Asalto a las Panaderías

Y bueno, estoy de regreso tan pronto con ooootro libro…porque este está chiquilín. Tiene 62 paginas, de las cuales 20 contienen ilustraciones.

Muy bellas ilustraciones elaboradas por Kat Menschilk.

Asalto a las Panaderías

Autor: Haruki Murakami
Editorial: Libros del Zorro Rojo
Impreso en Barcelona
Año: Nov 2015
Páginas: 62
Precio: Amazon $328, Gandhi $281, El Sótano $ 300  y Porrúa $335

ISBN 978-987-1948-63-5

 

Sinopsis:

Cuchillo en mano, avanzamos por la calle a paso lento. Igual que en Solo ante el peligro. Los proscritos que van a enfrentarse a Gary Cooper. A medida que nos acercábamos aumentaba el olor del pan horneándose. Cuanto más intenso era el olor, mas de inclinaba la pendiente que nos conducía al mal.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por el puro nombre. Asalto a las Panaderías. Lo sé, es temerario, pero puse todas mis esperanzas que fuera textual, que la trama girara alrededor del robo en una panadería japonesa. Así fue. Además, estamos hablando de toda una figura, el autor Haruki Murakami.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Muy bueno: Acabadito de llegar a Gandhi me topé con este mini-libro, que contiene dos cuentos separados por cinco años en su publicación. Dos cuentos en uno. Se trata de un par de jóvenes que una noche salen resueltos a acabar con el hambre que los aqueja (tremenda, dolorosa, angustiante hambre). Van cuchillo en mano con la idea de matar al que se interponga entre ellos y el pan. Para mi gusto, milagrosamente la historia toma un giro que le deja un hueco en el estómago al protagonista.
Años después (en el segundo cuento), el mismo protagonista, la misma angustiante hambre y el pan vuelven a salir a flote.
Cuento para adultos, que en una noche de insomnio como la que pasé ayer, te lo lees.

 

Algo para recordar:

Perdónenme, es tan corto el libro, que retomaré el texto que aparece como sinopsis.

Cuchillo en mano, avanzamos por la calle a paso lento. Igual que en Solo ante el peligro. Los proscritos que van a enfrentarse a Gary Cooper. A medida que nos acercábamos aumentaba el olor del pan horneándose. Cuanto más intenso era el olor, mas de inclinaba la pendiente que nos conducía al mal.

 

Del Autor, Haruki Murakami

Aunque nació en Kioto, vivió la mayor parte de su juventud en Hyogo. Su padre era hijo de un sacerdote budista y su madre de un comerciante de Osaka. Ambos enseñaban literatura japonesa.

Desde la juventud Murakami estuvo muy influido por la cultura occidental, en particular, por la música y literatura. Creció leyendo numerosas obras de autores estadounidenses, como Kurt Vonnegut y Richard Brautigan. Son esas influencias occidentales las que a menudo distinguen a Murakami de otros escritores japoneses.

Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda (Soudai), donde conoció a su esposa, Yoko. Aunque no iba a la universidad apenas, trabajaba en una tienda de discos en Shinjuku (tal como uno de sus personajes principales, Toru Watanabe de Norwegian Wood) y pasaba mucho tiempo en unos bares de jazz en Kabukicho, Shinjuku. Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz Peter Cat (El Gato Pedro) en Kokubunji, Tokio, que regentó junto con su esposa desde 1974 hasta 1981. La pareja decidió no tener hijos en parte porque «no tengo la confianza, que la generación de mis padres tuvo después de la guerra, de que el mundo seguiría mejorando.»

 

Otras Obras del Autor

1985 El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas(2009, Tusquets)
1987 Tokio blues (Norwegian Wood) (2005, Tusquets)
1988 Baila, baila, baila (2012, Tusquets)
1992 Al sur de la frontera, al oeste del sol (2003, Tusquets)
1995 Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2001, Tusquets)
1999 Sputnik, mi amor (2002, Tusquets)
2002 Kafka en la orilla (2006, Tusquets)
2004 After Dark (2008, Tusquets)
2009 1Q84 (2011, Tusquets)
2013 Los años de peregrinación del chico sin color (2013, Tusquets)
2017 La muerte del comendador (2018, libro 1; 2019, libro 2; Tusquets)

Corazón de Pan

A mi padre, en su 15vo. aniversario luctuoso.

