Novelas y ensayos

Lunas de Estambul

Lunas de Estambul

Autor: Sophie Goldberg
Editorial: Planeta
Páginas: 404
Precio:       $ 261.80 Amazon, $ 308 Gandhi , $ 261.80 El Sótano , $ 308 Péndulo y $ 308 Porrua

ISBN: 978-607-07-2780-1

 

Sinopsis:

Ventura, una hermosa joven turca, tiene que viajar a México para casarse con Lázaro porque su familia lo ha dispuesto así. Con un baúl con apenas pertenencias y la ilusión de enfrentarse a lo desconocido, se embarcará en un viaje sorprendente para comenzar una nueva vida lejos de su tierra natal. La llegada, su primer matrimonio, el segundo, sus hijos, su viudez, sus nietos, el regreso a Turquía: Ventura vivirá cada acontecimiento con una profunda intensidad e irá aderezando sus días con la riqueza de aromas, sabores, ritmos, colores y proverbios que trajo consigo del lejano Oriente. Entre recetas turcas y sefardíes y las costumbres heredadas de una cultura milenaria, encontrará el mejor antídoto contra la añoranza, aunque su memoria no pueda borrar el recuerdo de las lunas de Estambul.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por la parte esa que decía “aderezando sus días con la riqueza de aromas, sabores, ritmos, colores y proverbios que trajo consigo del lejano oriente».

Apuesta que, por cierto, salió muuuuy bien, porque hasta ahora ha sido la novela que más platillos (anécdotas y recetas¡¡¡¡) ha traído consigo,

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno: Una sorpresa este libro, que me ilustró sobre la invitación que hiciera el gobierno mexicano para los extranjeros que quisieran establecerse en nuestro territorio, a mediados de los años veinte. Las facilidades que les dio, lo que trajeron bajo el brazo y se quedó para nosotros, las penurias por las que pasaron (propias de cualquier persona que se establece en un país extranjero).

Los lugares por donde anduvo Ventura son mis rumbos: el centro histórico, la colonia Verónica Anzures, la colonia Roma. Incluso la calle de Victor Hugo, donde viví antes de irme a Venezuela, seguramente fuimos vecinas (con sesenta años de diferencia).

Hemos sido un país solidario y amistoso con la migración. Me siento orgullosa con los mexicanos que la mayoría de las veces fuimos “buena onda” (mayoría, porque me acordé de la matanza de chinos en Torreón…snif).

Muchas de las recetas (¡¡¡son muchas!!!) ya las conocía, en restaurantes o en mis cursos del claustro, pero otras tantas son una novedad. Tendré que darme tiempo para experimentar.

 

Algo para recordar

Acerca de su nuevo país, y en especial de su nueva ciudad, Ventura no estaba muy informada y las escasas referencias que tenía se reducían a historias y leyendas que había escuchado pasar de boca en boca entre los familiares de algunos osados que habían emprendido el viaje desde Turquía. Le habían contado acerca de los llantos nocturnos de una mujer que parecía flotar sobre la espesa neblina; que andaba sin rumbo por cualquier dirección de la ciudad, o las riberas de los ríos, gritando “¡Ay, mis hijos!”; que el fulgor de la luna llena permitía ver esta manifestación fantasmal con un velo en el rostro. Hubo quién relató a Ventura que esa misteriosa mujer era el alma de la Malinche, que seguía penando por haber traicionado a los mexicanos durante la conquista. Otra versión que viajaría hasta Estambul fue que esa mujer enviudó, que adoraba a su marido y al perderlo enloqueció y ahogo a sus hijos, que después ella murió de tristeza, pero regresó del más allá para penar su crimen.

Una tarde, semanas antes de su viaje a México, Ventura acudió a la casa de una vecina, doña Rayka, quien había recibido carta de su hijo que vivía en la ciudad de Guadalajara. Ansiosa por escuchar lo que él relataba a su madre, se sentó atenta a la lectura de aquellas líneas, pero en cuanto oyó que se hablaba de la leyenda del jinete sin cabeza, optó por despedirse y salir de ahí. Sabía que se trataba de mitos transmitidos por tradición oral, sin embargo, prefería no sugestionarse con historias que francamente le daban miedo, no fuera a ser que se arrepintiera de irse a vivir a México. Se retiró a admirar las imágenes de paisajes que Lázaro le había enviado en postales durante su cortejo por correspondencia: el Castillo de Chapultepec, el Paseo de la Reforma y el propio Xochimilco, sitios que fue visitando paulatinamente del brazo de su esposo. Atónita, observaba todo con una mezcla de sorpresa y fascinación, al tiempo que labraba a su cotidianidad a la medida. Se sentía afortunada y, por primera vez desde que dejó Estambul, tuvo la certeza de que, en un crisol de tradiciones tan antiguas como disímiles, podría construir su propia leyenda.

 

 

De la Autora, Sophie Goldberg

Nació en la Ciudad de México. Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en periodismo en la Universidad de Texas, Austin. Ha colaborado para distintas revistas y ha ganado varios certámenes literarios. Entre sus publicaciones se encuentran el libro de poesía Vida y Pasiones y Sefarad de ayer, oy i manyana, compendio histórico sobre la presencia sefardí en México. Lunas de Estambul es su primera novela.

 

SOPHIE GOLDBERG: “LA PERTENENCIA Y LA IDENTIDAD SON BÁSICAS PARA SABER QUIÉNES SOMOS”
Sophie Goldberg, nacida en México, es autora de dos libros de poesía “Vida y Pasiones, Testimonio de una vida plena” y “Sefarad Ayer, Hoy y Mañana”. “Lunas de Estambul”es su primera novela, publicada por Editorial Planeta.

“Lunas de Estambul”está basaba en la vida de mi abuela Ventura Esquenazi de Eliakim” dice Goldberg. “Es la historia de muchos emigrantes que llegaron a principios del siglo pasado; aun así, tiene muchos tintes, muchos secretos de familia, mucho sabor, porque la cocina y la gastronomía formaban parte de su vida. Decidí contar su historia, porque quería, de alguna manera, honrar tanto su memoria, como la generosidad de México al haber recibido a los emigrantes judíos”.

Goldberg destacó que la idea del libro surgió desde hace varios años; sin embargo, ella no quería que fuera un libro que sólo repartiera a familiares y que relatara una historia que a nadie más le podría interesar, por lo que decidió que el libro debía tener una base de datos duros e históricos -para que una vida individual pudiera llevarse a un contexto universal y que cualquier inmigrante pudiera relacionarse con esta historia. “Trabajé cinco años escribiendo la historia; básicamente, tenía que enriquecerme de datos importantes para poder situar al personaje en una realidad”.

Ventura Eskenazi llegó a México en 1927, por lo que Sophie afirmó que leyó acerca de la post revolución, de la situación económica del país, de las leyes de emigración del país, para ver bajo qué circunstancias tenían que venir y con qué requisitos tenía que cumplir, “además de sentarme a recordar todas las pláticas que tuve con mi abuela en las noches, cuando iba a dormir a su casa y me contaba su historia”.

“Mi abuela llegó a México completamente sola, después de que la habían comprometido por carta con Lázaro Carrillo, también”turco”, que ya vivía desde hace años aquí, pero que extrañaba mucho las costumbres turcas y a los sabores de su comida. Él mandó una carta a su familia preguntando si sabía de una mujer que quisiera venir a las Américas a casarse con él. Así es como la familia Carillo se conoce con la familia Esquenazi y llegan a un arreglo; los novios se conocen por carta y por fotografía. A mi abuela, la mandan completamente sola y toda su familia se queda en Turquía; de hecho, mi familia materna sigue en Estambul.

“Su vida en México transcurrió primero al tener que enamorase de un hombre al que no conocía. Llegó a descubrir a su pareja, sabores nuevos que integró a su comida, en sus recetas. Llegó a descubrir palabras y cambió su burca por los rebosos, las mezquitas por las iglesias. Cambió todo su entorno, su vida diaria. Se enamoró del mango y del huazontle, y de toda esta vida -incluido su marido. De ese matrimonio tuvieron dos hijos: Moisés y Jasqui. Desafortunadamente a los 27 años quedó viuda y comienza una aventura y un periplo que vale la pena contarse. Después de unos años se casó con Nissim Eliakim y de ese matrimonio nació mi madre, Mery Eliakim de Bejarano; por ello estamos aquí.

A lo largo de este viaje maravilloso, el gran compañero de Ventura fue un baúl que trajo desde Turquía, lleno de esperanzas por una vida mejor, pero también de cosas que su familia le había bordado como dote. Debido a que era una familia que no tenía posibilidades, las mujeres de la familia se reunieron para bordarles cabezales (como ellos les llamaban a las almohadas en ladino), sabanas, toallas y es lo que ella traía como dote. Este baúl es el narrador de toda su historia, sus pérdidas, desarraigos, nostalgias, porque siempre la acompañó.

Años después de que mi abuela falleció, le pedí a mi madre el baúl, porque para mí era muy importante conservarlo. Ahora está en un lugar muy especial y muy importante de mi casa, porque lo abro y huele a Ventura, a su historia y a recuerdos que tantas veces me contó”.

Goldberg dijo que tuvo la fortuna de ir a Estambul a conocer a su familia materna y desde entonces visita esta ciudad cada dos o tres años con su marido y sus hijos. “En el primer viaje, con cada paso que daba por las estrechas callejuelas de Estambul, los barrios, los mercados, el gran bazar, sentía que Ventura me acompañaba, con su aroma a gardenias. Sentía su piel, la sentía tomándome de la mano, diciéndome ‘todo lo que te había contado, lo estás viviendo tu misma’. Fue un viaje muy especial: durante quince días no deje de llorar, porque la extrañé estando en su tierra, la cual ella añoró terriblemente”.

“La pertenencia es muy importante, el saber que pertenecemos a una comunidad, también a un país al que amamos y nos ama. En esta búsqueda que yo he tenido al hacer, mi identidad me quedó muy clara: sé de dónde vengo y por qué estoy aquí”.

Finalmente, invitó a los lectores de Enlace Judío a leer su libro “Lunas de Estambul” y a gozar de sus páginas.

Tomado de ENLACE JUDÍO 

El Mordisco de la Guayaba

El Mordisco de la Guayaba

Autor: María Eugenia Mayobre
Editorial: Plaza Janés
Impreso en México
Año: Marza 2018
Páginas: 155
Precio: $149 en todas las librerías. Amazon, Gandhi , El Sótano , Porrúa Y Péndulo

ISBN: 978-607-316-262-3

Sinopsis:

Con el mordisco a una guayaba nació el pecado original de esta singular familia latinoamericana. Un pecado en forma de hombre que haría enloquecer a cuatro generaciones de mujeres cultas e inteligentes. Al ver a Alfonso nacer, la bisabuela vaticinó el destino trágico de las mujeres en su familia. Cuatro generaciones después Primitiva Serapio, una niña tímida, aburrida y temerosa cede ante la locura y da rienda suelta a Mulatona Montiel, su alter ego, una mujer libre, voluptuosa, irreverente y fuerte. Ambas cohabitan el mismo cuerpo, pero no tardará una en sobreponerse a la otra. Esta es su historia.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por el puro nombre nuevamente: El Mordisco de la Guayaba. Yo compré mi libro en COSTCO (y me regalaron un combo de hot dog y refresco jajajaja). Un hombre que enloqueció a cuatro generaciones, me llamó la atención. Y si la guayaba era protagonista, no había más que pensar.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Me gustó-pudo ser mejor: Empecé El Mordisco de la Guayaba a media noche y oh sorpresa, porque desde las primeras líneas me hizo reír, mucho; aunque de repente, se volvió un tanto fantasiosa.

