Novelas y ensayos

La Cocina del Azafrán

La cocina del Azafrán

Autora: Yasmin Crowther
Género: Novela contemporánea – literatura extranjera
Editorial: Siruela
Páginas: 272
Precio: $420 Librería Gandhi  $270 Amazon 
ISBN: 978-84-9841-017-4

 

Sinopsis:

 

Un día de otoño, en Londres, los oscuros secretos y el turbio pasado de Maryam Mazar salen violentamente a la luz, con trágicas consecuencias para su hija embarazada, Sara, y su sobrino Saeed, que acaba de quedarse huérfano.

Destrozada por la culpabilidad, Maryam no encuentra más solución que dejar la comodidad de su hogar para regresar a Mazareh, el remoto pueblo de Irán donde comenzó su historia. Allí deberá enfrentarse a su pasado.

Sara la sigue para entender las raíces de su infelicidad. Lejos de las calles de casas adosadas de Londres, en un país de montañas coronadas de nieve y llanuras barridas por el viento, descubrirá al fin el terrible precio que Maryam tuvo que pagar por su libertad, y el amor que dejó atrás.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El nombre de la novela me orilló a acercarme, mi experiencia con mujeres musulmanas ha sido extraordinaria, pensé que este seguiría la línea…ubicada en la cocina

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó – pudo ser mejor.

Me costó trabajo agarrarle el modo a Crowther, quien tiende a saltar del presente al pasado con mucha facilidad, pero sin marcar pauta; lo mismo sucede con las voces narrativas, te pierdes, no sabes quién está hablando hasta que avanzas un par de páginas.

La protagonista es Maryam, una chica rebelde en un país musulmán. Su padre quiere casarla con alguien conveniente, y ella en su afán de hacer las cosas a su manera, hace cosas buenas que parecen malas…Su padre cree que ella ha mancillado el honor de la familia y la destierra, la manda lejos con gastos pagados. Ella llega a Gran Bretaña con la cola entre las patas, dejando atrás su mundo y al amor de su vida.

30 años después Maryam provoca que su hija tenga un accidente con consecuencias terribles, por lo que sale huyendo de regreso a su pueblo Mazareh.

Amén de reconocer cuan injusta fue la vida para ella por el destierro a que fue sometida por algo que no sucedió (pero que ella si provocó) a mi me parece que se porta igualmente injusta con su marido quien acaba pagando SUS platos rotos. O sea, ella lo usó (en mi humilde opinión).

¿se acuerdan de la trama de la película “El Náufrago”? cuando él regresa y encuentra que su amada, creyéndolo muerto, se casa con su dentista. Entonces, se encuentran, se abrazan, se besan, se dicen cuanto se aman, pero ella tiene en claro que tiene un compromiso con el padre de su hija. Siiiii es tristísimo, porque todos sabemos que se aman. Pero eso es lo que hace la gente decente. Se queda con el padre de su hija, quien la apoyó y la amó.

Conclusión: el libro me entretuvo. Punto.

 

¿quién debería de leer La cocina del Azafrán?

Siempre me gusta leer sobre medio oriente, sus costumbres, sus colores y sabores. Si a ti también te gustan, debes leer este libro.

También lo pueden leer quienes dejaron al amor de su vida y se la viven pensando en él, porque en esta historia las cosas acaban convenientemente para los amores imposibles.

Por último, las escenas culinarias se repiten fugazmente a lo largo y ancho del libro, si son de tu agrado este es para ti.

Algo para recordar

Cerré los ojos un momento y respiré la solidez, el orden sosegado. El ambiente era silencioso y todo estaba en su sitio. Había un cálido aroma a madera recién encerada y rocé con la mano la mesa auxiliar, deteniéndola delante de cada una de las fotografías colocadas en ella. Una foto de mi padre con el Shah ocupaba el lugar de honor. Llevaba la gorra militar calada hasta las cejas oscuras y se veían sus ojos un poco hundidos, la mirada penetrante incluso a la sombra del plato de la gorra. En otra foto se lo veía vestido de blanco a su regreso de la Meca, rodeado de sus familiares y amigos. Había sido una fiesta maravillosa. Las mujeres y los niños comieron después que los hombres, y aunque yo era pequeña, recordaba a mi padre trayéndonos, a mí y mis hermanas, bandejas de humeante basmati, dorado por el azafrán. Luego nos levantó en brazos a cada una delante de todo el mundo. Yo estaba tan excitada que me eché a llorar, y Fátima tuvo que sacarme fuera para que me calmara. Mi madre nos siguió para asegurarse de que yo estaba bien, y todavía recordaba su dulce sonrisa y el olor a lirio del valle; eso era antes de que mi padre se casara con Leila. En mi foto favorita se veía a padre en Mazareh con ropas informal y las mangas remangadas por el calor. Reía entre los habitantes del pueblo. Alargué la mano para tocarle la cara y mi dedo dejó una mancha borrosa en el cristal.

 

De la Autora – Yasmin Crowther

Yasmin Crowther es el producto de un hogar anglo-iraní (madre iraní y padre británico). Dice que «siente que soy parte de ambos lugares y que ninguno de los dos me comprende completamente», y esa es una de las razones por las que escribió The Saffron Kitchen , su primera novela, para tratar de comunicar lo difícil que es unir ambos mundos. y, sin embargo, cuán fundamentalmente esencial se siente poder hacer ese puente.

Su madre, como Maryam en The Saffron Kitchen , creció en Mashhad y pasaba los veranos en una aldea que es la base de la ficción Mazareh. Al igual que Maryam, su madre también llegó a Inglaterra cuando tenía veinte años; pero ahí termina el parecido entre la protagonista de Crowther y su madre, nos asegura The Saffron Kitchenes completamente ficticio.

Creció visitando Irán con regularidad antes de la revolución (1979) y volvió a visitarlo para investigar su libro, pasando tiempo en Mashhad y también en la aldea en la que se basa Mazareh.
Asistió a la Universidad de Oxford y ahora es directora de la oficina londinense de SustainAbility (con licencia prolongada para escribir The Saffron Kitchen ), que asesora a los clientes sobre los riesgos y oportunidades asociados con la responsabilidad corporativa y el desarrollo sostenible. Vive en Devon.

Otros libros de Yasmin Crowther

Aparentemente este es el único libro que hasta ahora ha escrito

Una Educación

Una Educación

Autora: Tara Westover
Género: Literatura contemporánea, narrativa femenina
Editorial: Lumen
Páginas: 464
Precio: $399 Librería Gandhi   $425.83 Amazon   $583 Buscalibros
ISBN: 978-607-317-218-9

 

Sinopsis:

Nacida en las montañas de Idaho, Tara Westover ha crecido en armonía con una naturaleza grandiosa y doblegada a las leyes que establece su padre, un mormón fundamentalista convencido de que el final del mundo es inminente. Ni Tara ni sus hermanos van a la escuela o acuden al médico cuando enferman. Todos trabajan con el padre, y su madre es curandera y única partera de la zona.

Tara tiene un talento: el canto, y una obsesión: saber. Pone por primera vez los pies en un aula a los diecisiete años: no sabe que ha habido dos guerras mundiales, pero tampoco la fecha exacta de su nacimiento (no tiene documentos). Pronto descubre que la educación es la única vía para huir de su hogar. A pesar de empezar de cero, reúne las fuerzas necesarias para preparar el examen de ingreso a la universidad, cruzar el océano y graduarse en Cambridge, aunque para ello deba romper los lazos con su familia.

Westover ha escrito una historia extraordinaria -su propia historia-, una formidable epopeya, desgarradora e inspiradora, sobre la posibilidad de ver la vida a través de otros ojos, y de cambiar, que se ha convertido en un resonante éxito editorial.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Como ya les platiqué, este fue mi regalo de navidad de parte de mis sobrinas Maya y Danna.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno. Aunque a veces me parece imposible de creer (una mujer que de forma autodidacta -sin haber pisado nunca un aula- se prepara para entrar a la universidad, y que acaba haciendo doctorado), la historia de Tara es admirable. Te hace reflexionar sobre la conveniencia de la unión familiar a capa y espada. Su salvación está en poner tierra de por medio, en aceptar que tiene una familia con el poder de acabar con sus aspiraciones.
Inspiradora, a veces delirante y por supuesto, recomendable historia.

 

¿quién debería de leer Una Educación?

Es un libro para todas las edades.

Un buen regalo si tu intención es motivar, empujar y hasta despertar a una persona. El mensaje es todo es posible.

 

Algo para recordar

Siempre considero un párrafo en el que la comida-bebida-especias tengan papel protagónico, y pude elegir alguno que tuviera que ver con el delirio de su padre por acumular comida (que ellos preparaban y pasteurizaban) en la barraca donde guardaban las provisiones, cuando llegara el apocalipsis. Duraznos en conserva en particular, tenían a buen resguardo docenas de frascos con esta fruta (de lo poco identificable en relación a la comida). Esta vez no me parece tan relevante. Mejor vean esto, es sobre otro de los hermanos que también se alejó de la familia, y sus motivos:

La historia de como Tyler decidió marcharse de la montaña es curiosa y está plagada de lagunas y giros. Empieza con el propio Tyler, con lo singular de su persona. Sucede en algunas familias: hay un hijo que no encaja, que no sigue el compás, que tiene el metrónomo puesto para otra melodía. En la nuestra era Tyler. Él bailaba un vals mientras los demás saltábamos en una giga; él era sordo a la música estridente de nuestra vida y nosotros éramos sordos a la serena polifonía de la suya.

A Tyler le gustaban los libros, le gustaba el silencio. Le gustaba organizar, ordenar y etiquetar. Una vez mi madre encontró en el armario de Tyler un estante lleno de cajas de cerillas apiladas por años. Según él, contenían virutas de lápiz del último lustro, que guardaba para llevarlas en nuestras mochilas “de huida a las montañas” como material combustible. El resto de la casa era un desbarajuste: en el suelo de las habitaciones se desperdigaban montones de ropa sin lavar, negra y manchada de la grasa del desguace; en las mesas y alacenas de la cocina se alineaban turbios tarros de tinturas, que solo se retiraban a fin de dejar espacio para actividades más sucias, como despellejar un ciervo o quitar el Cosmoline de un fusil. Y en el seno de ese caos Tyler guardaba las virutas de lápiz de un lustro, catalogadas por años.

 

De la Autora – Tara Westover

Inició sus estudios en la Brigham Young University con diecisiete años y se graduó en Arte en 2008. Gracias a varias becas pudo seguir estudiando y obtuvo un posgrado en el Trinity College, Cambridge, en 2009. Consiguió una maestría en Filosofía y se graduó en Historia en 2014, después de una estancia en la universidad de Harvard. Actualmente reside en Londres. Una educación (Lumen, 2018) es su primer libro, que se ha traducido en veintidós países y ha sido aclamado por los lectores y la crítica. Está considerado uno de los libros más importantes del año según The New York Times, BBC, Daily Express, Library Journal y Entertainment Weekly, y ha figurado desde su publicación en las listas de los más vendidos.