 

Poza Rica Veracruz, 1971

 

Papá no fue de besos y abrazos, o por lo menos, no con sus hijas. Lo aprendió en casa de los abuelos, donde las caricias brillaron por su ausencia. Pero se transformó cuando nació Miry, su primera nieta. Entonces fumaba tres cajetillas de cigarros al día, y cuando mi hermana mayor le prohibió agarrar a la nieta, por temor a que fuera a quemarla (a veces no tenía conciencia que traía el cigarro prendido en la mano), de la noche a la mañana dejó de fumar solo para seguir apapachándola.

Y en efecto, en mi infancia papá fue buen proveedor, pero un padre ausente. Estaba casado con su trabajo, con jornadas de doce horas, encargado de mantener funcionando los caminos y carreteras hacia los pozos petroleros. Frecuentemente se nos desaparecía los fines de semana, para darle una vuelta a sus cuadrillas de trabajadores.

Así sucedió aquel domingo, a principios de los años setenta; dando medio día papá agarró camino y nosotras también. Mamá nos subió al carro -cuatro hermanas, la nana Chila y motita la perrita-, y enfiló a casa de la comadre Villareal. Amábamos esa casa, con su enorme jardín donde podíamos correr a nuestras anchas. Estuvimos allí toda la tarde, y las comadres platica y plática. Ya bien entrada la tarde regresamos a casa.

Cual sería nuestra sorpresa encontrar a papá en la cocina. Vestía su clásica camiseta blanca de cuello redondo, su short de cuadritos azul pastel con amarillo y sus chanclitas color beige. Las manos blancas con trozos de masa aún pegados en sus dedos. Tenía harina hasta en las orejas. Cargaba una de las ocho latas de pan que había elaborado mientras nosotras estábamos ausentes.

Acomodó latas con pan sobre las hornillas de la estufa, los rectángulos de masa hojaldrada perfectamente cortados, coronados con glaseado real; mientras que, sobre la mesa del desayunador estaban las latas con los cuellos redondos, delicadamente bañados en azúcar.

Parecía escena irreal, las seis paradas en la entrada de la cocina con la boca abierta, observándolo.  La motita ladraba alegremente.

Como solo el solía hacerlo, en cuanto llegamos, puso la lata en la mesa, se lavó las manos y le ensartó a mi madre la labor de hornear el pan. Para su buena suerte, ella sabía del asunto y tomó la batuta. Papá se encaminó a su recámara.

Cuando el olor del pan comenzó a inundar toda la casa, no lo podíamos creer. En las labores del hogar, papá era tan, pero tan inútil, que no sabía siquiera donde se guardaban los vasos. Siempre había que servirle. ¿Cómo le hizo aquella tarde para conseguir todo lo que ocupó para trabajar? Los ingredientes estaban en la alacena del pasillo, las latas y la báscula en la bodeguita del patio, saliendo de la cocina. ¿Y cómo prendió el horno?

Después de un rato en el horno, las piezas de pan estuvieron listas. Esperé lo mínimo indispensable para probar los Conde. Claramente se veían las capas de hojaldre y el glaseado real se había tornado crujiente. Una cascada de sabor inundó mi boca con la primera mordida. Agarramos un platito -bajo amenaza de mi madre, si llenábamos su recámara de migajas- y nos fuimos a ver a papá, para que nos contara porqué se había puesto a hacer pan.

Esa tarde cuando regresó, encontró la casa vacía, ni la motita estaba. Se metió a bañar, se acostó en la cama -seguramente goteando, como acostumbraba-, prendió la tele sin sonido… y se sintió solo. Comenzó a pensar en Culiacán, en su familia, en la dura infancia que le tocó vivir como hijo de panadero, en las latas que tenía que hacer cada día antes de irse a la escuela ¿Cuántas? ¿cinco o diez? Odiaba los suspiros, se le entumecía el brazo de tanto batir claras, pero le gustaba hacer masa hojaldrada, la técnica era un reto. ¿Cuántos años tenía que no hacía pan? ¿cuarenta? ¿Cuánto de harina y mantequilla? Y cuando se dio cuenta ya estaba paloteando.

Mi abuelo tuvo nueve hijos, seis hombres y tres mujeres. Los hombres tenían que ayudar en el negocio. Cada hijo tenía un número de latas de pan que hacer antes de irse a la escuela. El abuelo Chuy fue un hombre estricto, pero tuvo a bien permitir que sus hijos estudiaran, mi padre fue el mayor y abrió brecha para que sus hermanos siguieran el camino.

