Novelas y ensayos

Rapsodia Gourmet

Rapsodia Gourmet

Autoras: Muriel Barbery
Editorial: Seix Barral
Páginas: 188
Precio: Amazon $821 

ISBN: 978-84-322-5117-7

Sinopsis:

En el corazón de París, Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más célebre del mundo, está a punto de morir. Admirado por algunos y odiado por muchos, Monsieur Arthens lleva años decidiendo el destino de los chefs más prestigiosos, destruyendo y construyendo reputaciones a su antojo. Ahora, en sus últimas horas de vida, su pensamiento se posa sobre algo mucho más sencillo: busca desesperadamente un sabor único, el sabor que un día le hizo feliz. Empieza así un viaje en el que Monsieur Arthens se pasea por los entresijos de su memoria gustativa, se sumerge en los paraísos de la infancia y rememora todo tipo de delicias culinarias. Junto a la voz del propio Arthens escuchamos la de aquellos que han vivido junto a él: familiares, vecinos, amantes, protegidos… e incluso su gato.

«Rapsodia Gourmet muestra el talento desplegado en La elegancia del erizo, y trata los mismos temas: clase social, filosofía, Japón y la comida… Una sensual novela escrita con una prosa suntuosa y agradable.» Publishers Weekly

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque el tema GOURMET lo amerita. En clase de “Comemos lo que Somos” que la tomé en el Claustro de Sor Juana el año pasado, tuvieron a bien leer este texto…exactamente cuando estuve ausente por el viaje de mi grupo de la preparatoria a Querétaro. Me quedé con las ganas y hasta ahora me di oportunidad.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno. Este libro me gustó mucho.

Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más célebre del mundo, está a punto de morir y su obsesión última es encontrar un sabor que ha probado y a olvidado. El mejor. En este recorrido de sabores, olores, colores y emociones, quedará de manifiesto su inigualable don de disfrutar la vida y de que no sabe compartirla. Todos a su alrededor lo admiran, le temen y mas de alguno, lo odian.

Las diferentes historias que narra la autora en cada capítulo tienen protagonistas y giros diferentes -de allí el nombre del libro, rapsodia: pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas- y en estas, Barbery tiene la habilidad de transportarnos frente al plato y hacernos salivar. Pero no solo trata de comida. Los diálogos son escasos, y las descripciones abundantes. Olores, sabores y hasta emociones están a la orden del día. Mas de alguna vez me vi haciendo una pausa para tratar de identificarme en esas situaciones: en los sabores de mi niñez, en el apetito, en los sinsabores de la vida, en lo que ya creí olvidado…

Cuando iba en primaria, a la vuelta de la escuela se encontraba una mini-tienda de abarrotes donde además vendían tortas. Estas no eran precisamente maravillosas, pero en aquel tiempo siempre nos ponían lunch para llevar, y quizás en los 3 años que estuve en la Escuela Miguel Hidalgo, si fueron 3 veces que me dieron dinero para comprar lunch, fueron muchas. Y cuando eso sucedía, yo salía corriendo a la hora del recreo para comprar una torta de salchicha (hoy día no amo la salchicha…porque me enteré de que las hacen). Igual, en esos días no me importaba, hacía cola y mientras la preparaban (2 salchichas partidas a lo largo, colocada en un bolillo untado con mayonesa, por un lado, y muy poquitos frijoles refritos por el otro, chiles en vinagre y rebanada de aguacate) para cuando la ponían en mi mano, duraba no mas de 4 mordidas. El pan muy suave, la salchicha dorada y la combinación de todos esos sabores, me trastornaba. No es que se tratara de la última coca-cola fría del desierto, no. El punto fue recordar un antojo, una salivación, una tripita gruñendo, un anhelo culinario satisfecho. Este recuerdo que les cuento lo logró Muriel Barbery, con la narración del último capítulo. Las tortas de salchicha estaban hasta el fondo de mi subconsciente.

Los capítulos son (la mayoría) muy cortos, y cada uno de ellos lo narra una persona-animal-cosa diferente. Va desde la ama de llaves, el gato, la esposa, los hijos, la amante, la portera, la venus que adorna el estudio del crítico, el querido sobrino, el doctor. O puede ser que se trate del mismo crítico recordando a su abuela, a su abuelo, al vinicultor que le dio su primer trago de wiski, al japones que lo llevó al cielo cuando le sirvió sushi…infinidad de anecdotas.

De repente la historia se estira demasiado, yo habría quitado al menos unos cinco capítulos (incluyendo el de la venus); lo que sale en su ayuda es que, los capítulos son breves y fáciles, muy fáciles de leer.

 

Algo para recordar

EL ESPEJO

Calle Grenelle, la habitación

Se llamaba Jacques Destrères. Era muy al principio de mi carrera. Yo acababa de terminar un artículo sobre la especialidad de la casa Gerson, ese que habría de revolucionar el marco de mi profesión y propulsarme al firmamento de la crítica gastronómica. En la espera agitada pero confiada de lo que iba a suceder después, me había refugiado en casa de mi tío, el hermano mayor de mi padre, un viejo solterón que sabía disfrutar de los placeres de la vida y al que la familia consideraba un excéntrico. No se había casado, ni siquiera se lo había visto nunca en compañía femenina, hasta tal punto que mi padre sospechaba que fuera <<de la acera de enfrente>>. Había tenido éxito en los negocios y, llegado a la edad madura, se había retirado a una preciosa finca de su propiedad, cerca del bosque de Rambouillet, donde llevaba una vida tranquila ocupado en podar sus rosales, pasear a sus perros, fumar habanos en compañía de algunos viejos conocidos del mundo de los negocios y elaborarse sabrosas recetas de soltero.

Sentado en su cocina, yo lo observaba hacer. Era invierno. Había almorzado muy temprano en Groers, en Versalles, tras lo cual había recorrido las carreteritas nevadas con una disposición de espíritu más que favorables. Un hermoso fuego crepitaba en la chimenea, mientras mi tío preparaba la comida. La cocina de mi abuela me había acostumbrado a una atmósfera ruidosa y febril en la que, en medio del estruendo de las cacerolas, el silbido de la mantequilla fundiéndose en la sartén y el entrechocar de los cuchillos, se atareaba una marimacho en trance a la que tan sólo su larga experiencia confería un aurea de serenidad ─como la que conservan los mártires en las llamas del infierno. Jacques, por el contrario, lo hacía todo con mesura. No se apresuraba, pero tampoco era lento. Cada gesto venía a su tiempo

Aclaró cuidadosamente el arroz tailandés en un pequeño colador plateado, lo escurrió bien, lo echó en la cazuela, lo cubrió con una tacita y media de agua salada, lo tapó y lo dejó en el fuego. Había unas gambas en un cuenco de loza. Mientras charlaba conmigo, esencialmente de mi artículo y de mis proyectos, las peló con concentrada meticulosidad. Ni un solo instante aceleró la cadencia, ni un solo instante la redujo. Una vez despojado el último pequeño arabesco de su coraza protectora, se lavó a conciencia las manos con un jabón que olía a leche. Con la misma uniformidad serena, puso en el fuego una sartén de hierro, vertió en ella un chorrito de aceite de oliva, esperó a que se calentara y dejo caer encima una lluvia de gambas desnudas. Con habilidad, la espátula de madera las acosaba, sin dejar escapatoria alguna a aquellas pequeñas medialunas, las agarraba por todos lados, haciéndolas bailar sobre el aceite oloroso. Luego vino el curry. Ni demasiado ni demasiado poco. Un polvillo sensual que embellecía con su oro exótico el cobre rosado de los crustáceos: Oriente reinventado. Sal, pimienta. Con unas tijeras fue cortando en pedacitos sobre la sartén una ramita de cilantro. Por último, rápidamente, vertió un taponcito de coñac y prendió una cerilla; de la sartén surgió una larga llamarada furiosa, como una llamada o un grito que se libera por fin, impetuoso suspiro que se apaga tan pronto como se ha elevado.

Sobre la mesa de mármol aguardaban un plato de porcelana, un vaso de cristal, unos magníficos cubiertos de plata y una servilleta bordada de lino.

En el plato dispuso cuidadosamente, con una cuchara de madera, la mitad de las gambas, el arroz que antes había servido en un cuenquito minúsculo, prensándolo bien, para luego voltearlo, de manera que formara una pequeña cúpula rechoncha coronada por una hoja de menta. En el vaso se sirvió una generosa ración de un líquido transparente del color del trigo.

─ ¿Te pongo un vaso de Sancerre?

Negué con la cabeza. Él se sentó a la mesa.

Un almuerzo rápido. Eso era lo que Jacques Destrères llamaba <<un almuerzo rápido>>. Y yo sabía que no era ninguna broma, que cada día se preparaba así, con mimo, un bocadito de paraíso, sin ser consciente del refinamiento de su vida cotidiana, como verdadero gourmet que era, auténtico esteta en la ausencia de puesta en escena que caracterizaba su día a día. Yo lo contemplaba comer, sin tocar el plato que había preparado ante mis ojos, comía con el mismo cuidado desapegado y sutil con el que había cocinado, y ese almuerzo que no probé fue y será siempre uno de los mejores de mi vida.

Degustar es un acto de placer, escribir ese placer es un hecho artístico, pero la única obra de arte verdadera, en definitiva, es el festín ajeno. El almuerzo de Jacques Destrères era la perfección pura porque no era el mío, porque no se desbordaba en el antes y el después de mi día a día y, unidad cerrada y autosuficiente, podía permanecer en mi memoria, momento único grabado fuera del tiempo y del espacio, perla de mi espíritu liberada de los sentimientos de mi vida. Como cuando se contempla una habitación que se refleja en un espejo sol y que se convierte en un cuadro pues no está ya abierta sobre nada más, sino que sugiere todo un mundo, ahí en el espejo y en ninguna otra parte, estrictamente circunscrito entre los bordes del azogue y aislado de la vida en derredor, el almuerzo ajeno está encerrado en el marco de nuestra contemplación y carece de la línea de fuga infinita de nuestros recuerdos o de nuestros proyectos. Me hubiera gustado vivir esa vida, la que el espejo o el plato de Jacques me sugerían, una vida sin perspectivas por donde pudiera desvanecerse la posibilidad de convertirse en una obra de arte, una vida sin ayer ni mañana, sin alrededor ni horizonte: el aquí y ahora es algo hermoso, pleno y cerrado.

Pero no se trata de eso. Lo que las grandes mesas han aportado a mi genio culinario, lo que las gambas de Destrères han sugerido a mi inteligencia no le enseñan nada a mi corazón. Spleen. Sol negro.

El sol…

 

De la Autora – Muriel Barbery

http://www.lecturalia.com/autor/2120/muriel-barbery

Profesora de Filosofía y escritora francesa, Muriel Barbery nació en Casablanca el 28 de mayo de 1969.

Barbery comenzó su carrera dando clases de Filosofía en la Universidad de Borgoña pasando más tarde por Saint-Lô. En 2000 publicó su primera novela, Una golosina, pero el éxito internacional le llegó en 2008 con su segundo libro, La elegancia del erizo. Este libro se convirtió en un auténtico best-seller en Francia, con 30 ediciones y más de un millón de libros vendidos. El libro fue adaptado al cine por la directora Mona Achache.

En la actualidad, tras trabajar varios años en Japón, Barbery se dedica por completo a la literatura y reside en la ciudad de Touraine. En 2015 publicó su tercera novela, La vida de los elfos y su último libro se titula Un país extraño.

La obra de Barbery ha sido traducida a más de diez idiomas y ha recibido premios como el George Brassens, el Prix des Libraires, el Armitière o el Ville de Caen, entre otros muchos.

 

 

Libros de Muriel Barbery

Un país extraño, 2019

La vida de los elfos, 2015

Rapsodia Gourmet, 2010

La elegancia del erizo, 2006 (2007)

Una golosina, 2000 (2002)

Después del Banquete

Después del Banquete

Autoras: Yukio Mishima
Editorial: Biblioteca Mishima, Alianza Editorial
Páginas: 299
Precio:
$229 en Gandhi  y  $213 en Amazon

 

Sinopsis:

En después del banquete, Yukio Mishima brinda una nueva muestra de su penetrante visión de las relaciones humanas. La novela, que gira en torno al amor y la ambición, está protagonizada por Kazu, mujer que a base de esfuerzo ha conseguido ser la propietaria de uno de los principales restaurantes de Tokio, y Noguchi, destacado político que es uno de sus más distinguidos clientes. Sometido a la sed de poder y a la complejidad de las relaciones humanas, la naturaleza del amor se verá confrontada a una revelación definitiva.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Los escritores japoneses me han atraído desde siempre, y hasta la fecha no me han decepcionado. Este título -Después del Banquete- es tentador, y me hizo imaginar un sinfín de posibilidades gastronómicas.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno. El estilo de Mishima es tradicionalista. En sus libros la muerte y la política están presentes. La historia tiene su punto de arranque durante una comida que tiene lugar en el restaurante de Kazu, la protagonista, con la muerte de un comensal.

