Chocolate

Chocolate

Dos Series Coreanas que me han robado el corazón (tengo más, pero no todas tienen a la comida como protagonista, solo estas dos…por el momento) y que les harán poner en sus prioridades el acercarse a la comida coreana. Chocolate, que recién terminó su primera temporada. No se confundan con la película inglesa protagonizada por […]

Rollo de Carnes Mixtas

Rollo de Carnes Mixtas

Me encantaría decir que yo lo inventé…pero no es cierto. Esta idea del Rollo de Carnes Mixtas lo vi en el canal de Irina Khlebnikova (aparece en Los que sigo – canales de YouTube). Ya les había presentado otra receta más de ella, mis hermosas Galletas de Chocolate y Nutella. También muy recomendables.   Ella […]

Camarones al Curry

Fueron muchos los antojos que me dejó el Libro Rapsodia Gourmet. Desde la mayonesa hecha en casa, panes, helados, moluscos, vinos, whisky y por supuesto estos sencillos Camarones al Curry. El Cilantro es un ingrediente común para la comida Hindú, pero no pude evitar dudar añadirlo. Crudo en la cocina mexicana tiene un sabor predominante, […]

El Pequeño Larousse de los Vinos

El pequeño Larousse de los Vinos

Autor: Ediciones Larousse
Editorial: Larousse
Páginas: 958
Precio: Gandhi $254     Amazon $271.20 El Sotano $271.20

ISBN: 978-970-22-1753-4

Sinopsis:

Este libro fue pensado para las personas que disfrutan saber cómo degustar un buen vino. La obra está diseñada en un formato compacto que permite un cómodo y fácil manejo. En sus páginas se tratan temas del mundo del vino como: aprender a seleccionarlo de acuerdo con su calidad y estilo, así como por la mejor relación gusto/precio; preparar maridajes; degustarlo, apreciarlo y servirlo; organizar una cava, e información sobre vinos de todo el mundo, incluida América Latina.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Es un buen libro para consulta, con información elemental y casi siempre, actualizada.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Me gustó-pudo ser mejor.

Me parece que tiene lo elemental, pero si necesito información mas detallada, tendré que investigarlo en algún otro texto.

Maneja buenos mapas vinícolas.

Rapsodia Gourmet

Rapsodia Gourmet

Autoras: Muriel Barbery
Editorial: Seix Barral
Páginas: 188
Precio: Amazon $821 

ISBN: 978-84-322-5117-7

Sinopsis:

En el corazón de París, Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más célebre del mundo, está a punto de morir. Admirado por algunos y odiado por muchos, Monsieur Arthens lleva años decidiendo el destino de los chefs más prestigiosos, destruyendo y construyendo reputaciones a su antojo. Ahora, en sus últimas horas de vida, su pensamiento se posa sobre algo mucho más sencillo: busca desesperadamente un sabor único, el sabor que un día le hizo feliz. Empieza así un viaje en el que Monsieur Arthens se pasea por los entresijos de su memoria gustativa, se sumerge en los paraísos de la infancia y rememora todo tipo de delicias culinarias. Junto a la voz del propio Arthens escuchamos la de aquellos que han vivido junto a él: familiares, vecinos, amantes, protegidos… e incluso su gato.

«Rapsodia Gourmet muestra el talento desplegado en La elegancia del erizo, y trata los mismos temas: clase social, filosofía, Japón y la comida… Una sensual novela escrita con una prosa suntuosa y agradable.» Publishers Weekly

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Porque el tema GOURMET lo amerita. En clase de “Comemos lo que Somos” que la tomé en el Claustro de Sor Juana el año pasado, tuvieron a bien leer este texto…exactamente cuando estuve ausente por el viaje de mi grupo de la preparatoria a Querétaro. Me quedé con las ganas y hasta ahora me di oportunidad.

 

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno. Este libro me gustó mucho.

Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más célebre del mundo, está a punto de morir y su obsesión última es encontrar un sabor que ha probado y a olvidado. El mejor. En este recorrido de sabores, olores, colores y emociones, quedará de manifiesto su inigualable don de disfrutar la vida y de que no sabe compartirla. Todos a su alrededor lo admiran, le temen y mas de alguno, lo odian.