Hace poco le pregunté a mamá si antes de aquel día él se había puesto a hacer pan. Me contestó que jamás. Ella no sabía que papá era capaz de elaborar tan deliciosas piezas. Hace quince años que mi padre falleció, muy seguido lo recuerdo. Como cualquier ser humano, estaba lleno de defectos, pero también tenía un lado bueno, escondido entre la harina y el azúcar, un Corazón de Pan.

 

Hechizo en Palacio

Hechizo en Palacio

Autor: Estela Roselló
Editorial: Ediciones SM
Impreso en México
Año: 2013
Páginas: 143
Precio:  Porrúa $125 y  Mercado libre $107

ISBN: 978-607-24-0608-7

Sinopsis:

Doña Ana es la dama de compañía y mejor amiga de doña Blanca, la virreina; ambas tienen doce años. Una semana antes de la fiesta más importante del año, doña Ana es víctima de un hechizo que la hace perder su hermosa voz. Así empieza una aventura en la que las dos chicas, acompañadas de Catalina, tratarán de recuperar la voz de Ana. En esta historia el lector podrá conocer rincones, lugares y la vida cotidiana de la Nueva España en el siglo XVII.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Recomendación de mi maestra PATRICIA LÓPEZ que me dio el curso Mujeres y Culinaria en la Historia de México.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo):

Muy bueno: en el entendido que se trata de una novela juvenil histórica (situada en la Nueva España siglo XVII) rica en detalles de la vida cotidiana de la época.
Con un par de protagonistas (doña Ana y doña Blanca) dulces, castas y honestas que se enfrentan a las obscuras fuerzas de la brujería.
Por supuesto se trata de un libro muy fácil de leer.

 

Algo para recordar:

En el Convento

Así habían sucedido las cosas antes de que doña Ana perdiera la voz. Ahora, en el carruaje real, Cata y su niña recorrían las calles de la ciudad, a toda prisa, para llegar al convento de Santa Clara. La dama de la corte era muy amiga de las novicias que vivían allí. Muchas de ellas la conocían y la querían desde niña.

En el camino Ana se había recostado en el hombro de su nana y había cerrado los ojos. La negra la abrazó y le fue haciendo mimos. El amor de su nana la había acompañado toda la vida y ahora, en medio de tanta tristeza, recibía los cariños de la negra y los correspondía.

Catalina cubrió a su niña con el rebozo que llevaba puesto. El gesto hizo que Ana se sintiera reconfortada, segura. Una tímida sonrisa apareció en su rostro, casi al instante.

Llegaron al convento y la hermana portera, sor Mariana de los Ángeles, les abrió con rapidez.
─ ¡Doña Ana, qué gusto verla! Pase, pase, por favor. Qué tal, Catalina, ¿cómo le va? Supongo que vienen a ver cómo van los preparativos del banquete. Ahora mismo llamo a la madre superiora. Vengan conmigo a la capilla, allí estarán más cómodas. Adelante.

Ana y su nana agradecieron a sor Mariana y pasaron a la capilla, un recinto pequeñito y acogedor en el que resplandecían los retablos de oro. Allí cada una se persignó y arrodilló frente a un hermoso altar con la imagen de María Inmaculada. Ana tenía un nudo en la garganta.

Se sentía francamente desolada. Pidió auxilio a la Virgen y le suplicó ayuda. A lo lejos se oían algunos susurros: eran las monjas rezando el final del rosario de las dos de la tarde.

A Ana le gustaba mucho visitar a sus amigas. Estar en el convento le daba paz y alegría. Siempre que entraba a su casa encontraba alguna sorpresa; las jaulas de los pájaros tenían algún habitante distinto o había un nuevo árbol frutal en la huerta. A veces, algunas hermanas cantaban salmos que resonaban en el coro bajo.

El perfume de las flores de la capilla ─ nardos, rosas, azahares ─, el aroma de la cera de las veladoras, la esencia de la madera de las bancas y esa penetrante fragancia del almidón con el que las monjas arreglaban sus hábitos. Todos esos olores daban origen a una mezcla dulzona que Ana disfrutaba enormemente apenas entraba al convento.