Todo empieza cuando Julia (ya embarazada del hombre que afectaría a cuatro generaciones de mujeres de una familia) emigra a Venezuela, Yolanda la recibe como cocinera y doméstica.

1. Yolanda (casada con el bisabuelo sin nombre, tendrá una hija que se llama
2. Cornelia, que tendrá dos hijas con el criollo – europeo,
3. una será conocida como la mamá de Primitiva (que se embaraza en Paris de un desconocido), y la hija menor que se llama Santa.
4. Primitiva – Mulatona, quien cuenta la historia de como “el poeta” (hijo de julia) afectará a las cuatro generaciones

Yolanda y Santa mueren de forma violenta…ya afectadas por la demencia que ataca a las mujeres de la familia. Mientras que la mamá de Primitiva enloquece siguiendo a un gurú indio.
Primitiva lleva carrera contra la locura y cuenta precipitadamente su historia y la historia de la familia, antes de enloquecer.

Fueron varias las cosas que me encantaron de esta novela: 1) la historia te atrapa desde el principio, 2) Aterrizada en el mundo latino, 3) Tiene muy buenas ocurrencias, 4) Se lee muy fácil.

Y las cosas que me parecieron fuera de lugar: 1. Que Cornelia aceptara el regreso del poeta, después de la tragedia que provocó, 2. Y que además lo aceptara como su amante (¡¡¡¡¡Estaba Locaaaa!!!!!), 3. Que las hijas de Cornelia supieran de esa relación…y ambas acabaran de amantes del mismo hombre, al mismo tiempo, 4. Que primitiva no lo mandara directo al infierno (aunque estuviera muriendo).

Casi al final de la historia, cuando Primitiva se hace cargo del poeta, y tienen una reconciliación (ella lo detestaba, porque el nunca la quiso), ella da a entender que la ceguera de las mujeres de la familia fue producto de lo interesante, culto, atractivo y demás cualidades de este hombre. Para mi no es suficiente para que mujeres de una buena familia (las hermanas tenían educación universitaria) hubieren caído ante la personalidad de ese sujeto.

Además, me parece que la autora no le sacó provecho al alto ego (mulatona) porque a pesar de la doble personalidad, Primitiva jamás salió del hoyo, como si estuviera predestinada al fracaso.

El libro es entretenido, tiene muy buenas puntadas que me doblaron de la risa. Pero la trama es un tanto RIDÍCULA. Para ser su primera novela, estuvo bien.

Encontré una entrevista a María Eugenia Mayobré que les dejo hasta el final, donde platica sobre el libro

 

Algo para recordar:

La joven recién llegada de Italia se adaptó de inmediato a la familia y al pueblo. Sus platos cambiaron la infancia de mi abuela Cornelia. Con Julia, mi abuela descubrió el gusto por los sabores. Su compañía y sus historias acerca de la vida en Europa, la guerra, el amor y el barco donde hizo el largo viaje que la trajo a América llenaban las horas que antes se le hacían interminables a esta hija única, con demasiada curiosidad para tan pequeño pueblo.

Julia era muy bella, poca gente en nuestro pueblo había visto antes unos ojos verde cristal como los suyos, enmarcados en una piel que conforme se oscurecía con el sol del trópico resaltaba aún más la claridad de su mirada. Su cabello largo y castaño se convirtió en el juego preferido de todas las niñas de la zona, entre ellas Cornelia, quien pasaba tardes peinándola y despeinándola para luego volver a peinarla.

Julia tenía pasión por las frutas tropicales, pues despertaban en ella la voluptuosidad que Europa había mantenido adormecida, y no es para menos: en Italia, desde que abría los ojos hasta que los cerraba, lo único que veía eran imágenes religiosas que le recordaban su condición de transeúnte y pecadora; en cambio, las frutas tropicales invitaban a ser admiradas, olidas, chupadas, lamidas y descuartizadas a mordisquitos. Con su primer mango, Julia descubrió que el Génesis según la Biblia no tenía sentido: no es posible que alguien caiga en la tentación con una fruta tan aburrida como la manzana; sin embargo, la guanábana, la parchita, el coco… Cuando descubrió esas frutas del trópico, Julia dejó de creer ciegamente en lo que decía el libro sagrado de su infancia y juventud. Cualquiera de esas frutas, bien usada, era capaz de poner de rodillas a un hombre.

Por una fruta conoció Julia al padre del poeta en aquel barco que la trajo a América.

De la Autora, María Eugenia Mayobre

María Eugenia Mayobre (1976) nació en Caracas y creció entre Italia, Francia y Venezuela. Estudió Comunicación Social en Caracas y una maestría en Comunicación y Educación en Barcelona, España. En 2007 se mudó a Boston, donde obtuvo el Certificado de Escritura de Guión del Emerson College. Su primer largometraje, Not Like Mom, ganó el concurso anual de guión del Emerson College (2009). Es autora de los cuentos “Terrorista por Error” (parte de la recopilación V Semana de la Joven Narrativa Urbana), “Cirilo y el Doctor” (publicado en Label Me Latina/o, 2012), “Pero bueno, Mariana” (Nos pasamos de la raya vol. 2/We Crossed the Line vol. 2, 2016). Su primera novela, Ese nombre que nunca fui (titulada ahora como El mordisco de la guayaba) ganó la I Bienal de Novela de Ediciones B Venezuela (2016). María Eugenia vive en Boston y trabaja como productora de un programa de noticias que se transmite en español, francés, alemán e italiano.

Chequen esta entrevista que le hicieron en Siempre, Presencia de México. Muy buena e ilustrativa de como fue que nació El Mordisco de la Guayaba (antes, El nombre que nunca fui)

 

Asalto a las Panaderías

Y bueno, estoy de regreso tan pronto con ooootro libro…porque este está chiquilín. Tiene 62 paginas, de las cuales 20 contienen ilustraciones.

Muy bellas ilustraciones elaboradas por Kat Menschilk.

Asalto a las Panaderías

Autor: Haruki Murakami
Editorial: Libros del Zorro Rojo
Impreso en Barcelona
Año: Nov 2015
Páginas: 62
Precio: Amazon $328, Gandhi $281, El Sótano $ 300  y Porrúa $335

ISBN 978-987-1948-63-5

 

Sinopsis:

Cuchillo en mano, avanzamos por la calle a paso lento. Igual que en Solo ante el peligro. Los proscritos que van a enfrentarse a Gary Cooper. A medida que nos acercábamos aumentaba el olor del pan horneándose. Cuanto más intenso era el olor, mas de inclinaba la pendiente que nos conducía al mal.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por el puro nombre. Asalto a las Panaderías. Lo sé, es temerario, pero puse todas mis esperanzas que fuera textual, que la trama girara alrededor del robo en una panadería japonesa. Así fue. Además, estamos hablando de toda una figura, el autor Haruki Murakami.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Muy bueno: Acabadito de llegar a Gandhi me topé con este mini-libro, que contiene dos cuentos separados por cinco años en su publicación. Dos cuentos en uno. Se trata de un par de jóvenes que una noche salen resueltos a acabar con el hambre que los aqueja (tremenda, dolorosa, angustiante hambre). Van cuchillo en mano con la idea de matar al que se interponga entre ellos y el pan. Para mi gusto, milagrosamente la historia toma un giro que le deja un hueco en el estómago al protagonista.
Años después (en el segundo cuento), el mismo protagonista, la misma angustiante hambre y el pan vuelven a salir a flote.
Cuento para adultos, que en una noche de insomnio como la que pasé ayer, te lo lees.

 

Algo para recordar:

Perdónenme, es tan corto el libro, que retomaré el texto que aparece como sinopsis.

Cuchillo en mano, avanzamos por la calle a paso lento. Igual que en Solo ante el peligro. Los proscritos que van a enfrentarse a Gary Cooper. A medida que nos acercábamos aumentaba el olor del pan horneándose. Cuanto más intenso era el olor, mas de inclinaba la pendiente que nos conducía al mal.

 

Del Autor, Haruki Murakami

Aunque nació en Kioto, vivió la mayor parte de su juventud en Hyogo. Su padre era hijo de un sacerdote budista y su madre de un comerciante de Osaka. Ambos enseñaban literatura japonesa.

Desde la juventud Murakami estuvo muy influido por la cultura occidental, en particular, por la música y literatura. Creció leyendo numerosas obras de autores estadounidenses, como Kurt Vonnegut y Richard Brautigan. Son esas influencias occidentales las que a menudo distinguen a Murakami de otros escritores japoneses.

Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda (Soudai), donde conoció a su esposa, Yoko. Aunque no iba a la universidad apenas, trabajaba en una tienda de discos en Shinjuku (tal como uno de sus personajes principales, Toru Watanabe de Norwegian Wood) y pasaba mucho tiempo en unos bares de jazz en Kabukicho, Shinjuku. Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz Peter Cat (El Gato Pedro) en Kokubunji, Tokio, que regentó junto con su esposa desde 1974 hasta 1981. La pareja decidió no tener hijos en parte porque «no tengo la confianza, que la generación de mis padres tuvo después de la guerra, de que el mundo seguiría mejorando.»

 

Otras Obras del Autor

1985 El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas(2009, Tusquets)
1987 Tokio blues (Norwegian Wood) (2005, Tusquets)
1988 Baila, baila, baila (2012, Tusquets)
1992 Al sur de la frontera, al oeste del sol (2003, Tusquets)
1995 Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2001, Tusquets)
1999 Sputnik, mi amor (2002, Tusquets)
2002 Kafka en la orilla (2006, Tusquets)
2004 After Dark (2008, Tusquets)
2009 1Q84 (2011, Tusquets)
2013 Los años de peregrinación del chico sin color (2013, Tusquets)
2017 La muerte del comendador (2018, libro 1; 2019, libro 2; Tusquets)

Hechizo en Palacio

Hechizo en Palacio

Autor: Estela Roselló
Editorial: Ediciones SM
Impreso en México
Año: 2013
Páginas: 143
Precio:  Porrúa $125 y  Mercado libre $107

ISBN: 978-607-24-0608-7

Sinopsis:

Doña Ana es la dama de compañía y mejor amiga de doña Blanca, la virreina; ambas tienen doce años. Una semana antes de la fiesta más importante del año, doña Ana es víctima de un hechizo que la hace perder su hermosa voz. Así empieza una aventura en la que las dos chicas, acompañadas de Catalina, tratarán de recuperar la voz de Ana. En esta historia el lector podrá conocer rincones, lugares y la vida cotidiana de la Nueva España en el siglo XVII.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Recomendación de mi maestra PATRICIA LÓPEZ que me dio el curso Mujeres y Culinaria en la Historia de México.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Muy bueno: en el entendido que se trata de una novela juvenil histórica (situada en la Nueva España siglo XVII) rica en detalles de la vida cotidiana de la época.
Con un par de protagonistas (doña Ana y doña Blanca) dulces, castas y honestas que se enfrentan a las obscuras fuerzas de la brujería.
Por supuesto se trata de un libro muy fácil de leer.

