuritas que regalaban con los caramelos Glico.
Tadokoro era un hombre bastante atractivo. Tenía el rostro enmarcado por la sombra oscura de la barba afeitada. Si hubiera estado un poco más delgado, se habría parecido a un actor francés cuyo nombre no recuerdo. Su voz atiplada me ponía un poco nerviosa, pero tenía una forma de hablar tranquila y serena.
Un poco después de que se hubiera ido, el señor Nakano me dijo:
—No vendrá en una temporada.
—Pero si han mantenido una conversación muy cordial —susurré, pero él meneó la cabeza y, aunque le pregunté por qué Tadokoro no iba a volver, no quiso explicármelo. A continuación, salió de la tienda murmurando que tenía que ir al banco.
Tal y como el señor Nakano había predicho, Tadokoro estuvo una temporada sin dar señales de vida. Al cabo de dos meses, sin embargo, empezó a venir de nuevo, siempre intentando aparecer cuando mi jefe no estaba. Al entrar me decía «Buenos días», y se despedía antes de salir.
Nunca intercambiábamos más que esas cuatro palabras, pero el ambiente se cargaba cuando venía. Los demás clientes habituales también me saludaban al entrar y al salir, exactamente igual que él, pero su presencia no era tan sofocante como la de Tadokoro.
Takeo se encontró con él un par de veces.
—¿Qué opinas de él? —le pregunté.
Reflexionó unos instantes, con la cabeza ladeada.
—A mí no me huele mal —repuso al fin.
—¿A qué te refieres? —inquirí, pero él agachó la cabeza sin decir nada más.
Mientras Takeo vertía un cubo de agua delante de la tienda para limpiar la calle, pensé en el significado de «oler mal». Intuí más o menos a qué se refería, pero también supuse que no había querido decir lo que yo pensaba.
Cuando terminó de limpiar la calle, se dirigió a la trastienda con el cubo vacío y oí que murmuraba:
—Los tipos que huelen mal son los que sólo piensan en sí mismos.
Tampoco acabé de entender a qué se refería.

De la Autora – Hiromi Kawakami

Hiromi Kawakami (en japonés: 川上 弘美, transcripción: Kawakami Hiromi) (Tokio, Japón, 1 de abril de 1958) es una de las escritoras más populares de Japón.

Estudió Ciencias naturales en la Universidad de Ochanomizu y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela (Kamisama). Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. En 1996 obtuvo el Premio Akutagawa por Tread on a Snake. En 2000 obtuvo el Premio Ito Sei y el Woman Writer’s por Oboreru. En 2001 ganó el prestigioso Premio Tanizaki por la novela El cielo es azul, la tierra blanca (Acantilado, 2001), adaptada posteriormente al cine con gran éxito.

 

Libros de Hiromi Kawakami en español

El cielo es azul, la tierra blanca (Acantilado, 2001)
Algo que brilla como el mar (Acantilado, 2010),
Abandonarse a la pasión (Acantilado, 2011),
El señor Nakano y las mujeres (Acantilado, 2012),
Manazuru (Acantilado, 2006) y
Vidas frágiles, noches oscuras (Acantilado, 2015).

Día 6 – Este Libro es una Golosina

Este Libro es una Golosina

Autores: Claudia Espinoza, Ignacio Urquiza, Alejandra Kawage de Quintana, Manuel Arango, José N. Iturriaga y Lula Bertrán

Editorial: GilbertoA.C.

Lugar y Año de la publicación: México 2018

Páginas: 275

Precio: $ 1244 Amazon   $1500 Mercado Libre  $1088 Gandhi (lo compré en enero, pero ya no lo tienen disponible)

ISBN: 978-607-7986-53-1

 

Sinopsis:

Este libro es una propuesta de Asociación Gilberto para conmemorar y celebrar treinta años de labor institucional con las comunidades más vulnerables del país.

Los textos que aquí se descubrirán nos transportan a los orígenes y contexto de cada dulce, algunos de ellos con las recetas para poder prepararlas en casa.