Algunas de las monjas eran sus primas, otras eran hijas de amigos de sus padres. Para Ana resultaba difícil creer que ninguna de ellas volvería a salir de ese lugar. Las admiraba y sentía una enorme gratitud porque dedicaban su vida a pedir por la salvación de los habitantes de la ciudad y del reino.

Después de un rato en la capilla, Ana y la negra comenzaron a oír voces, risas y pasos que se acercaban al pequeño templo. Se trataba de las monjas que habían finalizado su rezo y acudían a encontrarse con la dama de la Corte y su nana. Siempre las recibían con gusto y emoción.

─ ¡Ana! ¡Qué alegría! ─saludó la madre superiora, una mujer madura, seria y cordial─ ¡Y qué sorpresa! Supongo que estos días no debes tener mucho tiempo para nada. ¿Qué tal van los preparativos para el matrimonio? La noticia nos ha llenado de júbilo a todas. Ya estamos rezando mucho por ti y por don Pedro, así como por la hermosa familia que seguramente formarán.

También las demás monjas abrazaron a su amiga y la felicitaron con gran emoción. Las novicias hablaban al mismo tiempo y pedían a la futura esposa que les contara cómo era el ajuar, qué habría en el banquete, que flores había escogido para adornar la Catedral. Ana no estaba animada en absoluto, pero hizo un gran esfuerzo por fingir un poco, pues no quería romper en llanto ante la calurosa bienvenida de sus amigas.

Catalina pensaba que eso que había dicho a la madre superiora sobre el rezo por su niña estaba muy bien, aunque ahora, antes que por su matrimonio, las monjas deberían comenzar a rezar por derrotar a Satanás. ¡Había que encontrar cuanto antes la voz perdida de Ana!
─ Y a usted, doña Cata, ¿cómo le va? Seguramente querrá probar un poquito de los guisos y los dulces que ya tenemos listos para la fiesta de la virreina. Las hermanas se están esmerando muchísimo. Ya verán que sabroso les está quedando todo ─dijo orgullosa la madre superiora.
─ No lo dudo, madre. Y qué bueno que habla de los dulces porque quiero encargarle, muy especialmente, que preparen algunos suspiros; ya ve que son el postre favorito de mi querida amiga y señora. ¿Será posible? ─preguntó Ana intentando distraerse de su propia preocupación.
─ Por supuesto, Ana. Ya habíamos pensado en los suspiros. Pero vengan, a esta hora sor María de los Reyes ya debe de haber preparado el chocolate. Tómense una tacita con nosotras.

Ana, Catalina y las monjas caminaron rumbo a la cocina. La dama de la Corte apenas podía con su alma. Necesitaba relatar a las monjas lo que le ocurría, pero no sabía cómo. Cuando llegó a la cocina se sintió complacida porque era muy antojadiza.

De entre todas las cocinas que conocía, la del convento de Santa Clara era sin duda su favorita. Los azulejos de talavera que cubrían las paredes le gustaban mucho porque le recordaban la cocina de la casa de su abuela, en Puebla. De niña había pasado mucho tiempo en aquel lugar, descifrando qué animales y flores tenían pintados los mosaicos.

Ana sentía que levitaba con los olores que despedían las cazuelas de las monjas. La mezcla del piloncillo con la canela, el picante de las salsas unido al dulce del chocolate, el perfume de las almendras, los piñones y las nueces. Si los olores le parecían deliciosos, la variedad de colores que se reunían en aquel sitio le parecían muy agradables.

Chiles verdes, rojos y pardos, tortillas moradas y blancas, garbanzos dorados, habas amarillas, frijoles negros que contrastaban con las calabazas naranjas y ocres; ollas de cobre de todos los tamaños, cazuelas de barro, palas y cucharones de madera, todo como escenario de fondo para los fogones en donde se cocinaban los deliciosos platillos que las monjas se esmeraban en guisar con mucho cuidado.

Aquella tarde la cocina del convento bullía de actividad. Las hermanas no paraban de trabajar desde hacía varios días. Todas se esforzaban para agradar a su amiga la virreina el día de su cumpleaños. Sor Marina de la Cruz era la encargada de organizar los preparativos para el banquete. Fue ella quien recibió a la madre superiora, Ana y Catalina cuando llegaron a la cocina. Detrás de una cazuela de barro y moviendo el cucharón, sor Marina dijo:
─ ¡Ana! ¡Qué alegría que hayas venido! Ven, ven prima, que quiero que pruebes el adobo almendrado que acabamos de hacer. Es una vieja receta que ahora hemos perfeccionado. ¡Prueba qué rico está! ¡Ve nada más cómo nos ha quedado de bueno!