Yukio Mishima es un narrador excelente, que nos presenta la vida en japón, sus tradiciones y modos en la política. Quizás lo más fascinante es que la política en todo el mundo es igual, la mueve intereses de poder y dinero.

La parte culinaria es la menos descrita (nula), y se reduce a una relación de menús…muy interesante por cierto.

¿quién debería de leer Después del Banquete?

Esta vez no mencionaré los amantes de la comida japonesa, sino de su literatura. Yukio Mishima es toda una leyenda de ese país. De las cuarenta novelas y veinte relatos que escribió, encontré solo seis traducidas al español. Y aunque estoy segura que su libro El Rumor del Oleaje nada tiene que ver con la comida, me hace ojitos para que sea el próximo libro de este autor que leeré. Dicen que es la novela de amor mejor escrita del mundo. Habrá que ver.

Algo para recordar

De un cierto miembro del Gobierno, Kazu recibió aviso de que al Club Kagen le agradaría celebrar su reunión anual en su establecimiento. El Club Kagen era una especie de asociación integrada por ex embajadores, aproximadamente de la misma edad, y que se reunían cada siete de noviembre. Hasta entonces no habían tenido suerte con los lugares en donde se habían congregado, y el miembro del Gobierno, apiadado de ellos, se lo advirtió a Kazu.

─ Forman un grupo de elegantes caballeros, ya jubilados ─añadió─. Todos, menos uno, que nunca se retiró por completo. Estoy seguro de que ha oído hablar de él; el viejo Noguchi, el famoso Noguchi que perteneció a tantos Gobiernos de antes de la guerra. No sé qué le pasó, pero hace un par de años consiguió un escaño en la Dieta por el grupo radical, pero fue derrotado en las siguientes elecciones.

Kazu se enteró de los planes del club en una fiesta al aire libre que había organizado el ministro. Estaba entonces demasiado atareada para seguir escuchando. Aquel día el jardín se hallaba invadido por una muchedumbre de hombres y mujeres extranjeros. Era como si una bandada de aves grandes y de colores vivos ─y no el enjambre habitual de pajarillos gorjeantes─ hubiese descendido sobre el Setsugoan.

Cuando se aproximó el siete de noviembre, Kazu empezó a hacer planes. Con tales clientes lo más importante era manifestarles su respeto. Las bromas sencillas y el trato familiar que probablemente agradarían a unos individuos en la cima de su poder podían herir el orgullo de unos hombres que antaño fueron famosos pero que ya vivían retirados. Su misión de anfitriona con aquellos ancianos personajes debería limitarse enteramente a escucharles. Mas tarde les halagaría con palabras amables y les daría la ilusión de que en aquella compañía había florecido de nuevo su antigua gloria.
Aquella noche, el menú de Setsugoan fue el siguiente:

SOPA

Miso blanco con champiñones
y cuajada de semillas de sésamo.

PESCADO CRUDO

Rodajitas finas de calamar en salsa
aliñadas con perejil y limón.

GUISADO

Raño en caldo de almejas rojas, pimientos dulces y
limón.

ENTREMESES

Zorzales asados en salsa china, bogavante, vieiras,
nabos en adobo, cogollos de regaliz.

PESCADO ASADO

Dos carpas pequeñas con lubina asadas en sal con
limón.

VERDURAS

Pudin de castañas con cogollos de helechos
y ciruelas en adobo.

Para esta ocasión Kazu vistió un kimono violeta y gris, de pequeños dibujos, con un obi teñido en púrpura oscuro de una sola banda de crisantemos formando rombos. El broche de cornalina del obi lucía una gran perla negra. Había optado por aquellas galas, pensando que sujetarían su amplio cuerpo al tiempo que le proporcionaba una mayor dignidad.

El día de la reunión era cálido y despejado. Poco después de que anocheciera, el ex ministro de Asuntos Exteriores, Yuken Noguchi, y el antiguo embajador en Alemania, Hisatomo Tamaki, llegaron juntos al Setsugoan. Junto a la robusta constitución de Tamaki, Noguchi parecía delgado y poco atrayente, pero bajo su pelo plateado, sus ojos eran límpidos y vivos; cuando relampaguearon, Kazu comprendió por qué aquel inconfundible idealista era el único de los reunidos, todos ex embajadores, que no se había retirado.

La fiesta era animada y sociable, pero los temas de conversación se ceñían al pasado. El más charlatán, con mucho, parecía Tamaki.

La cena tuvo lugar en la sala principal del pabellón de visitantes. Tamaki, cuando comía, se apoyaba en una columna entre la ventana acampanada de negra laca y las puertas correderas espléndidamente decoradas. Las pinturas de las puertas representaban en brillantes colores un par de pavos reales entre blancas peonías. En contraste, el fondo era un paisaje monocromo, una curiosa mezcla de estilos al gusto de la aristocracia provinciana.

Tamaki llevaba en un chaleco de su traje de hechura londinense un antiguo reloj de cadena de oro, regalado por el káiser Guillermo II a su padre, quien también había sido embajador en Alemania. Aquel reloj había conferido a Tamaki prestigio incluso en la Alemania de Hitler.

Tamaki era un hombre apuesto y un gran conversador, un diplomático de inclinaciones aristocráticas que antaño se jactaba de su conocimiento de las ásperas realidades de la vida. Sus intereses actuales, empero, superaban por completo la escena contemporánea. Su mente se hallaba enteramente ocupada en los recuerdos del brillo de las arañas de recepciones de tiempos lejanos, en las que se habían congregado quinientos o mil invitados.

─Pues aquí tengo una rara historia que me provoca estremecimientos en la espina dorsal cada vez que la recuerdo. Ésta es verdaderamente interesante.

La autocomplacencia de aquella introducción de Tamaki habría enfriado incluso el entusiasmo del oyente mejor dispuesto.

─Durante todo el tiempo que llevaba de embajador, jamás había ido en el metro de Berlín; así que un día el consejero de la embajada -se llamaba Matsuyama- me llevó a que lo conociera. Subimos en la cola de un tren de dos vagones; no, probablemente eran tres. Iba bastante lleno cuando entramos. Levanto la vista y ¿a quién veo ante mí? ¡Pues a Goering!
En este punto, Tamaki hizo una pausa para observar la reacción de sus oyentes, pero, aparentemente, todo el mundo había oído la historia una docena de veces y no provocó réplica alguna. Kazu irrumpió en la brecha armoniosamente.

─Pero entonces ya era un hombre muy famoso. ¿No es cierto? ¿Quiere usted decir que iba en el metro?

─Desde luego, se trataba de él, de Goering, que ya por entonces era amo del cotarro. Vestía ropas raídas de obrero y ceñía con su brazo la cintura de una muchacha que no habría cumplido veinte años, una verdadera belleza. Parecía muy seguro de si mismo. Me froté los ojos preguntándome si no me habría equivocado, pero cuando más le miraba, más seguro estaba de que se trataba de Goering. Al fin y al cabo, yo podía saberlo. Le veía en recepciones casi todos los días. Me tambaleé, lo confieso, pero el ni siquiera pestañeó. La chica. Supongo que la chica sería una prostituta, pero, por desgracia, ése es un asunto en el que no soy muy ducho.

Del Autor – Yukio Mishima

Yukio Mishima (三島 由紀夫 Mishima Yukio?, Tokio, 14 de enero de 1925-ibídem, 25 de noviembre de 1970), cuyo nombre de registro civil era Kimitake Hiraoka (平岡公威?); fue un novelista, ensayista, poeta y crítico japonés. Considerado uno de los más grandes escritores de japoneses del siglo XX, es reconocido como uno de los más importantes estilistas de la lengua japonesa de posguerra.

En 1968, fue candidato para el Premio Nobel de Literatura, pero perdió ante Yasunari Kawabata. Escribió cuarenta novelas, dieciocho obras de teatro, veinte libros de relatos y, al menos, veinte libros de ensayos, así como un libreto. Algunas de sus obras más conocidas son Confesiones de una máscara y El pabellón de oro, así como también el ensayo autobiográfico El sol y el acero. Sus obras se caracterizan por mezclar la estética moderna y el tradicionalismo japonés, con enfoques en la sexualidad, la muerte y el cambio político.

Ideológicamente un nacionalista de derecha, Mishima fue el fundador del Tatenokai, una milicia privada creada con el fin declarado de restaurar el poder del emperador. El 25 de noviembre de 1970, Mishima y cuatro miembros de su milicia ingresaron a una base militar en el centro de Tokio, tomaron al comandante como rehén e intentaron inspirar a las Fuerzas de Autodefensa de Japón a revocar la Constitución de 1947 de Japón. Cuando el asalto fracasó, se suicidó mediante el ceremonial del seppuku. Antes de su muerte había finalizado el último libro de su tetralogía El mar de la fertilidad (compuesta por las novelas Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel —esta última editada póstumamente, ya que el mismo día de su muerte se la envió a su editor—).

El Premio Mishima Yukio fue creado en su honor, por la editorial Shinchōsha, en 1988.

 

Los Libros de Yukio Mishima (en español)

El Templo del Alba
La corrupción de un ángel
El Rumor del oleaje
El color prohibido
El marino que perdió la gracia del mar
Nieve de Primavera

El Fascinante Mundo del Té

El Fascinante Mundo del Té

Autor: Olivia Medina de Jönsson
Editorial: Porrúa
Lugar y fecha de publicación: México 2016
Páginas: 167 páginas
Precio: Euro Té $299, Amazon $299 , Porrúa $299
ISBN: 978-607-09-0679-4

 

Sinopsis:

En la mayoría de los países latinoamericanos llamamos té a cualquier infusión hecha con alguna planta, flor, fruto o incluso cortezas y raíces. Sin embargo, tal denominación es incorrecta. Heredamos el error de los conquistadores españoles que, si bien conocieron el verdadero té por medio de los holandeses que comerciaban los productos chinos en Europa desde el siglo XVII, al venir a México observaron que los aztecas y otros pueblos americanos elaboraban bebidas de manera muy similar a la del té, poniendo diversas hierbas, cortezas y raíces en agua caliente, que después tomaban para aliviar algún malestar, de modo que comenzaron a llamarlas también té, lo cual provocó la confusión natural.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Antes de mi curso Tés y maridaje con repostería, mi mundo se reducía a “te de manzanilla, Té negro y te de frutos del bosque”

Mi curso y este maravilloso libro (recomendado por el Chef Emilio) me han dado luz.

Habla de los orígenes del té, los tipos de té, los países productores, las características de los tés e incluso sobre los maridajes con alimentos salados y dulces.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

El libro es Excelente

Además de la información que maneja (y que es mucha), es tan fácil de leer, que bastaron dos noches para darme una idea del mundo del té, para identificar que es lo que quiero probar y para concluir que he vivido engañada pensando que el café lo era todo.

Algo para recordar

China, la madre del té

Muchas leyendas en China narran cómo empezó a tomarse el té. La más popular cuenta que fue “descubierto” por el emperador Shen Nung, un erudito y herbolario que sólo tomaba agua hervida. Se dice que en el año 2737 a.C., el emperador se encontraba hirviendo su agua junto a un árbol cuando por accidente una hoja de té cayó a la olla. La infusión resultante le pareció tan refrescante como reconstituyente, por lo que comenzó a tomarla con frecuencia. Aunque no existe referencia escrita de este hecho, los estudiosos coinciden en que el té se tomaba en China desde esa época, es decir ¡Hace casi 5,000 años!

Durante la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.), el té era ya la bebida nacional de China, y se tomaba con fines medicinales, como la mayoría de las plantas en esa época. La bebida se elaboraba con las hojas frescas de los árboles silvestres que se encontraban en diversas partes del país. La primera referencia escrita del té se encuentra hasta el siglo III a.C., cuando un cirujano chino recomendaba tomarlo para aumentar la capacidad de concentración.