Las diferentes historias que narra la autora en cada capítulo tienen protagonistas y giros diferentes -de allí el nombre del libro, rapsodia: pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas- y en estas, Barbery tiene la habilidad de transportarnos frente al plato y hacernos salivar. Pero no solo trata de comida. Los diálogos son escasos, y las descripciones abundantes. Olores, sabores y hasta emociones están a la orden del día. Mas de alguna vez me vi haciendo una pausa para tratar de identificarme en esas situaciones: en los sabores de mi niñez, en el apetito, en los sinsabores de la vida, en lo que ya creí olvidado…

Cuando iba en primaria, a la vuelta de la escuela se encontraba una mini-tienda de abarrotes donde además vendían tortas. Estas no eran precisamente maravillosas, pero en aquel tiempo siempre nos ponían lunch para llevar, y quizás en los 3 años que estuve en la Escuela Miguel Hidalgo, si fueron 3 veces que me dieron dinero para comprar lunch, fueron muchas. Y cuando eso sucedía, yo salía corriendo a la hora del recreo para comprar una torta de salchicha (hoy día no amo la salchicha…porque me enteré de que las hacen). Igual, en esos días no me importaba, hacía cola y mientras la preparaban (2 salchichas partidas a lo largo, colocada en un bolillo untado con mayonesa, por un lado, y muy poquitos frijoles refritos por el otro, chiles en vinagre y rebanada de aguacate) para cuando la ponían en mi mano, duraba no mas de 4 mordidas. El pan muy suave, la salchicha dorada y la combinación de todos esos sabores, me trastornaba. No es que se tratara de la última coca-cola fría del desierto, no. El punto fue recordar un antojo, una salivación, una tripita gruñendo, un anhelo culinario satisfecho. Este recuerdo que les cuento lo logró Muriel Barbery, con la narración del último capítulo. Las tortas de salchicha estaban hasta el fondo de mi subconsciente.

Los capítulos son (la mayoría) muy cortos, y cada uno de ellos lo narra una persona-animal-cosa diferente. Va desde la ama de llaves, el gato, la esposa, los hijos, la amante, la portera, la venus que adorna el estudio del crítico, el querido sobrino, el doctor. O puede ser que se trate del mismo crítico recordando a su abuela, a su abuelo, al vinicultor que le dio su primer trago de wiski, al japones que lo llevó al cielo cuando le sirvió sushi…infinidad de anecdotas.

De repente la historia se estira demasiado, yo habría quitado al menos unos cinco capítulos (incluyendo el de la venus); lo que sale en su ayuda es que, los capítulos son breves y fáciles, muy fáciles de leer.

 

Algo para recordar

EL ESPEJO

Calle Grenelle, la habitación

Se llamaba Jacques Destrères. Era muy al principio de mi carrera. Yo acababa de terminar un artículo sobre la especialidad de la casa Gerson, ese que habría de revolucionar el marco de mi profesión y propulsarme al firmamento de la crítica gastronómica. En la espera agitada pero confiada de lo que iba a suceder después, me había refugiado en casa de mi tío, el hermano mayor de mi padre, un viejo solterón que sabía disfrutar de los placeres de la vida y al que la familia consideraba un excéntrico. No se había casado, ni siquiera se lo había visto nunca en compañía femenina, hasta tal punto que mi padre sospechaba que fuera <<de la acera de enfrente>>. Había tenido éxito en los negocios y, llegado a la edad madura, se había retirado a una preciosa finca de su propiedad, cerca del bosque de Rambouillet, donde llevaba una vida tranquila ocupado en podar sus rosales, pasear a sus perros, fumar habanos en compañía de algunos viejos conocidos del mundo de los negocios y elaborarse sabrosas recetas de soltero.

Sentado en su cocina, yo lo observaba hacer. Era invierno. Había almorzado muy temprano en Groers, en Versalles, tras lo cual había recorrido las carreteritas nevadas con una disposición de espíritu más que favorables. Un hermoso fuego crepitaba en la chimenea, mientras mi tío preparaba la comida. La cocina de mi abuela me había acostumbrado a una atmósfera ruidosa y febril en la que, en medio del estruendo de las cacerolas, el silbido de la mantequilla fundiéndose en la sartén y el entrechocar de los cuchillos, se atareaba una marimacho en trance a la que tan sólo su larga experiencia confería un aurea de serenidad ─como la que conservan los mártires en las llamas del infierno. Jacques, por el contrario, lo hacía todo con mesura. No se apresuraba, pero tampoco era lento. Cada gesto venía a su tiempo

