Recetas para Amar y Matar

Esta es la primera escritora Africana que leo, y ha sido una maravillosa sorpresa.

 

Recetas para Amar y Matar

Autoras: Sally Andrew
Editorial: Grijalbo
Páginas: 444
Precio:
Amazon $355  y Gandhi $119 en libro electrónico
ISBN: 978-84-253-5404-5

 

Sinopsis:

Intriga, gastronomía y una protagonista maravillosa con las dotes detectivescas de Miss Marple y el amor por la comida de los Montalbano. Una detective a la fuerza que lo resuelve todo gracias a sus agudas dotes de observación, mucho sentido común y unas recetas espectaculares. Tannie María vive sola en su granja en el parque nacional del Pequeño Karoo, en Sudáfrica, desde que enviudó. Es bajita, rellenita (demasiado sobre todo allí donde no toca) y le encanta comer, cocinar y escribir su sección de recetas en el Karoo Gazette. Hasta que los directivos del periódico deciden que los lectores están más hambrientos de consejos para sus problemas que de ideas para la cena. Gracias a la nueva columna semanal, Tannie María descubre que tiene talento y pasión para ayudar a los demás, siempre a través de un delicioso plato. Y eso es lo que le solicita una mujer que necesita apaciguar a su violento marido. Le da la receta, y también un consejo. Cuando días después descubre que esa mujer ha aparecido asesinada, Tannie Marie se involucra en la investigación. Ni siquiera los esfuerzos por protegerla del atractivo policía encargado del caso impedirán que se adentre en un terreno muy peligroso.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Lo vi varias veces recomendado, por su trama y sus recetas. Me llegó y me salté varios por leerlo

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Desde el primer momento te engancha. Tiene una buena trama. La ambientación en Sudáfrica, por supuesto que es interesante (el pueblo pequeño donde todos se conocen, los atardeceres con color pastel, el sofocante calor, un asesinato y la comida ¿Qué más podrías pedir?

Al final del libro trae una serie de términos africanos (glosario) que al principio no es agradable, pero acabas aprendiéndotelos (como La Catira, de Cela)

Tannie María trabaja para una publicación semanal con sus recetas. Vive sola, su abusador marido ha muerto y ahora ella puede gozar de los atardeceres en África, con un trabajo que la llena, hablando de lo que más le gusta, la comida. Pero un día, le avisan que las recetas no son importantes para el público, que piden una consejera sentimental. Ella toma la noticia con buen semblante y decide aconsejar y recomendar recetas que curan todo tipo de males. Hace su primera recomendación a Martine…que también tiene un marido abusador. Ella le recomienda dejarlo. Días después Martine aparece muerta…y allí comienza todo.

Me acordé de Miss Marple y de Reportera del crimen, porque Tanni María tiene habilidades detectivescas.

Ella siempre carga con galletas o pasteles o comida para sanar el alma, tiene una habilidad de observación envidiable y una empatía a toda prueba.

Anoche me faltaban 100 páginas, no lo noté. Me dio la una de la mañana leyendo hasta que lo terminé

Veo varios libros que siguen a esta novela, con la misma protagonista, Tannie María (en ingles y francés). El único en español es este, Recetas para Amar y Matar.

 

¿Quién debería de leer Recetas para Amar y Matar?

1. A quienes les gusta los libros de detectives o misterios
2. A quienes les gusta la cultura africana (muy bonita ambientación, costumbres, comida)
3. A quien le gusta la cocina africana (muchas recetas)

 

Algo para recordar

Quizá fuera por el brandy, ya que apenas bebo, pero toda aquella noche pasó como un sueño.

Henk Kannemeyer limpió la mesa de la cocina, buscó platos y cubiertos y los colocó en su sitio con esmero. Estuvo pendiente del arroz que cocía al fuego, y cuando este estuvo listo, lo puso en la mesa.

─ Huelo a bredie, pero no lo veo ─ dijo.

Señalé la bolsa de cocción lenta, y tras llevar el estofado a la mesa, lo sirvió en os platos, primero en el mío y luego en el suyo.

─ Come ─ ordenó.

Me quedé mirando el guiso y la mesa con los ojos como patos. Nunca antes había visto a un hombre poner la mesa y servir la comida. Me pareció agradable. El olor del estofado de tomate llegó a oleadas hasta mi y me puse a comer.

─ ¿Cuándo hay que sacar el pastel? ─ preguntó.

No podía creer que hubiera olvidado el pastel. Me había acordado de meterlo en el horno, pero no de sacarlo. Miré el reloj.

─ Dentro de dos minutos ─ respondí.

Y volví a olvidare de él, pero Kennemeyer no.

Cuando terminamos el estofado, puso el pastel espiral de miel y tofe en la mesa, con un par de platos y tenedores pequeños.

Los platos que había cogido eran los de ensalada, no los de postre, pero no me importaba.

─ Tienes buena mano para la cocina, María. Hacia tiempo que no comía tan bien.

Me sonrió. Pero tenía la mirada triste.

El brandy me animó entonces a preguntarle:

─ ¿No tiene esposa, teniente?

La tristeza de sus ojos se convirtió en dolor y entonces apartó la mirada.

─ Era muy buena cocinera ─ respondió, y tragó saliva ─.