 

Algo para recordar:

En el Convento

Así habían sucedido las cosas antes de que doña Ana perdiera la voz. Ahora, en el carruaje real, Cata y su niña recorrían las calles de la ciudad, a toda prisa, para llegar al convento de Santa Clara. La dama de la corte era muy amiga de las novicias que vivían allí. Muchas de ellas la conocían y la querían desde niña.

En el camino Ana se había recostado en el hombro de su nana y había cerrado los ojos. La negra la abrazó y le fue haciendo mimos. El amor de su nana la había acompañado toda la vida y ahora, en medio de tanta tristeza, recibía los cariños de la negra y los correspondía.

Catalina cubrió a su niña con el rebozo que llevaba puesto. El gesto hizo que Ana se sintiera reconfortada, segura. Una tímida sonrisa apareció en su rostro, casi al instante.

Llegaron al convento y la hermana portera, sor Mariana de los Ángeles, les abrió con rapidez.
─ ¡Doña Ana, qué gusto verla! Pase, pase, por favor. Qué tal, Catalina, ¿cómo le va? Supongo que vienen a ver cómo van los preparativos del banquete. Ahora mismo llamo a la madre superiora. Vengan conmigo a la capilla, allí estarán más cómodas. Adelante.

Ana y su nana agradecieron a sor Mariana y pasaron a la capilla, un recinto pequeñito y acogedor en el que resplandecían los retablos de oro. Allí cada una se persignó y arrodilló frente a un hermoso altar con la imagen de María Inmaculada. Ana tenía un nudo en la garganta.

Se sentía francamente desolada. Pidió auxilio a la Virgen y le suplicó ayuda. A lo lejos se oían algunos susurros: eran las monjas rezando el final del rosario de las dos de la tarde.

A Ana le gustaba mucho visitar a sus amigas. Estar en el convento le daba paz y alegría. Siempre que entraba a su casa encontraba alguna sorpresa; las jaulas de los pájaros tenían algún habitante distinto o había un nuevo árbol frutal en la huerta. A veces, algunas hermanas cantaban salmos que resonaban en el coro bajo.

El perfume de las flores de la capilla ─ nardos, rosas, azahares ─, el aroma de la cera de las veladoras, la esencia de la madera de las bancas y esa penetrante fragancia del almidón con el que las monjas arreglaban sus hábitos. Todos esos olores daban origen a una mezcla dulzona que Ana disfrutaba enormemente apenas entraba al convento.

Algunas de las monjas eran sus primas, otras eran hijas de amigos de sus padres. Para Ana resultaba difícil creer que ninguna de ellas volvería a salir de ese lugar. Las admiraba y sentía una enorme gratitud porque dedicaban su vida a pedir por la salvación de los habitantes de la ciudad y del reino.

Después de un rato en la capilla, Ana y la negra comenzaron a oír voces, risas y pasos que se acercaban al pequeño templo. Se trataba de las monjas que habían finalizado su rezo y acudían a encontrarse con la dama de la Corte y su nana. Siempre las recibían con gusto y emoción.

─ ¡Ana! ¡Qué alegría! ─saludó la madre superiora, una mujer madura, seria y cordial─ ¡Y qué sorpresa! Supongo que estos días no debes tener mucho tiempo para nada. ¿Qué tal van los preparativos para el matrimonio? La noticia nos ha llenado de júbilo a todas. Ya estamos rezando mucho por ti y por don Pedro, así como por la hermosa familia que seguramente formarán.

También las demás monjas abrazaron a su amiga y la felicitaron con gran emoción. Las novicias hablaban al mismo tiempo y pedían a la futura esposa que les contara cómo era el ajuar, qué habría en el banquete, que flores había escogido para adornar la Catedral. Ana no estaba animada en absoluto, pero hizo un gran esfuerzo por fingir un poco, pues no quería romper en llanto ante la calurosa bienvenida de sus amigas.

Catalina pensaba que eso que había dicho a la madre superiora sobre el rezo por su niña estaba muy bien, aunque ahora, antes que por su matrimonio, las monjas deberían comenzar a rezar por derrotar a Satanás. ¡Había que encontrar cuanto antes la voz perdida de Ana!
─ Y a usted, doña Cata, ¿cómo le va? Seguramente querrá probar un poquito de los guisos y los dulces que ya tenemos listos para la fiesta de la virreina. Las hermanas se están esmerando muchísimo. Ya verán que sabroso les está quedando todo ─dijo orgullosa la madre superiora.
─ No lo dudo, madre. Y qué bueno que habla de los dulces porque quiero encargarle, muy especialmente, que preparen algunos suspiros; ya ve que son el postre favorito de mi querida amiga y señora. ¿Será posible? ─preguntó Ana intentando distraerse de su propia preocupación.
─ Por supuesto, Ana. Ya habíamos pensado en los suspiros. Pero vengan, a esta hora sor María de los Reyes ya debe de haber preparado el chocolate. Tómense una tacita con nosotras.

Ana, Catalina y las monjas caminaron rumbo a la cocina. La dama de la Corte apenas podía con su alma. Necesitaba relatar a las monjas lo que le ocurría, pero no sabía cómo. Cuando llegó a la cocina se sintió complacida porque era muy antojadiza.

De entre todas las cocinas que conocía, la del convento de Santa Clara era sin duda su favorita. Los azulejos de talavera que cubrían las paredes le gustaban mucho porque le recordaban la cocina de la casa de su abuela, en Puebla. De niña había pasado mucho tiempo en aquel lugar, descifrando qué animales y flores tenían pintados los mosaicos.

Ana sentía que levitaba con los olores que despedían las cazuelas de las monjas. La mezcla del piloncillo con la canela, el picante de las salsas unido al dulce del chocolate, el perfume de las almendras, los piñones y las nueces. Si los olores le parecían deliciosos, la variedad de colores que se reunían en aquel sitio le parecían muy agradables.

Chiles verdes, rojos y pardos, tortillas moradas y blancas, garbanzos dorados, habas amarillas, frijoles negros que contrastaban con las calabazas naranjas y ocres; ollas de cobre de todos los tamaños, cazuelas de barro, palas y cucharones de madera, todo como escenario de fondo para los fogones en donde se cocinaban los deliciosos platillos que las monjas se esmeraban en guisar con mucho cuidado.

Aquella tarde la cocina del convento bullía de actividad. Las hermanas no paraban de trabajar desde hacía varios días. Todas se esforzaban para agradar a su amiga la virreina el día de su cumpleaños. Sor Marina de la Cruz era la encargada de organizar los preparativos para el banquete. Fue ella quien recibió a la madre superiora, Ana y Catalina cuando llegaron a la cocina. Detrás de una cazuela de barro y moviendo el cucharón, sor Marina dijo:
─ ¡Ana! ¡Qué alegría que hayas venido! Ven, ven prima, que quiero que pruebes el adobo almendrado que acabamos de hacer. Es una vieja receta que ahora hemos perfeccionado. ¡Prueba qué rico está! ¡Ve nada más cómo nos ha quedado de bueno!

Las novicias y las hermanas eran cariñosas, dulces y muy hospitalarias; cada vez que la dama llegaba al convento, no escatimaban en ofrecerle todo tipo de dulces para agradarla y consentirla.
─ Se ve todo exquisito, Marina. Estoy segura de que la virreina estará feliz. ¡Con lo golosa que es!
─ Doña Cata, pruebe esto, que estoy segura de que nunca ha comido una salsa así. Venga, venga, acérquese. Le doy una tortillita para que se sirva un poquito ─ofreció Marina a la nana.

Después de que Ana y Cata comieron de todo, sor Mariana de los Ángeles, la más joven de todas las monjas del convento, preguntó:
─ ¿Y cómo van los preparativos del recital, doña Ana?

 

 

De la Autora, Estela Roselló

 

Nació en 1973 en la ciudad de México. De niña le gustaba escuchar las narraciones de su abuela, estudió Historia, materia en la que es una destacada especialista.

En 1997 recibe la medalla Gabino Barreda, por el mejor expediente académico (UNAM)

Escolaridad

El Colegio de México (1999 – 2005)
• Doctor en Historia por el Centro de Estudios Históricos. Tesis: “Así en la Tierra como en el Cielo. Manifestaciones cotidianas de la culpa y el perdón en la Nueva España de los siglos XVI y XVII.”, 2005
• Maestra en Historia por el Centro de Estudios Históricos, 2001

Universidad Nacional Autónoma de México (1994-1997)
• Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras. Tesis: “La cofradía de negros de San Benito de Palermo. Una ventana a la tercera raíz”. Graduada con Mención Honorífica y con la Medalla Gabino Barreda al mérito académico.

Trayectoria académica

• Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I.
• Quince años de experiencia en investigación (1994-2009)
• Seminario sobre la Historia de la vida cotidiana, dirigido por la Dra. Pilar Gonzalbo, 2001-hoy
• Seminario Historias de vida. Aproximaciones desde la historia cultural, dirigido por el doctor Raffaele Moro, CEMCA, 2008-hoy.
• Proyecto de investigación con apoyo de CONACYT para investigadores en proceso de Consolidación SNI 1, “Culturas y universos femeninos en la Nueva España”. Octubre 2008-octubre 2009.

Sobre su libro Hechizo en Palacio, la autora comenta: Yo le tengo mucho cariño, y me parece que puede ser útil para que los niños aprendan historia de la vida cotidiana de la Nueva España. Todo lo que está allí tiene gran relación con mis investigaciones académicas, con lo que he visto en los archivos y con lo que sé sobre esa sociedad, a la que he dedicado gran parte de mi trabajo de investigación.

 

Otras obras de la autora

  • Enfermar y curar, 2017
  • Los remedios de Manuela la Chapulina, Guadalajara, Infolectura, 2012.
  • La sociedad novohispana. Vivir y compartir, México, Random House, 2007.
  • Presencias y miradas del cuerpo en la Nueva España. México: UNAM, en prensa 2011
  • El secreto de la Nana Jacinta, México: SM Ediciones, 2010.
  • Historia II (nueva serie), México, SM, 2008.
  • Vivir y compartir. México, Random house, 2007.
  • Historia I (nueva serie), México, SM, 2007.
  • Así en la Tierra como en el cielo: manifestaciones religiosas de la culpa y el perdón en los siglos XVI y XVII en la Nueva España, México, El Colegio de México, 2006.

La cena de los Infieles

La Cena de los Infieles

Autor: Beryl Bainbridge
Editorial: Ático de los Libros
Impreso en España
Páginas: 235
Precio: $325 Gandhi, $ 864.35 Amazon y $ 260 El Sótano $330 Porrúa

ISBN: 978-84-937809-5-1

Sinopsis:

En La Cena de los Infieles, Edward celebra una cena para Binny, su amante. Consciente de que le ha negado durante mucho tiempo esas pequeñas intimidades que una esposa da por supuestas, quiere ofrecerle una oportunidad de sentirse más implicada en su vida y de socializar con algunos de sus amigos. Pero las cosas durante la cena no van a ir según lo previsto. Unos invitados inesperados irrumpirán en la cena.