Son 270 páginas con ilustración de calidad que nos describen más de 80 golosinas mexicanas, en un formato de tapa dura.

Este libro es una golosina, una probadita del gran acervo dulcero de México, un rescate de los recuerdos gustativos de nuestra niñez, un libro de recuerdos y encuentros pero, sobre todo, un vínculo que nos une a los mexicanos en un mismo dulce placer compartido

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque habla de todos los dulces en toda la República Mexicana. De algunos nos muestra su origen, su historia, de otros hasta la receta.

Y bueno, no queda en dulces, también una que otra botanita

 

Mi opinión:

Este libro es una obra de arte. Por su contenido (historias de los dulces, recetas varias) y por sus hermosas fotos. Me encantaría hacer la prueba de preparar algunas de sus recetas

Desgraciadamente lo consigues solo en Amazon y en Mercado libre (50% más caro de lo que me costó a mí. Y digo desgraciadamente, porque es un libro relativamente nuevo, que tiene una buena casa editorial Ambar Editores http://www.ambardiseno.com/home#secc_contacto, pero su página muy pobre, no ofrece alternativa de compra (le metí el nombre del libro y no lo reconoció).

Entonces lo más accesible es Amazon

 

De los autores:

Claudia Espinoza, Ignacio Urquiza, Alejandra Kawage de Quintana, Manuel Arango, José N. Iturriaga y Lula Bertrán:

Busqué información en la casa editorial, no encontré nada sobre estas personas.

Día 2 – La Panadería Encantada

La Panadería Encantada

Título original: Wizard Bakery
Autora: Koo Byung-mo (coreana)
Editorial: Nostra Ediciones
Páginas: 230
ISBN: 978-607-8237-94-4
Precio: Amazon $245  y Gandhi $156

 

Sinopsis:

En ocasiones, salir corriendo de casa para escapar no es la mejor solución a los problemas, pero si tienes un vecino panadero que te dé asilo por un tiempo, tal vez las cosas sean diferentes. Descubre la magia que se desata al probar las delicias encantadas de esta panadería, donde su dueño te mostrará que toda decisión que tomes tendrá consecuencias.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

¿Panadería? Pues sí, me sonó a que debía leerlo. Imaginé que se trataba de un libro de Fantasía, juvenil. No es mi fuerte pero igual me interesó por el título, la portada que es una galleta de jengibre.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Es mi primer libro coreano, y lo quise leer para participar en el Marzo Asiático organizado por MagretAjosTiernos  en su canal de YouTube, que se trata de leer libros de autores Asiáticos.

He batallado para determinar en que rango colocarlo.

A la mejor estoy un tanto obsoleta en la clasificación de los libros juveniles, pero definitivamente no es un libro para niños.

Es para jóvenes porque a pesar de la fantasiosa historia, también está lleno de mensajes, moralejas y responsabilidad.

La trama gira alrededor de un chico que tiene problemas en su casa. Por cierto, nunca aparece el nombre del niño.

Su madre muere, su padre se vuelve a casar, más por conseguir quién lave, planche y cocine que por amor. La elegida es una maestra que se apellida Be, que tiene una niña pequeña, Muji (los únicos personajes con nombre). La madrastra trata mal al niño, y el papá lo permite. Por eventos desafortunados (lo acusan de un crimen que no cometió) él niño tiene que huir de su casa, y se refugia en la panadería de su barrio, que abre las 24 horas del día. Entra y pide refugio al panadero, que cuando lo ve golpeado, le da espacio para que pase la noche. Allí se quedará varios días, enfrentando a sus miedos.

El panadero que resulta ser un poderoso Mago, se hace acompañar del pájaro azul (de noche)– niña (de día) y los panes que elabora en la panadería encantada son peculiares: un pudín para la mente, una magdalena de piña para el corazón roto, un panque de huevo para los negocios.