 

Otros libros de Tara Westover

Aparentemente este es el único libro que hasta ahora ha escrito

 

Día 227 – El Hobbit

Día 227
Sábado 31 de octubre

 

 

Si, desde el año pasado leí este libro, pero por fulanas o sultanas pospuse la reseña.

Y si me animé a leerlo para el blog, fue por las múltiples referencias culinarias al respecto.

A mi me parece que todas son leyendas urbanas (siiii, leyendas) porque el texto adolece de ser explicito en cuanto a comida se refiere. A veces un comentario aquí (champiñones de temporada, o un hobbit tragón) pero nada que amerite pensar que la comida es protagonista. Sin embargo en la red encuentras hasta recetarios jajajjjjajaja

Va la reseña.

El Hobbit

Autor: J.R.R. Tolkien
Editorial: Minotauro
Páginas: 374
Precio:
$548 Librería Gandhi https://www.gandhi.com.mx/el-hobbit-ilustrado-por-jemima-catlin
$4,463 Amazon https://www.amazon.com.mx/Hobbit-ilustrado-por-Jemima-Catlin/dp/8445001515/ref=sr_1_1?__mk_es_MX=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=El+hobbit%2C+Jemima+Catlin&qid=1611890150&s=books&sr=1-1
$548 Buscalibros https://www.buscalibre.com.mx/libro-el-hobbit-ilustrado-por-jemima-catlin/9788445007938/p/52364075

ISBN: 978-84-450-0793-8

 

 

Sinopsis:

En 1937 se publicó por primera vez El Hobbit. En ese momento su creador, John Ronald Reuel Tolkien, estaba lejos de imaginar que el relato que había inventado para sus hijos iba a convertirse en una de las historias más queridas de la literatura. 75 años después, miles de padres siguen relatándoles a sus hijos las aventuras de Bilbo Bolsón y la historia de este pequeño hobbit que vivía en un agujero en el suelo está más viva que nunca gracias a la adaptación cinematográfica de Peter Jackson.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este es el segundo libro que leo con el Club de Lectura Macondo. Después de revisar infinidad de artículos relacionados con la comida en la tierra media, se me hizo atractiva la idea de incluirlo en el Blog.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Excelente. Me a gustado mucho este libro. Desde la historia (muy bien estructurada), pasando por la forma de narrar de Tolkien (la historia es para niños y no se como le hace, pero para los adultos es atractiva la historia y la narrativa), y acabando con las ilustraciones de Jemima Catlin. A propósito me hice de esta edición, porque comentaron en Macondo Club que era muy hermosa.

El Hobbit narra las aventuras de Bilbo Bolsón, quien de manera intempestiva es invitado a unirse a la cruzada de 13 enanos y el mago Gandalf para rescatar un tesoro perdido que se encuentra en custodia de un Dragón. Quizás se me hizo muchísimo más entretenida la pate de camino hacia el dragón, que la pelea misma.

No obstante que la red está inundada de artículos que hablan sobre lo tragones que son los hobbit, en realidad todo lo planteado se refiere a interpretación, porque el autor en repetidas ocasiones ser refiere a la comida de forma general:

Y así sacaron las ollas de monedas y todos los alimentos que parecían limpios y adecuados para comer, así como un barril de cerveza del país todavía lleno. Sintieron ganas de desayunar, y hambrientos como estaban no hicieron ascos a lo que habían sacado de las despensas de los trolls. De las provisiones que habían traído quedaba ya poco, pero ahora tenían pan, queso, gran cantidad de cerveza y panceta para asar a las brasas.

 

 

¿quién debería de leer Después del Banquete?

Niños, Jóvenes y Adultos definitivamente. Yo lo disfruté mucho.

 

Algo para recordar

La sala era (ahora) bastante oscura. Beorn batió las manos, y entraron trotando cuatro hermosos poneys blancos y varios perros grandes de cuerpo largo y pelambre gris. Beorn les dijo algo en una lengua extraña, que parecía sonidos de animales transformados en conversación. Volvieron a salir pronto regresaron con antorchas en la boca, y en seguida las encendieron en el fuego y las colgaron en los soportes de los pilares, cerca de la chimenea central. Los perros podían sostenerse a voluntad sobre los cuatro traseros, y transportaban cosas con las patas delanteras. Con gran diligencia sacaban tablas y caballetes de las paredes laterales y las amontonaban cerca del fuego.

Luego se oyó un ¡beee!, y entraron unas ovejas blancas como la nieve precedidas por un carnero negro como el carbón. Una llevaba un paño bordado en los bordes con figuras de animales; otras sostenían sobre los lomos bandejas con cuencos, fuentes, cuchillos y cucharas de madera, que los perros cogían y dejaban rápidamente sobre las mesas de caballetes. Éstas eran muy bajas, tanto que Bilbo podía sentarse con comodidad. Junto a él, un poney empujaba dos bancos de asientos bajos y corredizos, con patas pequeñas, gruesas y cortas, para Gandalf y Thorin, mientras que al otro extremo ponían la gran silla negra de Beorn, del mismo estilo (en la que se sentaba con las enormes piernas estiradas bajo la mesa). Éstas eran todas las sillas que tenía en la sala, y quizá tan bajas como las mesas para conveniencia de los maravillosos animales que le servían. ¿En dónde se sentaban los demás? No los había olvidado. Los otros poneys entraron haciendo rodar unas secciones cónicas de troncos alisadas y pulidas, y bajas aun para Bilbo; y muy pronto todos estuvieron sentados a la mesa de Beorn. La sala no había visto una reunión semejante desde hacía muchos años.

Allí merendaron, o cenaron, como no lo habían hecho desde que dejaron la Última Morada en el Oeste y dijeron adiós a Elrond. La luz de las antorchas y el fuego titilaban alrededor, y sobre la mesa había dos velas altas de cera roja de abeja. Todo el tiempo mientras comían, Beorn, con una voz profunda y atronadora, contaba historias de las tierras salvajes de aquel lado de la montaña, y especialmente del oscuro y peligroso bosque que se extendía ante ellos de Norte a Sur, a un día de cabalgata, cerrando su camino hacia el Este: terrible bosque denominado el Bosque Negro.

Los enanos escuchaban y se mesaban las barbas, pues pronto tendrían que aventurarse en ese bosque, y después de las montañas el bosque era el peor de los peligros, antes de llegar a la fortaleza del dragón. Cuando la cena terminó, se pusieron a contar historias de su propia cosecha, pero Beorn no le interesaban esas cosas: no había nada de oro ni de plata en la sala, y pocos objetos, excepto los cuchillos, eran de metal.

Estuvieron largo rato de sobremesa bebiendo hidromiel en cuencos de madera. Fuera se extendía la noche oscura. Los fuegos en medio en medio de la sala eran alimentados con nuevos leños; las antorchas se apagaron, y se sentaron tranquilos a la luz de las llamas danzantes, con los pilares de la casa altos a sus espaldas, y oscuros, como copas de árboles, en la parte superior. Fuese magia o no, a Bilbo le pareció oír un sonido como de viento sobre las ramas, que golpeaban el techo, y el ulular de unos tubos. Al poco rato empezó a cabecear, y las voces parecían venir de muy lejos, hasta que despertó con un sobresalto.

La gran puerta había rechinado y en seguida se cerró de golpe. Beorn había salido. Los enanos estaban aún sentados en el suelo, alrededor del fuego, con las piernas cruzadas. De pronto se pusieron a cantar. Algunos de los versos eran como éstos, aunque hubo muchos y el canto siguió durante largo rato

El viento soplaba en el brezal agotado,

Pero no se movía una hoja en el bosque:

Allí estaban las sombras día y noche,

Y criaturas oscuras reptaban en silencio…

 

Del Autor – J. R. R. Tolkien

Nombre completo: John Ronald Reuel Tolkien
Lugar de nacimiento: Bloemfontein, Estado Libre de Orange
Fecha de nacimiento: 3 de enero de 1892
Murió: 2 de septiembre de 1973 en Bournemouth, Inglaterra

John Ronald Reuel fue el hijo primogénito de Arthur Tolkien y Mabel Suffield, ambos del Reino Unido. Su padre era empleado de la banca y terminó mudándose a Bloemfontein, en el Estado Libre de Orange, donde ascendió hasta dirigir el Banco de África en Sudáfrica. La familia, junto a sus dos hijos Ronald y Hilary, adoptó un cómodo estilo de vida en la puerta contigua al banco.

Tiempo después, el clima del lugar perjudicaba la salud de Ronald, en particualar, razón por la cual su madre pensó que el clima inglés lo favorecería y en 1985 decidió regresar a Inglaterra con sus dos hijos. Su padre padre se quedó en Sudáfrica, donde murió a causa de una grave hemorragia producto de la fiebre reumática antes de tener la oportunidad de reunirse con su familia en Inglaterra.

La inesperada muerte de su padre en Sudáfrica dejó a su familia sin ingresos, por lo que Mabel debió llevar a sus hijos a vivir con su propia familia en Birmingham, quienes la ayudaban económicamente.

Su madre ejerció de tutora de sus dos hijos, pero Ronald, como se lo conocía en la familia, fue un alumno sobresaliente. Las enseñanzas de su madre le despertaron un gran interés por la botánica, estimuló el placer de observar y sentir las plantas. Pero sus lecciones preferidas eran aquellas relacionadas con los idiomas, debido a que su madre lo inició en las bases del latín a muy temprana edad. De manera que ya podía leer a los cuatro años de edad y escribir de forma fluida luego.

En 1904 falleció su madre por complicaciones de la diabetes que padecía. Ronald tenía doce años en aquel momento. Al quedar huérfano, él y su hermano, dos años menor, quedaron bajo la tutela de un sacerdote medio español y medio galés llamado Francis Morgan, quien había apoyado a su madre moral y económicamente después de haberse convertido al catolicismo, debido a que su propia familia le diera la espalda tras haber tomado esta decisión.

En 1908, a los dieciséis años, Tolkien conoció en el orfanato a Edith Mary Bratt, una talentosa pianista que también había quedado huérfana, de quien se enamoró pese a ser tres años menor y con quien se casaría años más tarde.

En 1911, Tolkien cursaba sus estudios en el colegio King Edward de Birmingham, donde desarrolló su amor por las lenguas.

Cuando estalló la primera guerra mundial en 1914, Tolkien era todavía un estudiante en Oxford donde, en 1915, se graduó con una mención de honor en Literatura y Lengua Inglesa. Poco después de su graduación, se alistó en el ejército, sirviendo como oficial de comunicaciones.

En 1916 tras haber combatido en el campo de batalla enfermó, víctima de lo que denominaron la fiebre de las trincheras y tuvo que regresar a casa con la baja para el servicio.

Durante su recuperación empezó a escribir y dar forma a un conjunto de historias y leyendas al que llamó «El libro de los cuentos perdidos». Se trata de los primeros esbozos de lo que se transformaría en la base mitológica de la conformación de la «Tierra Media».