Murió hace cuatro años. Cuatro años y tres meses.

─ Lo siento ─ dije.

Lo cual no era del todo cierto. Me alegré tanto de que no estuviera casado que el corazón me dio un pequeño vuelco, aunque al cabo de un momento me sentí fatal por alegrarme. Percibía su dolor incluso desde el otro lado de la mesa.

─ Lo siento, Henk ─ repetí, y esta vez lo dije en serio.

Corté un buen trozo de pastel y lo puse en su plato. La crema de tofe de miel se había filtrado bien por la costra crujiente, y la almendra estaba tostada y caramelizada. Cuando terminamos el pastel nos quedamos un rato allí sentados, escuchando las ranas.

Henk se quedó quieto, mirando la mesa mientras yo recogía y fregaba los platos.

Fue una velada tranquila. Y aunque no hablamos mucho, daba la sensación de que habían dicho muchas cosas.

Entonces, estando allí de pie, en el fregadero, con las manos en el agua jabonosa, aquel hombretón sentado a la mesa detrás de mí y el estómago lleno de una buena comida y brandy, sucedió una cosa de lo más extraña. Sentí una forma distinta de felicidad. Una felicidad diferente a la que experimentaba cuando hacía un buen pastel, veía a mis gallinas o Hattie venía a verme.

Estaba paladeando el sabor de algo que siempre había ansiado comer, pero nunca había sabido como preparar. Después de todo, puede que acabara teniendo una vida de verdad antes de morir.

El teniente Kannemeyer recorrió toda la casa cerrando puertas y ventanas. La de guillotina de mi habitación permitía dejar un poco abierto por arriba y me alegró ver que había dejado un resquicio para que corriera el aire fresco.

Extendió un saco de dormir en el sofá.

─ He preparado una cama en la habitación de invitados ─ dije.

─ Oigo mejor desde aquí ─ comentó ─. Puede que intente entrar por la puerta principal.

Salió al exterior y dio una vuelta por la finca con una linterna. Deshice la cama del cuarto de invitados y puse las sábanas y almohadas en el sofá. Un saco de dormir daría demasiado calor en una noche tan calurosa como aquella y con una simple sábana bastaría.

Me cepillé los dientes y me puse el camisón, la bata y un poquito de pintalabios. Luego fui a darle las buenas noches.

─ Tengo el sueño ligero ─dijo ─, pero si oyes algo, cualquier cosa, despiértame.

Cuando me acosté, me sentí un poco mareada. Puede que fuera por la evaporación del brandy. A través de la puerta de mi habitación, que había dejado entornada, oí como iba al baño y me pregunté si habría traído el pijama y el cepillo de dientes.

Luego lo oí tumbarse en el sofá. Escuché cantar a las ranas y a un búho llamar a su pareja, que respondió a su reclamo.

Entonces percibí un gruñido grave. Me incorporé. Pero no tuve miedo…parecía un ruido propio de un animal, no de un asesino. Salí de la cama y me dirigí a la puerta. El gruñido se oyó más fuerte. ¡Era dentro de casa! A punto estuve de llamar a Kannemeyer cuando me di cuenta de que conocía ese ruido. Era el sonido de un hombre roncando. Fui de puntillas hasta el salón. Henk estaba tumbado sobre las sábanas, completamente vestido, con la boca un poco abierta, roncando de manera pausada. Me quedé allí un momento, observando cómo subía y bajaba su pecho.

De repente, se movió y se incorporó de golpe, pistola en mano.

─ ¿María?

─ Perdona ─ me disculpé─. He oído un gruñido, pero eras tú roncando. Había olvidado…

─ Ad, lo siento ─dijo─. Me pondré de lado.

─ No. No lo hagas ─le pedí─. Me gusta.

Se echó a reír. Con una risa grave y cálida, un sonido mejor aún que el gruñido. Seguía mirándome.

Entonces me di cuenta de que la luz de la luna brillaba a mi espalda. Y el camisón que llevaba puesto era de un algodón fino.

Me puse colorada. Tanto que me ardía la cara. Caminé hacia atrás, tropecé con la pared y regresé a toda prisa a mi habitación.

Cerré la puerta y me metí de un salto en la cama. Ni siquiera mi marido me había visto desnuda. Incluso cuando, bueno, cuando intimábamos, me cubría con la sábana. Henk Kannemeyer me había visto. Con todas mis formas, iluminada a contraluz por el brillo de la luna.

El rubor me recorría todo el cuerpo. Mis pechos, mis muslos…los notaba tan caliente que tuve que tocarlos para asegurarme de que no estaba ardiendo.

De la Autora – Sally Andrew

Escritora y activista social sudafricana, Sally Andrew nació en Ciudad del Cabo. Obtuvo un máster en educación para adultos en la misma ciudad. Al finalizar sus estudios se instaló con su pareja (el artista conocido como Bowen Boshier) en la reserva natural de Klein Karoo, un espacio en el que los humanos conviven directamente con los animales salvajes.

Su carrera como escritora arrancó con gran éxito. Su primer título publicado fue Recetas para amar y matar (Recipes for love and murder). Esta obra obtuvo muy buenas críticas y poco después de su lanzamiento ya había sido traducida a más de una decena de idiomas y publicada en cinco continentes.

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