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El título, La Cena de los Infieles, llamó mi atención; como saben, la consigna es “novelas donde la comida, especias, bebidas llevan un papel protagónico”.

Si bien en el título viene CENA, ésta no es relevante. Es más, de puro milagro cenaron rico. Binny la protagonista no parece hacer nada bien: es una mamá mediocre, con hijos mal educados y mal hablados, con una casa patas arriba (desordenada y cochinona), con vecinos mala onda y una amiga borracha e imprudente (pero con mucha intuición). Le remata porque tiene una relación con un hombre casado, mucho más triunfador que ella.

La comida lleva papel secundario, pero el libro está muy bueno.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

La Cena de los Infieles me pareció Muy bueno.

Nuevamente comencé a leer a las 23 horas, con la intención de que me diera sueño…y se puso MUY BUENO el libro. Apenas de doscientas hoja, en un par de días lo acabas.

Leí sobre la autora inglesa, fallecida en 2010, escritora de renombre…que yo no conocía. En alguna parte mencionaban que esta historia la tomó de sus propias experiencias, cuando su marido tuvo una aventura.

Comencé a leer la novela y digamos que el primer tercio del libro fue simple.

Él es un hombre de negocios casado, ella una mujer separada con tres hijos. Él invita a un amigo de la oficina y a su esposa, a la casa de su amante, para una cena. Los hijos dormirán en casa de amigos y vecinos.

La historia un tanto irreal (ella es un desorden, y el un hombre de negocios, casado con una mujer triunfadora…aunque se empeña en que la amante no se entere de la realidad), me recuerda las novelas de Agatha Christie, en las que todos los detalles cuentan.

Me puse como límite la página 100 para irme a dormir, y fue allí donde la historia comienza a dar un giro.

Aparecen nuevos personajes y salen a flote las caras verdaderas y desenlace inesperado.

Lo disfruté, y cuando acabó me dejó la sensación que bien pudo haer una segunda parte.

 

Algo para recordar:

Empezaron a cenar a las nueve y cuarto. Edward estaba un poco nervioso, tratando de organizar todo lo que tenía que hacer: cenar, ayudar a recoger los platos sucios y salir hacia su casa como muy tarde a las diez y media. Sería una velada un poco abrupta.
El primer plato era pomelo.
─ Excelente, excelente ─ barboteó Simpson, pelando la fruta con una cuchara que se había doblado, sin previo aviso, en su mano.
─ La rebanada está mordisqueada porque una de mis hijas tenía hambre ─ explicó Binny. Le tembló un poco la voz. Recuperándose, tendió la azucarera a Muriel─: ¿Tú tienes cuatro, no? Todos chicos, Edward me lo ha dicho.
─ Son dos, en realidad─ interrumpió Simpson.
─ Dos niñas ─ precisó Muriel ─. Estamos muy contentos, son muy buenas. Claro que yo jamás he trabajado, ni nada por el estilo, y tampoco hemos tenido niñeras cuando eran más pequeñas. Creo que es importante criar a los hijos sin distracciones, de una forma totalmente dedicada, ¿no? La verdad es que estoy muy satisfecha de haberlos educado yo misma.
─ Y yo estoy satisfecha de no tener un arma en la casa, o los habría asesinado hace años ─ dijo Binny.
─ Mi padre tenía una niñera que se colgó ─ intervino Edward, apresuradamente.
─ ¡No es posible! ─ exclamó Muriel, horrorizada.
─ Pues sí, tan cierto como que estoy aquí sentado. Mi padre ya era mayor, claro está, per igualmente se enteró de todo. Parece que no pudo soportar el estrés. Fue porque iba perdiendo a sus pupilos uno por uno en el barro. El señorito Charles, el señorito Guy…Perdidos para siempre.
─ ¿En el barro? ─ preguntó Binny.
─ En las trincheras de Francia ─ explicó Simpson. Sacudió la cabeza sombríamente de lado a lado.
Deseosa de cambiar de tema, Muriel les contó que sus hijas tenían inclinaciones musicales, y dio a entender que cantaban bastante bien.
─ Mis hijas tienen unas voces horribles ─ dijo Binny, estremeciéndose mientras pensaba en una grabadora ─, Y son muy malhabladas.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Dejó la cuchara y se quedó mirando, angustiada, el pedazo de pomelo que tenía en el plato, pero nadie se dio cuenta, Edward les estaba contando a los Simpson que las casitas como esa eran una inversión de lo más rentable. Una ganga, de hecho. A medida que creciera la inflación y el gobierno redujera su pro0grama de inversión en vivienda de protección oficial, las propiedades inmobiliarias en las buenas zonas de Londres serían virtualmente inalcanzables.
─ Los precios no van a bajar más. La crisis ha terminado ─ sentenció.
─ ¿Cuántos pisos tiene esta casa? ─ Preguntó Simpson. Por lo poco que había podido ver, no le parecía que fuera una propiedad especialmente destacable. Se preguntó si estaba dividida en apartamentos. Saltaba a la vista que la instalación eléctrica dejaba mucho que desear; el salón estaba sumido en la penumbra. Se peleó con la pata de la mesa y logró quitarse el zapato disimuladamente.
─ Tres ─ dijo Edward.
─ Cuatro, contando el sótano ─ dijo Binny ─. Actualmente tengo inquilinos.

Trató de no mirar a Simpson. Edward le había contado que el pequeño incidente de Simpson en la clínica para enfermedades venéreas estaba relacionado con una mujer que había conocido en el bar de un teatro. Le había apuntado su número de teléfono en el programa aprovechando un momento en que su esposa estaba en el servicio. Edward le había dicho que Simpson había pagado una buena suma por la aventurilla, porque en caso de que lo descubrieran, así sería más fácil entender lo que había hecho. Binny no entendía nada. Ni a ella ni a ninguna de sus amigas jamás le habran dado un penique por hacerlo. Al principio pensó que la historia de Simpson era una fanfarronada, que el propio Simpson se lo había inventado todo, pero ahora ya no estaba tan segura.
─ ¡Querida mía! ─exclamó Edward, golpeando ruidosamente el platillo de fruta con la cucharita ─. ¡No cuentes mentirijillas!
Se volvió a Muriel y explicó que el ex marido de Binny había vendido el sótano hacia varios años ya para poder pagar alguna que otra deuda de negocio. A medida que hablaba, lamentó haber llamado a Binny “querida mía”; Simpson le había advertido de que su esposa no le gustaba ese tipo de obvias manifestaciones entre amantes.
─ La verdad es que el sótano no es gran cosa ─siguió explicando─ Es un poco oscuro, no tiene jardín privado ni nada que se le parezca. En cambio, nosotros tenemos unja parcela bastante bonita con árboles frutales, rosas y arbustos. A mí me gusta cuidar de las plantas, podar aquí y allá de vez en cuando…Nada del otro mundo. ¿Y tú, Miriam? ¿Eres aficionada a la jardinería?
─ Muriel─ apuntó Simpson.
Confundido, Edward se sirvió un poco más de vino. Dijo en voz alta:
─ A Helen no le gusta demasiado, pero en verano se anima y salimos a tomar el té al jardín o cosas por el estilo.
Binny se levantó como un resorte y empezó a llevarse los platos al fregadero.
─ Levántate, George ─ordenó Muriel─. Ayúdala a llevar los platos a la cocina.
Al ver que Edward se había encendido la pipa, ella sacó un cigarrillo de su bolso y lo encendió a su vez.
Simpson se llevó la azucarera y las cucharas. Binny estaba de pie frente al horno, con la punta de la lengua asomando por la boca entreabierta mientras se concentraba sirviendo la carne y los tomates asados en una gran fuente de color azul, y Simpson pensó que parecía muy joven. Por supuesto, tenía claro que las bombillas eran de baja intensidad y que ella no era ningún pimpollo, pero le gustaba la caída de sus delicados hombros y los rizos que le acariciaban el cuello. Muriel era alta y fuerte y tenía las espaldas tan anchas como un buey. En dos ocasiones, había movido el piano en una pared a otra del salón sin ningún tipo de ayuda. Él se había negado, aduciendo que podía lastimarse la espalda. No quería dejar que ella pudiera mover aquel trasto sola. Muriel se arremangó, puso sus firmes nalgas contra el instrumento, inclinó las rodillas como Groucho Marx y llevó el instrumento en volandas de un lado a otro de la habitación.
─ Déjame la bandeja, que pesa mucho─ dijo alarmado mientras Binny agarró la fuente azul con ambas manos. Pensaba que ella era demasiado frágil como para llevarla sola.
Edward hablaba en voz baja con Muriel. Mordía la punta de su pipa y asentía con énfasis. Binny trajo las patatas asadas a la mesa y se imaginó que le aseguraba que entre ellos no había nada, que sólo sentía lástima por ella.
Cuando llego la carne, Edward se puso en pie de un salto y se quitó la chaqueta, dejándola caer descuidadamente sobre el sofá. Del bolsillo superior cayeron un peine y una pluma estilográfica. Como tenía barriga, llevaba tirantes para sostener los pantalones. Hacía un buen rato que el elástico le apretaba el hombro, de modo que se soltó los tirantes y los dejó colgando en las caderas.
─ ¿Qué estás haciendo? ─preguntó Binny, ofendida. Edward suspiró, con la camisa arrugada y las bandas elásticas colgando como dos largas catapultas de su cintura.
─Hace mucho calor─ dijo él, olvidando que hacía un momento había mencionado que la sala estaba fría para cerrar los postigos a cal y canto. Recogió sus pertenencias del suelo, perdió el equilibrio y casi se dio contra la mesa. Estalló en carcajadas, con la cara roja como la grana, y se dejó caer pesadamente en la silla.
─ ¿Hay verdura? ─ preguntó.
─ Ensalada─ repuso Binny.
─ Comida de conejo─ dijo él, triste, y se desabrochó un botón de la camisa.
Simpson no podía evitar sentir admiración por Edward. Era definitivamente un excéntrico como la copa de un pino. Claro que podía permitírselo, con lo que cobraba, pero aun así era admirable. Aprovechó para preguntar si a alguien le importaba que él también se quitase la chaqueta.
─ Haz lo que quieras ─dijo Muriel. La comida era abundante y estaba muy buena. La ensalada tenía el punto justo de ajo en el aderezo. Las patatas asadas estaban perfectamente crujientes. Estaba claro que Binny no representaba ningún peligro para Edward Freeman, sino más bien al revés. Era él quien obviamente la estaba utilizando a ella. A algunas mujeres les gustaba eso, lo sabía. El tamaño y el peso de Binny eran los típicos de una mujer sumisa. Tal vez su padre tenía una personalidad compleja y por eso le gustaba tener un hombretón que la trataba como si fuera una niña pequeña y criticaba su ensalada. No le extrañaría que a Edward fuera de esos a los que se le va la mano de vez en cuando.