Al crecer la demanda, los granjeros comenzaron a cultivar arbustos de té en sus propiedades, y en el año 332 encontramos el primer escrito acerca de su cultivo en el valle del río Yangtze, el tercero más caudaloso del planeta y que corre desde los Himalaya hasta el actual puerto de Shangai.

También en esa época se desarrolló un sistema de desecación y fabricación, que permitió producir pastillas prensadas de hojas de té hervidas al vapor, además de regalarse a los emperadores y la realeza, el té servía para el trueque de productos con otros pueblos, como el de los turcos.

La “Edad de Oro” del té transcurrió durante la dinastía Tang (618-906 d.C.). Para entonces había dejado de ser un mero tónico medicinal, y también se bebía por placer. El proceso de preparar y servir té se convirtió gradualmente en una elaborada ceremonia de estricta etiqueta, lo que trajo consigo una nueva y muy lucrativa profesión, la de los maestros de té, que trabajaban a las órdenes del emperador y los mandarines.

El cultivo y procesamiento de la planta acataba una serie de normas de calidad que atendían aspectos como los siguientes:
• Cuando recolectar las hojas.
• Quién las recolectaba (jóvenes con estricta higiene personal y una dieta que excluía el consumo de ajo, cebolla y especies fuertes, para no contaminar el aroma de las hojas).
• Como se recolectaba

En esa época las hojas tiernas se pasaban por vapor y eran machacadas hasta obtener una pasta que se introducía en moldes, donde se prensaba para formar pastillas o “pasteles” llamados “lunas de té”; a su vez, esas pastillas se raspaban y hervían para hacer la llamada “sopa de té”, a la que podían añadirse, según la costumbre del lugar, ingredientes como cebollas dulces, jengibre, cáscara de naranja, clavo, menta o incluso mantequilla.

La popularidad del té llegó a tal punto que los ricos comerciantes resolvieron encargar al hijo adoptivo de un monje budista, Lu Yu (733-804), la escritura del primer libro acerca del té, el Ch’a Chang (también llamado Cha Ching o Cha Jing).

Considerado ahora el texto clásico del té, describe poéticamente los orígenes, características y variedades de la planta, así como sus principios de producción y cultivo, procesamiento de la hoja, utensilios necesarios, preparación de la infusión, calidad del agua en las diferentes regiones chinas, propiedades medicinales y tradiciones que rodeaban su consumo. Se refiere también a la ceremonia para tomarlo, la misma que llevaron al Japón monjes budistas zen y que fue evolucionando hasta la actual ceremonia del té japonesa.

Escribir el libro le tomó a Lu Yu veinte años, pero dedicó toda su vida a combinar el arte del té con su búsqueda espiritual. Lu Yu concedió gran importancia al sabor amargo (característico de la planta) y dulce (por el tratamiento que se da a la hoja) de la bebida. Para él, un té debe ser amargo en la boca y dulce en la garganta:

“Cuando el té tiene un delicado perfume, se le llama chia. Si es menos aromático y tiene un sabor fuerte y amargo, se le llama ch’uan. Si es amargo o fuerte en la boca, pero dulce cuando se traga, se le llama ch’a”.

Más tarde, bajo la dinastía Song (960-1279), el emperador Huizhong escribió también un libro de té. Como maestro de este arte, recomendaba moler finamente el polvo que se obtenía de la “luna de té” y removerlo con un batidor muy fino en el bowl de té para obtener un líquido espumoso, algo parecido a la preparación actual del matcha japonés. Se tomaba la primera taza y se añadía más agua caliente, repitiendo la operación hasta seis veces. Estas pastillas o bloques de té se utilizaban como moneda de trueque, tal como en el México prehispánico se empleaba el cacao.

En ocasiones, los chinos añadían al agua hirviendo diferentes flores de aromas sutiles, como el jazmín, el loto y el crisantemo.

En esta época surgen también las célebres casas de té, en donde la sociedad china se reunía para oír a los poetas, juglares y cuenta cuentos tradicionales, así como para jugar ajedrez, cartas o hablar de negocios mientras disfrutaban de una taza de té y comían algún bocadillo.

Conforme se incrementaba el comercio con Arabia, Persia, el Tíbet y los mongoles, a través de la célebre “Ruta de la seda”, el té adquirió mayor importancia y acabó por convertirse en la bebida nacional de varias de estas culturas. No obstante, cuando China fue conquistada por los mongoles, época conocida como de la dinastía Yuan, los nuevos gobernantes desdeñaron la bebida favorita de los emperadores precedentes y no mostraron mayor interés en su desarrollo.

Es importante señalar que hasta entonces sólo se tomaba el té verde, pues no se había inventado otra forma de procesar la hoja. Por tanto, durante más de 3,700 años la bebida se elaboró a partir del té verde, con diferentes ingredientes adicionales con la hoja fresca, seca o prensada, pero siempre verde.

Hasta la dinastía Ming (1368-1644), cuando los “verdaderos” chinos volvieron al poder, el té recobró su protagonismo en la sociedad. El primer emperador era hijo de agricultores y al dividir los grandes estados feudales en granjas pequeñas e independientes, transformó la agricultura de la época. Impulsó el cultivo del té y ordenó que se simplificara su proceso de producción a fin de reducir los costos, eliminando el molido y prensado, Surgió entonces la costumbre de tomar el té verde de hoja suelta (solo pasaban las hojas por calor y las deshidrataban).

Luego de este cambio en la producción, los agricultores crearon poco a poco los diferentes colores del té, introduciendo la oxidación de la hoja que se detenía en diferentes etapas. Aún cuando su preferido siguió siendo el té verde, encontraron que el té oxidado conserva mejor su aroma y sabor, lo cual resultó muy útil cuando se incrementó el comercio con los países europeos.

De la misma época datan las vasijas especiales para hacer la infusión, ya que el té no se cocía ni se comían las hojas como antaño. Así pues, la nueva manera de tomar el té propició la aparición de las teteras y otros utensilios específicos. Con ellos se buscaba enaltecer los aromas y sabores sutiles de cada variedad de la bebida.

Las teteras más célebres del período han llegado hasta nuestros días, son las yixing, que se hacen en un pueblo del mismo nombre de la provincia de Jiangsu, a 300 kilómetros al oeste del Shangai. Ahí se encuentran depósitos de arcilla púrpura, con un grano tan fino que al cocerla resulta casi tan delicada como la porcelana.

En este periodo muchos chinos emigraron a Taiwán (entonces Formosa, cuyo nombre se lo dieron los portugueses “Ilha Formosa”, es decir, ¡isla preciosa”) y el cultivo y producción del té que llevaron consigo fueron desarrollados con éxito, especializándose o los tés oolong (tes semioxidados).

 

 

De la Autora – Olivia Medina

Olivia Medina es la primera Tea Master Mexicana, desde 1996 es Directora General y socia fundadora de Comercializadora Sueca de México S.A de C.V., conocida con la marca EURO TE. Su compañía, que hoy suma más de 50 empleados, se dedica a lograr la conexión del mundo del Té con los sentidos de cada persona, trayendo a México más de 150 variedades de Tés y Tisanas.

Ella comenzó su negocio siendo pionera en traer este producto a México, importando 200 kilos de Té (40 sabores), ahora casi 20 años después y gracias a la gran aceptación del público mexicano, EURO TE trae más de 50 toneladas de Té al año, lo que se traduce en aproximadamente 15 millones de tazas de Té.

Respaldada por años de estudio y de estar involucrada en la selección, compra de materias primas y procesos de este delicado producto, Olivia se encarga de diseñar, elegir y crear cada una de las mezclas EURO TE, considerando los gustos específicos del paladar mexicano. Además, complementa la presencia de su marca en el mercado con accesorios y regalos de alta calidad para el disfrute del Té.

Su experiencia le permitió escribir el primer libro acerca del Té en Latinoamérica, publicado por Editorial Porrúa en 2011: “El Fascinante mundo del Té”. Siendo éste la única publicación en la que los maridajes sugeridos para beber y comer con Té incluyen platillos latinos y más específicamente platos de la cocina mexicana como verdolagas o tamales de mole.

Olivia sabe que la contribución social más importante de EURO TE reside en su capacidad de dar a conocer la cultura del Té y promover su consumo en la población mexicana, por lo que se ha planteado la misión de enseñar, a todo aquel que esté interesado, a preparar, disfrutar, y conocer la historia del Té y sus diversos usos. Este objetivo la ha llevado a diseñar e impartir cursos, talleres, catas y conferencias en infinidad de ámbitos (escuelas, expos, ferias, bazares, etc.), así como a crear innovadores platillos y bebidas a base de Tés y Tisanas que evidencien la versatilidad de estos productos, que además de ser deliciosos, tienen muchísimos beneficios para la salud.

Consciente de la necesidad de continuar evolucionando y siguiendo la recomendación de Victoria 147, Olivia decidió renovar completamente la imagen de su marca en 2015 cambiando sus empaques y logotipo, el cual ahora incluye su firma como Olivia Medina (Tea Master), lo que resalta el hecho de que la compañía fue iniciada por una mujer empresaria con total conocimiento del mundo del Té. Como parte de esta evolución lanzó además una tienda online y un blog, buscando llevar un paso más cerca de los consumidores de EURO TE, el mundo y los secretos de esta bebida milenaria.

Actualmente EURO TE cuenta con distribuidores en 14 estados del país y atiende a más de 5 mil negocios ofreciendo sus productos en tiendas departamentales de prestigio como Liverpool y Palacio de Hierro, pero fundamentalmente a cafeterías o restaurantes que suman Tés y Tisanas a sus cartas. Además, ofrece en su Tea Bar, ubicado en San Miguel de Allende (Dôce18 Concept House), una gran variedad de bebidas elaboradas a base de Té blanco, Té verde, Té oblonga, Té negro, Té pu erh, Tisanas herbales y Tisanas frutales.

Olivia es egresada del ESDAI (Universidad Panamericana), está certificada por el Speciality Tea Institute, el cual es parte de la Tea Association of the USA; fue nombrada por la revista Expansión en octubre del 2008, como una de las “mujeres emprendedoras de México” y por Forbes México en 2014 como una de las “30 promesas de los negocios en México”.

 

 

Los Libros de Olivia Medina de Jönsson

El Fascinante Mundo del Té es el único libro de esta autora

El vino

El vino

Autor: Bianca Bosker
Editorial: Océano
Lugar y fecha de publicación: México 2018
Páginas: 385 páginas
Precio: Gandhi $335 , Amazon $335  (los precios pueden variar)
ISBN: 978-607-527-572-7

 

Sinopsis:

Bianca Bosker, periodista profesional y bebedora aficionada, no sabía mucho de vinos… hasta que descubrió un universo alterno en donde el gusto es el sentido supremo, un mundo de sommeliers de élite que dedican sus vidas a la conquista del sabor. Fascinada por el fervor y los poderes sensoriales casi sobrehumanos de estos personajes, se lanzó a descubrir las raíces de su obsesión, y a averiguar si podía convertirse en uno de ellos. Con una buena carga de curiosidad, humor y escepticismo, Bosker nos lleva entre grupos de cata semiclandestinos, restaurantes exclusivos, fábricas de producción enológica masiva y hasta un estudio neurológico por resonancia magnética, en busca de responder la pregunta más apremiante de todas: ¿por qué nos importa tanto el vino? Sus hallazgos cambiarán para siempre tu manera de beber… y quizá también tu forma de vivir.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El martes 26 de noviembre tuve mi clase número 16 del Diplomado Profesional en Vinos para la Formación del Sommelier. Ha sido una experiencia maravillosa, y si bien aún no inicio haciendo entradas sobre vino en el blog, no quiero dejar de platicar sobre este ensayo-novelesco que me ha ilustrado mucho y que ha hecho llevadera esta faceta de conocer sobre el mundo del vino.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

El libro es Muy bueno, cargado de información. Además, tiene la visión de una novata aficionada, que cuando conoce el mundo del vino, no lo puede dejar.

Lo más bonito es que me cambió el enfoque que tenía sobre la figura de los sommelier, que son contratados para hacernos gastar más en los establecimientos donde trabajan. No señor, Bianca Bosker acaba casada con la idea de compartir lo que sabe para meternos el gusanito de no quedarnos con las dos tres uvas que conocemos, nos invita a adentrarnos a investigar, a probar y a no temer apoyarnos en quienes saben del tema.

