La Sociedad Literaria y del Pastel de Cáscara de Papa de Guernsey

Autoras: Mary Ann Shaffer y Annie Barrows
Editorial: RBA
Páginas: 303
Precio:  $ 390 Amazon,  $ 210 Gandhi,  $ 390 El Sótano,   $ 390 Porrua,

ISBN: 978-84-9867-469-9

 

Sinopsis:

En un Londres devastado por las bombas y que empieza a recuperarse de las terribles heridas de la Segunda Guerra Mundial, Juliet Ashton, una joven escritora en busca de inspiración novelesca, recibe la carta de un desconocido llamado Dawsey Adams. El hombre, que vive en la isla de Guernsey, un pequeño enclave en el canal de la Mancha, está leyendo un libro de Charles Lamb que había pertenecido con anterioridad a Juliet. ¿Cómo ha llegado ese ejemplar hasta Guernsey? ¿Por qué Dawsey decide ponerse en contacto con Juliet?

Dawsey es miembro del club de lectura La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guernsey, creado en circunstancias difíciles durante la contienda, una rareza en tiempos de la ocupación alemana. Cuando Juliet acepta la invitación de estos excéntricos lectores para visitar Guernsey, entiende que ellos y su increíble sociedad literaria serán los personajes de su nueva novela, y su vida dará un vuelco para siempre.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Por el puro título (Pastel de Cáscara de Papa) ya tenía un lugar en mi blog. Y a eso añadan que es un regalo de mi amiga y profesora, Patricia López (muy agradecida por el obsequio). Y si lo confieso, se me antojó el Pastel de Cáscara de Papa. Oh desilusión cuando me percaté que ni en el libro ni en la película valía la pena obtener la receta (jajajjjjja),

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno: La historia se desarrolla en el Canal de la Mancha, específicamente en la isla Guernsey cuando recién acaba la Segunda Guerra Mundial.

La protagonista, Juliet Ashton, escritora inglesa con cierto prestigio, reconocida por ensayos escritos durante la Guerra, anda en busca de una nueva historia, cuando cae en sus manos la carta de un miembro de la Sociedad Literaria y del Pastel de Cáscara de papa (SLPCP).

Todo el libro es un intercambio de cartas.

Y así, en ese intercambio entre la escritora y los miembros de SLPCP nos vamos enterando de las vidas y obras de los protagonistas, hasta que finalmente Juliet los visita y se vuelve parte de este grupo. En la película, se invita sola, y estando en la isla se hace parte de este grupo.

Como quiera que sea, conocer las historias de como estas personas viven la ocupación nazi, es conmovedor.

Vale mucho la pena leer el libro y complementarlo viendo la película. Me encantó ponerle rostro al libro. Y otra cosa que no puedo dejar de mencionar es que, es un libro que habla de libros y que te motiva a investigar sobre los escritores a los que se refiere. En fin, me gustó mucho.

 

Algo para recordar

Les dejo la 1era carta, con la que la SLPCP se pone en contacto por primera vez con la escritora Juliet Ashton

12 de enero de 1946
Señorita Juliet Ashton
81 Oakley Street
Chelsea
Londres SW3

Estimada señorita Ashton:

Me llamo Dawsey Adams y vivo en una granja en la parroquia de St. Martin’s Parish en Guernsey. La conozco porque tengo un viejo libro que una vez le perteneció, Ensayos escogidos de Elia, de un autor que en la vida real se llamaba Charles Lamb. Encontré su nombre y dirección escritos en la cubierta interior del libro.

Seré claro: me encanta Charles Lamb. El libro dice Ensayos escogidos, así que supongo que debe de haber escrito otrascosas entre las que escoger. Me gustaría leerlo, pero a pesar de que los alemanes ya se han ido, no ha quedado ni una librería en Guernsey.

Querría pedirle un favor. ¿Puede mandarme el nombre y la dirección de alguna librería de Londres? Me gustaría pedir por correo más libros de Charles Lamb. Tambien querría preguntar si alguien ha escrito alguna vez la historia de su vida, y si lo han hecho, si me pueden mandar un ejemplar. Debido a su brillante y aguda inteligencia, creo que el señor Lamb debe de haber tenido una vida muy triste.