Aclaró cuidadosamente el arroz tailandés en un pequeño colador plateado, lo escurrió bien, lo echó en la cazuela, lo cubrió con una tacita y media de agua salada, lo tapó y lo dejó en el fuego. Había unas gambas en un cuenco de loza. Mientras charlaba conmigo, esencialmente de mi artículo y de mis proyectos, las peló con concentrada meticulosidad. Ni un solo instante aceleró la cadencia, ni un solo instante la redujo. Una vez despojado el último pequeño arabesco de su coraza protectora, se lavó a conciencia las manos con un jabón que olía a leche. Con la misma uniformidad serena, puso en el fuego una sartén de hierro, vertió en ella un chorrito de aceite de oliva, esperó a que se calentara y dejo caer encima una lluvia de gambas desnudas. Con habilidad, la espátula de madera las acosaba, sin dejar escapatoria alguna a aquellas pequeñas medialunas, las agarraba por todos lados, haciéndolas bailar sobre el aceite oloroso. Luego vino el curry. Ni demasiado ni demasiado poco. Un polvillo sensual que embellecía con su oro exótico el cobre rosado de los crustáceos: Oriente reinventado. Sal, pimienta. Con unas tijeras fue cortando en pedacitos sobre la sartén una ramita de cilantro. Por último, rápidamente, vertió un taponcito de coñac y prendió una cerilla; de la sartén surgió una larga llamarada furiosa, como una llamada o un grito que se libera por fin, impetuoso suspiro que se apaga tan pronto como se ha elevado.

Sobre la mesa de mármol aguardaban un plato de porcelana, un vaso de cristal, unos magníficos cubiertos de plata y una servilleta bordada de lino.

En el plato dispuso cuidadosamente, con una cuchara de madera, la mitad de las gambas, el arroz que antes había servido en un cuenquito minúsculo, prensándolo bien, para luego voltearlo, de manera que formara una pequeña cúpula rechoncha coronada por una hoja de menta. En el vaso se sirvió una generosa ración de un líquido transparente del color del trigo.

─ ¿Te pongo un vaso de Sancerre?

Negué con la cabeza. Él se sentó a la mesa.

Un almuerzo rápido. Eso era lo que Jacques Destrères llamaba <<un almuerzo rápido>>. Y yo sabía que no era ninguna broma, que cada día se preparaba así, con mimo, un bocadito de paraíso, sin ser consciente del refinamiento de su vida cotidiana, como verdadero gourmet que era, auténtico esteta en la ausencia de puesta en escena que caracterizaba su día a día. Yo lo contemplaba comer, sin tocar el plato que había preparado ante mis ojos, comía con el mismo cuidado desapegado y sutil con el que había cocinado, y ese almuerzo que no probé fue y será siempre uno de los mejores de mi vida.

Degustar es un acto de placer, escribir ese placer es un hecho artístico, pero la única obra de arte verdadera, en definitiva, es el festín ajeno. El almuerzo de Jacques Destrères era la perfección pura porque no era el mío, porque no se desbordaba en el antes y el después de mi día a día y, unidad cerrada y autosuficiente, podía permanecer en mi memoria, momento único grabado fuera del tiempo y del espacio, perla de mi espíritu liberada de los sentimientos de mi vida. Como cuando se contempla una habitación que se refleja en un espejo sol y que se convierte en un cuadro pues no está ya abierta sobre nada más, sino que sugiere todo un mundo, ahí en el espejo y en ninguna otra parte, estrictamente circunscrito entre los bordes del azogue y aislado de la vida en derredor, el almuerzo ajeno está encerrado en el marco de nuestra contemplación y carece de la línea de fuga infinita de nuestros recuerdos o de nuestros proyectos. Me hubiera gustado vivir esa vida, la que el espejo o el plato de Jacques me sugerían, una vida sin perspectivas por donde pudiera desvanecerse la posibilidad de convertirse en una obra de arte, una vida sin ayer ni mañana, sin alrededor ni horizonte: el aquí y ahora es algo hermoso, pleno y cerrado.

Pero no se trata de eso. Lo que las grandes mesas han aportado a mi genio culinario, lo que las gambas de Destrères han sugerido a mi inteligencia no le enseñan nada a mi corazón. Spleen. Sol negro.