Este es un libro que deben de leer quienes estamos iniciando en conocer sobre vinos (novatos) o para quienes se quieren dedicar a la labor de los sommelier. La novela es divertida (aunque un par de capítulos se me hicieron muy pesados). Te interese o no el tema, la puedes disfrutar.

 

Algo para recordar

Este libro es un recuento del año que pasé entre fanáticos del sabor, científicos sensoriales, grandes cazadores de botellas, mentes maestras del olor, hedonistas alegres, vinicultores que rompen las reglas y los sommelier más ambiciosos del mundo. Ésta no es una guía para compradores de vino, ni una celebración crédula de todas las tradiciones del consumo de vino. De hecho, este libro explora las formas en que la industria es, en palabras de un economista de vino de la Universidad de Princeton, “intrínsecamente propensa a las tonterías”. Pero si dejamos de lado las tonterías, lo que queda es un conocimiento que tiene relevancia muy por encima del ámbito de la comida y la bebida.

No es tanto el recorrido de la uva a la copa (aunque habrá vistazos de cómo se hace el vino), sino más bien una aventura de la copa a la garganta: hacia el loco mundo de la obsesión y apreciación del vino en todas sus formas y con todas sus imperfecciones. Es una investigación de cómo nos vinculamos a un líquido con una historia de siete mil años que ha encantado a los faraones de Egipto, granjeros desposeídos, zares rusos, magnates de Wall Street, padres de familias suburbanas y chicos universitarios chinos. Prepárense para ir tras bambalinas de los comedores de estrellas Michelin, en bacanales orgiásticas del uno por ciento de la población, a volver en el tiempo a los primeros restaurantes y a entrar en máquinas de resonancia magnética y laboratorios de investigación. A lo largo del camino, conocerán al demente que me inició, al cork dork (literalmente algo así como obsesivo del corcho, en español) que me entrenó, al coleccionista de vino de Borgoña que intentó seducirme y al científico que me estudió.

La relación entre el sabor y la valoración de la vida fluye a través de nuestro lenguaje. Decimos que la variedad es el “sazón” de la vida. En español, el verbo gustar -agradar o complacer- proviene del latín gustare, que significa “saborear”, la misma raíz de la palabra gustatory en inglés, que se refiere a saborear. Así que en español cuando dices que te gusta algo -la ropa, la democracia, una obra de arte, un abrelatas- estás, en un sentido antiguo, diciendo que te sabe bien. En inglés, cuando nos aplicamos a algo con pasión y entusiasmo, decimos que hemos hecho algo con gusto, que proviene de la misma raíz latina.

Cuando a una persona le gustan las cosas correctas se dice que tiene “buen gusto”, sin importar si esas cosas, como la música, no pueden ser saboreadas.

El gusto no es sólo nuestra metáfora estándar para saborear la vida. Está tan incrustado en la estructura de nuestro pensamiento que ha dejado de ser una metáfora. Para sommeliers, los estudiosos de los sentidos, los enólogos, conocedores y coleccionistas que conocí, tener un mejor gusto es vivir mejor y conocernos más profundamente. Y yo me di cuenta de que tener mejor gusto debía comenzar con el comestible más complejo de todos: el vino.

 

De la Autora – Bianca Bosker

 

Bianca Bosker es una periodista galardonada que ha escrito sobre comida, vino, arquitectura y tecnología para diferentes medios impresos y electrónicos como The New Yorker The Atlantic, T: The New York Times Style Magazine, The Wall Street Journal, The Guardian y The New Republic.

 

 

Los Libros de Bianca Bosker

El Vino es el único libro en español de esta autora (creo que es el único, español o ingles)

Cocina y Cultura

Cocina y Cultura

Cocina y Cultura

Autoras: María Stoopen

Editorial: Colección Lumia

Páginas: 77 páginas

Precio:  Amazon $175  y Gandhi $157 (libro electrónico)

ISBN: 978-607-7818-78-6

 

Sinopsis:

Cocinar es un acto cultural, un fenómeno que va más allá de aspectos netamente biológicos, nutricionales o, inclusive, gastronómicos.

En la acción de mezclar distintos ingredientes para hervirlos o freírlos y, finalmente, comerlos, se involucran contenidos religiosos, tradiciones y rituales. Cocina y cultura es un libro que explora algunas de las formas en las que la comida y su preparación trascienden más allá del espacio culinario. Si la cocina mexicana y su contexto cultural son temas centrales en este libro, para María Stoopen es imposible comprenderla sin abordar otras tradiciones culinarias. Se nos revela un crisol de usanzas, ingredientes y contenidos que conviven en nuestra gastronomía; conciliando los aspectos más trágicos de la Conquista y el proceso del mestizaje.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque este libro habla de cómo se dio el proceso del mestizaje culinario en México: Que había a la llegada de los españoles, que trajeron, la resistencia del pueblo, la aceptación y un entendimiento sobre el tema “De dónde venimos”

Ella es autora de uno de mis libros de recetas favorito, Veracruz Cocina de Encuentro (20 jul 2017), ya reseñado en el Blog.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno

Este es un mini libro, muy bueno. Consta de tres capítulos:  La tradición culinaria en México, Antología de productos, El cocinero y su espacio.

Yo de atrás para adelante. La razón por la que no le pongo excelente, es que el último capítulo, El Cocinero y su Espacio, me quedó a deber. Historia de los cocineros, el mestizaje estuvo bien, pero faltó el reconocimiento a la nueva cocina mexicana, a la evolución de los cocineros mexicanos.

El capítulo Antología de productos es maravilloso. Enumera cada producto (hierbas, especies y condimentos, Tomate y Jitomate, hongos, pescados y mariscos, carne, pan y queso) Su origen, el principio en México, el mestizaje, y cual es su papel hoy día. Muy ilustrativo. El ensayo está bañado de anécdotas y de títulos de libros. Me encantó.

 

Algo para recordar

De Pescados y Mariscos

¨Los griegos y los romanos -nos cuenta Jean Anthelme Brillat Savarin- aunque menos avanzados que nosotros en el arte de sazonarlos no por ello les prestaban menos atención, y su delicadeza llegaba hasta poder adivinar por el gusto las aguas en que habían sido pescados” 56

Verídica y sin duda encantadora, esta hazaña del paladar de nuestros abuelos mediterráneos se nos presenta hoy, en nuestro país, prácticamente inalcanzable. En primer lugar, por la gran variedad de especies que pueblan las aguas de nuestros enormes litorales, a las que se suman ríos, lagos y lagunas. Después, porque en México la actividad pesquera no es suficiente como para explotar esa gran riqueza alimenticia y distribuirla en todos los mercados, por lo que excepto en las costas, en general se consume poco pescado: “[…] habría que destacar la gama de especies que usan los pescadores en su alimentación considerablemente mayor a las que no más de diez que cada habitante de la ciudad sería capaz de enumerar”. 57

A pesar de ello, esta proeza casi mítica queda como un estímulo para que se cree un estilo de degustación inspirado en esa especialidad practicada por los antiguos griegos y romanos. Sobre todo, porque lo que ahora se ofrece como obstáculo, puede transformarse en un reto debido a la gran riqueza de pescados y mariscos y a los innumerables modos de prepararlos que existen en nuestro país.

Tampoco es preciso empezar de la nada. El Diccionario del hogar, publicado en 1904, contiene un esbozo de clasificación de las calidades de las distintas especies acuáticas, que podemos aprovechar:

Hay pescado de mar y de agua dulce y este último se subdivide en pescado de lago, de ciénega o de estanque y en pescado de río. El de estanque o lago es por lo común dañoso porque vive en agua cenagosa o que no tiene corriente. El de río es muy sano, con tal de que el río tenga un curso rápido, siendo de menos clase el que se pesca en los que corren lentamente, pues aunque en estos se suelen coger pescados que se aprecian por su gordura, que los hace de buen gusto, es necesario advertir que por esa cualidad son menos sanos, porque todas las grasas son indigestas y entre ellas la más contraria al estómago es la del pescado. Es menos bueno el de los ríos inmediatos a las grandes ciudades, a causa de que se nutre con las inmundicias que desaguan en ellos.

El pescado de mar es el mejor de todos, porque la sal marina corrige su humedad; es preferible el pedreguero o que se mantiene en los lugares llenos de rocas; tiene el segundo rango el que habita en el fondo del mar y los de última clase son con razón los que viven en las orillas o riberas. Hay pescados de mar que suben a los ríos y se nota que cuando han habitado en agua dulce por algún tiempo, son mas agradables al gusto; pero no está decidido que sean más sanos. 58

Armados ya con este código fundamental, podemos enfrentarnos a las variedades extraídas de nuestras aguas y empezar a distinguir el gusto de un pescado cuya procedencia es el Golfo o el Pacífico, el Caribe de la península de Yucatán o el Mar de Cortés de la otra península, la de Baja California. O la laguna de Tamiahua, el lago de Pátzcuaro o el de Avándaro. O bien, las corrientes del Grijalva o del Usumacinta.

Mucho nos servirá conocer y probar in situ las especies originarias que los pescadores de cada región capturan. Acercarnos, por ejemplo, a las comunidades de la costa pacífica de Baja California y deslumbrarnos con su dieta de langosta la mitad del año y de abulón la otra mitad. Saborear una langosta termidor -vestigio de la presencia de los concesionarios franceses en las minas de cobre de Santa Rosalía- nacionalizada por las mujeres de los pescadores a base de chiles verdes; o bien en “pastashuta”, mexicanización de la pastasciuta italiana, bien en machaca, en empanadas, si nos aventuramos hasta la isla de Cedros. Y allí mismo, en temporada, ver a los buzos preparar el camaleón de abulón para comerlo mientras lo trabajan en las pangas. Y disfrutar en la isla, en el Sauzal o en Mulegué el atún entomatado, en burritas, ensalada, tamalitos. Y así, también, un jurel relleno, una cabrilla estofada. O acudir a la costa del Caribe, en la península opuesta y pedir en el pueblo pesquero de Xcalak, Quintana Roo, también una langosta, pero aquí en sancochado o en arroz, y antes, un ceviche de caracol. Asistir también a la elaboración del tikinxic por los pescadores de Hobox, Quintana Roo, y aprender el secreto de su receta: el mero o el pargo limpio por dentro y con escamas por la parte exterior, se asa a la parrilla y se adoba con una salsa de achiote -imprescindible en la región maya-, jitomate, chiles dulces y katic. Y en Crisanto, Yucatán, seleccionar alguna de las especialidades del pulpo: en escabeche, en su tinta, así como molido en tostaditas.

Y si ya somos expertos, diferenciar el abulón de Baja California del de Chiapas, extraído del Golfo de Tehuantepec, y presenciar su preparación desde que lo despulpan y sacan de su concha hasta que nos lo sirven en puchero caldosito con achiote y tortillas de comixtal, después de haber saboreado una botana de casco de mula. También en Tonalá, Chiapas, buscar quien sea diestro en limpiar el macabil, pues a este pescado hay que saber quitarle las numerosas espinas antes de hacerlo en tortitas. Asimismo, saber que Campeche es un sitio excelente para solicitar un esmedregal empanizado, una cherna en jugo o un pargo en macún, todos bien adobados con orégano y cominos; y desde luego, el pan de cazón en tortillas gorditas untadas de frijol.

En Tabasco, si tenemos suerte de ser invitados a alguna gran celebración familiar, una boda por ejemplo, sentarnos sin ninguna prisa a gozar de uno de los platillos más delicados de la región, el pejelagarto regio: la misma concha del pescado rellena con su blanca carne ya preparada con flor de calabaza, elotes tiernos, chile dulce, epazote y queso. Y enterarnos por boca de algún lugareño a propósito del pez, que en el año 72 del siglo XIX, hubo una guerra intestina entre los partidos Progresista y Radical. Guerra que en el lugar se recuerda como la de pejelagartos, debido a que el gobernador Victoriano V. Dueñas, miembro del partido Progresista, era conocido por ese mote, el cual se extendió a todos sus correligionarios. O, en su defecto, regalarnos con platos tan sofisticados como un chirmol de cangrejos azules (también inmiscuidos en política, pues por el andar retrógrado del crustáceo, los liberales del XIX lo usaban como apodo para identificar a los conservadores), cocidos al vapor en hojas de plátano; y antes de que se impusiera la actual veda para cazar a los quelonios, haber celebrado las tradiciones con una tortuga en sangre espesada con plátanos verdes o en verde con hojas de chipilín, de chaya, de perejil y chile dulce. Y como los platos suntuosos han sido tradicionales en la zona, habernos trasladado a Oaxaca para saborear también una tortuga, pero ésta capturada en aguas del Pacífico, en Puerto Ángel, y preparada para alguna ocasión especial, en mole negro con sus chiles chilhuacle, ancho y pasilla que solían darle el color, o simplemente en bistec, aunque bien sazonada con sus especias y yerbas de olor.