Las novicias y las hermanas eran cariñosas, dulces y muy hospitalarias; cada vez que la dama llegaba al convento, no escatimaban en ofrecerle todo tipo de dulces para agradarla y consentirla.
─ Se ve todo exquisito, Marina. Estoy segura de que la virreina estará feliz. ¡Con lo golosa que es!
─ Doña Cata, pruebe esto, que estoy segura de que nunca ha comido una salsa así. Venga, venga, acérquese. Le doy una tortillita para que se sirva un poquito ─ofreció Marina a la nana.

Después de que Ana y Cata comieron de todo, sor Mariana de los Ángeles, la más joven de todas las monjas del convento, preguntó:
─ ¿Y cómo van los preparativos del recital, doña Ana?

 

 

De la Autora, Estela Roselló

 

Nació en 1973 en la ciudad de México. De niña le gustaba escuchar las narraciones de su abuela, estudió Historia, materia en la que es una destacada especialista.

En 1997 recibe la medalla Gabino Barreda, por el mejor expediente académico (UNAM)

Escolaridad

El Colegio de México (1999 – 2005)
• Doctor en Historia por el Centro de Estudios Históricos. Tesis: “Así en la Tierra como en el Cielo. Manifestaciones cotidianas de la culpa y el perdón en la Nueva España de los siglos XVI y XVII.”, 2005
• Maestra en Historia por el Centro de Estudios Históricos, 2001

Universidad Nacional Autónoma de México (1994-1997)
• Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras. Tesis: “La cofradía de negros de San Benito de Palermo. Una ventana a la tercera raíz”. Graduada con Mención Honorífica y con la Medalla Gabino Barreda al mérito académico.

Trayectoria académica

• Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I.
• Quince años de experiencia en investigación (1994-2009)
• Seminario sobre la Historia de la vida cotidiana, dirigido por la Dra. Pilar Gonzalbo, 2001-hoy
• Seminario Historias de vida. Aproximaciones desde la historia cultural, dirigido por el doctor Raffaele Moro, CEMCA, 2008-hoy.
• Proyecto de investigación con apoyo de CONACYT para investigadores en proceso de Consolidación SNI 1, “Culturas y universos femeninos en la Nueva España”. Octubre 2008-octubre 2009.

Sobre su libro Hechizo en Palacio, la autora comenta: Yo le tengo mucho cariño, y me parece que puede ser útil para que los niños aprendan historia de la vida cotidiana de la Nueva España. Todo lo que está allí tiene gran relación con mis investigaciones académicas, con lo que he visto en los archivos y con lo que sé sobre esa sociedad, a la que he dedicado gran parte de mi trabajo de investigación.

 

Otras obras de la autora

  • Enfermar y curar, 2017
  • Los remedios de Manuela la Chapulina, Guadalajara, Infolectura, 2012.
  • La sociedad novohispana. Vivir y compartir, México, Random House, 2007.
  • Presencias y miradas del cuerpo en la Nueva España. México: UNAM, en prensa 2011
  • El secreto de la Nana Jacinta, México: SM Ediciones, 2010.
  • Historia II (nueva serie), México, SM, 2008.
  • Vivir y compartir. México, Random house, 2007.
  • Historia I (nueva serie), México, SM, 2007.
  • Así en la Tierra como en el cielo: manifestaciones religiosas de la culpa y el perdón en los siglos XVI y XVII en la Nueva España, México, El Colegio de México, 2006.

Chileatole

Hace dos semanas probé por primera vez el Chileatole Verde, y fue hasta entonces que me dio por investigar de donde es originario y todas sus variantes. El Chileatole es de origen prehispánico y básicamente se trata de un caldo de elote y chile (poblano, serrano o jalapeño) espesado con masa. Se prepara en varios […]

Caldillo Norteño

Caldillo Norteño

El Caldillo Norteño se describe como caldo con abundante carne y verduras, y se preparan infinidad de versiones en todos los estados del norte de la república mexicana. Bien puedes ocupar carne fresca en trozo o carne seca en tiras o en machaca.

Cuando yo era niña mi mamá hacía un Caldillo Norteño que llevaba además de carne machaca, hilillos de huevo revuelto (pronto subiré la receta); este que presento es muy sabroso porque lleva muchas verduras.