Charles Lamb me hizo reír durante la Ocupación alemana, sobre todo cuando escribió eso del cerdo asado. La Sociedad Literaria y el Pastel de Piel de Patata de Guernsey nació por un cerdo asado que tuvimos que esconder de los soldados alemanes, así que me siento cercano al señor Lamb.

Siento molestarla, pero todavía lo sentiría más si no conociera nada de él, ya que su obra me ha hecho considerarle amigo mío.

Esperando no haberla molestado,

Dawsey Adams.

P.D. Mi amiga la señora Maugery compró un folleto que una vez también le perteneció a usted. Se titula ¿Existió la zarza ardiente? Una defensa de Moisés y los diez mandamientos. Le gustó la nota que usted escribió en el margen, “¿Palabra de Dios o control de masas?”.

¿Al final decidió?

 

De las Autoras

Mary Ann Shaffer

Mary Ann Shaffer es una escritora estadounidense nacida en Martinsburg, Virginia Occidental, en 1934 y fallecida en 2008.

Compaginó su amor por la literatura con su oficio de bibliotecaria,1 dependiente de librerías y editora. Un viaje a la isla de Guernsey, en el Canal de la Mancha, en 1976 la obligó a esperar en un aeropuerto durante horas por causa de la niebla, lo que la permitió leer Jersey Under the Jackboot, un libro de Reginald Maughan sobre la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Esto le sirvió de inspiración para una novela, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, acabado por su sobrina Annie. Mary Ann Shafffer falleció a causa de una enfermedad sin ver publicado este libro 😲👀😩

Annie Barrows

Escrita a cuatro manos. La iniciadora es Mary Ann Shafrer (West Virginia, 1934-2008), y su sobrina Annie Barrow (San Diego 1962) la que finalizó la historia a petición de su tía. Ambas has estado ligadas al mundo de los libros como editoras, bibliotecarias, libreras y, gracias a esta novela, también escritoras. Barrows además, es autora de libros infantiles.

En un viaje en el que Mary Ann quedó atrapada en Guernsey -una de las islas dl canal pertenecientes a Gran Bretaña-fue cuando la autora comenzó a preparar la novela. Una intensa niebla impedía el despegue de cualquier avión por lo que Mary Ann decidió pasar el tiempo indagando libros sobre la historia de la Isla durante la ocupación. Guernsey fue ocupada por las tropas alemandas durante la Segunda Guerra Mundial.

Años más tarde, a propuesta del club de lectura al que pertenecía, Mary Ann decidió escribir una novela sobre Guernsey. Por su debilitada salud encargó a su sobrina finalizar el libro y, así, surgió La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

Atole de Guayaba

Atole de Guayaba

¿Y qué sería de los tamales, si no tuvieran a su lado una humeante taza (o jarrito) de atole? No tienen idea la cantidad de veces que compré guayabas en el último trimestre (si, desde día de muertos) por el antojo atravesado de una taza de Atole de Guayaba. Son varios los atoles que me […]

Canción de Navidad

Canción de Navidad

Autor: Charles Dickens
Editorial: Clásicos Tomo
Páginas: 87
Precio:  $ 120 Amazon , $ 98 Gandhi,  $ 304 El Sótano,  $ 297 Péndulo  y   $ 165 Porrúa 

ISBN: 978-607-415-058-2

 

Sinopsis:

Cuento de Navidad (también conocido como Un Cuento de Navidad o Canción de Navidad) es un relato de fantasmas que ha gozado del favor del público desde el mismo momento de su aparición y es uno de los clásicos del genial Dickens. Este libro narra la inquietante noche que en la víspera de esta festividad pasa Ebenezer Scrooge, un anciano miserable y tacaño que es una de las más acabadas representaciones del avaro en la historia de la literatura y otro de los inolvidables personajes de la amplia galería de Dickens. La visita del espectro de su antiguo socio, Jacob Marley, hace desfilar ante Scrooge la visión de los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras intentando conmover su corazón. Algo va a cambiar. Con este tierno relato, el autor se propuso remover las conciencias de sus lectores y convencerlos de la necesidad de ser bondadosos y de practicar la caridad en un mundo injusto.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque además de lecciones de vida, lecciones familiares, también hay banquetes. La descripción de los manjares del siglo pasado.
La víspera de navidad a Scrooge se le aparece el espectro de su fallecido socio, quien le anuncia la visita de los tres fantasmas de la Navidad: el fantasma de la navidad del pasado, de la navidad del presente y la navidad del futuro. Todo con el propósito de que recapacite en su actuar y corrija sus errores.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno: Esta historia me es por demás conocida. Cientos de veces he visto la película (soy de las personas que cada navidad ve una y otra vez las mismas películas, las amo). Pero esta es la primera vez que me aventuro a leer a Dickens.