Todavía en Oaxaca, ponernos a esperar a orillas de la laguna inferior, a algún grupo de pescadores huaves para disfrutar, si tenemos suerte de ser admitidos, la blanca carne de una lisa asada a la sal y escuchar maravillados la explicación de sus técnicas de pesca; la ejecución oportuna y eficaz de los pasos de danza sobre el fondo de la barcaza que hacen que los peces del banco localizado por los pescadores empiecen a saltar y caigan en la lancha para ser atrapados con las manos. Uno de los pescadores, “el del pie musical” 59 es el que danza rítmicamente, mientras otros dos o tres atrapan a los peces. Y aprovechando el istmo de Tehuantepec, cruzar del Pacífico al Golfo de México para llegar a Veracruz, reino de los huachinangos -en caldo o a la veracruzana, ya proverbiales- de los camarones -en arroz a la tumeada, ricamente condimentado con clavo, pimienta, laurel, hierbabuena, orégano, cilantro, ajo, cebolla, jitomate, chiles verdes, o en moste- de las jaibas -en chilpachole, naturalmente- de la hueva de pescado -en torta o en jitomate-. Y la manjúa, ya sea en jitomate o en blanco con hojas de aguacate para tacos: son alevines de pescado equivalentes a las angulas españolas; nacidos en los ríos y esteros de Veracruz, hay que ser conocedores para solicitarlos en los lugares adecuados. 

Volver a la otra costa, a Manzanillo, Colima, para acompañar a los pescadores de camarón de la laguna de Cuyutlán, quienes preparan un caldo con su buena ración de camarones, verduras y chile pasilla seco mientras esperan la “suba” de agua salada y camarón. Probar asimismo una tilapia en sus varias recetas regionales: en caldillo ranchero, rellena, asada en hojas de plátano, tipo birria.

Bajar a las costas de Michoacán, a Lázaro Cárdenas, Playa Azul o Caleta de Campos, a Pátzcuaro y paladear el sabor natural de un barrilete, una sierra, un jurel, un blanco o un sábalo, ya que en la zona se prescinde de los condimentos y los pescados únicamente se asan a la talla, se fríen o se secan con sal y se acompañan de una ensalada de jitomate, cebolla y chiles verdes.

Y para completar nuestra experiencia gastronómica de la enorme variedad de platos que se preparan en México y aspirar a convertirnos en conocedores, no hay que olvidar el ceviche acapulqueño, las jaibas de Tampico -como nos las ofrezcan-, la mantarraya gavilán de Topolobampo, Sinaloa; el caldo miche de San Blas, Nayarit; los camarones a la diabla de Barra de Navidad, Jalisco. Así como degustar también los nacionalísimos platillos de fiesta: los romeritos con tortas de camarón y el bacalao a la vizcaína, aunque el pescado y el nombre sean importados.

Y para terminar, conviene regocijarnos nuevamente con Brillat Savarín y adherirnos a su manifiesto: “Por lo que a mi respecta, tengo para ellos un sentimiento que se acerca al respeto y que nace de la persuasión íntima que son criaturas antediluvianas, porque el gran cataclismo que sufrieron nuestros antepasados hacia el siglo diez y ocho de la creación del mundo fue para los peces una época de gozo, de conquista y de festividad”. 60

 

56 Jean-Anthelme Brillat Savarín, Fisiología del gusto, p. 81
57 Luis María Gatti, “El Recetario del pescador o algo más que pura proteína”, en Recetario del pescador y otras recetas populares, p.8. La mayor parte de los datos que nos sirvieron para elaborar este texto fueron tomados de este Recetario.
58 Ireneo Paz (ed.), opus cit., pp. 1079-1080
59 José Luis Krafft, “El niño de sal”, en Chispa, núm. 61, pp. 30-31.
60 Jean-Anthelme Brillat Savarin, opus cit., p. 86

 

 

De la Autora – María Stoopen

Nació en la Ciudad de México, el 12 de septiembre de 1940. Ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFYL de la UNAM, la maestría en Desarrollo Humano en la UIA y el doctorado en Literatura Española en la UNAM. Ha sido profesora de español y de literatura en distintos niveles educativos y catedrática en la FFYL de la UNAM. Becaria de INBA/FONAPAS, en ensayo, 1979 y 1980. Autora de numerosos ensayos literarios y colaboradora en publicaciones nacionales e internacionales. También ha incursionado en el tema de la cocina mexicana. Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas, INBA, 1982, por La muerte de Artemio Cruz, una novela de denuncia y traición.

 

Los Libros de María Stoopen

  • CARNES

ZUBIETA, MARCELA / STOOPEN, MARÍA / PUIG, SOCORRO

Editorial Everest

 

  • COCINA YUCATECA

ZUBIETA MARCELA / STOOPEN MARÍA / PUIG SOCORRO

Editorial Everest

 

  • ESPECIALIDADES REGIONALES DE LA COCINA MEXICANA

STOOPEN MARÍA / PUIG SOCORRO

La alimentación, como función materna, resulta el ejercicio más entrañable de la cultura y, al mismo tiempo, es formadora de los gustos gastronómicos de los pueblos. Ya que en México las tradiciones culinarias han demostrado su persist…

Editorial Everest

 

  • VERACRUZ. COCINA DEL ENCUENTRO

STOOPEN MARÍA

Editorial Everest

 

  • SOPAS Y CALDOS

ZUBIETA, MARCELA / STOOPEN, MARÍA / PUIG, SOCORRO

Editorial Everest

 

Madame Proust y la Cocina Kosher

Madame Proust y la cocina kosher

Autoras: Kate Taylor
Editorial: Nuevos Tiempos Siruela
Páginas: 416 páginas
Precio: Amazon $598
ISBN: 978-84-9841-651-0

 

Sinopsis:

En el París de fin de siècle, Jeanne Proust, una culta mujer judía casada con un médico católico, escribe en sus libretas todo tipo de acontecimientos personales y generales, aunque el tema más recurrente es su hijo Marcel, a quien sus altas aspiraciones sociales, sus insatisfechas ambiciones literarias y su delicada salud impiden terminar de encajar de la vida burguesa de la época. En la relación de los desvelos de Madame Proust irrumpe el relato de las insatisfacciones de Marie Prévost, traductora de los diarios, cuya obsesión por el documento será un bálsamo contra su amor no correspondido hacia el enigmático Max. La tercera historia que se entrelaza en la trama de esta apasionada novela es la de Sarah Bensimon, una refugiada parisina a quien sus padres enviaron de niña a Canadá para escapar del terror nazi. Instalada definitivamente en Toronto y cada vez más alejada de su marido y de su hijo adolescente, Sarah se refugia en su cocina, donde batalla por reconciliar sus esperanzas y decepciones y por curar las profundas heridas provocadas por la Historia.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

La Cocina Kosher es su boleto de entrada, y no me arrepentí.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy Bueno,

Las tres historias que se entrelazan en este libro te atrapan.

Su principio fue un tanto lento, denso. Me tardé averiguar el método para distinguir las tres historias, que son contadas en paralelo, la historia de estas maravillosas mujeres: Madame Proust, Sarah y Marie.

La primera historia es sobre los diarios que lleva Madame Proust, donde relata el mundo donde se mueve su hijo, el escritor Marcel Proust. Me ha cautivado tanto esta parte, al grado tal que seguramente mas adelante hablaré sobre el libro En Busca del Tiempo Perdido (¡lo confieso! No había oído hablar de él).

La segunda historia es sobre Sarah Bensimon, una refugiada parisina judía que es adoptada por el matrimonio -Los Plot-, nos narra sobre el proceso que significó la migración a Canadá, huyendo de los nazis, a la edad de 11 años. Como la afecta y acaba marcando sus relaciones personales, con su marido Daniel y su hijo Max.

La tercera historia la protagoniza Marie, quién vive eternamente enamorada de Max, y quien será la encargada de traducir los diarios de Madame Proust del francés al inglés.

Las tres historias te cautivan.

¿Y donde entra la comida? A lo largo de todo el libro está salpicado de comentarios sobre almuerzos, banquetes, celebraciones y demás. Pero es sin lugar a dudas cuando Sarah se casa, cuando los banquetes se hacen sentir.

 

Algo para recordar

Paris, 23 de septiembre de 1899, sábado.

Suzanne trabaja de maravilla. Jean y yo comentábamos esta mañana que se ha adaptado muy deprisa y que es muy afectuosa. Supongo que estamos tan habituados a Félicie que nos parece normal que una criada se encoja de hombros o esboce una mueca de fastidio cuando se le propone una cena para invitados, pero es agradable trabajar con alguien que parece ver en los convites especiales una buena ocasión para mostrar su talento. Espero y deseo que Félicie no la ahuyente como hizo con Geneviéve, aunque al menos parece haber aceptado que la nueva se encargará de la mayor parte de las labores de la cocina.

Marie-Marguerite y Anatole vinieron a cenar anoche y Suzanne se lució. La blanquette de vean estaba absolutamente aterciopelada, y ella es lo suficientemente inteligente como para que nadie deba decirle que no se puede servir un budín cremoso después de una espesa salsa como esa, y sirvió una estupenda y crujiente tarta de manzana que elaboró con las primeras manzanas de la temporada. Comentamos el affaire Dreyfus durante la cena. Si bien había pasado mucho tiempo desde la última vez que Adrien y yo tuvimos una conversación sincera sobre un tema tan difícil, Marie-Marguerite no es de las que se arredran ante ningún tema simplemente porque resulte controvertido, y no dudó en decirles a los hombres que se equivocan. Yo estaba diciendo que me entristecía que Dreyfus hubiera aceptado el perdón, pero que me parecía que quienes le criticaban estaban siendo muy duros con él. Por mucho que defiendan el valor de los principios, nadie les ha pedido que cumplan una condena de cinco años en la isla del Diablo. Anatole no puede dejar a un lado su postura oficial y ahora se muestra discretamente silencioso sobre el asunto, pero Adrien y yo convenimos en que Dreyfus no tuvo más remedio que aceptar el perdón y poner punto y final al asunto. Marie-Marguerite defendía una postura más purista y afirmó que espera todavía presenciar un juicio como es de rigor. <<Ya tuvo un juicio justo>>, estalló Adrien; a lo que ella replicó: <<Pero no es un veredicto justo>>.

Envalentonada quizá por el amigable ambiente de nuestra cena en familia, Marie-Marguerite no se contentó con eso y le dijo a Adrien que debería tener más consideración por mis sentimientos a la hora de comentar el asunto. Cuando intenté hacerla callar, ella insistió: <<No creo que debas poner distancia entre tu leal esposa y tú dejando que crea que te has puesto del lado de quienes muestran tan solo un ciego prejuicio contra los judíos>>.

Adrien respondió, como lo ha hecho en otras ocasiones, que creía que el asunto nada tiene que ver con cuestiones de raza o de religión, pero Marie-Marguerite le contestó que, de ser así, debería dejar más clara su desaprobación de la facción antisemita. En ese momento, Anatole decidió intervenir y le pidió que zanjara su intervención. Ella simplemente se limitó a encogerse de los hombros, haciendo caso omiso de su protesta, y respondió: <<Bueno, simplemente intentaba salir en defensa de Jeanne>>, y ahí lo dejamos, pasando a otros temas. Aunque fue un momento tenso, no estropeó la cena. Al parecer por fin somos capaces de aceptar que nuestras opiniones difieren. Y eso es lo que debería hacer toda Francia antes de zanjar el asunto.

Marcel escribe desde Évian para pedirme que le envíe mi ejemplar del libro que La Sizeranne ha escrito sobre Ruskin en el próximo correo, pero no logro dar con él. En cualquier caso, para cuando lo encuentre él ya estará de nuevo en casa.