El sol…

 

De la Autora – Muriel Barbery

http://www.lecturalia.com/autor/2120/muriel-barbery

Profesora de Filosofía y escritora francesa, Muriel Barbery nació en Casablanca el 28 de mayo de 1969.

Barbery comenzó su carrera dando clases de Filosofía en la Universidad de Borgoña pasando más tarde por Saint-Lô. En 2000 publicó su primera novela, Una golosina, pero el éxito internacional le llegó en 2008 con su segundo libro, La elegancia del erizo. Este libro se convirtió en un auténtico best-seller en Francia, con 30 ediciones y más de un millón de libros vendidos. El libro fue adaptado al cine por la directora Mona Achache.

En la actualidad, tras trabajar varios años en Japón, Barbery se dedica por completo a la literatura y reside en la ciudad de Touraine. En 2015 publicó su tercera novela, La vida de los elfos y su último libro se titula Un país extraño.

La obra de Barbery ha sido traducida a más de diez idiomas y ha recibido premios como el George Brassens, el Prix des Libraires, el Armitière o el Ville de Caen, entre otros muchos.

 

 

Libros de Muriel Barbery

Un país extraño, 2019

La vida de los elfos, 2015

Rapsodia Gourmet, 2010

La elegancia del erizo, 2006 (2007)

Una golosina, 2000 (2002)

Después del Banquete

Después del Banquete

Autoras: Yukio Mishima
Editorial: Biblioteca Mishima, Alianza Editorial
Páginas: 299
Precio:
$229 en Gandhi  y  $213 en Amazon

 

Sinopsis:

En después del banquete, Yukio Mishima brinda una nueva muestra de su penetrante visión de las relaciones humanas. La novela, que gira en torno al amor y la ambición, está protagonizada por Kazu, mujer que a base de esfuerzo ha conseguido ser la propietaria de uno de los principales restaurantes de Tokio, y Noguchi, destacado político que es uno de sus más distinguidos clientes. Sometido a la sed de poder y a la complejidad de las relaciones humanas, la naturaleza del amor se verá confrontada a una revelación definitiva.

 

¿Por qué en El lugar de Beatriz?

Los escritores japoneses me han atraído desde siempre, y hasta la fecha no me han decepcionado. Este título -Después del Banquete- es tentador, y me hizo imaginar un sinfín de posibilidades gastronómicas.

Mi opinión (Excelente, Muy bueno, Me gustó-pudo ser mejor, No vale la pena, Muy malo)

Muy bueno. El estilo de Mishima es tradicionalista. En sus libros la muerte y la política están presentes. La historia tiene su punto de arranque durante una comida que tiene lugar en el restaurante de Kazu, la protagonista, con la muerte de un comensal.

Yukio Mishima es un narrador excelente, que nos presenta la vida en japón, sus tradiciones y modos en la política. Quizás lo más fascinante es que la política en todo el mundo es igual, la mueve intereses de poder y dinero.

La parte culinaria es la menos descrita (nula), y se reduce a una relación de menús…muy interesante por cierto.

¿quién debería de leer Después del Banquete?

Esta vez no mencionaré los amantes de la comida japonesa, sino de su literatura. Yukio Mishima es toda una leyenda de ese país. De las cuarenta novelas y veinte relatos que escribió, encontré solo seis traducidas al español. Y aunque estoy segura que su libro El Rumor del Oleaje nada tiene que ver con la comida, me hace ojitos para que sea el próximo libro de este autor que leeré. Dicen que es la novela de amor mejor escrita del mundo. Habrá que ver.

Algo para recordar

De un cierto miembro del Gobierno, Kazu recibió aviso de que al Club Kagen le agradaría celebrar su reunión anual en su establecimiento. El Club Kagen era una especie de asociación integrada por ex embajadores, aproximadamente de la misma edad, y que se reunían cada siete de noviembre. Hasta entonces no habían tenido suerte con los lugares en donde se habían congregado, y el miembro del Gobierno, apiadado de ellos, se lo advirtió a Kazu.

─ Forman un grupo de elegantes caballeros, ya jubilados ─añadió─. Todos, menos uno, que nunca se retiró por completo. Estoy seguro de que ha oído hablar de él; el viejo Noguchi, el famoso Noguchi que perteneció a tantos Gobiernos de antes de la guerra. No sé qué le pasó, pero hace un par de años consiguió un escaño en la Dieta por el grupo radical, pero fue derrotado en las siguientes elecciones.