Tal y como es el filme, el libro es muy fácil de leer. A pesar de que usa uno que otro término ya en desuso, se entiende muy bien, además de lo cortita de la historia. Dickens es muy ilustrativo de escenas de la época, lo que convierte este texto en una joya. Es tan corto que no hay excusa para no leer en pocos días, y se acomoda muy bien en el itinerario del festejo, porque trae a colación el amor al prójimo, a la familia, a los desamparados y necesitados.

El amargado, tacaño, miserable de Scrooge se va transformando a lo largo del cuento, y acabas volviendo a tener fe en la humanidad.

 

Algo para recordar

Tercera Estrofa. El segundo de los tres Espíritus.

Cuando se despertó en medio de un prodigioso ronquido y se sentó en la cama para aclarar sus ideas, nadie podía haber avisado a Scrooge de que estaba a punto de dar la una. Supo que había recobrado la conciencia justo a tiempo para mantener una entrevista con el segundo mensajero, que se le enviaba por mediación de Jacob Marley. Pero sintió un frío desagradable cuando empezó a preguntarse qué cortina descorrería el nuevo espectro; por eso las recogió todas él mismo, se tumbó de nuevo y dirigió una cortante ojeada en torno a su cama. Quería plantar cara al espíritu cuando apareciera y no deseaba que le cogiera desprevenido porque se pondría nervioso.

Los caballeros del tipo poco ceremonioso, que se jactaban de conocer bien la aguja de marear a cualquier hora del día o de la noche, expresan su amplia capacidad para la aventura diciendo que son buenos para cualquier cosa, desde jugar a “cara o cruz” hasta cometer un asesinato; entre estas dos actividades extremas, que duda cabe, hay toda una amplia gama. Sin atreverme a decir otro tanto de Scrooge, no es equivocado pensar que estaba preparado para recibir una gran variedad de extrañas apariciones y que nada, desde un bebé hasta un rinoceronte, le habría cogido muy de sorpresa.

Ahora bien, al estar preparado para casi todo, en modo alguno estaba preparado para nada. Por consiguiente, cuando la campana dio la una y no apareció ninguna forma, Scrooge fue presa de violentos temblores. Cinco minutos, diez, un cuarto de hora, una hora…y nada. Todo ese tiempo permaneció tendido encima de la cama, que se había convertido en origen y centro del resplandor de luz rojiza que había fluido sobre ella cuando el reloj proclamó la hora; al no ser más que luz resultaba más alarmante que una docena de fantasmas porque él era incapaz de adivinar su significación y su propósito. En algunos momentos, Scrooge temió hallarse en el momento culminante de un interesante caso de combustión espontánea, sin tener el consuelo de saberlo. Sin embargo, al final acabó pensando ─como usted o yo hubiéramos pensado desde el principio, pues la persona que no está metida en el problema es quien mejor sabe lo que se debe hacer ─, al final, como decía, acabó pensando que tal vez encontraría la fuerte y el secreto de esta luz fantasmal en la habitación de al lado, donde parecía resplandecer. Cuando esta idea acaparó toda su mente, se levantó sin ruido y se deslizó en sus zapatillas hasta la puerta.

En el momento de asir la manilla de la puerta, una voz le llamó por su nombre y le ordenó entrar. Scrooge obedeció.

Era su propio salón, sin duda alguna, pero había sufrido una transformación sorprendente. El techo y las paredes estaban tan cubiertos de vegetación que parecía un bosquecillo donde brillaban por todos lados bayas chispeantes. Las frescas y tersas hojas de acebo, muérdago y yedra reflejaban la luz como si se hubiesen esparcido allí y allá numerosos espejitos, y en la chimenea rugían tales llamaradas como nunca había conocido aquel triste hogar petrificado en vida de Scrooge, de Marley, ni en muchos muchísimos inviernos atrás. En el suelo, amontonados en forma de trono, había pavos, ocas, caza, pollería, adobo, grandes perniles, lechones, largas ristras de salchichas, pastelillos de carne, tartas de ciruelas, cajas de ostras, castañas de color rojo intenso, manzanas de rojo encendido, naranjas jugosas, deliciosas peras, inmensos pasteles de Reyes y burbujeantes boles de ponche que empañaban la estancia con sus efluvios deliciosos. Cómodamente instalado sobre todo ello, estaba sentado un Gigante festivo, de esplendoroso aspecto, que sostenía una antorcha encendida, parecida a un cuerno de la Abundancia; la sostenía muy alta para que la luz cayera sobre Scrooge cuando cruzó la puerta y miró de hito en hito.