 

De la Autora – Kate Taylor

Kate Taylor nació en Francia y creció en Ottawa, aunque fue en Toronto, ciudad en la que reside actualmente, donde estudió Historia e Historia del Arte. Después de hacer un máster en periodismo, comenzó a trabajar en The Globe and Mail, labor por la que fue nominada al National Newspaper Awards y por la que recibió en dos ocasiones el premio Nathan Cohen. En la actualidad escribe una columna sobre arte para ese mismo periódico. Por su trabajo como escritora ha merecido también varios premios, como el Commonwealth Writers Prize for Best First Book (Canada/Caribbean region), y el City of Toronto Book Award, ambos por Madame Proust y la cocina kosher.

 

Los Libros de Kate Taylor

Madame Proust y la cocina kosher
Como tener cada día el orgasmo de su vida

Paladear con el Cerebro

Paladear con el Cerebro

Autor: Francisco Javier Cudeiro Mazaira
Editorial: CSIC
Páginas: 126 páginas
Precio:
Gandhi $278  y Amazon $333

ISBN: 978-84-00-09502-4

 

Sinopsis:

El reciente y renovado interés por la gastronomía está generando un fenómeno curioso: la intención de los cocineros ya no es solo elaborar platos de calidad desde un punto de vista culinario, sino, también, sorprender y a veces sobresaltar la experiencia perceptiva del comensal. Este libro explica cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cerebros de sus comensales. ¿Cuáles son los procesos que nos permiten disfrutar de una velada en compañía o emocionarnos al oler un risotto de flores y semillas? ¿Por qué siempre tengo un hueco para el postre? Ya no es suficiente hablar de los sentidos; es necesario conocer los procesos cerebrales responsables de la percepción sensorial para poder entender lo que significa disfrutar con la comida. Al mezclar en las proporciones adecuadas el conocimiento científico y el arte de la investigación culinaria, esta obra será de interés para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la percepción sensorial a través de la cocina y ofrece pistas para que el lector pueda entender lo que le ocurre cuando disfruta de una experiencia gastronómica, un misterio que albergan las células nerviosas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por supuesto este ensayo tiene que estar en El Lugar de Beatriz. Es un enfoque novedoso tratar la Gastronomía vía el cerebro. Es explicar olores y sabores a través de lo que capta el cerebro. Muy interesante.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Paladear con el Cerebro es un libro Muy Bueno, cargado de información

Por supuesto se trata de un científico hablando de comida, gastronomía, historia de la comida (desde la prehistoria hasta nuestros días) de una forma tan amena. En una sentada leí la mitad del libro.

Cudeiro utiliza un lenguaje sencillo en sus explicaciones, y a veces un tanto cómico.

  • El hombre es el único animal sobre la tierra que “prepara” sus alimentos y busca con qué acompañarlos para disfrutarlos aún más.
  • El hombre al cocinar, mata bacterias, lo que le ha permitido una mayor garantía de supervivencia
  • Cuando dormimos, nuestro organismo libera hormonas que pasan al cerebro como una señal de saciedad. Las personas que tienen problemas de insomnio…suelen tener problemas de sobrepeso.

Estos y muchos más datos puedes encontrar en este interesantísimo libro.

 

Algo para recordar

Prólogo

Cocinar es permitir o provocar reacciones entre productos usando el fuego como principal catalizador. En este sentido, y en contra de todas las tendencias naturistas, que niegan la química como un satanizado mal, cocinar es hacer química, mezclar elementos químicos para hacer algo que es más que la simple suma de los elementos usados.

¿y pensar o amar son también el resultado de la interacción de productos químicos? La respuesta es definitivamente si y esas reacciones ocurren en nuestro cerebro, cada milisegundo de nuestras vidas. Es más, el funcionamiento de nuestro cerebro es el resultado de miles de reacciones en espacio y tiempo de miles de productos químicos. Y es el cerebro el que crea los sabores, los olores. Estos no existen si no son leídos por el cerebro.

Los neurocientíficos puedes explicar ahora cómo los sabores se generan por la interacción de diversos centros nerviosos ubicados en el cerebro. Igualmente, se está determinando con estudios muy concienzudos que los alimentos activan los núcleos cerebrales que regulan la apetencia. Así, la comida activa regiones cerebrales que se encienden igualmente con sustancias como el tabaco o el alcohol o las drogas de abuso, como la cocaína. Curiosamente, el chocolate tiene un gran impacto sobre estas regiones. Ahora sabemos porque algunos alimentos son picantes y conocemos los genes que codifican las proteínas encargadas de detectar la sustancia que pica (capsaicina). Estos genes se han clonado, e incluso se han creado ratones a los que se les han quitado. Esos animales ya no son capaces de sentir o detectar el picante. Si nos fijamos en el sistema olfativo, ahora sabemos que el genoma humano dedica un número importante de genes para conformarlo. Este sistema es extraordinariamente sofisticado, y la identificación de los genes que hacen que esto sea así les valió recientemente un Premio Nobel a dos científicos norteamericanos. De hecho, el sentido del olfato juega un papel crucial en la capacidad de paladear. Demostrarlo es muy fácil. Tápense la nariz con los dedos, traten de paladear unas gotas de aceite o una hoja de menta. Durante ese proceso destápense la nariz y de repente descubrirán que el sabor aparece. Es decir, que sin olfato no hay sabor, a pesar de que los receptores del sabor están en la lengua. Por tanto, los sabores, los aromas, se generan en el cerebro, son invenciones del cerebro. Por suerte que todos los cerebros (o casi) funcionan de forma parecida, y todos son capaces de identificar el sabor del aceite o el de la menta.

Pero no solo el gusto y el olfato se complementan para generar la experiencia de sabor, también la vista e incluso el oído juegan su papel. Y es que las cosas son lo que aparentan ser. Cuentan que en un reputado restaurante inglés, el chef hizo una prueba muy ilustrativa. Dio a probar a un grupo de amigos unos filetes en total oscuridad. Preguntó cómo sabían, y todos coincidieron en que estaban excelentes tanto en textura como en sabor.

Entonces encendió la luz. Resulta que el chef había teñido los filetes de azul, un color que uno nunca asociaría a una carne en buenas condiciones. Todos sintieron repugnancia por aquello e incluso algunos vomitaron. Otro ejemplo, este más cercano, puede ser el de una afamada chef que embotelló vino blanco teñido de tinto en una botella de vino tinto, con una etiqueta de vino tinto, hecho con una variedad de uva tinta determinada.

Acertaba a estar allí un sumiller que se ofreció a hacer la cata del vino. Pues el hombre hizo una descripción perfecta del vino que allí había, de acuerdo a lo que veía. Se equivocó de lado a lado. Y es que su cerebro lo que le decía es que estaba catando vino tinto de esa uva y, por tanto en base a su experiencia (almacenada en el cerebro), aquel vino debía saber y oler de una determinada manera. Si la cata hubiera sido ciega, el sumiller se hubiera dado cuenta del engaño sin lugar a dudas. Podemos decir que el cerebro inventó los sabores y los olores a través de la interacción con la información visual que simultáneamente le estaba llegando y que negaba lo que estaba saboreando.

Estamos asistiendo a una auténtica revolución del cerebro, de cómo el cerebro es capaz de hacernos entender las cosas, de sentirlas, de paladearlas y de disfrutarlas. Y esto es particularmente interesante en la gastronomía. Hoy los chefs no preparan platos para alimentar a la gente. Esta es una necesidad de supervivencia que en los países desarrollados es obviada continuamente. Se come para disfrutar, no para sobrevivir. Los modernos chefs buscan el impacto sobre los sentidos con sus mezclas de olores, colores, sabores y texturas y a veces incluso sonidos, para llevar estos sentidos al extremo. Así, se generan experiencias sensoriales imposibles de experimentar de otra forma. Y este es el verdadero atractivo de la cocina moderna.

A lo largo de los últimos años han aparecido una serie de textos que tratan sobre estos aspectos. También de cómo el conocimiento científico y técnico ha influido en los modos de actuación de los cocineros y los ha posibilitado con técnicas extraordinarias. Ello ha convertido las cocinas en verdaderos laboratorios. El conocimiento de las características de las proteínas, por poner un ejemplo, y su comportamiento frente a tratamientos como calor, frío, sustancias ácidas, etc., otorga al cocinero capacidades inusitadas de transformación de los alimentos, de sus texturas. De este modo, el cocinero juega con los sentidos, los engaña, los pone a prueba. Pues bien, de cómo ocurre eso es de lo que trata Paladear con el Cerebro. No se trata de un libro de gastronomía, sino de neurociencia. No se enseña a cocinar, se enseña cómo se las arregla el cerebro para entender los mensajes que los modernos cocineros envían a sus comensales, mejor dicho, a los cereros de sus comensales.

Como Francisco Javier Cudeiro dice, todas las respuestas están escritas en las neuronas. Comparto con Javier la admiración por Vázquez Montalbán y por su personaje Pepe Carvalho, su avatar literario. Sus descripciones culinarias están para siempre en mi memoria ─en mi cerebro─. Si Carvalho pudiera leer este libro, donde se explica por qué comer nos gusta tanto, seguro que en esas largas veladas en Vallvidrera lo salvaría de la hoguera.

 

Del Autor – Francisco Javier Cudeiro Mazaira

 

Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de A Coruña. Vicepresidente de la Sociedad Española de Neurociencia entre los años 1999-2003, en la actualidad es miembro de la European DANA Alliance for the Brain, presidente de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas y coordina el área de enfermedades neurológicas del Instituto Biomédico de A Coruña y el laboratorio de Neurociencia y Control Motor (NEUROcom). Ha recibido el Premio Nacional de Investigación Fundación APMIB 2001, el Premio Infanta Cristina (Imserso) 2004 en el apartado de I+D+i y el 2º Premio Federación Española de Parkinson 2009.

 

Los Libros de Francisco Javier Cudeiro Mazaira

Además de Paladear con el Cerebro, Cudeiro tiene un título más
– Fundamentos de Neurociencia y Neurorrehabilitación en Terapia Ocupasional

Al Norte de la Felicidad

Al Norte de la Felicidad

Autoras: Adi Alsaid
Editorial: Harper Collins México
Páginas: 287 páginas
Precio:
Gandhi $243,  Amazon $279, El Sótano $223.20 y  Porrua $279
ISBN: 978-607-97837-2-3

 

Sinopsis:

Carlos Portillo siempre ha llevado una vida privilegiada y protegida. Ciudadano dual de México y los Estados Unidos, vive en la Ciudad de México con su familia, donde asiste a una escuela internacional de élite. Siempre ha sido obediente a las normas y un orgullo para sus padres: Carlos está más que feliz de seguir la senda conocida. Siempre ha amado la comida y especialmente cocinar, pero sus padres ven esto como un hobby. Cuando su hermano mayor, Félix – que abandonó la universidad para vivir una vida de viajero – es trágicamente asesinado, Carlos comienza a escuchar la voz de su hermano, aconsejándolo y presionándolo para que se rebele contra el plan de su padre. Preocupado por su salud mental, pero sabiendo que la voz es correcta, Carlos huye a los Estados Unidos y logra asegurarse un trabajo con su chef famoso favorito. Mientras trabaja para mejorar sus habilidades en la cocina y perseguir su sueño, comienza a enamorarse de la hija de su jefe, un hecho que podría terminar su carrera antes de que comience. Finalmente, viviendo para sí mismo, Carlos debe decidir qué es lo más importante para él y dónde está realmente su verdadero camino.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque en la portada decía “En busca del taco perfecto” y porque el libro fue elegido en 2015 como uno de los mejores libros del año

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, en estos menesteres de buscar títulos que tengan que ver con comida, cocina, bebidas o especias…los libros elegidos no siempre salen muy buenos. Que digo buenos, las tramas a veces son superficiales o absurdas.

Lo comencé a leer con reserva, y ohhhhh sorpresa. Salió un buen libro. Muy bueno.

La historia arranca con la búsqueda del mejor taco del mundo y en el proceso sucede una tragedia. Carlos tratará a lo largo de todo el libro, de encontrar su camino (a que se quiere dedicar) y a sobrellevar la muerte de su hermano. Me gustó.