Está lleno de fantasía, pero también tiene un lado obscuro en el que te puedes topar con tripas, con la muerte, venganza, y resentimiento.

El poderoso mago no solo ayuda a la clientela, quienes hacen sus pedidos via web, para resolver los problemas del día a día, sino que les insistirá que hagan frente con sus propios medios…o que se atengan a las consecuencias de sus decisiones.

Ten cuidado con lo que deseas porque todo conlleva una consecuencia, parece ser la consigna.

Algunos panes a la venta te ayudan con los negocios. Pero hay que sus ingredientes mágicos te permiten dañar a las personas. Galletas que te hacen un doble para que tu puedas ausentarte de la escuela o del trabajo o la galleta diabólica de canela que puede provocar incluso la muerte.

Es una novela juvenil con un tema original y diferente. Lleno de magia (que siempre tiene una consecuencia) pero también de obscuridad (el abuso y maltrato infantil). Me recordó aquel libro de Stephen King, La tienda (mas por los productos que allí se vendían, y que el precio a pagar era caro).

Si bien, el pan y las galletas están a la orden del día y nos da “recetas”, en realidad lo que muestra son los ingredientes (los de verdad y los mágicos) con los que se hacen los productos que se venden en la Panadería Encantada, sin las proporciones, por supuesto.

Con una narrativa en primera persona, ágil y que te mantiene siempre interesado, nos maneja un final que tú puedes elegir entre dos posibilidades paralelas, ambos llenos de esperanza. Un monumento a la toma de decisiones responsable, a la verdadera amistad y a la fe en la familia (familia no sanguínea)

 

Algo para recordar

 

Ramita de Avellano

Todo comenzó con la maestra Be y su hija de siete años.

Por conveniencia la nombraremos maestra Be. Por un tiempo la llamé madre como muestra de respeto por ser la esposa de mi padre, pero, ya que nuestro punto de unión crujía como huesos dislocados, no tenía sentido decirle así. Se volvió innecesario poco después del primer encuentro. Además, éste no es un apelativo incorrecto, puesto que su apellido era Be y era maestra de escuela primaria.

Llegó a mi casa cuando yo tenía nueve años: la edad más adecuada para empezar a distinguir entre la realidad y los cuentos.

En la infancia no se puede hacer esta distinción porque la capacidad cognitiva no está desarrollada. Sin embargo, al pasar de una edad determinada, la personalidad sufre un complejo estado de confusión debido al deseo de abstraerse de la realidad y al síndrome de Peter Pan que todos tenemos en mayor o menor grado. La mayoría de las personas, después de un periodo de confusión no muy largo, se olvida de los cuentos y lleva una vida común y corriente. De los restantes, unos pocos se cuelgan del techo o se vuelven locos. Yo no era parte…

…de la mayoría, pues a los cinco años perdí los cuentos entre una multitud de gente en la estación de Cheongnyangni. En cuanto metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta, pude tocar la realidad en la escueta forma de cuatro monedas de quinientos wones, un pan en una bolsa de celofán muy inflada y un paquete de pañuelos de papel de mala calidad que repartían como artículo promocional de un karaoke.

A mi padre le daba vergüenza casarse por segunda vez de manera lujosa, así que solo quería que comenzaran a vivir juntos. Pero la maestra Be insistió en celebrar una boda fastuosa en que burbujas de jabón y niebla de hielo seco bailaran un vals ante sus ojos. Dijo que ella no era una pobre mujer que se había fugado de noche con él, porque no le quedaba más opción, ni una viuda secuestrada. Por lo tanto no quería vivir sintiéndose avergonzada ni conformarse con un simple registro de matrimonio. Y añadió que yo debía ser quien le entregara las flores como gesto de felicitación.

Tal vez fue una especie de declaración: “Yo no soy una criada mugrienta que viene aquí a darte de comer y lavar la ropa, sino la esposa de tu padre en toda la extensión de la palabra. Así que abre bien los ojos y date cuenta de que, ante todo, me debes respetar como madre”.