Kazu se enteró de los planes del club en una fiesta al aire libre que había organizado el ministro. Estaba entonces demasiado atareada para seguir escuchando. Aquel día el jardín se hallaba invadido por una muchedumbre de hombres y mujeres extranjeros. Era como si una bandada de aves grandes y de colores vivos ─y no el enjambre habitual de pajarillos gorjeantes─ hubiese descendido sobre el Setsugoan.

Cuando se aproximó el siete de noviembre, Kazu empezó a hacer planes. Con tales clientes lo más importante era manifestarles su respeto. Las bromas sencillas y el trato familiar que probablemente agradarían a unos individuos en la cima de su poder podían herir el orgullo de unos hombres que antaño fueron famosos pero que ya vivían retirados. Su misión de anfitriona con aquellos ancianos personajes debería limitarse enteramente a escucharles. Mas tarde les halagaría con palabras amables y les daría la ilusión de que en aquella compañía había florecido de nuevo su antigua gloria.
Aquella noche, el menú de Setsugoan fue el siguiente:

SOPA

Miso blanco con champiñones
y cuajada de semillas de sésamo.

PESCADO CRUDO

Rodajitas finas de calamar en salsa
aliñadas con perejil y limón.

GUISADO

Raño en caldo de almejas rojas, pimientos dulces y
limón.

ENTREMESES

Zorzales asados en salsa china, bogavante, vieiras,
nabos en adobo, cogollos de regaliz.

PESCADO ASADO

Dos carpas pequeñas con lubina asadas en sal con
limón.

VERDURAS

Pudin de castañas con cogollos de helechos
y ciruelas en adobo.

Para esta ocasión Kazu vistió un kimono violeta y gris, de pequeños dibujos, con un obi teñido en púrpura oscuro de una sola banda de crisantemos formando rombos. El broche de cornalina del obi lucía una gran perla negra. Había optado por aquellas galas, pensando que sujetarían su amplio cuerpo al tiempo que le proporcionaba una mayor dignidad.

El día de la reunión era cálido y despejado. Poco después de que anocheciera, el ex ministro de Asuntos Exteriores, Yuken Noguchi, y el antiguo embajador en Alemania, Hisatomo Tamaki, llegaron juntos al Setsugoan. Junto a la robusta constitución de Tamaki, Noguchi parecía delgado y poco atrayente, pero bajo su pelo plateado, sus ojos eran límpidos y vivos; cuando relampaguearon, Kazu comprendió por qué aquel inconfundible idealista era el único de los reunidos, todos ex embajadores, que no se había retirado.

La fiesta era animada y sociable, pero los temas de conversación se ceñían al pasado. El más charlatán, con mucho, parecía Tamaki.

La cena tuvo lugar en la sala principal del pabellón de visitantes. Tamaki, cuando comía, se apoyaba en una columna entre la ventana acampanada de negra laca y las puertas correderas espléndidamente decoradas. Las pinturas de las puertas representaban en brillantes colores un par de pavos reales entre blancas peonías. En contraste, el fondo era un paisaje monocromo, una curiosa mezcla de estilos al gusto de la aristocracia provinciana.

Tamaki llevaba en un chaleco de su traje de hechura londinense un antiguo reloj de cadena de oro, regalado por el káiser Guillermo II a su padre, quien también había sido embajador en Alemania. Aquel reloj había conferido a Tamaki prestigio incluso en la Alemania de Hitler.

Tamaki era un hombre apuesto y un gran conversador, un diplomático de inclinaciones aristocráticas que antaño se jactaba de su conocimiento de las ásperas realidades de la vida. Sus intereses actuales, empero, superaban por completo la escena contemporánea. Su mente se hallaba enteramente ocupada en los recuerdos del brillo de las arañas de recepciones de tiempos lejanos, en las que se habían congregado quinientos o mil invitados.

─Pues aquí tengo una rara historia que me provoca estremecimientos en la espina dorsal cada vez que la recuerdo. Ésta es verdaderamente interesante.

La autocomplacencia de aquella introducción de Tamaki habría enfriado incluso el entusiasmo del oyente mejor dispuesto.