Nos muestra la pesada vida de las personas que se dedican a la cocina, desde el Gerente General hasta el Lavalozas. Una amiga Chef me dijo que todo tipo de emociones se mueven en una cocina…

Es una lectura muy fácil, ligera. Se me hace del tipo juvenil. Nos platica sobre los planes (que le cuesta mucho definir)  de un joven, hijo de familia de dinero, y sobre su pasado en compañía de su hermano, que en todo momento le recuerda que lo importante es dedicarse a lo que lo hace feliz, aunque deje el pulmón en el camino.

Por supuesto no puede falar una historia de amor

 

Algo para recordar

Capítulo 19

Cuando regreso a la cocina, el personal está reunido alrededor de la Chef. Ella está en el paso, esperando que todo el mundo llegue. Sue está a su lado, lista para tomar notas. Me deslizo entre Elías y Memo, fingiendo tranquilidad, como si no hubiera tenido un colapso afuera.

Una vez que estamos todos, tranquilos en general gracias a la calma matutina, la Chef adopta una actitud ligeramente militar. Estoy seguro de que cada vez que habla está a punto de despedirme, despreciarme, hacer un espectáculo de mis ineptitudes.

─ Muy bien, chicos, hoy va a estar de la mierda. Tenemos más reservaciones de las que hemos tenido en todo el verano ─, Toma una tabla de anotaciones ─. Habrá una mesa de diez y otra de doce que llegarán apenas abramos, así que van a patear nuestro trasero desde el principio.

Hay algunos lamentos por eso, pero algunas manos chocan cinco y hay hurras también. Elías se inclina hacia Memo y le susurra en español: ─ ¿Listo?

─ Siempre, papi ─contesta Memo, con una risita, en el mismo idioma.

La Chef mira sus notas, y hay una creciente excitación en el aire. Alguien atrás está afilando un cuchillo, y el sonido metálico reverbera a través de los murmullos de la multitud como un tambor de guerra. ─Van a necesitar energía si van a hacer un turno doble hoy, y eso aplica para cada uno de ustedes, ¿si?

Unas pocas risas y algunos “Si, Chef” más.

─ Así que memo, ─ ¿por qué no haces un friego de huevos revueltos para todos? Debemos tener algunas de esas salsas del especial de la semana pasada, así que fríe lo que queda de ellas. Roberto, Carlos, estos chicos van a usar muchas ollas, y ya saben cuántos malditos vasos usa la gente que viene a almorzar, así que necesitamos que se mantengan en la delantera. Ayúdenlos a mantener sus estaciones libres cuando puedan, y nosotros mantendremos llenos sus vasos de cerveza cuando todo termine.

Alguien palmea mi ghombro, y no puedo evitar ser atrapado por la excitación que recorre la cocina. Mi mente deja de divagar en preocupaciones sin nombre, se enfoca en el presente. La Chef revisa los especiales y luego nos despide diciendo: ─Diviértanse allá afuera ─y todo el mundo vuela para entrar en acción. Las hornillas se encienden, la campana comienza a rugir, los cuchillos golpean las tablas de cortar, como el sonido de un tambor de guerra. Qué mundo.

Y de pronto, todo lo demás se difumina, desaparece en la irrelevancia. Recojo algunas ollas del área de preparación, depositándolas en mi fregadero y luego sigo corriendo por más. Saco algunas bolsas de basura, y escucho el zumbido de la primera orden que sale de las impresoras de cada estación.

La voz de la Chef resuena por sobre el escándalo de la cocina: ¡Orden! Tres omelettes vegetarianas, tres bennys de puerco en tiras, cuatro bennys especiales…

Todos los cocineros responden con un “¡Sí, Chef!” bien coordinado. Hacen pequeños comentarios entre ellos, coordinan sus respectivos ingredientes así que todo llega al plato al mismo tiempo.

Arrojo la basura en el contenedor de afuera y regreso a la cocina antes incluso de que la puerta lateral alcance a cerrarse. Tal vez no esté sosteniendo un cuchillo, a lo mejor soy el que está más abajo en el escalafón, quizá siempre esté loco. Pero ahora soy parte de esta cocina. Pertenezco aquí. Ni siquiera me detengo a ver cómo cocinan las primeras órdenes. Tengo un trabajo que hacer.

Me enorgullezco de cada plato sucio que me llega, como si fuera una cebolla que la Chef me ha pedido que corte. Esto es lo que más he hecho desde que llegué a la isla, probablemente más que dormir, más que cocinar, y me siento bien ahora. Esas luchas me llevarán a alguna parte.

Despacho una charola de tazas de café y copas de champán manchadas de lápiz labial, con los restos pulposos de las naranjas frescas que se usan en las mimosas. Roberto y yo nos comunicamos con dos o tres palabras, siempre en español: ─¿Sartenes primero?

─ Sí.

─ Ve a ver ─ dice Roberto, nuestra forma abreviada de ir a ver si alguien necesita ayuda.

Recorro las estaciones con la mirada, tratando de detectar cualquier cosa que necesite atención. Un plato que ha sido dejado a un lado y puede estorbarle a un cocinero, una taza de café que alguien estaba bebiendo y no tuvo tiempo de traer a la estación de lavado.

Si dos cocineros están hablando, no interrumpo, porque sé que, a lo mejor, están tratando de coordinar sus respectivos deberes. Si entro en una estación para retirar un trapo de cocina o sacar su basura, me anuncio en cochinés. ─Voy atrás ─digo. ─ ¡Vengo, está caliente! ─si estoy dando vuelta a una esquina trayendo una olla. Olvídate del inglés, olvídate del español, éste es el lenguaje al que nací para hablar.

La Chef llama “la danza” a toda la actividad que tiene lugar durante el servicio. Y ahora que estoy más cerca de ella de lo que nunca lo estuve, sé exactamente por qué hay una vitalidad en la cocina, un movimiento constante que se siente primitivo y sin embargo mesurado, como un vals frenético. Si tengo tiempo suficiente para estudiar a cualquier persona, así es exactamente como se ve. Vee, por ejemplo: cómo prueba el cocimiento de un pedazo de carne en la parrilla presionándolo, voltea los filetes que lo necesitan, da medio paso a la derechapara checar algo que está hirviendo, y gira hacia atrás para volver a checar su orden, medio giro de vuelta a la parrilla. Podría coordinar sus movimientos con música.

 

Del Autor – Adi Alsaid

 

Adi Alsaid es un autor de ficción para jóvenes adultos, nacida en México (30 junio 1987) , más conocida por » Let’s Get Lost» (una de las diez mejores nominadas a los adolescentes de YALSA en 2015) y » Ever Always» (nominada como un Kirkus Reviews Best Books of 2015) .

Nacido y criado en la Ciudad de México, de padres israelíes, Alsaid asistió a la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde estudió marketing. Después de graduarse, pasó un tiempo en Monterey, California, antes de regresar a CDMX donde aún vive. Trabaja a tiempo parcial como entrenador de baloncesto.

 

 

Los Libros de Adi Alsaid

  • Let’s Get Lost (29 de julio de 2014, Harlequin Teen )
  • Nunca siempre a veces (4 de agosto de 2015, Harlequin Teen)
  • Al Norte de la Felicidad (25 de abril de 2017, Harlequin Teen) [6]
  • Breve crónica de otra estúpida angustia (abril de 2019)

El Murmullo de las Abejas

El Murmullo de las Abejas

Autora: Sofía Segovia
Editorial: Laumen
Páginas: 481 páginas, 100 capítulos
Precio: $ 260 en Gandhi, $ 269 en Amazon

 

Sinopsis:

El murmullo de las abejas, el descubrimiento literario del año La autora que despierta la historia de México y recupera su lugar en nuestros corazones.

En Linares, al norte del país, con la Revolución mexicana como telón de fondo. Un buen día, la vieja nana de la familia abandona sorpresivamente un reposo que parecía eterno para perderse en el monte. Cuando la encuentran, sostiene dos pequeños bultos, uno en cada brazo: de un lado un bebé misterioso y del otro un panal de abejas.

Ante la insistencia de la nana por conversar y cuidar al pequeño, la familia Morales decide adoptarlo. Cubierto por el manto vivo de abejas que lo acompañarán y guiarán para siempre, Simonopio llega a cambiar la historia de la familia que lo acoge y la de toda una región. Para lograrlo, deberá enfrentar sus miedos, el enemigo que los acecha y las grandes amenazas de la guerra: la influenza española y los enfrentamientos éntrelos que desean la tierra ajena y los que protegerán su propiedad a toda costa.

El murmullo de las abejas huele a lavanda, a ropa hervida con jabón blanco, a naranjas y miel: una historia impredecible de amor y de entrega por una familia, por la vida, por la tierra y por un hermano al que se ha esperado siempre, pero también, la de una traición que puede acabarlo todo.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

El Murmullo de las abejas es una novela de tipo histórico (porque narra episodios de como vivio esta familia, el pueblo de Linares Nuevo León, la etapa post-revolucionaria) que maneja el género de realismo mágico 🤔 con muy pocas escenas gastronómicas, por cierto. La miel esta presente siempre, y en algunas ocasiones la autora hace mención de las usanzas de la región.

Por supuesto me acordé de mi abuela Chenda y su dulce de jamoncillo, cuando la veía (en Culiacán Sinaloa, hace muuuucho tiempo) dándole vueltas y vueltas a la olla con leche y azúcar (en el libro, con  piloncillo).

¡Más que suficiente para que tenga un lugar en este blog!

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno.

Como la mayoría de los libros de los que he opinado a últimas fechas, éste tiene ya varios años que lo compré (recién publicado). Imperdonable que hasta ahora lo venga a leer porque resultó hermoso.

Este tiene todo lo que se requiere: una buena trama, entrañables personajes, es divertido (me tenía carcajeándome a media noche), ambientado en el México post revolucionario, nos ilustra histórica y socialmente sobre este periodo de la historia de México.

Narra la historia de la Familia Morales en Linares Nuevo León, como enfrentan ellos y sus paisanos esta época en los estados del norte: la Reforma Agraria, la repartición de tierras, hasta la gripa española.

La familia Morales está integrada por Francisco, Beatriz, sus hijos Consuelo, Carmen y Francisco Chico, la nana reja, Simonopio.

Anselmo Espiricueta es el malo de la novela y por supuesto tenemos muchos más personajes.

El libro es narrado por Francisco hijo y por un narrador omnipresente, que tiene la habilidad de ponerte los pelos de punta cuando narra el espíritu obscuro del personaje antagónico.

 

¿quién debería de leer Chocolate?

A quienes les gustan las historias familiares, el realismo mágico, la historia de México.

Es excelente paraquienes les cuesta engancharse, la autora tiene la virtud de atrapar con su narración, se lee con facilidad sus 500 páginas – 100 capítulos.

Algo para recordar

Ecos de miel

Nací entre ese montón de ladrillos de sillar, enjarres y pintura hace mucho tiempo, no importa cuánto. Lo que sí importa es que mi primer contacto fuera del vientre de mi mamá fue con las sábanas limpias de su cama, porque tuve la fortuna de nacer un martes por la noche y no un lunes, y desde tiempo inmemorial las mujeres de su familia habían cambiado las sábanas los martes, como hace la gente decente. Ese martes las sábanas olían a lavanda y sol. ¿Qué si lo recuerdo? No, pero lo imagino. En todos los años que conviví con mi mamá nunca supe que variara su rutina, sus costumbres, el modo de hacer las cosas como Dios mandaba: los martes se cambiaban las sábanas de lino lavadas un día antes con lejía, se rociaban con agua de lavanda, luego se ponían a secar al sol y finalmente se planchaban.

Todos los martes de su vida, con una sola y dolorosa excepción que todavía estaba por venir.

Habrá sido el día de mi nacimiento, pero el mío fue un martes como cualquier otro, así que sé a qué olían esas sábanas aquella noche y sé como se sentían al contacto con la piel.

Aunque no lo recuerdo, el día en que nací la casa ya olía a lo que olería siempre. Sus ladrillos porosos habían absorbido como esponja los buenos aromas de tres generaciones de hombres trabajadores y mujeres quisquillosas para la limpieza con sus aceites y jabones; se habían impregnado de las recetas familiares y de la ropa hirviendo con jabón blanco. Siempre flotaban en el aire los perfumes de los dulces de leche y nuez aque hacia mi abuela, los de sus conservas y mermeladas, los del tomillo y el epazote que crecían en macetas en el jardín, y más recientemente los de naranjas, azahares y miel.