Su primer trabajo tras la guerra fue como lexicógrafo asistente en la redacción para la primera edición del Oxford English Dictionary. En 1920 ocupó el puesto de profesor no titular de Lengua inglesa en la Universidad de Leeds, donde alcanzó el cargo de profesor, reformando con su magisterio la enseñanza de esta disciplina. En suma, pasó casi toda su vida académica en Oxford, donde en 1926 conoció a C.S. Lewis, otro profesor de la Universidad que al igual que Tolkien, estaba encantado con la literatura fantástica y la creación de historias propias.
J.R.R. Tolkien dedicaba su tiempo libre a su familia y a su obra literaria. Con Judith tuvieron cuatro hijos, el sacerdote John Francis Reuel, Michael Hilary Reuel, Christopher Tolkien y Priscila Anne Reuel. Fue para ellos por lo que escribió el cuento El Hobbit, que persuadido por su gran amigo C.S. Lewis fue publicado por George Allen & Unwin en 1937. Tuvo tanto éxito que el editor quiso tener en seguida una secuela, pero no fue hasta 1954 que apareció el primer volumen de la obra maestra de Tolkien, El Señor de los Anillos, con un éxito inmediato. Su enorme popularidad sorprendió al mismo Tolkien.

Fue un escritor prolífico hay una larga lista de sus trabajos que incluyen novelas, poemas, cuentos, historias de ficción, idiomas inventados y ensayos literarios sobre todo un mundo imaginado. Pero sin lugar a dudas, sus dos obras más exitosas han sido El hobbit y El Señor de los Anillos y las que lo han catapultado a la fama y a ser reconocido popularmente como el padre de la literatura moderna de fantasía.

J.R.R se jubiló en 1959, dejando sus clases en Oxford, y en 1968, él y Edith se mudaron a la localidad de Bournemouth. Tras la muerte de Edith el 29 de noviembre de 1971, su esposa de toda la vida, John hizo escribir sobre su lápida el nombre de Lúthien. Finalmente, Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973.

 

Los Libros de J.R.R.Tolkien

 

Novelas

El hobbit, 21 de septiembre de 1937
Hoja, de Niggle, enero de 1945
Egidio, el granjero de Ham, octubre de 1949
El Señor de los Anillos, publicada en cuatro volúmenes:
La Comunidad del Anillo, 29 de julio de 1954
Las dos torres, 11 de noviembre de 1954
El retorno del Rey, 20 de octubre de 1955
Apéndices de El Señor de los Anillos, 1955
Las aventuras de Tom Bombadil y otros poemas de El Libro Rojo, 22 de noviembre de 1962
Árbol y Hoja, y el poema Mitopoeia, 28 de mayo de 1964
El herrero de Wootton Mayor, 9 de noviembre de 1967
El señor Bliss, 1982
Roverandom, 1998

 

Novelas publicadas póstumamente

El Silmarillion, 15 de septiembre de 1977
Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media, 2 de octubre de 1980
La historia de la Tierra Media
Los hijos de Húrin, abril de 2007
La leyenda de Sigurd y Gudrún, octubre de 2009
La caída de Arturo, 2013.
La historia de Kullervo, 2015
Beren y Lúthien, 2017
La caída de Gondolin, 2018

Día 258 – El Sabor Prohibido del Jengibre

El año pasado leí varios libros que ya no fue posible subirlos. Este es el primero

El Sabor Prohibido del Jengibre

Autor: Jamie Ford
Editorial: Duomo Ediciones – Nefelibata
Páginas: 346
Precio: $340 Librería Gandhi, $340 Amazon y $90 El Sotano 
ISBN: 978-84-92723-48-5

 

Sinopsis:

El recuerdo de un amor prohibido que pervive como el sabor del jengibre En el Panamá, un hotel del antiguo barrio japonés de Seattle que ha estado cerrado durante años, Henry Lee descubre algo increíble: el sótano está lleno de objetos que las familias japonesas, antes de ser enviadas a los campos de internamiento …

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

No se por que razón imaginé que “El Sabor Prohibido” estaba relacionado con la comida…y llamó mi atención.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó
Es un libro sencillo,

La Historia se ubica en Seattle durante la Segunda Guerra Mundial, posterior al episodio de Pearl Harbor cuando el gobierno de los Estados unidos decide confinar a los japoneses que viven en su territorio. Yo sabía muy poco al respecto, fue muy ilustrativa la historia de amor de Henry (de origen chino) y Keiko (de origen japones) en 1942, la historia del Jazz también. Y por supuesto, la historia prohibida del alcohol.

Algo para recordar

─ ¿Esto nos convierte en contrabandistas? ─preguntó Henry cuando vio las hileras de botellas en el escaparate de la farmacia. Se sentía nervioso y excitado ante la perspectiva. Había escuchado en la radio el episodio del programa This is Your FBI en el que los agentes del gobierno arrestaban a unas bandas de contrabandistas que bajaban desde Canadá. Eras partidario de los buenos, pero al día siguiente, en la calle, cuando jugabas a policías y ladrones, siempre querías ser de los malos.
─ No lo creo. Ya no es ilegal; además, solo estamos haciendo un recado. Como dijo él, se vende, pero no lo pueden comprar en las tiendas para blancos, así como lo fabrican en casa.
Henry renunció a cualquier idea de delito y entró en la Owl Drug Store, que estaba abierta hasta las ocho. “Los contrabandistas no van a las farmacias”, se dijo a sí mismo. “No pueden llevarte a la cárcel por ir a comprar un encargo, ¿verdad?”
Si el viejo y esquelético farmacéutico pensó que era extraño que dos chicos asiáticos pidieran cada uno una botella grande que era un noventa y cuatro por ciento de alcohol, no dijo ni una palabra. En honor a la verdad, por la manera como miró las recetas y las etiquetas con una enorme lente de aumento, probablemente no veía gran cosa. Pero el empleado, un joven negro, les guiñó un ojo y les dedicó una sonrisa resabiada cuando guardó las botellas en bolsas separadas.
─ Está pagado ─ dijo.
En el camino a la salida, Henry y Keiko ni siquiera se detuvieron a mirar los frascos llenos de golosinas. En cambio, se miraron el uno al otro con una fingida despreocupación, y cuando caminaron por la calle con las botellas de licor moviéndose a sus costados cada uno se sintió un poco mayor. Pequeños vencedores en una caza del tesoro para adultos.
─ ¿Qué hacen con esto, se lo beben? ─preguntó Henry mirando su botella.
─ Mi papá me dijo que la gente lo utiliza para hacer ginebra en casa.

 

Del Autor – Jamie Ford

Jamie Ford nació el 9 de julio de 1968 en Eureka, California, pero creció en Ashland, Oregón, Port Orchard y Seattle, Washington. Su padre, nativo de Seattle, es de ascendencia china, mientras que su madre es de ascendencia europea.

Su apellido occidental «Ford» proviene de su bisabuelo, Min Chung (1850-1922),1 quien emigró a Tonopah, Nevada en 1865 y luego cambió su nombre a William Ford. La bisabuela de Ford, Loy Lee Ford, fue la primera mujer china en poseer una propiedad en Nevada.2

Jamie Ford se dio a conocer con su novela debut, El Sabor Prohibido del Jengibre (Hotel on the Corner of Bitter and Sweet). El libro pasó 130 semanas en la lista de bestseller del New York Times. También fue elegido como el número uno del Club de lectura otoño de 2009/invierno de 2010 por la Asociación Estadounidense de Libreros.

 

 

Los Libros de Jamie Ford (en español)

El sabor prohibido del Jengibre
Hasta que volvamos a vernos

El Bouquet del miedo

Día 138 – El Bouquet del Miedo

El Bouquet del Miedo

Autor: Xabier Gutiérrez
Editorial: Destino
Páginas: 479
ISBN: 978-84-233-5023-0
Precio: Amazon $643.63 + $498 (envío)  BuscaLibre México $596    y   Gandhi $109 (libro electrónico)

 

Sinopsis:

El original creador del noir gastronómico, Xabier Gutiérrez, vuelve a estremecernos con un nuevo crimen a resolver entre las viñas riojanas y el entorno vinícola. En pleno mes de septiembre, tiempo de vendimia, y a pocos días para que empiece la recolección de la uva, al subcomisario de la Ertzaintza Vicente Parra le asignan la investigación del asesinato de la enóloga Esperanza Moreno, encargada hasta entonces de la elaboración del vino de las Bodegas Sáenz de la finca Marbil, una de las más prestigiosas haciendas de La Rioja, y productora del apreciado vino VVV. Su cuerpo ha sido hallado sin vida en su piso del barrio antiguo de San Sebastián, en medio de un charco de sangre y con la garganta seccionada. Todo parece indicar que se trata de un crimen pasional, cuando a las pocas horas de encontrar el cadáver, desaparece el novio de la víctima, Roberto, operador de cámara en uno de los programas de televisión de cocina más exitosos del país y dirigido por un afamado cocinero. El subcomisario Parra tendrá que dilucidar quién puede estar detrás de este crimen, a la vez que la búsqueda del paradero de Roberto se convierte en una carrera contrarreloj para solucionar el caso. La intriga que yace detrás de la liturgia de la elaboración del vino se mezcla con la tensión y el vértigo que rodean el mundo de la televisión, sus protagonistas y los límites de sus egos y ambiciones. Nadie está a salvo en estos dos sectores tan competitivos donde el poder lo puede todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este libro fue una recomendación de mi amigo Gerardo Corona  @elexagerando, del diplomado de Sommeliers. En realidad, me recomendó al autor Xabier Gutiérrez. Muy interesante este escritor, con una gran trayectoria como chef (17 libros de cocina) y recién estrenado como escritor de noir gastronómicos (4 libros).

Le traía ganas, pero este autor no se ha publicado en México, por lo que en plena pandemia lo compré (venía de España y tardó 2 meses en llegar, pero llegó)

 

Mi opinión

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó – pudo ser mejor

La novela “noir gastronómico” (novela negra que se desarrolla en el mundo de la gastronomía) anterior que leí (Un cadáver entre plato y plato) fue un auténtico fiasco. Por supuesto la combinación asesinato – cocina es atractiva, pero no fácil de realizar.

Xabier Gutiérrez logra crear una historia entretenida con una trama bien lograda, pero con un ritmo a veces lento, El Bouquet del Miedo se pone muy interesante en el último tercio del libro.

Quizás más sumergido en el mundo de la farándula que de la cocina, igual no me decepcionó. Tan es así que pretendo comprar los otros 3 libros de la serie (cuanto más si son pocas las historias gastronómicas que encontramos en la novela negra.

 

Algo para recordar

Conduzca recto durante 6 kilómetros hasta Briñas. En la rotonda coja la tercera salida hacia N-232-A. Continuar en A-124. Travesía de Labastida.

El navegador le habló con la voz femenina característica. Él no dejó de mirar la pequeña pantalla a hurtadillas mientras el paisaje le llamaba con tanta intensidad la atención que no podía dejar de mirarlo absorto. Desde que había entrado en La Rioja había tenido la sensación de encontrarse en una tierra mágica y misteriosa donde se elabora un producto que desafía las leyes naturales del paso del tiempo; donde el reloj parece detenerse indeciso dudando entre avanzar hacia delante o hacia atrás; un lugar tocado por la leyenda de los vinos magistrales. Y él estaba allí para añadir un ingrediente especial a la receta: la sangre de una persona que trabajaba allí, o que por lo menos lo había hecho en algún momento de su breve existencia.