Si ella hizo de forma tan discreta una declaración así de importante -¡aunque en mis oídos resonó el eco de sus palabras sin disfrazar!-, es porque también debía estar preocupada. ¿Acaso pensó que yo la rechazaría como los adolescentes de las telenovelas, que le diría que no podría llamar madre a alguien como ella y que me negaría a ir a la escuela? ¿Pensó que la haría pasar malos ratos echando arena en la comida o molestándola? ¿Será por eso que por adelantado decidió extirpar de raíz los problemas que suelen suceder en ese tipo de familias?

Si fue así, entonces se equivocó. La ausencia de mi madre no me había pegado tanto como para albergar esos sentimientos, ni llevaba una relación tan íntima con mi padre como para portarme tan mal. No se puede sentir apego por lo que nunca se tuvo o por lo que se perdió muy pronto.

En fin, así fue como comencé a convivir con la maestra Be.

 

De la Autora – Koo Byung-mo

 

Nació en Seúl, Corea del Sur. Estudió lengua y literatura coreanas en la Universidad de Kyung Hee, y hoy en día se dedica a la escritura y edición de libros. Desde muy joven mostró interés por las letras. Ganó el Segundo Premio Changbi para escritores jóvenes con la novela la Panadería Encantada, obra que, además, ya ha sido traducida y publicada en inglés y francés.

 

Libros de Koo Byung-mo

La Panadería Encantada es su único libro

Larousse Pan Artesanal en Casa

Larousse Pan Artesanal en Casa

Autor: Irving Quiroz
Editorial: Larousse
Lugar y Año de la publicación: México 2018
Páginas: 191
Precio: $ 239 Amazon y $239 en Gandhi
ISBN: 978-607-21-1958-1

 

Sinopsis:

Libro de recetas de panadería internacional. Irving Quiroz es también autor de Panes mexicanos, libro editado por Larousse en 2014. Pan artesanal en casa contiene una selección de panes dulces y salados procedentes de varias partes del mundo, algunos de ellos clásicos, como la baguette, la concha, el croissant o el muffin de blueberries, y otros que en los últimos años han ganado presencia en México, como la fougasse, el hot cross bun o el panecillo chino al vapor. Son más de 50 recetas de panes distribuidas alfabéticamente para distintas ocasiones: complementar una comida o cena; preparar sándwiches o tortas; para el desayuno o la merienda; como botana; para celebraciones especiales, o como refrigerio acompañado con té, café, chocolate o incluso un vino espumoso o dulce. Cada receta incluye una breve introducción sobre el origen del pan y sus características organolépticas, así como datos de interés, mitos, leyendas y hábitos de consumo en torno a él. Incluye información clara y práctica sobre términos y utensilios utilizados en la panadería, tipos de masas, técnicas básicas y el uso de prefermentos, además de una práctica guía para elaborar y mantener una masa madre natural.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque tengo la consigna de hacer nuevas recetas de pan, nacional o recetas extranjeras.

Tengo la teoría de que la única forma de superarse haciendo pan es experimentar, una y otra vez.

Mi opinión:

Este libro es muy interesante porque su diseño es de técnica-receta.

Te menciona las diferentes formas de hacer pan, y ejemplifica con una receta.

 

Del Autor, Irving Quiroz:

Chef repostero mexicano, autor del libro «Panes Mexicanos» de la editorial Larousse el cual es presentado en Monterrey Nuevo León y la república Mexicana. Los cursos y presentaciones impartidos van dirigidos a instituciones y personas amantes del mundo de la repostería porque «nadie puede resistirse al sabor de un pan recién horneado».

Irving Quiroz es chef repostero mexicano, aprendiz eterno de la pastelería. Ha mostrado su pastelería en diversos festivales en México y en el extranjero.