─ ¡Entra! ─ Exclamó el fantasma ─. ¡Entra y me reconocerás mejor!

Scrooge avanzó tímidamente e inclinó la cabeza ante el espíritu. Ya no era el obstinado Scrooge de antes, y aunque los ojos del espíritu eran francos y amables, no le gustó encontrarse con aquella mirada.

─ Soy el fantasma de la Navidad del Presente ─ dijo el espíritu ─. ¡Mírame!

Scrooge lo hizo reverentemente. Estaba vestido con una simple túnica, o manto, de color verde oscuro, ribeteado con piel blanca. Esta prenda le quedaba muy holgada, dejando al descubierto su ancho pecho como si desdeñara protegerse u ocultarse con cualquier artificio. Sus pies, visibles bajo los amplios pliegues del manto, también estaban desnudos, y en la cabeza no llevaba más cobertura que una guirnalda de acebo salpicada de brillantes carámbanos. Sus bucles, de color castaño oscuro, eran largos y caían libremente, libres como su rostro cordial; su chispeante mirada, su mano generosa, su animada voz, sus ademanes espontáneos y su aire festivo. Ceñía su cintura una antigua vaina, pero sin espada, y la antigua funda estaba mohosa.

─ ¡Nunca habías visto nada como yo! ─exclamó el espíritu.

─ Jamás ─ logró responder Scrooge.

─ ¿Nunca has salido con los miembros más jóvenes de mi familia; quiero decir, porque yo soy muy joven, mis hermanos mayores, nacidos en estos últimos años? ─prosiguió el fantasma.

─ Creo que no ─ dijo Scrooge ─. Me temo que no. ¿Tienes muchos hermanos, espíritu?

─ Más de mil ochocientos ─ dijo el fantasma.

─ ¡Familia tremenda de mantener! ─murmuró Scrooge.

El fantasma de la Navidad del Presente se levantó.

─ Espíritu ─dijo Scrooge sumisamente ─condúceme a donde desees. Anoche me llevaron a la fuerza y aprendí una lección que ahora estoy aprovechando. Esta noche, si tienes algo que enseñarme, lo aprenderé con provecho.

─ ¡Toca mi manto!
Scrooge hizo lo que se le indicó con mano firme.

Acebo, muérdago, bayas rojas, yedra, pavos, ocas, caza, pollos, adobo, ternera, lechones, salchichas, ostras, pastelillos, tartas; fruta y ponche desaparecieron instantáneamente. También desapareció la habitación, el fuego, el rojizo resplandor, la hora de la noche, y ellos estaban en las calles de la ciudad en la mañana del día de Navidad. El tiempo era crudo y la gente hacía una especie de música chocante, pero viva y nada desagradable, al quitar la nieve de la acera de sus casas y de los tejados; para los chicos era una delicia total ver cómo caía la nieve explotando en la calle y salpicando con pequeños aludes artificiales.

En contraste con la blanca y lisa capa de nieve de los tejados y con la nieve más sucia del suelo, las fachadas de las casas parecían negras y las ventanas todavía mas negras. En la calle, las pesadas ruedas de coches y carros habían arado con profundas rodadas la última nieve caída, y esos surcos se cruzaban y entrecruzaban cientos de veces en las intersecciones de las grandes arterias y formaban intrincados canales, difíciles de rastrear, en el espeso lodo amarillo y agua helada. El cielo estaba oscuro y las calles más cortas taponadas por una neblina negruzca, medio derretida, medio helada, cuyas partículas más pesadas caían cual ducha de átomos de hollín; parecía que todas las chimeneas de Gran Bretaña se habían puesto de acuerdo para encenderse a la vez y estuviesen disparando a discreción para satisfacción de sus queridos fogones. En el clima de la ciudad no había nada alegre; no obstante, flotaba en el aire un júbilo muy superior al que podría producir el sol más brillante y el aire más límpido del verano.