Un ritual cristiano diseñado al revés: el vino convertido en sangre.

Cuando dejó atrás Labastida, el subcomisario Vicente Parra redujo la marcha, disminuyó ostensiblemente la velocidad y comenzó a acercarse hacia San Vicente de la Sonsierra.

El día era algo caluroso para ser finales de septiembre, pero la suave brisa que soplaba dulcificaba la temperatura. El ertzaina bajó la ventanilla del vehículo y dejó que el viento circulara por el habitáculo. Apoyó su nuca en el reposacabezas y por un momento se sintió de vacaciones visitando una tierra que no pisaba desde hacía bastantes años. Llevaba ya varios kilómetros viendo viñedos verdes henchidos de uva. También había observado una actividad nada usual para ser un domingo al mediodía; gente con tractores, cuadrillas de personas paseando por los pueblos a la espera de la orden de recoger la uva, y algunos empleados de bodegas husmeando entre las vides y tomando catas de las uvas. Aunque no lo sabía con certeza supuso que había más coches y furgonetas de lo habitual en las cercanías de las entradas a las bodegas. Había llegado en plena temporada y eso le hizo pensar que no sería el mejor momento para hablar de asesinatos. “Ningún momento es bueno para hablar de horror que el ser humano puede llegar a originar”, pensó. Respiró profundamente y después de pasar por San Vicente de la Sonsierra avanzó unos kilómetros hasta llegar a Samaniego. Nada más atravesarlo se paró en un recodo de acceso. Desde su interior observó el valle imponente pintado con tonos dorados y anaranjados en el cielo y verdes de todos los matices en el suelo, que transformaban el paisaje en un cuadro, una explosión de color en una perspectiva parecida a la de la fotografía que tenía la enóloga en su casa.

Vicente salió del vehículo y vio en la lejanía la población que sabía con certeza que era Laguardia. La única vez que había venido por estos lares fue en compañía de su padre Martín cuando era niño. No se acordaba de demasiados detalles pero sí de una mañana en una bodega de unos amigos de su padre y de unas patatas a la riojana en un enorme puchero y sobre todo de un porrón, un eno0rme porrón del cual todos bebían. No había platos y todos se acercaban con cucharas de palo en la mano, daban cuenta de las patatas y también de los chorizos, todo mezclado con pimentón, que daba al guiso fuerza y empaque, y degustaban alguna alegría riojana que para su corta edad picaba demasiado. Parte de sus antepasados se encontraban en La Rioja pero en el pueblo situado más al oeste: Foncea, un pueblo muy pequeñito, casi en la frontera con Burgos. Allí nacieron sus abuelos, los padres de Martín, y por ese motivo volver a sus orígenes le produjo sensaciones encontradas. Visitar su tierra era un placer pero hacerlo en estas circunstancias le daba un plus de inquietud nada agradable.

 

Del Autor – Xabier Gutiérrez

Cocinero español, Xabier Gutiérrez ha desarrollado una notable carrera tras los fogones del restaurante Arzak.

En lo literario, Gutiérrez publicó en 2015 su primera novela negra, El aroma del crimen, primera parte de una trilogía gastronómica-criminal.

tomado de su blog:

PROFESIÓN: Escritor-psicologo-cocinero-pensador.

UBICACIÓN: Vivo y sobre todo me divierto en Donostia-San Sebastián

OCUPACIÓN: Trabajo en el Restaurante Arzak, aquí en San Sebastián y en algún sitio más

INTERESES: Escribir y cocinar. Tengo 17 libros de cocina publicados.

PELÍCULAS FAVORITAS: La plaza de la música., La naranja mecánica, El día de la bestia, Birdman, Batman, Vértigo.

MÚSICA FAVORITA: Dover, Pink Floyd.

LIBROS FAVORITOS: Asfalto Culinario, El bosque culinario, Recetas sencillas para novatos y cocinillas, El elogio de la sombra, El nombre de la rosa, El corazón helado, El catavenenos, El principe del renacimiento.

 

Libros de Xabier Gutiérrez

El aroma del crimen. 2015.
El bouquet del miedo 2016.
Sabor crítico 2017.
De entre el humo 2019

Doña Bárbara

Día 104 – Doña Bárbara

Doña Bárbara

Autor: Rómulo Gallegos (venezolano)
Editorial: Porrúa
Páginas: 258
ISBN: 970-07-6965-8
Precio: Amazon $319 (kindle $55)  y Gandhi $347 (kindle $138)

 

Sinopsis:

La novela más famosa y exitosa del escritor y político venezolano Rómulo Gallegos retrata la contraposición entre el progreso y la barbarie, el peso de las raíces y el empuje del futuro. Con una trama lineal e interesante, es un auténtico lienzo donde se plasman y en ocasiones se critican las costumbres de los salvajes llanos de Venezuela a principios del siglo pasado.

Llena de color y con un estilo que conmueve, Doña Bárbara es un yo acuso contra la injusticia y la corrupción y, al mismo tiempo, una propuesta para conciliar la naturaleza y el progreso para lograr una mejor vida para todos. Entretejida con este propósito, la trama muestra una intensa historia de amor y venganza al más puro estilo romántico, pero desarrollada según los principios de la corriente modernista. No en vano está considerada y con razón, una de las grandes novelas de la literatura de nuestro continente.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Mi primer pinino en un Club de Lectura, MacondoClubLiterario (Instagram) y https://t.me/macondoclubliterario (Telegram).

Me parece que me gustaría un club de lectura más chiquito, porque con 261 miembros, de repente era too much.

No alcanzaba a leer todo lo que se escribía, y a veces me parecía estar hablando sola

¿La parte bonita? Por estar con el grupo, le metí velocidad, la leí rápido.

 

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Doña Bárbara es un libro suigéneris, Muy Bueno.

El protagonista no es Doña Bárbara, ni Santos Luzardo, ni Marisela., ni las traiciones, ni los abusos, ni la corrupción. El protagonista es La llanura venezolana, en donde se enfrentan civilización (Santos Lucano) y barbarie (doña Bárbara), y al final encuentran un punto de equilibrio en medio de los dos mundos.

Rómulo Gallegos se expande al hablar del llano, nos platica sus colores, olores, texturas, somos testigos de la dura vida de los llaneros, olemos la putrefacción del pantano, y sentimos lo fresco de la lluvia, tocamos la humedad de la mañana, nos llenamos del olor a flores sabaneras y del humeante café. Pero jamás nos platica de qué color son los ojos de Santos Luzardo, no sabemos si Marisela tiene el cabello lacio o chino, corto o largo, si es morena o rubia, e incluso de la impetuosa Doña Bárbara no tenemos una descripción fehaciente; solo sabemos que es malvada.

Así es Rómulo Gallegos: enaltece Venezuela, la hace brillar en esta bella novela.

De lo más extraño que las arepas no hayan aparecido en la mesa llanera, dejándole el lugar protagónico al humeante café tinto y oloroso, a veces cerrero (puro, amargo y con un chorrito de licor).
Me quedé esperando describiera un típico desayuno llanero, pero no. Me dio hambre pensar que los jornaleros llaneros salían a laborar únicamente con una humeante taza de café en el estómago…y ya. Quizás la única descripción de un banquete es cuando regresan, cuando las Veladas de la Vaquería que se lleva a cabo cuando comienza a ocultarse el sol (yo ya me habría desmayado). Por lo mismo, el almuerzo es sustancioso: Yucas, ají de leche, topochos (plátano manzano) y frijoles acompañan la carne asada.

Y la noche del sábado, sigue la fiesta: chicharrones fritos, acompañados de un vaso de carato de acupe (bebida elaborada con maíz fermentado, molido y mezclado con agua, endulzada con piloncillo) y dulce de ciruela. Aguardiente para los más intrépidos.

 

Del Autor – Rómulo Gallegos

Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire (Caracas, 2 de agosto de 1884 – Ib., 5 de abril de 1969), fue un novelista y político venezolano. Se le ha considerado como el novelista venezolano más relevante del siglo XX, y uno de los más grandes literatos latinoamericanos de todos los tiempos. Algunas de sus novelas, como Doña Bárbara, han pasado a convertirse en clásicos de la literatura hispanoamericana.

Ejerce el cargo de Presidente de Venezuela en 1948 por escasos nueve meses, convirtiéndose en el primer mandatario presidencial del siglo XX1 elegido de manera directa, secreta y universal por el pueblo venezolano, y ha sido el Presidente de la República que ha obtenido el mayor porcentaje de votos a su favor en elecciones celebradas en el país en todos los tiempos, con más del 80% de la totalidad de los votos. Sin embargo, su separación del poder se debió al Golpe de Estado de 1948, liderado por Carlos Delgado Chalbaud.

 

Libros de Rómulo Gallegos

 

Novelas

Reinaldo Solar (1920)
La trepadora (1925)
Doña Bárbara (1929)
Cantaclaro (1934)
Canaima (1935)
Pobre negro (1937)
El forastero (1942)
Sobre la misma tierra (1943)
La brizna de paja en el viento (1952)
El último patriota (1957)
Tierra bajo los pies (1973)

 

Libros de cuentos

La doncella y el último patriota (1957)
Los aventureros (1911)
La rebelión y otros cuentos (1946)
Cuentos completos (1981)

 

Teatro

Los ídolos. Drama en cuatro actos. Caracas. (1909)
Los predestinados. Caracas, La Alborada, n° 2, 14 de febrero (1909)
El Motor. Drama en tres actos. Caracas. Julio (1910)
El milagro del año. (1915), publicada en Obras selectas, Madrid, Edime (1959)

 

Otros

Una posición en la vida (1954), escritos y discursos políticos.

La Voz de los Árboles

Día 72 – La Voz de los Árboles

La Voz de los Árboles

Título original: At The Edge of the Orchard
Autora: Tracy Chevalier
Editorial: Duomo Nefelibata
Páginas: 342
ISBN: 978-84-16634-39-2
Precio: Amazon  y Gandhi    $345

Sinopsis:

La familia Goodenough ha dejado atrás la Nueva Inglaterra del siglo XIX para instalarse en los pantanos de Ohio y lleva consigo algunas ramas de su manzano favorito. Pero en el huerto que plantan se hunden también las semillas de la discordia entre James y Sadie Goodenough. Mientras James adora las manzanas dulces, Sadie prefi ere refugiarse en la sidra. Esas diferencias irreconciliables afectan a sus hijos y obligan al menor de ellos, Robert, a abandonar Ohio y buscar fortuna. El amor hacia los árboles, heredado de su padre, le acompaña en su viaje hacia el Oeste. Allí descubre el amor de la mano de una vivaz cocinera y, gracias a un comerciante de semillas, los secretos de las poderosas secuoyas. Entre estos árboles centenarios de California, encuentra consuelo y, con el tiempo, algunas respuestas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

La escritora TRACY CHEVALIER es maravillosa narradora. Leí La joven de la Perla y me encantó. La voz de los árboles, árboles de manzana, la huerta…me pareció apropiado para este blog.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó – pudo ser mejor

La historia de la familia Goodenough que se establece en el siglo XIX en los Pantanos de Ohio, un lugar inhóspito para vivir, donde el gobierno les cede un terreno. Para que éste sea oficialmente de ellos, la condición es sembrar al menos 50 árboles frutales.