 

De la Autora, Beryl Margaret Bainbridge

Dame Beryl Margaret Bainbridge, DBE (Liverpool, 21 de noviembre de 1932 – 2 de julio de 2010) fue una novelista inglesa.
Es autora de dieciocho novelas, dos libros de viajes, dos ensayos, dos volúmenes de relatos y cinco obras para teatro y televisión. Fue nominada en cinco ocasiones al premio Booker, y en 2011 le otorgaron el premio póstumo por su labor literaria. En 2008 The Times la incluyó en la lista de “Los 50 escritores más importantes desde 1945”. The Guardian la calificó como «un tesoro nacional».
Es considerada como una de las grandes autoras británicas del siglo XX. Dama del Imperio Británico, su obra y escritos personales son hoy objeto de estudio en varias universidades.

 

Obras

El doctor Johnson y la señorita Thrale 2013

La Cena de los Infieles   2010

La chica del vestido de topos 2000
Master George 1999
Una insólita aventura 1995
El joven Adolfo 1988
La costurera 1986
Otra parte del bosque 1985
La excursión 1974 (2011)
Lo ha dicho Harriet 1972 (2015)

El Festín de Babette

El Festín de Babette

El Festín de Babette

Autor: Isak Dinesen
Ilustraciones: Noemí Villamuza
Editorial: Nórdica Libros
Impreso en España
Páginas: 114
Precio: $330 Gandhi, $ 286 Amazon y $ 286 El Sótano

ISBN: 978-84-935578-9-8

 

Sinopsis:

En un aislado pueblo de pescadores en la costa danesa (la sinopsis original dice que es Dinamarca. La autora es danesa, pero la historia se desarrolla en la costa noruega), la comunidad practica, en el sentido más estricto, los principios religiosos que el pastor ha predicado durante años. Cuando éste muere, sus dos hijas continúan adelante con su obra y su palabra. En 1871, durante la guerra franco-prusiana, una joven francesa encuentra refugio en el austero hogar de las dos hermanas. Su llegada al pueblo representa la aparición del extraño en el paraíso. A pesar de que la joven convive durante catorce años con ellos, los fieles adeptos a la palabra de Dios la consideran un ente ajeno a la gracia divina. Un día, Babette desea agradecer su hospitalidad ofreciéndoles un banquete en honor del difunto padre… El libro está ilustrado por Noemí Villamuza. «Al hacer de la literatura un viaje hacia lo imaginario, la frágil baronesa de Rungstedlund no rehuía responsabilidad moral alguna. Por el contrario, contribuía -distrayendo, hechizando, divirtiendo- a que los seres humanos aplacaran una necesidad tan antigua como la de comer y adornarse: el hambre de irrealidad.» Mario Vargas Llosa

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Hace algún tiempo vengo pensando abrir la sección de “Gastro – películas y series” para el blog de El Lugar de Beatriz.

 

La película “El Festín de Babette” es con la que quería inaugurar la sesión. Es la primera película de este tipo (con la comida con papel protagónico), o por lo menos la primera que yo vi (Como agua para Chocolate se estrenaría cuatro años más tarde). Me trae muy buenos recuerdos porque asistí al estreno cuando vivía en Cumaná, Venezuela. 1988.

Ya llovió.

La película es hermosa, y no faltó quien me hiciera el comentario que el libro era aún mejor.

No me gusta el orden como me tocó (primero la película y luego leí el libro), suelo hacerlo al revés. Pero, así las cosas.

No es un libro comercial, yo lo pedí por correo. Jamás lo he visto en una estantería.

 

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Excelente: Empecé a leer El Festín de Babette a las once de la noche y lo acabé a la una de la madrugada. Poco más de cien hojas. Es chiquito.

Muy bonito libro.

La edición de Nórdica Libros viene ilustrada, te ayuda a situarte en la época y el lugar (Noruega, mil ochocientos setenta y tantos).

El Festín de Babette es una alabanza a Dios, a los seres humanos, al agradecimiento, ala vida sencilla y por supuesto al arte culinario.

Babette perdió todo en la guerra, solo le queda su amor por la cocina (se reconoce como una artista) y su agradecimiento a la vida y a las hermanas Martine y Philippa, por haberle dado amparo cuando más lo necesitó.

 

Algo para recordar:

Por supuesto les comparto el inicio del capítulo X. La Cena de Babette.

Cuando el pariente pelirrojo de Babette abrió la puerta del comedor y los invitados cruzaron el umbral, se soltaron las manos y enmudecieron. Pero fue un silencio dulce; porque, en espíritu, aún cantaban con las manos cogidas. Babette había puesto una fila de velas en el centro de la mesa; la pequeñas llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y húmedos.

El general Loewenhielm vio el rostro de Martine a la luz de las velas tal como lo había visto al despedirse, hacía treinta años. ¿Qué huellas habían dejado en él treinta años de vida en Berlevaag? El cabello rubio estaba ahora veteado de hebras plateadas; el rostro sonrosado se había vuelto de alabastro.

Pero ¡Qué serena era la frente, qué pacíficos y confiados sus ojos; la boca, como si jamás hubiese pasado por sus labios una palabra precipitada, qué pura y dulce!

Cuando todos estuvieron sentados, el miembro más anciano de la congregación dio gracias con palabras del deán:

Que este alimento mantenga mi cuerpo,
Que mi cuerpo sostenga mi alma,
Y mi alma, con palabra y obra,
Dé gracias por todo al Señor.

A la palabra “Alimento”, los invitados, con sus viejas cabezas inclinadas sobre sus manos juntas, recordaron que habrían prometido no decir nada sobre el particular, y en sus corazones se reafirmaron en esta promesa: ¡no dedicarían siquiera un pensamiento a tal cosa!

Estaban sentados a comer, eso sí, tal como se sentaron las gentes en las bodas de Caná. Y la gracia decidió manifestarse allí, en el mismo vino, tan espléndidamente como en cualquier otro lugar.

El joven ayudante de Babette llenó un vasito a cada uno de los comensales, y estos se lo llevaron a los labios gravemente, confirmando de este modo su resolución.

El general Loewenhielm, algo receloso del vino, bebió un pequeño sorbo; se sobresaltó, se lo llevó a la nariz, luego a los ojos y se quedó perplejo. “¡Esto es muy extraño!”, pensó. “¡Amontillado! ¡El mejor amontillado que he probado jamás!” Un momento después, y para someter a prueba sus sentidos, tomó una cucharada de su sopa, tomó una segunda y dejó la cuchara. “¡Esto es extraño por demás!” Se sintió dominado por una especie de pánico y vació el vaso.

Normalmente, en Berlevaag, la gente no habla mucho durante las comidas. Pero, de alguna forma, esta noche se soltaron las lenguas. Un Hermano viejo contó la historia de su primer encuentro con el deán. Otro analizó aquel sermón que sesenta años atrás había propiciado su conversación. Una anciana, la misma a la que Martine había contado sus inquietudes en primer lugar, recordó a sus amigos cómo, en toda aflicción, cualquier Hermano o Hermana estaba dispuesto a compartir la carga de los demás.

El general Loewenhielm, que debía dominar la conversación de la mesa, contó que la colección de sermones del deán era uno de los libros favoritos de la reina. Pero al servirse un nuevo plato guardó silencio. “¡Increíble!”, se dijo. “¡Es un Blinis Demidoff!” Miró en torno suyo a los comensales. Todos ellos comían en silencio su Blinis Demidoff sin el menor signo de sorpresa o aprobación, como si lo hubiesen estado comiendo todos los días durante treinta años.

 

 

De la Autora, Karen Christence Blixen-Finecke (pseudónimo literario Isak Dinesen)

Escritora danesa (Rungsted, 17 de abril de 1885 – ibídem, 7 de septiembre de 1962)

Su padre, Wilhelm Dinesen, militar, parlamentario, se suicidó cuando ella tenía diez años, atormentado por no resistir la presión de padecer sífilis, enfermedad que en aquella época estaba estigmatizada. Su madre, Ingeborg Westenholz, quedó sola con cinco hijos a su cargo, a los que pudo mantener gracias a la ayuda familiar. Karen, como sus hermanas, se educó en prestigiosas escuelas suizas y se la educó para las clases altas.

Desde niña, Karen sintió inclinaciones artísticas, por la escritura y por la pintura. En 1907 escribió con el seudónimo de Osceola su primer cuento, titulado “Los Ermitaños”, que fue publicado en una revista danesa. Redactó otros relatos, pero al no conseguir publicarlos abandonó durante años la literatura.

Blixen se enamoró desde muy pequeña de Hans, su primo segundo; pero la obligaron a casarse con el hermano de éste el barón Bror Blixen-Finecke, con quien inició en Kenia una plantación de café llamada The Karen Coffee Company. El matrimonio fue difícil. En el primer año de vida en común su marido le contagió la temida sífilis. Este estuvo en África antes que ella y tuvo relaciones con mujeres masáis, libres, nómadas y enfermas. Él era un portador sano. Sin embargo la enfermedad nunca se manifestó en Karen de manera grave. Cansada de las infidelidades de su marido, se separaron tras seis años de matrimonio, quedándose ella con la plantación.

Aprendió las lenguas aborígenes, como el suajili, y se empapó de las costumbres locales. Los nativos la apodaban «la hermana leona» y se ganó el afecto de ellos por su coraje, su buena puntería y su habilidad como cazadora. Desde que llegó a África, Karen se sintió africana. Su integración en el continente fue inmediata y su identificación con los nativos instantánea. Vio en la cultura de los africanos algo muy importante para aprender y compartir. Su imaginación y dotes para la transmisión oral hicieron de África su lugar en el mundo.

En Nairobi, Blixen conoció a Denys Finch Hatton, un cazador británico afincado en Kenia. Empezaron una relación amorosa intensa, pero con muchos altibajos.

En 1931, Denys Finch Hatton se mató en su avión Gipsy Moth. Blixen siguió a cargo de la plantación hasta que la caída de los precios del café en 1931 la obligaron a venderla y regresar a Dinamarca en agosto de 1931 para vivir con su madre. Permaneció en la propiedad familiar de Rungstedlund el resto de su vida. Su madre murió en 1939 y ella heredó la granja familiar. Siempre pensó en volver a África, pero la segunda guerra mundial se lo impidió.

Su nostalgia por la tierra africana se refleja así en una carta posterior a una vecina de allí: “ Saluda de mi parte a todos los que aún se acuerden de mí, también al paisaje que tienes alrededor, al bosque detrás de la casa donde vivían los N`derobo, y a los viejos árboles retorcidos y llenos de flores blancas de la sabana. También, si vieras a alguno de aquellos animales que en mis años aún podíamos encontrar allá arriba, y que siempre he pensado que eran los auténticos dueños de aquellas tierras”.

Si bien ya había publicado algunos trabajos, fue entonces cuando comenzó su carrera literaria bajo diversos seudónimos, el más conocido de los cuales es Isak Dinesen, con el cual publicó una serie de apuntes autobiográficos sobre su vida en África. Pero fue su libro Memorias de África (1937) el que sin duda la catapultó a la fama a nivel mundial; inspirada en el libro se filmó la película homónima, protagonizada por Meryl Streep en el papel de Karen Blixen y por Robert Redford como Dennys Finch Hatton.