La gente que paleaba la nieve en los tejados estaba llena de jovialidad y cordialidad; se llamaban unos a otros desde los parapetos y, de vez en cuando, intercambiaban bolazos de nieve ─proyectil bastante más inofensivo que muchos comentarios jocosos ─, riendo con todas las ganas si daban en el blanco y con no menos ganas si fallaban. Las tiendas de los polleros todavía estaban medio abiertas y las de los fruteros irradiaban sus glorias. Allí había grandes cestos de castañas redondos, panzudos como viejos y alegres caballeros, recostados en las puertas y desbordando hacia la calle en su apoplética opulencia. Había rojizas cebollas de España, de rostro moreno y amplio contorno, de gordura reluciente como frailes españoles que, desde los estantes, guiñaban el ojo con irresponsable malicia a las chicas que pasaban y luego elevaban la mirada serena al muérdago colgado. Había peras y manzanas, apiladas en espléndidas pirámides. Había racimos de uvas colgando de ganchos conspicuos por la buena intención de los tenderos, para que a la gente se le hiciera agua la boca, gratis, al pasar; también había pilas de avellanas, marrones, aterciopeladas, con una fragancia que evocaba los paseos por los bosques y el agradable caminar hundido hasta los tobillos entre las hojas secas; había manzanas de Norfolk, regordetas y atezadas, resaltando entre el amarillo de naranjas y limones y, con la gran densidad de sus cuerpos jugosos, pidiendo a gritos que se las llevasen a casa en bolsas de papel para comerlas después de la cena.

Hasta los peces dorados y plateados, desde una pecera expuesta entre los exquisitos frutos, y a pesar de pertenecer a una especie sosa y aburrida, parecían saber que algo estaba sucediendo y daban vueltas y más vueltas en su pequeño mundo con la excitación lenta y desapasionada propia de los peces. ¡y en las tiendas de comestibles! ¡Ah, los ultramarinos! A punto de cerrar, con uno o dos cierres ya echados, pero ¡qué visiones por los huecos! Los platillos de las balanzas golpeaban el mostrador con alegre sonido; el rollo de cuerda desaparecía con rapidez; los enlatados tableteaban arriba y abajo como en manos de un malabarista; los mezclados aromas del té y el café eran una delicia para el olfato; estaba lleno de pasas extrañas, almendras blanquísimas, largos y derechos palos de canela y otras especias delicadas, y los frutos confitados, bien cocidos y escarchados con azúcar, hacían sentir desvanecimientos, y después una sensación biliosa, incluso a los espectadores mas fríos. Los hijos estaban húmedos y pulposos, las ciruelas francesas se ruborizaban con modesta acrimonia desde sus cajas tan ornamentadas. Todos los comestibles eran magníficos y bien presentados para la Navidad. Pero eso no era todo. Los clientes estaban tan apresurados y agitados con la esperanzadora promesa del día que tropezaban unos con otros en la puerta, entrechocaban sus cestos, olvidaban la compra en el mostrador y volvían corriendo a recogerla, cometiendo cientos de equivocaciones de esa clase con el mejor humor. El especiero y sus dependientes eran tan campechanos y bien dispuestos que los pulidos corazones con que ataban sus mandilones por detrás podrían haber sido sus propios corazones, llevados por fuera para inspección general y para ser picoteados por cuervos navideños si así lo prefiriesen.

Pero pronto los campanarios llamaron a la oración en iglesias y capillas, y allá se fue la buena gente en multitud por las calles, con sus mejores galas y su más jubilosa expresión. Y al mismo tiempo, desde muchas callejuelas, pasadizos y bocacalles sin nombre, emergieron innumerables personas que llevaban su cena a asar en las panaderías. El espíritu parecía estar muy interesado por estos pobres festejadores, pues se detuvo con Scrooge junto a la entrada de una panadería para levantar las cubiertas de las cenas que transportaban y las rociaban de incienso con su antorcha. La antorcha era de una clase muy poco corriente, pues en una o dos ocasiones en que algunos de los que acarreaban las cenas tropezaron con otros y hubo palabras mayores, el espíritu los roció con unas gotas de agua de la antorcha, y de inmediato recuperaron el buen humor; decían que era una vergüenza disputar en el día de Navidad. ¡Y era muy cierto!