El matrimonio formado por James y Sadie dejan Nueva Inglaterra y se establecen en su nuevo hogar, cargando bajo el brazo ramas de manzanos que la familia trajo de Inglaterra, y que servirán para injertar los manzanos locales.

Durante buena parte del libro James y Sadie se la pasan peleando, mientras que sus diez hijos quedan atrapados en esta guerra. Como si no fuera suficiente la lucha contra el lugar (mosquitos, pantano, humedad, falta de comida) De los hijos, solo 5 sobreviven (la fiebre del pantano mata a los más débiles) y el hijo menor llamado Robert, es orillado a dejar atrás a la familia para iniciar su propia historia.

El modo como Chevelier nos narra la historia es en la boca de los diferentes protagonistas, a veces el padre, a veces la madre o los hijos toman la palabra. El padre ama los árboles de manzana, la madre ama la sidra de manzana, y el hijo menor que deja la familia, finalmente acabará viviendo de los árboles de otro tipo, los enormes y centenarios secuoyas.

Es una historia cargada de tenacidad, de envidias, resentimientos y a veces un poco de amor.

Me parece el principio fue lento y repetitivo, demasiados detalles sobre los árboles de manzana.

Y a pesar de que, a la mitad del libro, cuando Robert se va de la casa, se vuelve más interesante, no lo suficiente para que yo le de una mejor calificación. La historia es buena, la descripción de los personajes también, porque acabas odiando a Sadie (o sea, te causa alguna emoción) sin embargo, yo creo que le falló el ritmo.

Algo para recordar

James dio gracias de que los contoneos de Sadie hubieran terminado y de que estuviera durmiendo cuando Hattie Day vino a ayudar a los chicos a preparar las verduras. Lo primero que hizo su vecina cuando llegó fue tender una cuerda de una punta a otra de la habitación y colgar en ella las colchas que Sadie había echado al suelo, para que Sadie y él quedaran separados de la cocina.
─ A callar ─dijo cuando James protestó débilmente─. No hace falta que nos veáis, y nosotros no tenemos por qué veros mientras trabajamos.
Lo dijo con tal convicción que él no intentó discutírselo. Sabía que Sadie si lo habría hecho de estar despierta, y estuvo tentado de darle un codazo. Pero no lo hizo, y se quedó ahí tumbado, concentrado en la eficacia de la señora Day, al otro lado de la colcha.
Se pusieron a freír tomates y a encurtir huevos. Por lo general a los Goodenough no les hacía falta encurtir los huevos, porque comían los que producían a diario sus gallinas. Pero ahora que todos los miembros de la familia menos dos llevaban más de una semana enfermos y no bebían más que agua, los huevos empezaban a pudrirse. Hattie Day declaró que no podían desperdiciarse, que los encurtirían antes que los pepinillos. Los puso a hervir juntos, al lado de una cazuela con agua salada y vinagre, y la casa no tardó en impregnarse de un olor penetrante. Después puso a los chicos a pelar los huevos mientras ella cortaba los tomates en trozos y los cocía, al tiempo que hervía y secaba los tarros.
Robert y Martha casi no decían nada, y si se sabía que estaban allí era por el chasquido de las cáscaras de huevo al romperse, que se alternaban con el entrechocar de los tarros y el golpeteo de la cuchara de madera en el canto del cazo. James sintió un deseo repentino de ver a sus hijos trabajando, inclinados sobre la mesa, pero no se atrevía a retirar la colcha porque temía la mirada que le dedicaría Hattie Day. Así que lo que hizo fue pasar un dedo por los cuadros de la colcha, azules, amarillos, marrones. El que le quedaba más cerca de la cabeza era uno de seda verde, aprovechado de un vestido viejo de su madre, que llamaba la atención más que todos los demás retales.
─ La salmuera está lista ─oyó que decía Hattie Day─. ¿Habéis terminado de pelar los huevos?
─ Sí, señora ─respondió Robert.
─ ¿Los habéis metido en agua como os he enseñado para quitarles todos los restos de cáscara antes de meterlos en los tarros?
─ Si, señora.
─ Está bien. ¿Qué sabores os gusta añadir? Al señor Day y a mí nos gustan solo con sal y pimienta, pero tal vez vuestra familia prefiere otros.
─ Sal y pimienta está bien.
─ Tráeme los granos de pimienta, Martha. Echa un puñadito en cada tarro. Así. Yo, a veces, echo una remolacha pequeña para teñir el agua de rosa y que queden más vistosos. No cambia el sabor de los huevos. ¿Queréis que lo haga con estos?
─ ¡No, no!
James se sobresaltó. Pensó que Sadie estaba dormida. Hablaba con voz ronca, por lo que no le salía con tanta fuerza como habría querido. Hattie Day no debió de oírla, pero sí oyó las palabras de Martha, que pronunció en voz baja.
─ Normalmente dejamos el agua así, tal como está.
─ La muy puta se está adueñando de mi cocina ─murmuró Sadie.
─ Déjala en paz…Solo intenta ayudar. Y sabes muy bien que nos hace mucha falta.
Pero en realidad James compartía el sentimiento de Sadie. Había algo demasiado hogareño en el hecho de que Hattie Day estuviera en su casa, diciendo a sus hijos lo que tenían que hacer. Lo peor de todo fue que dijo algo que él no oyó bien. Algo seguido de un sonido que llevaba mucho tiempo sin oír: las risas de Robert y Martha. “Nunca se ríen cuando están conmigo”, pensó.

 

De la Autora – Tracy Chevalier

Tracy Chevalier (Washington, DC, 19 de octubre de 1962) es una escritora de éxito de novelas históricas. Chevalier nació el 19 de octubre de 1962 en Washington, D.C. Es hija de Douglas y Helen (de soltera Werner) Chevalier. Su padre fue fotógrafo para el The Washington Post durante más de 30 años. Su madre falleció en 1970, cuando Chevalier contaba con ocho años. Desde 2013 Chevalier vive en Londres con su marido, Jonathan Drori y su hijo, Jacob.

En su niñez comenzó a sentirse atraída por el mundo de los libros, escribiendo sus primeros relatos cortos en el instituto.

Cuando terminó sus estudios secundarios, estudió Lengua y Literatura Inglesa en el Oberlin College de Ohio.

Su primera novela, El azul de la Virgen, fue publicada en el Reino Unido en el año 1997 y fue elegida por W H Smith para su escaparate de nuevos autores. Su segunda novela, titulada La joven de la perla, fue publicada en 1999. La novela, que está basada en el famoso cuadro de Johannes Vermeer, ha sido traducida a 38 idiomas.

Ganó el Barnes and Noble Discover Award en 2000. En 2003, su novela La joven de la perla fue llevada al cine, recibiendo tres nominaciones a los Premios Oscars en 2004, junto con diez BAFTA y dos Globos de Oro.

 

Libros de Noah Gordon

El azul de la Virgen (1997)
La joven de la perla (1999)
Ángeles fugaces (2001)
La dama y el unicornio (2003)
El maestro de la inocencia (2007)
Las huellas de la vida (2009)
El último refugio (2013)
La voz de los árboles (2016)
El chico nuevo (2017)

La Bodega

Día 27 – La Bodega

La Bodega

Título original: The Bodega
Autora: Noah Gordon (estadounidense)
Editorial: RocaBolsillo histórica
Páginas: 381
ISBN: 978-849-694-066-6
Precio: Amazon $249  y Gandhi $259

 

Sinopsis:

Languedoc, Francia, finales del siglo XIX. Josep Álvarez descubre de la mano de un viticultor francés el arte de la elaboración del vino. Desde ese momento, su vida estará determinada por esta pasión. A pesar de su juventud, Josep ha conocido el amor, las intrigas políticas y el trabajo duro, experiencia que, junto a su temprana vocación, caracterizará su destino. Tras participar contra su voluntad en un complot que convulsionará la ya turbulenta escena política del momento, huye a Francia, donde trabajará para un viticultor. Pese a su temor de caer en manos de la justicia, decide un día volver a su hogar. Luchando contra los elementos, Josep emprende una aventura tan ardua como fascinante: la elaboración de un buen vino. En torno a él, los habitantes de Santa Eulalia: la joven viuda Marimar y su hijo Francesc; Nivaldo, el tendero de origen cubano; Donat, el hermano obrero, todos ellos personajes que Pueblan esta rica novela. La bodega contiene la esencia anterior de Noah Gordon: historias personales de fuerza, personajes vitales, retratos fidedignos de una época, plasmados con una sensibilidad y acierto que ha admirado a miles de lectores a lo largo de los años.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este libro lleva conmigo más de 10 años y por alguna extraña razón tiene poco que lo añadí a Lo que viene en…en reseñas de novelas y ensayos https://ellugardebeatriz.com.mx/lo-que-viene/. Y pues si, lo confieso, tumbó a varios que estaban en cola., porque se trata de una apasionada novela acerca del fascinante mundo del vino.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno, incluso hasta podría catalogarlo como Excelente.

La historia tiene lugar a mediados del siglo XIX, y está bañada en asuntos políticos y vitícolas (incluye la filoxera). Josep es el hijo menor de un catalán que cultiva uvas. Al hijo mayor le toca heredar las tierras, al hijo menor le toca nada (ser sacerdote o militar). La mitad de la historia serán las andanzas de Josep como soldado, la traición y la huida. La otra mitad será su vida como refugiado en Francia, trabajando (y tomando experiencia) como viticultor, y su regreso al pueblo, cuando su padre muere. Todo lo que tuvo que pasar para que el tuviera sus propias tierras.

En verdad una vida dura y cuesta arriba, que se ve premiada con la elaboración de un extraordinario vino.

Noah Gordon es muy buen narrador, que si bien hay mucha ficción en la novela, está ubicada en un periodo histórico real.

Es muy fácil de leer.

 

Algo para recordar

28

Cocinar

El primer invierno de Josep como propietario de las tierras empezó con un clima insulso, y el brillo de la satisfacción por haber obtenido su primera cosecha fue atenuándose hasta desaparecer. Las vides habían perdido casi todas sus bellas hojas y se habían convertido en esqueletos secos y quebradizos. Estaba llegando la hora de empezar a podar en serio. Caminó hasta la viña y la miró con espíritu crítico. Vio que había cometido algunos errores y se concentró en aprender de ellos.

Por ejemplo, las vides que con tanta petulancia había plantado en la sección vacía de la ladera empinada, creyéndose más imaginativo y listo que su padre y sus antepasados, se habían secado bajo el ardiente calor del verano, pues ─tal como sin duda había entendido su padre─ en esa zona la insustancial capa de suelo cultivable quedaba directamente encima de una roca impenetrable. Para que las cepas sobrevivieran allí había que montar un regadío, y tanto el río como el pozo del pueblo quedaban demasiado lejos para que tal pretensión fuera pragmática.

Josep se preguntó que otras cosas había sido incapaz de aprender sobre la tierra al hacerse mayor, de entre las muchas que su padre si conocía.