Es autor del libro «Panes Mexicanos» de la editorial Larousse donde se rinde un homenaje a la panadería mexicana.
Además ha sido representante de México en las olimpiadas Culinarias de Alemania en 2008 y 2012, ha colaborado en el programa de “La Pastelería” que se transmite en Fox Life, donde comparte sus recetas de panadería mexicana.
Su carrera profesional abarca más de 15 años: Gerente del Instituto Tecnológico de Panificación Unilever, Chef instructor de varias instituciones, entre ellas: Centro Culinario Ambrosía, Instituto Culinario de México, Culinaria Pangea, Espai Sucré Mx, invitado especial en el Master de chocolate por la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona y fue asesor panadero en el Centro Culinario Caterplan de Río de Janeiro, Brasil.

Participante en el programa Top Chef México® 2016. Una producción que resalta los colores, texturas y magníficos sabores de la comida mexicana donde el Chef Irving es el único concursante especializado en la cocina dulce.

Fue Chef Ejecutivo de Theurel & Thomas prestigiada boutique mexicana con especialidad en repostería francesa.
Obtuvo su formación como profesional en gastronomía en el Instituto Culinario de México. Emprendió cursos de especialización en panadería en la École de Boulangerie et Patisserie de París, y en repostería en la École des Arts Culinaires et Hôtellerie, Escuela Ritz Escoffier de París, tiene cursos en chocolatería en Chocolate Academy en Chicago.

La Nariz de Edward Trencom

La Nariz de Edward Trencom

Autoras: Giles Milton
Editorial: La Factoría de Ideas
Páginas: 314 páginas
Precio: Amazon $139 en libro electrónico  y  Gandhi $315 
ISBN: 978-84-9800-469-4

 

Sinopsis:

Edward Trencom ha ido dando tumbos por la vida, confiando en su infalible nariz para convertir la tienda familiar en la más celebre fromagerie de Inglaterra. La suya no es una nariz corriente, sino una nariz larga, aguileña y provista de un característico abultamiento redondeado sobre el puente: la misma nariz que ostentan todos los hombres de la familia Trencom. Un buen día, Edward tropieza con un cajón lleno de papeles viejos y su vida se vuelve del revés. Descubre espantado que nueve generaciones de su familia han conocido finales trágicos por culpa de sus narices. Cuando se pone a investigar, se ve envuelto en un enigma bizantino sin aparente solución. Y como sus infortunados antecesores, es perseguido por fuerzas hostiles cuya identidad y propósito son un completo misterio. Esta deliciosa novela, primera obra de ficción de Giles Milton, es una suculenta mezcla de Mark Haddon y p. G. WareHouse.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este libro tiene un par de años que me lo recomendó Carmen (Saborearte entusiasma)
Hasta ahora me decidí a leerlo, mi primer libro de este autor inglés, Giles Milton.

 

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Me encantó. A pesar de que tiene una portada un tanto cómica (“novela de historia, intriga oscura y queso”) malamente me imaginé que el libro podría ser un tanto aburrido. Nada más alejado de la realidad. El estilo de Milton es ligero, una prosa fluida, se lee fácil, y la única parte que debo reprocharle son mis frecuentes consultas en Google sobre toooodos los quesos que nombra, de varias partes del mundo. He hecho mi lista, porque los quiero probar.

El tema de las familias, de las diferentes generaciones, de las constantes repeticiones (¿constelaciones familiares?) me encantan. Y si a eso le añado el misterio…tengo entre manos un libro muy entretenido.

Excuso decir que la nariz ha sido un tema recurrente que disfruto mucho, llámese “El Perfume” de Patrick Suskind o El Olfateador – The Sniffer, la serie ucraniana de Netflix.

Si yo tuviera ese don, no estaría dándome de topes en mi Diplomado Profesional en Vinos para la formación del Sommelier.