─Durante todo el tiempo que llevaba de embajador, jamás había ido en el metro de Berlín; así que un día el consejero de la embajada -se llamaba Matsuyama- me llevó a que lo conociera. Subimos en la cola de un tren de dos vagones; no, probablemente eran tres. Iba bastante lleno cuando entramos. Levanto la vista y ¿a quién veo ante mí? ¡Pues a Goering!
En este punto, Tamaki hizo una pausa para observar la reacción de sus oyentes, pero, aparentemente, todo el mundo había oído la historia una docena de veces y no provocó réplica alguna. Kazu irrumpió en la brecha armoniosamente.

─Pero entonces ya era un hombre muy famoso. ¿No es cierto? ¿Quiere usted decir que iba en el metro?

─Desde luego, se trataba de él, de Goering, que ya por entonces era amo del cotarro. Vestía ropas raídas de obrero y ceñía con su brazo la cintura de una muchacha que no habría cumplido veinte años, una verdadera belleza. Parecía muy seguro de si mismo. Me froté los ojos preguntándome si no me habría equivocado, pero cuando más le miraba, más seguro estaba de que se trataba de Goering. Al fin y al cabo, yo podía saberlo. Le veía en recepciones casi todos los días. Me tambaleé, lo confieso, pero el ni siquiera pestañeó. La chica. Supongo que la chica sería una prostituta, pero, por desgracia, ése es un asunto en el que no soy muy ducho.

Del Autor – Yukio Mishima

Yukio Mishima (三島 由紀夫 Mishima Yukio?, Tokio, 14 de enero de 1925-ibídem, 25 de noviembre de 1970), cuyo nombre de registro civil era Kimitake Hiraoka (平岡公威?); fue un novelista, ensayista, poeta y crítico japonés. Considerado uno de los más grandes escritores de japoneses del siglo XX, es reconocido como uno de los más importantes estilistas de la lengua japonesa de posguerra.

En 1968, fue candidato para el Premio Nobel de Literatura, pero perdió ante Yasunari Kawabata. Escribió cuarenta novelas, dieciocho obras de teatro, veinte libros de relatos y, al menos, veinte libros de ensayos, así como un libreto. Algunas de sus obras más conocidas son Confesiones de una máscara y El pabellón de oro, así como también el ensayo autobiográfico El sol y el acero. Sus obras se caracterizan por mezclar la estética moderna y el tradicionalismo japonés, con enfoques en la sexualidad, la muerte y el cambio político.

Ideológicamente un nacionalista de derecha, Mishima fue el fundador del Tatenokai, una milicia privada creada con el fin declarado de restaurar el poder del emperador. El 25 de noviembre de 1970, Mishima y cuatro miembros de su milicia ingresaron a una base militar en el centro de Tokio, tomaron al comandante como rehén e intentaron inspirar a las Fuerzas de Autodefensa de Japón a revocar la Constitución de 1947 de Japón. Cuando el asalto fracasó, se suicidó mediante el ceremonial del seppuku. Antes de su muerte había finalizado el último libro de su tetralogía El mar de la fertilidad (compuesta por las novelas Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel —esta última editada póstumamente, ya que el mismo día de su muerte se la envió a su editor—).

El Premio Mishima Yukio fue creado en su honor, por la editorial Shinchōsha, en 1988.

 

Los Libros de Yukio Mishima (en español)

El Templo del Alba
La corrupción de un ángel
El Rumor del oleaje
El color prohibido
El marino que perdió la gracia del mar
Nieve de Primavera

Zanahorias con Estragón

Una receta fácil de preparar, aromatizada con estragón, ligeramente anisado, un tanto dulce y picante. Excelente acompañante para carne, pollo o pescado, preparadas de una forma original. Les sorprenderán Zanahorias con Estragón   Ingredientes 2 tazas de mini zanahorias o zanahorias cortadas en bastones Agua suficiente para cubrir las zanahorias 2 cucharadas de azúcar moscabado […]

Filete Wellington

Filete Wellington

Ya de regreso de los días de asueto. Feliz y con la pila bien cargada para iniciar el cuarto año de El Lugar de Beatriz. Me he tomado muy en serio lo del descanso. Por supuesto, a estas alturas ya estoy pensando en propuestas para el día de los enamorados, un menú que podrás preparar […]