No tenía ningún deseo de dedicarse a cazar, pero cuando volvió a encontrarse con Jaumet recordó el sermón de Nivaldo sobre la necesidad de comer mejor.

─¿Me puedes conseguir un conejo? ─le preguntó.

Jaumet exhibió su lenta sonrisa y asintió. A la tarde siguiente apareció en su casa con un conejo pequeño al que había disparado en el cuello y pareció quedarse encantado con las monedas que Josep le dio a cambio. Le enseñó a despellejarlo y prepararlo.

─ ¿A ti cómo te gusta guisarlos? ─le preguntó Josep.

─ Los frío en manteca ─ respondió Jaumet.

Al irse, se llevó la cabeza y el pellejo como premio. Josep recordó lo que su padre solía hacer con los conejos. Fue a la tienda de comestibles y compró ajo, una zanahoria y un pimiento rojo picante bien grande. Nivaldo enarcó las cejas mientras le cobraba.

─ Qué, cocinando, ¿no?

De vuelta en casa, empapó una tela en vino agrio y frotó todo el cuerpo por dentro y por fuera antes de cuartearlo.

Dispuso las piezas en una olla con vino y aceite de oliva, añadió media docena de dientes de ajo aplastados y cortó las verduras antes de dejar la olla encima en una pequeña hoguera para que se arrancara a hervir a fuego lento.
Horas más tarde, cuando se comió dos piezas del guiso, la carne era tan tierna y sabrosa que se sintió santificado. Rebañó la salsa especiada, permitiendo que los trozos de pan duro se ablandaran hasta quedar casi líquidos y tan suculentos que casi se los tragaba sin masticar.

Cuando hubo terminado de comer llevó la olla a la tienda, donde Nivaldo picaba una col para su guiso.

─ Para que lo pruebes ─le dijo

Mientras Nivaldo comía, Josep leyó El Cascabel.

A su pesar, como consecuencia de aquellos sucesos en los que había visto enredado, tenía ahora más interés en cuestiones de política relacionadas con la monarquía. Siempre leía el periódico con atención, pero casi nunca encontraba la información que buscaba. Poco después de su regreso al pueblo, El Cascabel había publicado una noticia sobre el general Prim coincidiendo con el cuarto aniversario de su asesinato. El artículo revelaba que después del asesinato habían detenido a mucha gente, pero que la policía los había soltado después de interrogarlos.

Nivaldo masticaba y tragaba muy afanosamente.

─ Aún no he leído el periódico. ¿Hay algo interesante?

─ …Sigue habiendo duras luchas. Podemos dar gracias de que no hayan llegado hasta aquí. En Navarra, los carlistas atacaron a las fuerzas armadas y se hcieron con armas y piezas de artillería, además de tomar trescientos prisioneros. ¡Por Dios! ─ Agitó el periódico─. Casi capturan a nuestro nuevo Rey.

Nivaldo lanzó una mirada a Josep.

─ ¿Y entonces? ¿Qué hace el rey Alfonso con sus tropas?

─ Dice que se formó en Sandhurst, la escuela militar británica, y que participará activamente en los intentos de sofocar la guerra civil.

─ Ah, ¿si? Que interesante ─concedió Nivaldo.
Se comió el último pedazo de carne y, para mayor satisfacción de Nivaldo, empezó a chupar los huesos.

 

Del Autor – Noah Gordon

Noah Gordon es un escritor estadounidense nacido en el seno de una familia de origen judío, el 11 de Noviembre de 1926 en la localidad de Worcester (Massachusetts).

Tras un primer intento de estudiar la carrera de Medicina, acabó por licenciarse en Periodismo y Letras en la Universidad de Boston. Ejerció durante una temporada como periodista freelance y trabajó además para diversas publicaciones entre las que se encuentran el Worcester Telegram y el Boston Herald. Fue también editor y articulista de algunas revistas médicas, como el Psychiatric Opinion o el Journal of Abdominal Surgery.

Noah Gordon es autor de varias novelas que han llegado a convertirse en auténticos best-sellers de la literatura, que han sido traducidas a múltiples idiomas y que han logrado un puesto permanente en los estantes de las librerías. Su primera novela publicada fue «El Rabino» y data de 1965, aunque su obra más conocida es «El médico» (editada por primera vez en 1986 y llevada al cine en 2013), primera parte de una trilogía que se completa con «Chamán» y «La doctora Cole».

CURIOSIDADES:
– Noah Gordon fue llamado a las filas del ejército estadounidense para participar en la Segunda Guerra Mundial. Realizó servicios administrativos en San Francisco.

– Sus padres deseaban que se convirtiera en médico y él intentó contentarles en un principio, incluso asistió a la Universidad de Boston para cursar Medicina. Sin embargo, su gusto se decantaba más por el Periodismo, carrera por la que se decantó finalmente. No obstante, siempre ha mantenido vivo su interés por la medicina y la ciencia.

 

Libros de Noah Gordon

– El diamante de Jerusalen ***
– La doctora Cole
– La bodega
– El comité de la muerte ***
– El rabino
– Chamán
– El médico

***los que me falta leer

El Gourmet Solitario

Día 23 – El Gourmet Solitario

El Gourmet Solitario

Título original: Kodoku no gurume
Autora: Jiro Taniguchi – Masayuki Kusumi (japones)
Editorial: Astiberri Ediciones
Páginas: 196
ISBN: 978-84-92769-68-1
Precio: Amazon $398  y Gandhi $398 

Sinopsis:

Un hombre solitario, con un trabajo que le permite una gran movilidad, recorre las calles de Tokio y otras localidades japonesas para visitar a sus clientes. Cada día es una ocasión para redescubrir un barrio que conoce o para conocer uno nuevo. Pero para este hombre, siempre solitario, el momento de la comida constituye una auténtica aventura, casi un ritual.

A lo largo de 19 capítulos El gourmet solitario nos presenta otros tantos platos de la cocina tradicional japonesa. A través de la mirada curiosa de este viajero gastronómico, los autores, Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi, trazan un auténtico retrato sociológico de Japón y de su riqueza gastronómica. Ambos consiguen sumergirnos en las costumbres japonesas, en un paseo sembrado de olores, sabores y diversidad. El gourmet solitario forma parte de esas cosas sencillas que nos ayudan a ver el lado bueno de la vida.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Suelo revisar las recomendaciones de libros que hablan sobre comida, y resulta que este parece ser una constante. Un manga escrito hace ya varios años.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Cuando yo era niña en casa los domingos compraban historietas que las cuatro hermanas nos peleábamos por leer. Desde entonces no había vuelto a agarrar algo ilustrado.

Oh sorpresa porque me gustó, tanto que me lo acabé en 3 días (estoy hablando de un libro con 19 capítulos y casi 200 páginas. Originalmente publicado en Japón en 1997, tuvo tanto éxito que se llevó a la TV, y 16 años después se publicó la segunda parte.

Cuando lees El Gourmet Solitario no lo puedes evitar, acabas buscando una y otra vez los diferentes platillos de los platillos de los que está hablando el protagonista

Historias cortas, que tienen un protagonista vendedor independiente de antigüedades, a quien le entra el antojo de comer por donde quiera que ande (restaurante, bar, cafetería o puesto de la calle). La mayor parte del libro se trata de verlo comer diferentes platillos japoneses.
Y allí viene la magia, porque se trata de platillos tradicionales o platillos que le traen recuerdos de su vida al protagonista.

No obstante que todos los capítulos llevan la misma estructura, el protagonista comiendo, pero cada capítulo es una historia diferente, un entorno diferente y hasta los platillos que se comen también son diferentes
Parecen iguales, pero no. Y el gourmet solitario es como yo, va a todas partes solo, es El Gourmet Solitario.

 

Del Autor

– Jiro Taniguchi

Jirō Taniguchi (谷口ジロー; Tottori, 14 de agosto de 1947-Tokio, 11 de febrero de 2017) fue un dibujante de manga japonés. Considerado un autor de culto e impulsor de la difusión del manga fuera de Japón en su trayectoria obtuvo numerosos galardones como los premios Tezuka, Shōgakukan, Alph’Art o Haxtur.

Sus obras se han traducido a varios idiomas, incluido el español, como El almanaque de mi padre (Chichi no koyomi), Crónicas del viento (Kaze no shō), El olmo del Cáucaso, El gourmet solitario (Kodoku no gurume), Tierra de sueños o Barrio lejano.

Nacido en el seno de una familia humilde en Tottori (región de Chūgoku), en un área rural rica en leyendas, próxima a la naturaleza y a un castillo en ruinas que sería trasfondo habitual de sus obras futuras, las vivencias de su infancia son temas fundamentales de su producción. Empezó a trabajar como asistente del dibujante Kyota Ishikawa. Debutó en el mundo del manga con Kareta Heya (La habitación ronca), publicado en 1970 en la revista Young Comic.

Taniguchi falleció en Tokio el 11 de febrero de 2017 a la edad de 69 años. Meses después se publicó póstumamente El bosque milenario, obra inacabada dirigida al público infantil, que incide en la necesaria armonía del ser humano y la naturaleza.

– Masayuki Kusumi

 

 

Nace en Tokio en 1958. Junto con su hermano Takuya crea el dúo de historietistas Q.B.B. … Además de guionista de cómics, Kusumi ha realizado trabajos como ilustrador, ensayista, diseñador y músico.

 

Libros de Koo Byung-mo

Aruku Hito (1992)
Barrio lejano (1998)
Ciudad sin defensa
Crónicas del viento
El almanaque de mi padre (1994)
El caminante
El gourmet solitario (1997)
El olmo del Cáucaso (2004)
El perro blanco
El rastreador (2000)
El viajero de la tundra
El viento del oeste es blanco
Hotel Harbour View (1986)
K (1988)
La cumbre de los dioses (5 volúmenes)
La época de Botchan (7 volúmenes en la versión en español)
La habitación ronca (1970)
La montaña mágica (2005)
Lindo 3
New York no Benkei (1996)
Seton (3 volúmenes) (2005)
Sobrevivir a la nueva era glacial (1986)
Sky Hawk (2002)
Tierra de sueños (1992)
Un zoo en invierno (2008)
Los años dulces (2008)
Cielos radiantes (2005)
El bosque milenario (2018)
Venecia

El Señor Nakano y las Mujeres

Día 13 – El Señor Nakano y las Mujeres

Día 13 – El Señor Nakano y las mujeres

Título original: Furudogu Nakano Shoten
Autora: Hiromi Kawakami (japonesa)
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 220
ISBN: 978-607-317-287-5
Precio: Amazon $149  y  Gandhi $450

 

Sinopsis:

Hitomi entra a trabajar en una tienda de objetos de segunda mano en Tokio. «Esto no es un anticuario, sino una tienda de segunda mano», le advierte el señor Nakano el día en que hace la entrevista. Allí está Takeo, el joven asistente con quien inicia una extraña relación, y Masayo, la hermana del propietario que hace exposiciones con muñecas y cuya vida sentimental atormenta al señor Nakano, que se mantiene vigilante sobre todo y a quien pierden las mujeres. Un grupo que vagamente podría parecer una familia. Cronista delicada y elusiva, Kawakami nos ofrece en este libro, además de la historia entre Hitomi y Masayo, una sucesión de ventanas abiertas al Japón contemporáneo, en el que conviven los objetos de una tienda extravagante con la vaga melancolía de unos hombres y unas mujeres que nunca consiguen ser felices del todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Como el burro que tocó la flauta, porque en realidad yo me estaba saliendo de mi línea de leer tramas donde la comida llevara un papel importante en la trama. Pues si, yo quería participar en el Marzo Asiático organizado por MagretAjosTiernos https://www.youtube.com/channel/UCGaMl2kAz8wyovEScxnWwmg/videos en su canal de YouTube, que se trata de leer libros de autores Asiáticos.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Comencé a leer este libro porque es chiquito (220 páginas) y me pareció que lo terminaría rápido, para cumplir con el Marzo Asiático. Me ha dado una sorpresa, y dejó en mi boca el sabor a nostalgia. Fácil puedo leer la segunda parte jajajajjjja.