 

Obra

Sombras en la hierba – 1960
Cuentos reunidos Isak Dinesen
Memorias de África – 1937
El festín de Babette – 1950
Vengadoras angelicales – 1947
Cartas de África
El cuento del joven marinero
Carnaval y otros cuentos
Cartas apócrifas
La familia Cats – 1909
Anécdotas del destino – 1958
Cuentos de invierno – 1942
La historia inmortal
Siete cuentos góticos – 1934
Lejos de África

 

Adaptaciones cinematográficas

Una historia inmortal (The Immortal Story) dirigida por Orson Welles, 1968.
Ehrengard dirigida por Emidio Greco, 1982.
Memorias de África (Out of Africa) dirigida por Sydney Pollack, 1985. Ganó 7 Oscar, entre ellos el de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado.
El festín de Babette (Babette’s Feast) dirigida por Gabriel Axel, 1987. Fue la primera película danesa en ganar el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa.

Palmeras de la Brisa Rápida

Me tardé de más en este libro, semanas. Es muy corto, pero lamento confesarlo…es aburrido. No logró atraparme.

Autor: Juan Villoro
Páginas: 207
Precio:
$259 Amazon,  $194 Gandhi  y $194 El Sótano

ISBN: 978-607-411-015-9

Sinopsis:

A fin de conocer sus raíces, un joven cronista decide recorrer en coche la península de Yucatán. El periplo no es fácil: lo asaltan mosquitos, recuerdos, pirámides demasiado arduas, platillos indigeribles y vendedores de souvenirs; entre sus incentivos se encuentran la historia del ajedrecista que desafió a capa blanca, los trovadores que renuevan el eterno arte de morir de amor, los paisajes de embrujo, las infinitas maravillas de la cultura yucateca

 

¿Porqué en El Lugar de Beatriz?

Cuando leí la sinopsis pensé que, además de fungir como guía turística, abarcaría también un buen recorrido por la gastronomía Yucateca.

Mi opinión:

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)
Me gustó – pudo ser mejor. Me apena porque se trata de un muy buen escritor, pero me quedó a deber.

Como guía tiene excelentes anécdotas, datos que yo no conocía (por ejemplo, cuanto pagó un norteamericano por un cenote sagrado, de donde saco cientos de piezas que remató en el mercado negro). Algunos capítulos se me hicieron interesantes, pero el último tercio del libro…fue tedioso. Y por supuesto me equivoqué en cuanto a que abarcaría también un buen recorrido por la gastronomía. No fue así. Solo menciona, pero no se adentra.

Aunque no para reseñarlo en este blog, se me queda el pendiente de leer “El Testigo”

 

Algo para recordar

En los días de gloria, además de la televisión, la abuela nos dejaba ver sus cálculos del riñón.

─ Cuidado con el xix ─ decía para que no tiráramos las migajitas (el sonido de la x equivalía al sh inglés), luego volvía a guardar los cálculos en un armario repleto de cajitas vacías.

El xix era una de las claves psicológicas de mi abuela.

─ ¡Mis platillos se gastan tan ligero! ─ decía en un tono de falso reproche ─. No queda ni el xix, ahora, ¿con qué hago los naches?

La verdad sea dicha, le daba gran gusto que sus guisos despertaran en nosotros la legendaria voracidad de su hermano Ernesto. No tenía la menjor intención de preparar recalentados (naches), pero aprovechaba la oportunidad para demostrar que la cocina era una labor de sacrificio, extenuante, un capítulo más de su vida de santa que ninguno de nosotros valoraba (a diferencia de los vecinos de Mixcoac que iban a preguntar por ella en nuestra ausencia). Preparar guisos yucatecos es, en efecto, someterse a la tiranía del horno de tierra, las emblemáticas tres piedras del fogón maya o la estufa de gas que según la abuela hacia que la cochinita supiera a “lámpara de explorador”.

Pero en este caso la sumisión era voluntaria. A dos cuadras había una casa con un jardín donde despuntaban árboles de plátano. Veíamos las hojas en el camino a misa: verdes, bruñidas, capaces de despertar los antojos de la abuela.

─ Se me figura que vamos a comer dzotolbichayes ─comentaba por lo bajo. Ésta era la señal para que yo subiera a la barda (que a diferencia de otras muchas de la época no estaba coronada de vidrios rotos) y arrancara cuantas hojas estuvieran a mi alcance.
En la iglesia la veía rezar con devoción, tal vez arrepintiéndose de haberme inducido al robo. Yo ya sabía que los pecados se dividían en mortales y veniales. Desde entonces la cocina yucateca me sabe a pecado venial, al hurto de hoja de plátano compensado con avemarías.

Una vez que regresaba con las hojas bajo el suéter, la abuela se ponía a cantar Una furtiva lágrima o Recóndita armonía (ignoro por qué escogía partes de tenores para la cocina) y a sazonar con gustosos aspavientos. Lo que saliera de ahí (cochinita, pan de cazón, relleno negro, brazo de mestiza o espaguetis ─con el más yucateco de sus condimentos─) sería un prodigio. La abuela se reconciliaba con Yucatán y con el abuelo por el paladar. Él había aprendido a pedir su frijol cabax y a rechazar el arroz chenté; comía con singular enjundia aunque su salud estuviera muy mermada. La mesa era la zona de armisticio y mi abuela la orgullosa artificie de esa pax succulenta.

Mi abuela le era fiel a los sabores…

 

Del Autor:

Juan Villoro Ruiz (Ciudad de México, 24 de septiembre de 1956) es un escritor y periodista mexicano. Premio Herralde 2004 por su novela El testigo.

Es hijo del filósofo catalán Luis Villoro y de la psicoanalista yucateca Estela Ruiz Milán. Realizó sus primeros estudios en el Colegio Alemán de México. Tras estudiar la licenciatura en Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fue becario del INBA en el área de narrativa (1976-1977) y del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (1994-1996).

Conocedor profundo de la lengua y literatura alemanas, entre 1981 y 1984 estuvo como agregado cultural en la Embajada de México en Berlín Oriental. Está casado con la editora Margarita Heredia.

Miembro activo en la vida periodística mexicana, Villoro escribe sobre diversos temas, como deportes, rock y cine, además de literatura, y ha colaborado en numerosos medios como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, Unomásuno, Reforma (periódico) y La Jornada. En esta última dirigió el suplemento La Jornada Semanal entre 1995 y 1998. Apasionado por el fútbol —hincha del Barça, su amor de la infancia es el Club Necaxa, del que tiene frases célebres, por ejemplo, «El Necaxa es como la literatura, para las minorías ilustradas»—, ha sido cronista de varios Mundiales: Italia 90 para El Nacional, Francia 98 para La Jornada, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.

Pero sobre todo ha sido profesor de literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y profesor invitado en las universidades de Yale, de Boston, Pompeu Fabra y de Princeton. Sus ensayos en este campo destacan por su apertura mental, su claridad, y su hondura.

En 1991 publicó su primera novela El disparo de argón. Sin embargo, su mayor éxito de público era como escritor para niños, hasta que en 2004 apareció El testigo, con la cual obtuvo el Premio Herralde, otorgado por la Editorial Anagrama.

Publica todos los viernes una columna en el periódico Reforma; tiene otra en el suplemento dominical Revista de Libros del diario chileno El Mercurio. Es asimismo colaborador habitual de la revista bogotana El Malpensante. Se ha desempeñado como traductor y algunas de sus obras han sido traducidas a otros idiomas.

Vive entre México y España, enseña literatura en la Universidad Pompeu Fabra y escribe en el suplemento cultural Babelia de El País.

 

Obras publicadas:

Novelas

El disparo de argón, Alfaguara, Madrid, 1991 (reeditada en 2005)
Materia dispuesta, Alfaguara, 1997
El testigo, Anagrama, 2004
Llamadas de Ámsterdam, Interzona, Buenos Aires, 2007
Arrecife, Anagrama, 2012
Apocalipsis (todo incluido), Almadia-Unach, México, 2014
Conferencia sobre la lluvia, Almadia, 2014, México.
El libro salvaje (reeditado en 2013 por Fondo de Cultura Económica para jóvenes y niños)

Kitchen

¿Una novela corta para este fin de semana? Lean a esta autora japonesa. Muy ligera su narrativa y bonita la historia. Les va a gustar.

Es una historia de pérdida y sanación que encuentra albergue entre las cuatro paredes de una cocina.

 

Kitchen

Autor: Banana Yoshimoto
Editorial: TusQuets
Páginas: 206
Precio: $121 Librería Gandhi y $208.66 en Amazon
ISBN: 978-607-421-313-3

 

Sinopsis:

Mikage es huérfana, vive con su abuela en una casa inmensa. Repentinamente la abuela muere y la deja completamente sola.

Mikage encuentra consuela al dormir en la cocina, el ruido del refrigerador la arrulla.

Un día Yuichi Tanabe llama a la puerta, y pone sobre la mesa que Mikage se mude a vivir con él y su madre transgénero Eriko. Mikage quiere primero conocer el lugar donde viven, sobre todo como es la cocina. Eriko al morir su esposa decide cambiar de sexo y ocupar el papel de mamá. Mikage vive con tranquilidad en la casa de los Tanabe.

Se trata de una historia de pérdidas (conté tres: la muerte de la abuela, la muerte de Eriko y la muerte del novio de Mikage), de amistad y amor. Este es el segundo libro que leo de un autor japonés, y por supuesto queda en claro que se trata de una escritora juvenil.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Cuando recién comencé con El Lugar de Beatriz, Kitchen me la recomendó mi sobrina Daniela, de los primeros libros que leí sobre gastro-novelas. Mikage encuentra paz en todas las cocinas, por lo que acaba contratándose como ayudante de una prestigiosa profesora de cocina. Si bien, hay una innumerable relación de platos que comen o elaboran, no hay descripción de ninguno (salvo que están muy buenos).

Hace un rato vi una nota en mi club de lectura que hablaba sobre esta novela, que se requiere saber de cocina japonesa. No lo creo. De repente necesitas buscar en la web de que se trata el plato, para no quedarte con la duda. Entonces recordé que no había subido la reseña, se quedó pendiente.

 

Mi opinión

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno        

Esta es la primera novela de Banana Yoshimoto. Se ve. La trama salta de un punto a otro, sin mucha estructura; sin embargo, atrapa la atención, es fácil de leer y es sanadora de personas quebradas. Tiene una narrativa tan ligera y bonita. Es un retrato nostálgico de la sociedad japonesa actual que te lleva de la mano, de plato en plato, y de calle en calle recorriendo Japón.

 

De la Autora, Banana Yoshimoto

 

Banana Yoshimoto (24 de julio de 1964, Tokio) es el pseudónimo de Mahoko Yoshimoto, novelista japonesa contemporánea. Su padre es el famoso filósofo de los años sesenta, Takaaki Yoshimoto y su hermana, también famosa, es desarrolladora de comics, Haruno Yoiko.

 

Sus Obras

Su novela debut, Kitchen (1988), consiguió un éxito inmediato tras su publicación, lo que le ha valido más de sesenta ediciones sólo en Japón.