Como parte de su esencia, la casa también conservaba las risas y los juegos infantiles, los regaños y los portazos del presente y del pasado. El mismo mosaico de barro suelto que pisaron descalzos mi abuelo y sus veintidós hermanos, y luego mi papá en su infancia, lo pisé yo en la mía. Era un mosaico delator de travesuras nocturnas, pues con su inevitable clunc alertaba a la madre del momento del plan que fraguábamos sus vástagos. Las vigas de la casa crujían sin razón aparente, las puertas rechinaban, los postigos golpeaban rítmicamente contra la pared aun sin viento. Afuera, las abejas zumbaban y las chicharras nos rodeaban con su incesante canción de locura cada tarde del verano, justo antes del anochecer, mientras yo vivía mis últimas aventuras de la jornada. Al bajar el sol empezaba una y la seguían las demás, hasta que todas decidían callarse de tajo, asustadas por la inminente oscuridad, sospecho.

Era una casa viva la que me vio nacer. Si a veces despedía perfume de azahares de invierno o se oían algunas risillas sin dueño en medio de la noche, nadie se espantaba: era parte de su personalidad, de su esencia. En esta casa no hay fantasmas, me decía mi papá: lo que oyes son los ecos que ha guardado para que recordemos a cuantos han pasado por aquí. Yo lo entendía. Me imaginaba a los veintidós hermanos de mi abuelo y el ruido que deben de haber creado, y me parecía lógico que todavía, años después, se oyeran evocaciones de sus risas reverberando en algunos rincones.
Y así como supongo que mis años en esa casa le dejaron algunos ecos míos, pues no en balde me decía mi mamá ya cállate niño, pareces chicharra, la casa dejó en mi sus propios ecos. Aún los llevo en mí. Estoy seguro de que en mis células llevo a mi mamá y a mi papá, pero también porto la lavanda, los azahares, las sábanas maternas, los pasos calculados de mi abuela, las nueces tostadas, el clunc del mosaico traidor, el azúcar a punto de caramelo, la leche quemada, las locas chicharras, los olores a madera antigua y los pisos de barro encerado. También estoy hecho de naranjas verdes, dulces o podridas; de miel de azahar y jalea real. Estoy hecho de cuanto en esa época tocó mis sentidos y la parte de mi cerebro donde guardo mis recuerdos.

Si hoy pudiera llegar solo hasta allá para ver la casa y sentirla de nuevo, lo haría.

Pero soy viejo. Los hijos que me quedan ─y ahora hasta mis nietos─ toman las decisiones por mi. Hace años que no me dejan manejar un auto ni llenar un cheque. Me hablan como si no los oyera o no los entendiera. La verdad, aquí lo confieso, es que oigo, pero no escucho. Será que no quiero.

Es cierto ─admito─ que mis ojos no funcionan tan bien como antes, que mis manos me tiemblan, que mis piernas se cansan y que la paciencia se me agota cuando me visitan nietos y bisnietos, pero aunque estoy viejo no soy incompetente. Conozco el día en que vivo y el desorbitante precio de las cosas: no me gusta, mas no lo ignoro.

Sé a la perfección cuánto me costará este viaje.

Tampoco por viejo hablo solo ni veo cosas que no están. Aún no. Distingo entre un recuerdo y la realidad, si bien cada vez me encuentro más atraído por los recuerdos que por la realidad. Repaso en la privacidad de mi mente quién dijo qué, quién se casó con quién, qué sucedió antes y qué después.

Revivo la dulce sensación de estar escondido entre las ramas altas de un nogal, estirar la mano, arrancar una nuez y partirla con el mejor cascanueces que he tenido: mis propios dientes. Oigo, huelo y siento cosas que son tan parte de mi hoy como ayer, y que brotan desde dentro. Alguien puede partir una naranja a mi lado, y al llegarme el aroma la mente me transporta a la cocina de mi mamá o a la huerta de mi papá. Los botes comerciales de leche quemada me recuerdan las manos incansables de mi abuela, que pasaba horas meneando la leche con azúcar sobre el fuego para que se quemara sin tatemarse.

El sonido de las chicharras y las abejas, que ahora se oye poco en la ciudad, me obliga a viajar a mi niñez, aunque ya no pueda correr. Todavía busco con el olfato algún indicio de lavanda y lo capto aun cuando sé que no es real. Al cerrar los ojos por la noche oigo el clunc del mosaico, las vigas de madera que truenan y los postigos que golpean, pese a que en mi casa de ciudad ya no tenga mosaicos sueltos ni vigas ni postigos. Me siento en mi casa, la que dejé en la infancia. La que dejé demasiado pronto. Me siento acompañado, y me gusta.

 

Sofía Segovia

Página Web de la autora.

Estudió Comunicación en la Universidad de Monterrey. Fue asesora de imagen y comunicación en campañas políticas de Nuevo León y ghostwriter de discurso político o social.

Prefiere la ficción a la realidad. Ha escrito tres guiones de comedia para el teatro local amateur. Desde el 2013 imparte talleres de creación literaria en

Fábrica Literaria y Literálika.

Su primera novela, NOCHE DE HURACÁN (2010), fue editada por CONARTE. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS (LUMEN 2015) se encuentra en todos los países de habla hispana. Por ésta, fue aclamada como el descubrimiento literario del año y estuvo en las listas de las novelas más vendidas del mundo hispano y en varias listas de las novelas favoritas en España. EL MURMULLO DE LAS ABEJAS fue nombrada novela del año por iTunes.

A fines del 2018 será publicada en inglés. HURACÁN, el remake de NOCHE DE HURACÁN, salió al público hispano en agosto del 2016.

El periódico EL Norte y la UDEM nombraron a Sofía en su lista anual de historias de éxito del 2015. El mismo año, la revista QUIÉN la nombró entre las 31 mujeres más influyentes de México. Ha sido oradora en diversos eventos y es miembro fundador de Tres y Contando, historias sin fronteras. Su nueva novela, PEREGRINOS, se publicará en LUMEN en abril del 2018.

Vive en Monterrey, México con su esposo, tres hijos y tres mascotas. Y lo confiesa: sin su barullo, no podría concentrarse para escribir.

Aquí les dejo una entrevista que le hizo Rainbook, canal literario a Sofía Segovia, donde habla de muchas anécdotas de cuando escribió el libro.

El Amor es Hambre

El Amor es hambre

Autor: Ana Clavel
Editorial: Alfaguara
Páginas: 162
Precio: $152 en Amazon,    $ 158 en Gandhi,    $ 179 en PénduloPorrúa
ISBN: 978-607-313-125-4

 

Sinopsis:

Ana Clavel, autora de Las Violetas son flores del deseo ofrece a sus lectores una novela erótica, plena de transgresión, con un tratamiento impecable.

Artemisa tiene unos cuatro años cuando sorprende a sus padres haciendo el amor. Ellos la incorporan, con alegría, al goce sensual: lamen su piel ungida con crema y frutas. Al morir sus padres, el padrastro de la niña va guiándola, con amor, sabiduría y sutileza, al encuentro de sus sensaciones, de su erotismo, del goce… cosa que ella siempre le agradecerá, incluso cuando va a verlo al hospital porque él cae gravemente enfermo y es operado hacia el final de la novela.

Artemisa se convierte en una joven liberal, desenvuelta, llena de ansias de explorar, las cuales satisface yéndose a un enclave turístico lleno de playas, sol, amantes y el encuentro con las delicias de la buena mesa. Ahí aprende esos secretos y otros muchos, desarrolla sus talentos, inventa, innova, explora, y eso la lleva a ser una gran chef y a abrir su propio restaurante, llamado Corazón de lobo. Todo esto mientras reflexiona sobre sí misma y sobre sus similitudes con otras mujeres nínficas: Alicia Liddell, Lolita o Caperucita Roja.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque al leer la contraportada vi que la protagonista se convierte en chef, y se me hizo interesante el giro erótico.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Bueno, con esta opinión quiero recordarles que es eso, solo mi opinión. No es una reseña, son mis impresiones sobre mi lectura.

No me gustó.

Para mi gusto, El Amor es Hambre No vale la pena.

La trama, en cualquiera de sus dos vertientes (gastronómica o erótica), no logró engancharme.

Comienza con la protagonista cuando es bebé y como sus padres la introducen a sus juegos eróticos. Ellos mueren, pasa al cuidado de sus padrinos y durante todo el libro, el padrino maneja un juego sensual con ella, que jamás acaba plenamente descrito, solo está en el ambiente. Esto la acompañará como una sombra que nubla todas sus relaciones.

Se emancipa de sus tutores, y a partir de allí cada capítulo será un amante diferente, con una experiencia culinaria especial.

El hilo de cómo fue que le agarró placer a la carne resulta burdo, y su «arte culinario» no lo pude apreciar en su esplendor. Sus descripciones de la comida y de sus relaciones amorosas no transmiten la sensualidad ni del bocado, ni del beso. No se me antoja salir a replicar la experiencia, como ya lo he hecho con muchos otros libros. Se queda corta.

Insisto que no me gustó, sin embargo, al buscar información de la autora, resulta que está muy bien calificada su novela Las Violetas son flores del deseo (2007) ¿ya la leíste? ¿la recomiendas? Me gustaría leer algo de ella que valga la pena. Acepto recomendaciones, aunque no tenga que ver con la comida. Se trata de una buena autora mexicana, que tuve el tino de elegir algo que no me hizo feliz.

¿quién debería de leer El Amor es Hambre?

Quienes anden en busca de autoras mexicanas, es un libro fácil de leer, ella utiliza un vocabulario sencillo, con capítulos cortos.
Si no eres exigente en las tramas, adelante.

Algo para recordar

Les quedo a deber algo para recordar

 

De la Autora – Ana Clavel

Ana Clavel se recibió de maestra en letras latinoamericanas por la UNAM. Durante sus primeros años, fue becaria del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del FONCA en 1982 y 1990 respectivamente.

Ana ha obtenido diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de Atar y el Premio de Novela Corta Juan Rulfo 2005 de Radio Francia Internacional, por su obra Las Violetas son flores del deseo (2007). Fue finalista del Premio Internacional Alfaguara en 1999 con su primera novela Los deseos y su sombra. Recientemente obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2013. Ha colaborado también con revistas y periódicos como Diluvio de pájaros, Dosfilos, El Cuento, El Independiente, El Nacional, El Universal, La Jornada, La Orquesta, Nexos, Letras Libres, Tierra Adentro y Unomásuno.

En sus libros reflexiona alrededor de temas como la fotografía, la identidad, la sexualidad y la fuerza del deseo. Desde su novela Cuerpo náufrago (2005), se ha caracterizado por abrir un escenario creativo que vincula la narrativa con formatos multimedia como fotografía y video, que es posible apreciar en su página web. A estas ramificaciones que toman como punto de partida y de llegada a la obra literaria propia, Ana Clavel las ha denominado como «transliteratura». Un ejemplo de ello es su propuesta multimedia más reciente que conjunta instalación y video: En todo corazón habita un bosque / Enramadas de ‘El amor es hambre’, a partir de su novela El amor es hambre, en exhibición en el Centro Cultural Tijuana en 2017.

En 2015 se publicó en el Reino Unido el libro de Jane Elizabeth Lavery, The Art of Ana Clavel. Ghosts, Urinals, Dolls, Shadows and Outlaw Desires, en el que la investigadora inglesa estudia la obra literaria y multimedia de Ana Clavel, calificándola como «escritora multimedia».

En 2017 la editorial Alfaguara publicó su libro de ensayo Territorio Lolita, un estudio sobre el arquetipo y el estereotipo de la nínfula en la literatura, las artes y la cultura de nuestros días.

Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA en varios periodos.

Libros de la autora

Novela

Los deseos y su sombra (2000)
Cuerpo náufrago (2005)
Las Violetas son flores del deseo (2007)
El dibujante de sombras (2009)
Las ninfas a veces sonríen (2013)
El amor es hambre (2015)
Breve tratado del corazón (2019)

 

Ensayo

A la sombra de los deseos en flor. Ensayos sobre la fuerza metamórfica del deseo (2008)
Territorio Lolita (2017)

 

Cuento

Fuera de escena (1984)
Amorosos de atar (1991)
Paraísos trémulos (2002)
Amor y otros suicidios (2012)
CorazoNadas (2014)