 

Algo para recordar

La primera sensación y la más inmediata que lo asaltaba a uno al entrar en Trencoms era su olor extraordinario. El aroma penetrante del queso impregnaba el aire como si las mismísimas paredes y hasta el techo estuvieran hechos de grandes lonchas de emmental blanco y cremoso. Cada vez que un cliente o un guía cruzaba por primera vez la puerta, el olor del queso les hacía pararse en seco. No era desagradable (en absoluto), pero se necesitaba más de un minuto para que el olfato se acostumbrara a un cambio tan brusco.

Por la mañana temprano, a la hora en la que abría la tienda, era cuando el aire estaba más cargado y maloliente. Era como si, durante toda la noche, los quesos mohosos hubieran estado exhalando en sueños: bostezando, suspirando y respirando vapores rancios y olorosos. Los Trencom estaban convencidos desde hacía tiempo de que, en lo más hondo de su sopor, el stilton eructaba y el roquefort ventoseaba. ¿Y porque no? A fin de cuentas, todos y cada uno de los quesos de Trencoms eran seres vivos: un cúmulo denso y vibrante de bacterias cremosas, azuladas y verdes.

La familia había descubierto hacia mucho tiempo que muchos de los quesos sufrían una misteriosa transformación durante las horas de oscuridad. Por la mañana, cuando llegaban, observaban como los campanudos clochettes (que estaban inmaduros unas horas antes) habían adquirido una pátina de moho nueva y verdosa. Veían que algunos de los couhé-verac se habían despojado como por milagro de sus envoltorios de hojas de castaño, como si estos fueran enaguas o saltos de cama que hubieran dejado de forma lúbrica caer al suelo.

Más de un Trencom se había entretenido pensando en lo que ocurría de noche en el mundo de los quesos. ¿Intentaban los tommes ligar con los picodons? ¿Cortejaban los gaperons a los esbeltos buchetes? Fueran cuales fuesen las travesuras que tenían lugar durante las horas en las que Trencoms estaba cerrado (y de las que nadie podía estar enteramente seguro), los quesos se las ingeniaban para llenar la tienda de un olor matutino característico, aunque ambiguo: la clase de olor ni agradable ni desagradable que de vez en cuando se encuentra atrapado bajo el edredón de dos jóvenes amantes.

─ Buenos días, señor Trencom ─dijo la guía al entrar en la tienda─. ¿Qué tal está esta mañana?

─ Ah, buenos días, señora Williamson ─contestó él, sonriendo a los visitantes─. Sí, sí…Estoy muy bien, muy bien. ─Y era cierto. El señor Edward Trencom, propietario de Trencoms (la décima generación de la familia que ocupaba aquella posición) se hallaba de un humor excelente. Se dio una fuerte palmada en la tripa y a continuación le sacó brillo a su nariz con el pico del delantal. Un par de personas del grupo se rieron por lo bajo al oírlo hablar y otras se miraron al reparar en la curiosa forma de su nariz. Pero la mayoría logró mantener la compostura.

─Aquí tiene, señora Williamson: una lonchita de pencarreg para alegrarle la mañana.

La guía se sonrojó ligerísimamente y se metió el queso en la boca.

─ Y si eso no le pone la piel de gallina ─rió el señor Trencom─, entonces tendremos que recetarle un gran trozo de clacbitou de Borgoña.

La señora Williamson sonrió, el grupo de turistas se echó a reír y el señor Trencom les deseó una visita de lo más agradable.

 

Del Autor – Giles Milton

 

Giles Milton (nacido el 15 de enero de 1966) es un escritor británico especializado en historia narrativa. Sus libros han sido publicados en más de veinte idiomas en todo el mundo. Ha escrito nueve obras de no ficción, un thriller, dos novelas cómicas y tres libros para niños pequeños. Es mejor conocido por su título más vendido de 1999, Nathaniel’s Nutmeg , un relato histórico de la lucha violenta entre ingleses y holandeses por el control del suministro mundial de nuez moscada a principios del siglo XVII.

 

Libros de Giles Milton

La vida según Arnold 2011

La nariz de Edward Trencom: Una novela de historia, intriga oscura y queso 2009