Existen dos películas basadas en la obra, una de ellas un filme para la televisión japonesa y la versión cinematográfica producida en Hong Kong en 1997, que tuvo una mayor comercialización.

 

Otras obras:

N.P. (1992),
Sueño Profundo (1994),
Tsugumi (1994),
Lucertola (1995),
Amrita (1997),
Sly (1998),
La última amante de Hachiko (1999),
Honeymoon (2000),
H.H. (2001),
La pequeña sombra (2002),
Presagio triste (2003),
The Lake (2011),
Recuerdos de un Callejón Sin Salida (2011).

Miss Marple y Trece Problemas

He aquí un clásico libro de detectives que tiene como protagonista a Miss Marple, la dulce viejita inglesa.

Referente a los libros publicados por Agatha Christie, hubo un tiempo en el que me leí uno tras otro, todos los tomos que me ponían enfrente. En verdad me apasionaban.

Miss Marple y Trece Problemas

Autor: Agatha Christie
Páginas: 174 pags.
Precio: $79 Gandhi  $98 Amazon  $98 Planeta de libros
ISBN: 978-607-07-4483-9

 

Sinopsis:

En una pequeña ciudad como Saint Mary Mead nunca sucede nada interesante, sin embargo, Miss Marple piensa que es el escenario ideal para conocer la naturaleza humana. En dos reuniones que participa, una en su casa y otra en la mansión de los Bantry, los participantes se divierten contando casos de crímenes y misterios con el objetivo de hacer que los presentes adivinaran una solución a cada uno de los problemas presentados. Entre los invitados está Sir Henry Clithering, ex investigador jefe de Scotland Yard.

En la primera reunión, de los seis casos presentados, Miss Marple encuentra todas las soluciones. En la segunda reunión Miss Marple vuelve a resolver los problemas narrados. Sir Henry queda impresionado con la sagacidad de Miss Marple dilucidando los más variados misterios, basada simplemente en la monótona rutina de aquella pequeña ciudad.

Al final, en Saint Mary Mead ocurre el suicidio de una joven y Miss Marple incrédula, pide a su amigo Sir Henry Clithering que la ayude a demostrar a la policía la verdadera dinámica de la situación. Y una vez más la dama solterona descubre al asesino.

 

¿Por qué en El Lugar de Beatriz?

Miss Marple y Trece Problemas es una recomendación de mi maestra Patricia López, del curso Mujeres y Culinaria en la historia de México.
Me parece que las referencias a la comida, la cocina, las bebidas o las especias es mínima…casi nula.

 

Mi opinión:

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

No obstante que me declaro admiradora de los libros policiacos, de detectives, y específicamente los de esta autora, el formato de Miss Marple y Trece Problemas no me hizo feliz. Me gustó-pudo ser mejor.

Se trata de 13 cuentos, en los que apenas estás agarrando la onda de que se trata, en que consiste el misterio, cuando Miss Marple lo resuelve prácticamente intuyendo lo que sucedió.
Doce veces.

Esto es en cuanto al aspecto policiaco.

Y sobre la comida, motivo por el que lo presento en este blog, solo hacen referencia a tres escenas que me hicieron buscar en la red de que se trataba. Ninguna memorable.

 

Algo para recordar

🤔🤨😐😑🙄
A la mejor las tres referencias a la comida

1) Le habían llamado a eso de medianoche para atender a los tres intoxicados. En el acto comprendió la gravedad de mistress Jones y envió a buscar a su dispensario unas píldoras de opio para calmar sus dolores. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, falleció, pero ni por un momento pudo sospechar que se trataba de algo anormal. Estaba convencido de que su muerte fue debida a una fuerte intoxicación. La cena de aquella noche había consistido principalmente en langosta de lata, ensalada, bizcocho borracho y pan con queso. Por desgracia no quedaron restos de la langosta…la comieron toda y tiraron la lata. Interrogó a la camarera, Gladys Linch, que estaba llorosa y muy agitada y a cada momento se desviaba del tema, pero declaró una y otra vez que la lata no estaba hinchada y que la langosta le había parecido en magníficas condiciones comestibles.

2) Al oírles hablar de bañarse me entraron ganas a mí también. Era una mañana muy calurosa y apenas había adelantado mi trabajo. Además, imaginé que la luz de la tarde daría al lugar un efecto atrayente, de modo que tras recoger mis bártulos me dirigí a una pequeña playa que había descubierto…en dirección completamente opuesta a la cueva. Me estuve bañando allí, comí lengua enlatada y dos tomates, y volví por la tarde a continuar mi apunte llena de entusiasmo y confianza.

3) Sir Henry Clithering, ex comisario de Scotland Yard, se hallaba hospedado en casa de sus amigos los Bantry, cerca del pueblecito de Saint Mary Mead. Un sábado por la mañana, cuando bajaba a desayunar a la cómoda hora de las diez y cuarto, casi tropieza con su anfitriona, mistress Bantry, en la puerta del comedor. Al parecer salía de allí presa de gran excitación y contrariedad.
El coronel Bantry estaba sentado en la mesa con el rostro más enrojecido que de costumbre.
─ Buenos días, Clithering ─ dijo ─. Hermoso día. Siéntese. Sir Henry obedeció y al ocupar su sitio ante un plato de riñones con tocino, su anfitrión continuó:

 

De la Autora:

Agatha Mary Clarissa Miller, DBE (Torquay, 25 de septiembre de 1890-Wallingford, 12 de enero de 1976), más conocida como Agatha Christie, fue una escritora y dramaturga británica especializada en el género policial, por cuyo trabajo tuvo reconocimiento a nivel internacional. A lo largo de su carrera, publicó 66 novelas policiales, seis novelas rosas y 14 historias cortas —bajo el seudónimo de Mary Westmacott—, además de incursionar como autora teatral en obras como La ratonera o Testigo de cargo.

Nacida en una familia de clase media alta, recibió una educación privada hasta su adolescencia y estudió en diversos institutos de París.1 Mientras trabajaba como enfermera durante la Primera Guerra Mundial, publicó su primera novela, El misterioso caso de Styles (1920), donde introdujo por primera vez el personaje del detective Hércules Poirot. Su aparición fue continuada por la de Miss Marple, Tommy y Tuppence Beresford.

En 1914, contrajo matrimonio con Archibald Christie, de quien se divorció en 1928. En 1926, afectada por una supuesta depresión, desapareció misteriosamente luego de que su coche apareciera abandonado al borde de la carretera. Fue hallada once días más tarde bajo un posible cuadro de amnesia, en un hotel bajo el nombre de una amante de su marido. En 1930, se casó con el arqueólogo Max Mallowan, a quien acompañó largas temporadas en sus viajes a Irak y Siria. Sus estadías inspiraron varias de sus novelas posteriores como Asesinato en Mesopotamia (1936), Muerte en el Nilo (1936) y Cita con la muerte (1938), muchas de las cuales fueron adaptadas en teatro y cine con alta aceptación.1 En 1971, fue designada Comendadora de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II. Falleció por causas naturales en 1976.4

El Libro Guinness de los Récords calificó a Christie como la novelista que más obras ha vendido de todos los tiempos. Se han vendido dos mil millones de copias, posicionándose sus trabajos como los terceros más vendidos en el mundo, solo por detrás de las obras de William Shakespeare y la Biblia. Según el Index Translationum, Christie es la autora individual más traducida con ediciones en al menos 103 idiomas. En 2013, su obra El asesinato de Roger Ackroyd fue elegida como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por 600 miembros de la Asociación de Escritores de Crimen.

 

Otras obras publicadas:

El gran tour
Los primeros casos de Poirot
Los siete pecados capitales
Los cuadernos secretos de Agatha Christie
Ven y dime cómo vives
La rosa de sangre
Un dios solitario y otros relatos
Asesinato en Bardsley Mews
Rosa de sangre
Autobiografía
Ocho casos de Poirot
Un crimen dormido
Telón
Primeros casos de Poirot
La puerta del destino
Los elefantes pueden recordar
Némesis
Pasajero a Frankfurt
Las manzanas
El cuadro
Noche eterna
La tercera muchacha
El Hotel Bertram’s
Misterio en el Caribe
Los relojes
El espejo se rajó de lado a lado
El misterio de Pale Horse
Pudding de Navidad
Un gato en el palomar
Una visita inesperada
El tren de las 4:50
Inocencia trágica
La carga
El templete de Nasse-House
Asesinato en la calle Hickory
Destino desconocido
Después del funeral
Un puñado de centeno
El truco de los espejos
La ratonera
La Señora McGinty ha muerto
Una hija es una hija
Intriga en Bagdad
Se anuncia un asesinato
Tres ratones ciegos
La casa torcida
Pleamares de la vida
Testigo de cargo
Los trabajos de Hércules
Sangre en la piscina
La venganza de Nofret
Cianuro espumoso
Hacia cero
Lejos de ti esta primavera
El caso de los anónimos
Los cinco cerditos
Un cadáver en la biblioteca
El Misterio de Sans Souci
La muerte visita al dentista
Maldad bajo el Sol
Diez negritos
Matar es fácil
Navidades trágicas
Problema en Pollensa
Cita con la muerte
El testigo mudo
Muerte en el Nilo
Cartas sobre la mesa
El misterio de la guía de ferrocarriles
Muerte en Mesopotamia
Muerte en las nubes
Tragedia en tres actos
Retrato inacabado
Asesinato en el Orient Express
El misterio de Listerdale
La trayectoria del bumerán
Parker Pyne investiga
La muerte de Lord Edgware
Miss Marple y trece problemas
Poirot infringe la ley
Peligro inminente
El enigmático señor Quin
El misterio de Sittaford
Café solo
Muerte en la vicaría
Un amor sin nombre
El misterio de las siete esferas
Matrimonio de sabuesos
El misterio del tren azul
Los cuatro grandes
Asesinato de Roger Ackroyd
El secreto de Chimneys
El hombre del traje marrón
La señal roja
Poirot investiga
Asesinato en el campo de golf
El misterioso señor Brown
El misterioso caso de Styles
Un triste ciprés

Mónica Lavín

Material de Lectura, de Mónica Lavín

Pues bien, no en todos los títulos que me recomiendan la comida lleva papel protagónico. A lo largo de los cinco cuentos de este mini volumen de Mónica Lavín, por un detalle o por un recuerdo, la comida sale a flote.

Batallé para encontrarlo, caminé mucho. En una mini librería de la UNAM en el pasaje Zócalo -Pino Suarez finalmente lo hallé. En una noche de insomnio me lo leí, es muy cortito.

 

Material de Lectura

Autor: Mónica Lavín
Páginas: 50
Precio: $25
ISBN: 978-607-02-4650-0

 

Sinopsis:

Se trata de cinco cuentos contemporáneos, cuentos cortos, muy bien narrados por la escritora mexicana Mónica Lavín. Mi primer encuentro con ella. Cumplen con el requisito de los alimentos, la comida, las bebidas o las especies, pero éstas llevan un rol secundario.

¿Porqué en El Lugar de Beatriz?

Recomendación de mi maestra Patricia López, del curso Mujeres y Culinaria en la historia de México.