Kawakami es una excelente narradora de lo cotidiano, de los sentimientos, de los detalles que parecen no aportar mucho. La historia es el día a día, y va lento, pero cuando menos imaginas comienza a correr y no quieres que se acabe. Me dio vacío estomacal cuando sentí que venía el final, porque no quería que llegara, pero fue apenas un suspiro. Muy recomendable
La historia gira alrededor de cuatro personas: el señor Nakano, dueño del establecimiento, y su hermana Masayo. Allí trabajan dos jóvenes: Takeo e Hitomi (la narradora de la historia).

Cada capítulo narra una historia autoconcluyente y le va sumando personas. Las historias son sencillas, y las emociones están presentes. Al final, de una u otra forma, todo se entrelaza.

La hora del almuerzo suelen hacerla en grupo, y si bien es cierto que encontramos pizzas o hamburguesas, el cerdo frito y el pescado, así como fideos en caldo, aparecen con frecuencia…

 

Algo para recordar

UN SOBRE CUADRADO DEL NÚMERO DOS

« Pues eso» era el tic lingüístico del señor Nakano.
—Pues eso, pásame la salsa de soja —acababa de decirme. Yo no salía de mi asombro.
Ese día habíamos salido a almorzar los tres juntos. El señor Nakano había escogido cerdo frito con jengibre, Takeo había pedido pescado hervido y yo, arroz al curry. Enseguida trajeron el cerdo frito y el pescado. El señor Nakano y Takeo cogieron los palillos de usar y tirar que estaban en una cajita encima de la mesa, los separaron y empezaron a comer. Takeo me pidió disculpas en voz baja por no esperar a que trajeran mi plato, pero el señor Nakano se abalanzó sobre el suyo sin decir palabra.
Cuando al fin me trajeron el arroz al curry y yo acababa de coger la cuchara, el señor Nakano me pidió la salsa de soja utilizando la frase que he citado anteriormente.
—Ese «pues eso» no tiene mucho sentido, ¿no? —observé. El señor Nakano dejó su cuenco en la mesa.
—¿Yo he dicho eso?
—Sí, lo ha dicho —murmuró tímidamente Takeo.
—Pues eso
. —¡Acaba de decirlo otra vez!
—Vaya. —El señor Nakano se rascó la cabeza con un Resto exagerado—. Se ve que tengo un tic.
—Y un poco raro, por cierto.
Le pasé la salsa de soja. El señor Nakano aliñó sus dos rodajas de nabo en conserva y empezó a masticarlas ruidosamente.
—Lo que pasa es que mantengo conversaciones mentales conmigo mismo. Por ejemplo, A se convierte en B , que me lleva hasta C , y mi razonamiento sigue con D . Cuando llega el momento de expresar D en voz alta, me sale un «pues eso» sin querer, porque sigue el hilo de mis pensamientos.
—Claro —dijo Takeo, mientras mezclaba el jugo del pescado con el arroz que le había sobrado.
Takeo y yo trabajábamos para el señor Nakano. Hace veinticinco años abrió una tienda de objetos de segunda mano en un barrio periférico del oeste de Tokio poblado de estudiantes. Por lo visto, antes estaba contratado en una empresa mediana de productos de alimentación, pero pronto se cansó de trabajar en una oficina y la dejó. Era la época en que estaba de moda lanzarse a la aventura, aunque el señor Nakano no llevaba suficiente tiempo trabajando por cuenta ajena como para considerarlo una aventura. Sea como fuere, se sintió avergonzado de dejar el trabajo por puro aburrimiento. Me lo explicó un día en la tienda, pausadamente, aprovechando que en ese momento no había nadie.
«Esto no es un anticuario, sino una tienda de segunda mano», me advirtió el señor Nakano el día en que fui a hacer la entrevista de trabajo. En el escaparate había un cartel pegado al cristal y escrito con mala letra que rezaba: «Se buscan empleados. Entrevistas a todas horas». Sin embargo, cuando entré a preguntar, el dueño me dijo: «Te entrevistaré el primero de septiembre a las dos del mediodía. Sé puntual». Aquel hombre delgado, que tenía un extravagante aspecto con su bigote y su gorra de punto, era el señor Nakano.
La tienda del señor Nakano, que no era de antigüedades sino de objetos usados, estaba literalmente sepultada bajo una montaña de artículos de segunda mano. El interior del local estaba abarrotado de mesitas de té, vajillas y viejos ventiladores y aparatos de aire acondicionado, es decir, la clase de objetos normales y corrientes fabricados a partir de los años treinta que se podían encontrar en cualquier hogar japonés. Antes del mediodía, el señor Nakano subía la persiana y, con un cigarrillo entre los labios, sacaba los «artículos reclamo» a la calle, entre los que se contaban, por ejemplo, una especie de escudilla con un llamativo estampado, una lámpara de diseño, dos pisapapeles de imitación de ónice con forma de tortuga y de conejo o una antigua máquina de escribir. Los colocaba sobre un banco de madera delante de la tienda con el objetivo de atraer a la clientela. De vez en cuando, si por ejemplo la ceniza del cigarrillo caía sobre el pisapapeles en forma de tortuga, él lo limpiaba frotando enérgicamente con la punta del delantal negro que siempre llevaba puesto.
El señor Nakano solía estar en la tienda hasta primera hora de la tarde. Luego me dejaba sola atendiendo y salía con Takeo a hacer recogidas.
Tal y como su nombre indica, las recogidas consistían en pasar por las casas a recoger trastos usados. La mayoría de las veces, le llamaban desde casas cuyo propietario había fallecido y sus parientes necesitaban deshacerse de los muebles y utensilios del difunto. El señor Nakano recogía incluso los objetos y la ropa que ni siquiera los familiares podían aprovechar. Pagaba unos cuantos miles de yenes, 10,000 como máximo, y se lo llevaba todo en una pequeña camioneta. Como los clientes se quedaban los artículos de valor y le entregaban el resto, les resultaba mucho más beneficioso llamar al señor Nakano que avisar a los servicios de recogida municipales para que se llevaran los trastos voluminosos. Por eso la mayoría de sus clientes aceptaba la pequeña cantidad de dinero sin rechistar y seguía la furgoneta con la mirada mientras se alejaba con sus pertenencias. Sin embargo, Takeo me explicó que algunas personas se quejaban de que el precio era irrisorio y ponían al señor Nakano en un compromiso.
El señor Nakano había contratado a Takeo un poco antes que a mí para que lo ayudara con las recogidas. Si había que recoger objetos pequeños, Takeo lo hacía solo.
—¿Cuánto dinero tengo que ofrecerles? —le preguntó Takeo, inseguro, la primera vez que el señor Nakano le ordenó que fuera sin él.
—Pues eso, el precio tiene que ser el más conveniente. Ya sabes cómo se calcula el valor de un objeto, me has visto hacerlo muchas veces.
En ese momento, Takeo apenas llevaba tres meses trabajando en la tienda, y no sabía calcular el valor de los objetos. A mí me pareció que mi jefe tenía ideas muy disparatadas, pero considerando lo sorprendentemente bien que marchaba el negocio, estaba claro que le funcionaban.
Takeo salió de la tienda nervioso y cohibido, pero regresó con el mismo aspecto de siempre.
—No he tenido ningún problema —anunció. Al saber que había pagado 3500 yenes en total, el señor Nakano asintió varias veces, satisfecho, pero abrió los ojos como platos cuando vio la gran cantidad de objetos que Takeo había traído.
—Takeo, les has pagado una miseria. ¡Por eso me dan tanto miedo los principiantes! —bromeó el señor Nakano, riendo.
Takeo me explicó que uno de los jarrones que había recogido aquel día se vendió más adelante por 300 000 yenes. Como al señor Nakano no le interesaban los objetos tan caros, vendió el jarrón en un mercado de antigüedades que se instalaba en los alrededores de un templo. La chica con la que Takeo salía entonces se hizo pasar por su ayudante y lo acompañó hasta el puesto del mercado. Al enterarse de que un jarrón viejo y sucio se podía vender por 300 000 yenes, la chica empezó a atosigar a Takeo diciéndole que montara su propio negocio de artículos de segunda mano para poder independizarse e irse a vivir por su cuenta. Ya fuera por ese o por otro motivo, Takeo rompió con ella al poco tiempo.
Eran raras las veces en que el señor Nakano, Takeo y yo comíamos juntos. Nuestro jefe solía estar fuera la mayor parte del tiempo recogiendo material o merodeando por los mercados, las subastas o las reuniones de comerciantes del gremio. Takeo, por su parte, desaparecía sin perder ni un minuto en cuanto terminaba sus recogidas. Aquel día comimos juntos porque teníamos previsto visitar la exposición de Masayo, la hermana mayor del señor Nakano.
Masayo era una solterona de cincuenta y tantos años. Antes la familia Nakano tenía varias propiedades, pero la fortuna familiar había empezado a decaer durante la generación anterior a la del señor Nakano. No obstante, todavía les quedaba suficiente dinero para que Masayo pudiera vivir de las rentas de los pisos que tenían.
De vez en cuando el señor Nakano se burlaba de su hermana diciendo que era una ar-tis-ta, pero en realidad la trataba muy bien. Masayo exponía sus creaciones en la pequeña galería situada en el primer piso de la cafetería Poesie, que se encontraba delante de la estación. Era una colección de muñecas que ella misma había hecho a mano.
Al parecer, su última exposición, que había tenido lugar poco antes de que yo empezara a trabajar en la tienda, llevaba el nombre de “Colores del bosque” . Masayo había arrancado unas cuantas hojas del bosquecillo que había en las afueras del barrio, había elaborado un tinte vegetal y había teñido unas prendas de ropa. A ella le parecía que el color del tinte era chic, pero Takeo me confesó más adelante, meneando la cabeza, que le había parecido «color váter». Masayo tendió la ropa en unas ramas que había recogido en el mismo bosquecillo y las colgó del techo. Cada vez que dabas un paso por la galería, que parecía un laberinto, las telas y las ramas que colgaban del techo y de las paredes te rozaban la cabeza y los brazos y te enredabas constantemente, según el señor Nakano.
La exposición de muñecas, sin embargo, no era tan extravagante, puesto que las muñecas no colgaban del techo sino que estaban expuestas en unas mesas a lo largo de la galería y cada una de ellas tenía un nombre, como Libélula nocturna o En el jardín. Takeo recorrió la exposición con una expresión ausente, mientras que el señor Nakano examinó las muñecas una por una, cogiéndolas delicadamente y dándoles la vuelta. La luz del mediodía irrumpía a través de las ventanas. La calefacción de la galería estaba encendida, y Masayo tenía las mejillas sonrojadas.
El señor Nakano compró la muñeca más cara y yo me quedé un muñequito en forma de gato que encontré entre los objetos amontonados en un cesto de la entrada. Nos despedimos de Masayo en las escaleras y salimos los tres juntos a la calle.
—Tengo que ir al banco —anunció el señor Nakano, y desapareció tras la puerta automática del banco que teníamos justo enfrente.
—Como siempre —dijo Takeo, mientras echaba a andar con las manos en los bolsillos de sus holgados pantalones.
Takeo tenía prevista una recogida en Hachioji. Allí vivían dos ancianas hermanas cuyo hermano mayor acababa de fallecer. Las «abuelitas», según el señor Nakano, llamaban constantemente para quejarse de que, justo después de la muerte de su hermano, habían empezado a llegar parientes a los que nunca habían visto para intentar birlarles las obras de arte y los libros antiguos que coleccionaba el difunto. Cada vez que llamaban, el señor Nakano les dirigía amables palabras de ánimo y siempre esperaba a que ellas colgaran antes el teléfono. «Así es este negocio», me decía, guiñándome el ojo, en cuanto colgaba después de haber aguantado media hora de lamentos. Aunque parecía escuchar con interés las quejas de las ancianas hermanas, no quiso ir a su casa a recoger material.
—¿Seguro que quiere que vaya solo? —le preguntó Takeo.
—Pues eso —repuso el señor Nakano acariciándose el bigote—, deberías pagarles un precio entre medio y bajo. Si les ofreces demasiado dinero, las abuelitas se asustarán, y si es demasiado poco…
Subí la persiana de la tienda e, imitando al señor Nakano, empecé a colocar los artículos reclamo en el banco. Mientras tanto, Takeo sacó la camioneta del garaje que había detrás del local. Le dije adiós y él agitó la mano derecha mientras aceleraba. Takeo tenía el dedo meñique de la mano derecha amputado a la altura de la primera falange.
Al parecer, el día en que lo entrevistó, el señor Nakano insinuó:
—¿No serás un…? Ya sabes a lo que me refiero.
—Si hubiera sido un yakuza, se habría arriesgado mucho al contratarme —le dijo Takeo cuando ya empezaba a adaptarse a su nuevo trabajo.
—En este negocio es fácil reconocer con qué tipo de gente estás tratando —rio el señor Nakano.
Cuando estudiaba tercero de bachillerato, un compañero de clase de Takeo le había pillado el dedo con una puerta de hierro y se lo había amputado por el simple motivo de que «le molestaba su existencia». Era un chaval que llevaba todo el curso metiéndose con él. Un semestre antes de graduarse, Takeo dejó el instituto porque, desde el accidente, se sentía constantemente en peligro. Su tutor y sus padres se comportaron como si todo fuera normal. Atribuyeron el repentino abandono de Takeo a su dejadez y a su estilo de vida. Aun así, Takeo se consideraba afortunado de haber podido dejar el instituto. Su compañero de clase, el chico que lo había hecho sentir amenazado, estudió en una universidad privada y el año anterior había entrado a trabajar en una empresa.
—¿No te da rabia? —le pregunté.
—Lo que siento no es exactamente rabia —me respondió él, con una sonrisa torcida.
—¿Qué es, entonces? —inquirí de nuevo, pero él soltó una risita desganada.
—No lo entiendes, Hitomi —me dijo—. A ti te gustan los libros y tienes una mente compleja. Yo tengo una mente simple —prosiguió.
—Yo también soy simple —repuse.
—Ahora que lo dices, a lo mejor tienes razón —admitió, riendo de nuevo—. Fue un corte limpio. Como no tengo tendencia a formar queloides, el médico del hospital me dijo que la herida cicatrizaría bien.
Cuando hube perdido de vista la camioneta, me senté en una silla al lado de la caja registradora y me puse a leer un libro de bolsillo. Entraron tres clientes en una hora. Uno de ellos se compró unas gafas viejas. Yo creía que unas gafas no servían para nada sin la graduación adecuada, pero en la tienda del señor Nakano las gafas viejas tenían mucho éxito.
—La gente las compra precisamente porque no sirven —decía siempre el señor Nakano.
—¿Y eso cómo se entiende?
—¿A ti te gustan las cosas útiles, Hitomi? —me preguntó él, sonriendo.
—Claro —repuse.
El señor Nakano dejó escapar un resoplido y, de repente, empezó a canturrear una estrofa de una extraña canción: «Un plato útil, un estante útil, un hombre útil».