Las campanas dejaron de sonar y se cerraron las panaderías, pero permaneció una confortante y vaga representación de todas esas cenas en el derretido manchón de humedad sobre cada horno de panadero, donde el suelo todavía humeaba como si se estuvieran cociendo las losas.

─ ¿Tiene algún sabor especial eso que salpicas con la antorcha? ─preguntó Scrooge.

─ Sí lo tiene. Mi propio sabor.

─ ¿Serviría para cualquier cena de hoy? ─preguntó Scrooge.

─ Para cualquiera que se celebre con afecto. Pero más para una cena pobre.

─ ¿Por qué más para una pobre? ─preguntó Scrooge.

─ Porque lo necesita más.

─ Espíritu ─ dijo Scrooge tras un momento de vacilación ─, de todos los seres que hay en los muchos mundos que nos rodean, me asombra que seas tú el que más desea restringir las oportunidades de esa gente para disfrutar inocentemente.

─ ¡Yo! ─ exclamó el fantasma.

─ ¿No quieres que se cierren estos locales los días del Señor?

─ ¡Que yo quiero ¡─ exclamó el fantasma

─ Perdóname si me equivoco. Se ha hecho en tu nombre o, al menos, en el de tu familia ─ dijo Scrooge.

─ En esta tierra tuya hay algunos ─ replicó el espíritu ─; que pretenden conocernos y que cometen sus actos de pasión, orgullo, mala voluntad, odio, envidia, beatería y egoísmo en nuestro nombre; pero son tan ajenos a nosotros y nuestro género como si nunca hubieran vivido. Recuerda esto y échales la culpa a ellos, no a nosotros.

 

Del Autor, Charles Dickens (Charles John Huffam Dickens)

Charles John Huffam Dickens (Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812-Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870) fue un escritor y novelista inglés, uno de los más reconocidos de la literatura universal, y el más sobresaliente de la era victoriana. Fue maestro del género narrativo, al que imprimió ciertas dosis de humor e ironía, practicando a la vez una aguda crítica social. En sus obras destacan las descripciones de personas y lugares, tanto reales como imaginarios. En ocasiones, utilizó el seudónimo Boz.

Sus novelas y relatos cortos gozaron de gran popularidad durante su vida, y aún hoy se editan y adaptan para el cine habitualmente. Dickens escribió novelas por entregas, formato que usaba en aquella época, por la sencilla razón de que no todo el mundo poseía los recursos económicos necesarios para comprar un libro. Cada nueva entrega de sus historias era esperada con gran entusiasmo por sus lectores, nacionales e internacionales. Fue y sigue siendo admirado como un influyente literato por escritores de todo el mundo.
*** de Wikipedia

 

Novelas

• Los papeles póstumos del Club Pickwick (1836-1837)
• Oliver Twist (1837-1839)
• Nicholas Nickleby (1838-1839)
• La tienda de antigüedades (1840-1841)
• Barnaby Rudge (1841)
• Martin Chuzzlewit (1843-1844)
• Dombey e hijo (1846-1848)
• David Copperfield (1849-1850)
• Casa desolada (1852-1853)
• Tiempos difíciles (1854)
• La pequeña Dorrit (1855-1857)
• Historia de dos ciudades (1859)
• Grandes esperanzas (1860-1861)
• Nuestro común amigo (1864-1865)
• El misterio de Edwin Drood (1870) (inacabada, publicadas seis de las doce entregas previstas)

 

Cuentos

• Una canción de Navidad (1843) (Conocida también como Un cuento de Navidad y Los fantasmas de Scrooge)
• Las campanas (1844)
• El grillo del hogar (1845)
• La batalla de la vida (1846)
• El hechizado (1848)
• Una casa en alquiler (1858)
• El guardavía (1866)

Pan de Jamón

Pan de Jamón

Ya de regreso en mi querido EL LUGAR DE BEATRIZ   Me ha costado reincorporarme a publicar 1) Por los Festejos Navideños 2) Porque tuve visitas – venezolanos 3) Porque fui de visita – Puebla 4) Porque viajé a Oaxaca – año nuevo 5) Porque se me ocurrió hacer un nuevo intento por reacomodar mi […]