 

Mi opinión:

(Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me parece que es Muy bueno. Lavín es una excelente narradora, que te va introduciendo a las historias suavemente, y de repente te da un vuelco el corazón. La historia se queda suspendida y tu te cachas pensando en lo que sigue, en lo que no escribió.

 

Algo para recordar

INICIALES
Sé pocas cosas, es verdad. Vienen dos personas que dicen que son mis hijos y veo su rostro apesadumbrado cuando no emito palabra alguna. Papá, son Hilda, insiste una señora que pasa los cincuenta y que tiene el pelo color cobre. Y saca unas fotos de la cartera y me presenta a mis nietos: Rodrigo y Azucena. Y yo asiento, nada más por barrerle el pesar a esa mujer que se atribuye mi paternidad. No sé si creerle y en todo caso si lo hiciera, sería solo eso. Buena voluntad y pasajera. Porque no tengo nada que contarle de su infancia, de su adolescencia que seguramente nos costó quebraderos de cabeza a su madre y a mí, y todavía mas la de su hermano Hilario que viste traje y solo tiene la hora de la comida para ponerse junto a mi cama y platicarme de cuando lo llevaba a jugar futbol. Que ideas tienen algunas personas de nombrar a sus hijos Hilda e Hilario, con H los dos. Podría haberme llamado Hugo o Héctor, o su madre Helena. Muy romanos y con ganas de conservar la H. Pero si de algo puedo estar seguro es que mi nombre no comienza con H. Se que soy muy meticuloso porque llevo puesta una camisa con un monograma, bordado en el bolsillo: CLM. Esas iniciales algo dicen de mí, no sólo reflejan mi nombre sino mi manía por tenerme bordado, por identificar mis prendas. Una camisa amarillo claro, de buena clase. Cuando me ayudan a desvestir en la noche les pido me lean la etiqueta y me entero que las hace un sastre, un tal Leopoldo Guerra.
Soy Carlos Lira Morales y tengo una camisa amarilla con mis iniciales, soy un maniático de la hechura y la identificación. Soy abogado. Los abogados hacen esa clase de cosas. Y mi mujer se fugó con mi socio, mucho más simpático que yo. El licenciado Ortuño aprovechó un asunto que había que resolver en Alemania y que me tocaba a mi para llamarla y mandarle flores, invitarla a cenar, desplegar sus encantos y pedirle que se mudara con él, para siempre. Para que yo regresara y la casa estuviera desatendida y nada de sus perfumes en el clóset ni en los cajones de la cómoda, ni en el baño. Y menos las joyas ni la ropa. Por eso debe ser que mis hijos no la mencionan. Le han retirado el habla, es la culpable de que yo esté aquí atendido por enfermeras. Y sin memoria.

– . –

A Hilda la acompaña un joven que me dice abuelo. ¿Cómo fue el momento en que me volví además de padre, abuelo? Me traen un espejo para que me mire en él y luego vea al nieto. Cómo nos parecemos, murmura Hilda emocionada. El joven displicente como yo, me da un abrazo a fuerzas y le digo mucho gusto, joven, pero la señora de pelo cobrizo dice que cómo es posible, si nos veíamos cada domingo. El supuesto nieto mira el reloj, está incómodo. Le digo que se vaya, que no le haga caso a esa señora que no conozco. El muchacho me dice adiós abuelo, por complacer a la señora visiblemente descompuesta, y se va. Papá, me mira seria, dicen los doctores que te han cambiado el medicamento y que tienes una rutina de ejercicios de concentración. Yo me paso las manos por el bordado del bolsillo. La camisa es azul cielo y tiene unas iniciales: CLM. ¿Acaso es usted Hilda Logroño?, le digo a la señora que está allí. Porque yo soy Celso Logroño Méndez. ¿Papá, por favor, de dónde sacas eso? Me quedo la historia para no desilusionarla y que tenga que ir a buscar otro padre en los pasillos de este lugar. Guardo para mi que heredé los hoteles de Tlalpan que mi padre echó a andar. Que los he administrado desde que cumplí los veinte años y que he visto cosas buenas y terribles pasar en sus habitaciones. Pero que he hecho dinero y que he podido viajar a Galicia una vez al año y con toda la familia, que por supuesto no la incluye a ella ni al joven que se acaba de marchar. Me entra nostalgia de ribeiro y de chorizo. Le pido que me lleve al comedor aunque todavía no tengo hambre. Allí no puede entrar ella y yo ya quiero que se vaya.

– . –

Hilda e Hilario han venido juntos esta mañana. Se presentan y dicen que es domingo. Y se ponen a contar cómo me quedaba la paella en el jardín de la casa de Cuernavaca, y cómo se había puesto su primera borrachera Hilario y había vomitado frente a los invitados, sobre la azalea y que su madre escandalizada lo mandó a la habitación. Pero que yo en lugar de reprender al chico y solidarizarme con mi mujer, me reí y me reí y le traje un café y la que se marchó ofendida fue la madre de los dos. ¿Cómo está?, me atrevo a preguntarles por seguirles la corriente. No quiero que la pasen mal pues me gusta que piensen que yo era ese que sabía del punto del arroz y que las butifarras había que comprarlas en el puesto segundo del mercado de San Juan, como me cuentan. Pero se quedan mudos, Hilario me da un apretón de manos. No me atrevo a preguntar más. Cuando se van respiro aliviado de poder ser César Luis Macías y no ocuparme de paellas ni de hijos y nietos sino de llevar las cuentas de la empresa. De tener mi empleo correcto y mi departamento en la colonia Cuauhtémoc, de haberme enamorado de la contadora adjunta y que me tenga mis camisas planchadas, limpias, que huela tan bien cuando duerme a mi lado y me alborote por las mañanas con su cuerpo de hembra, redondito, de pantorrillas carnosas. Me sorprende una erección que disimulo con la cobija que me envuelve las piernas. Estas pobres personas que me visitan creen que sufro la ausencia de la mujer que tuve. No conocen los verdaderos arrebatos de César Luis.

– . –

Hoy le he pedido a la señora cobriza que se vaya. Me dijo con voz de quien le habla a un pequeño que si me tomé las medicinas, que si he dormido bien, papá voy a llamar al doctor, te veo muy alterado y yo le he dicho que no soy su papá, que me deje en paz, que no la conozco. Y muy serena, como si no le importara mi irritación, ha encendido un aparato de donde sale una melodía, y me ha mirado expectante. Tu favorita, papá. Nunca he oído esa canción y estoy cansado de tener que estar frente a una desconocida. Váyase, señora, le digo. Márchese. Lanzo al piso el aparato minúsculo y cuando ella sale a buscar a una enfermera según dice, descubro la causa de mi malestar al llevarme la mano al bolsillo y no tropezarme con el relieve del bordado. Hoy no llevo camisa de iniciales. Abro ansioso el closet donde cuelga mi ropa y descubro que no están allí como siempre. Me tumbo en la cama. Me quedo mirando al techo. Seguramente me duermo.

– . –

Hoy vino un hombre, dice que se llama Hilario. Lo acompaña una mujer gorda y con rizos en el pelo. Es su esposa, dice. Mi nuera. Me toco el bolsillo. No respondo. Me dice que una tal Hilda se fue de vacaciones y no vendrá en unos días. No me importa lo que dice. No lo conozco.

– . –

Entra una mujer y acomoda la ropa en mi closet. Tiene el pelo cobrizo y la tez tostada; se acerca y me da un beso. Me molesta ese trato, yo no beso a quien no conozco. Me limpio su saliva del cachete. Ella se ríe. Ay, papá. La miro severo. Me cuentan que estás muy desganado, ha de ser porque no te he venido a ver. Pero ya volví de Cancún. Ya no voy a faltar, papá. Te lo prometo y te voy a traer los álbumes de fotos. Me cansa esa voz, me cansa terriblemente. La mujer se pone de pie para cerrar la puerta del clóset. No, le digo. Acabo de ver el bolsillo de una camisa amarilla. Alcanzo a ver tres letras bordadas: CLM. Me alegro. Ella también.
Menos mal, exclamo. Soy Cecilia Landú Martínez. ¿Qué dices, papá? Le pido la camisa. Me la acerca extrañada. Paso mis dedos por aquellos signos. Cantaba tan bien, pero enamorarse hace que uno pierda la cabeza…y la voz. Él criaba caballos, cuartos de milla era lo suyo. Quería que lo acompañara. Yo era su amuleto. Cuando lo acompañaba al hipódromo, a su cuadrilla le iba bien. Me compraba regalos y cuanta caricia por las noches. Faltaba a mis rutinas, a mis ensayos. Las potrancas nuevas llevaban nombres de personajes de óperas: Mimi, Ifigenia, Tosca, porque él me pedía que las bautizara. Mientras él ganaba, yo perdía la voz. Ya no puedo cantar, le digo a la señora con lágrimas en los ojos. Se acabó Cecilia. La mujer me mira alarmada y sale de prisa.
Yo intento gorjeos, notas que rescaten a la soprano que fui. Es inútil. Resignada y triste, acaricio mis iniciales y escondo la camisa debajo de la almohada.

 

Del Autor:

(n. 1955, Ciudad de México, México) es escritora y periodista mexicana, y es autora de una veintena de libros de cuentos, novelas y ensayos. Mónica Lavín nació en Ciudad de México, México. Bióloga de formación (Universidad Autónoma Metropolitana), y en ese período asistió a un taller impartido por el escritor argentino Mempo Giardinelli. Trabajó en investigación en el Instituto Nacional de Ecología, hoy Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, y en publicaciones de divulgación científica. Luego se dedicó de lleno a la literatura. Desde 1985 colabora en diversas publicaciones, ha sido guionista para documentales de televisión pública (Canal Once) y Directora del Departamento de Publicaciones de la Universidad Autónoma Metropolitana. Desde 2005 es profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en la Academia de Creación Literaria.

Estuvo casada con el músico Emilio Perujo de la banda Mariachi Charanda.

Blog de la autora

 

Otras obras publicadas:

Cuentos:

-1986 (Cuentos de desencuentro y otros, Letras Nuevas)
– Nicolasa y los encajes (1991),
– Ruby Tuesday no ha muerto (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1996),
– Uno no sabe (2003),
– La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert (2008),
– Pasarse de la raya (2011),
– Manual para enamorarse (2013), publicado en México y en España.

 

Novelas:

– La más faulera (1997),
– Café cortado (Premio Narrativa de Colima, 2001) ,
– Despertar los apetitos (2005),
– Hotel Limbo (2008),
– Yo, la peor (Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2010),
– Las rebeldes (2011),
– La casa chica (2012) y
– Doble filo (2014);

Ensayos

– Leo, luego escribo (2001),
– Apuntes y errancias (2009) y
– Cuento sobre cuento (2014) y
– Sor Juana en la cocina (en coautoría con Ana Benítez Muro, 2010).
– En 2013 publicó Una voz para Jacinta y otros cuentos infantiles (Norma).
– Con su hija María, publicó Es puro cuento: Cuaderno de escritura (Selector, 2016).
– Sus cuentos aparecen en antologías nacionales e internacionales. Entre las más recientes: Flash Fiction International, 2015.

Información de Wikipedia