Recomiendo que si el caldillo lo van a comer niños, solo le pongas ½ pieza de chile poblano.

Va la receta

Caldillo Norteño

Caldillo Norteño

Ingredientes:

100 gramos de carne machaca
½ Cebolla asada
1 diente de ajo
3 jitomates asados
1 taza de Ejotes en tercios
1 papa grande, en cubos pequeños
1 chile poblano, limpio y en cubos
1 calabaza grande, en cubos
2 tazas de caldo de pollo, de res o de verduras.
c/s Aceite
c/s Sal y pimienta

Caldillo Norteño

Procedimiento:

Comienza por asar los jitomates y la cebolla. Los jitomates los colocas directamente sobre la hornilla y les vas dando vuelta hasta que estén bien tatemados. Para la cebolla, envuélvela en papel de aluminio y sobre la hornilla. Quita la piel quemada y junto con el ajo, licúalo muy bien. Reserva.

En una olla con aceite caliente agrega la salsa de jitomate y la carne machaca.

Deja que hierba un par de minutos a fuego bajo. Agrega entonces la papa y los ejotes.

Debe de hervir un par de minutos más antes de que añadas las calabacitas.

Agrega el caldo y cocina hasta que la verdura esté cocida. Checa que tenga sal suficiente. Entonces añade el chile poblano picado y apaga.

Opcional puedes añadir al Caldillo Norteño cuadros de queso panela en el plato antes de servir la sopa.

Caldillo Norteño

México y su Cocina Dietético Vegetariana

México y su Cocina Dietético Vegetariana

Autor: María Alonso Viuda de Culbeaux
Editorial: Edición de la autora.
Lugar y Año de la publicación: México 1971
Páginas: 407

Precio: $ 400-850 Mercado Libre México, $250 Librería Luz de Morelia y $280 VIA LIBROS
ISBN: no aplica

Sinopsis:

Título en la cubierta: México y su cocina dietético vegetariana Recetario de cocina mexicana vegetariana, que no está sujeto estrictamente al régimen naturista, sino que busca -según intención explícita de su autora- un lugar intermedio entre el carnivorismo y el naturismo. El recetario está precedido por dos secciones dedicadas a aspectos generales de la dieta y la alimentación y completado con consejos alimenticios para niños y jóvenes y recomendaciones médicas.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Este es el primer libro de cocina mexicana vegetariana y fue publicado apenas alrededor de 1970. Para mi buena suerte, llamó mi atención, y tan pronto como lo vi, me lo compré. Es un buen libro.

La primera parte, Teoría de la Alimentación, trata temas como las propiedades de la miel y del trigo, la importancia de algunas frutas y verduras.

La segunda parte se refiere a las vitaminas, las compatibilidades y las incompatibilidades

La tercera parte la dedican a recetas. Viene por abecedario (acelgas, aguacate, albóndigas, alcachofas, apios, etc.

La cuarta parte dedicada a los niños, y la quinta, son recetas medicinales y consejos.

 

Mi opinión:

Este libro me gusta mucho. Tiene una buena cantidad de consejos, y por supuesto sus recetas son aterrizables. Esto es, que, si sigues al pie de la letra las instrucciones, salen recetas muy interesantes…porque siempre son vegetales. Considera recetas de la mayoría de las verduras que se cosechan en México.

Aunque está pensado para personas veganas, haciendo unos cuantos ajustes, logras maravillas (no aumento proteína pero si uso caldo de pollo para las recetas)

 

De la Autora, María Alonso viuda de Culbeaux:

No encontré información

 

Autor Otras Obras:

No encontré información

Cuernos de Almendras

Los Cuernos de Almendras forman parte del repertorio de mi madre, pequeñas y delicadas, como a ella le gustan. Se desbaratan en la boca y se antojan con una taza de café por un lado.

tienen suficiente mantequilla como para que no se peguen mucho, igual es preferible engrasar ligeramente las latas.

No omitas la azúcar pulverizada (glass) porque la masa casi no lleva dulce. Lo necesitará.

Va la receta

Cuernos de Almendras

Cuernos de Almendras

Ingredientes:

460 gramos de mantequilla
250 gramos de almendra picada finamente
4 cucharadas de azúcar pulverizada (glass)
3 ½ taza de harina
¼ cucharadita de sal

Procedimiento:

Bate la mantequilla con el azúcar hasta que esponje. Agrega la sal y la almendra.