Después del cliente que había comprado las gafas, no entró nadie más. El señor Nakano aún no había vuelto del banco. Debía de estar con alguien. Un día, Takeo me explicó que cuando decía que iba al banco, casi siempre quedaba con una mujer.
El señor Nakano se había casado por tercera vez unos años antes. Con su primera mujer había tenido un hijo que ya iba a la universidad, con la segunda había tenido una hija que estudiaba primaria, y su esposa actual había dado a luz a un niño seis meses antes. Además, tenía una amante.
—¿Tienes novio, Hitomi? —me preguntó mi jefe un día, aunque no parecía ansioso por conocer la respuesta. Me lo preguntó como quien habla del tiempo, mientras se tomaba un café junto al mostrador. Tampoco enfatizó la palabra novio, sino que la pronunció en un tono más bien neutro.
—Antes salía con un chico, pero ahora no estoy con nadie —le respondí.
—Ya —repuso brevemente, asintiendo. No me preguntó qué clase de chico era, ni cuándo habíamos roto, ni nada por el estilo.
—¿Cómo conoció a su actual esposa, señor Nakano? —inquirí.
—Es un secreto —repuso él.
—Con esa respuesta sólo conseguirá que tenga más ganas de saberlo —insistí, y él me miró fijamente—. ¿Por qué me mira así?
—No tienes por qué fingir que te interesa, Hitomi —repuso él.
La verdad es que no tenía el menor interés en saber cómo había empezado la relación entre el señor Nakano y su tercera esposa. «No hay que subestimar al jefe —me susurró Takeo al oído más tarde—. Por eso tiene tanto éxito con las mujeres, porque conoce muy bien a la gente».
El señor Nakano aún no había vuelto, en la tienda no había nadie y Takeo estaba en casa de las abuelitas de Hachioji. Puesto que no tenía nada que hacer, seguí leyendo.
Últimamente, había un cliente que sólo venía cuando yo estaba sola en la tienda. Era un hombre un poco mayor que el señor Nakano. Al principio pensé que era casualidad que siempre apareciera cuando no había nadie más, pero no lo era. Si intuía la presencia del señor Nakano, se ponía nervioso y se iba, pero regresaba rápidamente cuando el jefe no estaba. «¿Viene muy a menudo?», me preguntó un día el señor Nakano, y yo asentí.
Al día siguiente, por la tarde, el señor Nakano estuvo un buen rato revolviendo cachivaches en el almacén de la trastienda. El hombre misterioso llegó a última hora de la tarde y se quedó vacilando entre la puerta y la caja registradora, donde yo estaba sentada. Mientras tanto, el señor Nakano lo espiaba desde el almacén. Cuando el cliente se acercó a la caja, salió con una sonrisa y empezó a hablar con él. Era la primera vez que oía su voz. El señor Nakano lo escuchó durante un cuarto de hora, mientras el cliente le explicaba que vivía en la ciudad de al lado, que se llamaba Tadokoro y que coleccionaba espadas y sables.
—Aquí no tenemos nada antiguo —repuso el señor Nakano, a pesar de que el cartel de la tienda anunciaba que vendía objetos de segunda mano.
—Pero tienen cosas muy curiosas —observó Tadokoro, mientras señalaba un rincón donde había revistas femeninas de los años veinte y unas figuritas que regalaban con los caramelos Glico.
Tadokoro era un hombre bastante atractivo. Tenía el rostro enmarcado por la sombra oscura de la barba afeitada. Si hubiera estado un poco más delgado, se habría parecido a un actor francés cuyo nombre no recuerdo. Su voz atiplada me ponía un poco nerviosa, pero tenía una forma de hablar tranquila y serena.
Un poco después de que se hubiera ido, el señor Nakano me dijo:
—No vendrá en una temporada.
—Pero si han mantenido una conversación muy cordial —susurré, pero él meneó la cabeza y, aunque le pregunté por qué Tadokoro no iba a volver, no quiso explicármelo. A continuación, salió de la tienda murmurando que tenía que ir al banco.
Tal y como el señor Nakano había predicho, Tadokoro estuvo una temporada sin dar señales de vida. Al cabo de dos meses, sin embargo, empezó a venir de nuevo, siempre intentando aparecer cuando mi jefe no estaba. Al entrar me decía «Buenos días», y se despedía antes de salir.
Nunca intercambiábamos más que esas cuatro palabras, pero el ambiente se cargaba cuando venía. Los demás clientes habituales también me saludaban al entrar y al salir, exactamente igual que él, pero su presencia no era tan sofocante como la de Tadokoro.
Takeo se encontró con él un par de veces.
—¿Qué opinas de él? —le pregunté.
Reflexionó unos instantes, con la cabeza ladeada.
—A mí no me huele mal —repuso al fin.
—¿A qué te refieres? —inquirí, pero él agachó la cabeza sin decir nada más.
Mientras Takeo vertía un cubo de agua delante de la tienda para limpiar la calle, pensé en el significado de «oler mal». Intuí más o menos a qué se refería, pero también supuse que no había querido decir lo que yo pensaba.
Cuando terminó de limpiar la calle, se dirigió a la trastienda con el cubo vacío y oí que murmuraba:
—Los tipos que huelen mal son los que sólo piensan en sí mismos.
Tampoco acabé de entender a qué se refería.

De la Autora – Hiromi Kawakami

Hiromi Kawakami (en japonés: 川上 弘美, transcripción: Kawakami Hiromi) (Tokio, Japón, 1 de abril de 1958) es una de las escritoras más populares de Japón.

Estudió Ciencias naturales en la Universidad de Ochanomizu y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela (Kamisama). Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. En 1996 obtuvo el Premio Akutagawa por Tread on a Snake. En 2000 obtuvo el Premio Ito Sei y el Woman Writer’s por Oboreru. En 2001 ganó el prestigioso Premio Tanizaki por la novela El cielo es azul, la tierra blanca (Acantilado, 2001), adaptada posteriormente al cine con gran éxito.

 

Libros de Hiromi Kawakami en español

El cielo es azul, la tierra blanca (Acantilado, 2001)
Algo que brilla como el mar (Acantilado, 2010),
Abandonarse a la pasión (Acantilado, 2011),
El señor Nakano y las mujeres (Acantilado, 2012),
Manazuru (Acantilado, 2006) y
Vidas frágiles, noches oscuras (Acantilado, 2015).