Poco a poco añade la harina.

Cuando se separe del recipiente, estará lista

También se puede hacer a mano, Volcán de Harina, sal y almendra. Al centro mantequilla y azúcar. Ve integrando los ingredientes poco a poco.

Primero haz bolitas uniformes. Ya sabes la teoría de mi madre, entre más chiquitas las galletas, se ven más delicadas y finas.

Precalienta el horno a 170 grados centígrados.

Coloca los Cuernos de Almendras en una charola ligeramente engrasada. Estas galletas no crecen, por lo que podrás ponerlas muy cerquita.

Hornéalos a fuego bajito hasta que tengan la parte de abajo dorada (deben de quedar mas bien blancas).

Saca la charola del horno y transfiere las galletas a una rejilla o a una superficie de mármol.

Pasa los cuernitos por azúcar glass.

Los cuernitos son delicados, guárdalos en recipiente hermético, te duran varias semanas.

Cuernos de Almendras

Enchiladas Mineras

Enchiladas Mineras

Ayer amanecí con antojo de Enchiladas Mineras.

Las Enchiladas Mineras son oriundas del estado de Guanajuato y su origen es confuso. Algunos señalan que se remonta a la época de oro de los Reales de Minas, cuando los españoles radicaban en el estado, en plena conquista; otros, que su creación es reciente, y que fue una señora la que comenzó a venderlas en las noches en la puerta de su casa. De una u otra forma, las Enchiladas Mineras son muy famosas y consideradas el antojito más típico del estado.

Todo porque el lunes, como ya les he contado, a un par de cuadras de mi casa se pone un tianguis para los jubilados de CFE. Nos traen quesos de Zacatecas, Michoacán e Hidalgo.

Para las Enchiladas Mineras se requiere queso fresco que se desmorone. Y nada mejor que hacerlas cuando el queso está fresquito.

Para cuando me hice de los ingredientes, en lugar de desayuno fue almuerzo. Valió la pena. Lo ideal para estas enchiladas es tener todo preparado antes de freír las tortillas, de lo contrario comerás helado. Y como están rellenas de queso fresco sobre lechuga, imposible calentar en microondas. Deben de comerse acabadas de armar.

Va la receta

Enchiladas Mineras

Enchiladas Mineras

Ingredientes

(para dos personas)

6 tortillas

Ingredientes para la salsa:

100 gramos de chile guajillo
1 ajo
1 pizca de comino

Ingredientes para el relleno:

Queso ranchero
3 cucharadas de cebolla bien picadita

Ingredientes para el adorno:

Lechuga
1 papa grande
1 zanahoria grande
Queso desmoronado

Procedimiento:

Para hacer la salsa:

a) Quita semillas y venas de los chiles
b) En un comal caliente asa los chiles ligeramente. No se deben de poner negros porque amargan.
c) Sumerge los chiles asados en agua, escurre.
d) Pon a cocer por veinte minutos los chiles en agua que los cubra, fuego medio.
e) Licua los chiles con el agua en la que hirvieron, por un par de minutos hasta que la salsa quede muy bien licuada. Si tu licuadora no tiene suficiente potencia, es mejor que cueles la salsa antes de freírla
f) En una cucharadita de manteca, fríe la salsa a fuego bajo. Tápala porque la salsa de chile seco generalmente salta mucho. Si es necesario, añada un poco más de agua.
g) Añade sal (yo utilicé un cuadrito de consomé de res) y comino molido.
h) La Salsa debe de quedar ligera.

Para las verduras

a) Parte en cuadritos pequeños la papa y la zanahoria
b) Tienes dos opciones para que se cuezan: 1. Hervidas 2. Al vapor (yo prefiero este último método). Las verduras deben de quedar firmes, no sobrecocidas.
c) Reserva

Para el relleno:

Revuelve Queso desmoronado con la cebolla bien picadita. Reserva

Para armar el plato:

Sumerge las tortillas en la Salsa, escurre el exceso.

Fríe las tortillas en manteca.

Rellénalas rápidamente y en la misma grasa fríe las papas y zanahorias.

Pon la lechuga como base y encima acomoda las enchiladas. Por encima cubre con las verduras fritas y espolvorea con el queso desmoronado.

¡Buen Provecho!